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Brasil

Brasil: En medio de unas elecciones presidenciales indefinidas, el PSTU presenta candidato y programa socialista

Fabio Bosco

septiembre 30, 2026

Las elecciones para presidente y Congreso Nacional se realizarán el próximo 4 de octubre. Ese mismo día habrá elecciones para gobernadores y parlamentarios estaduales en 26 estados, además de la capital, Brasilia.

Hay once candidatos a la presidencia en una elección muy polarizada entre dos de ellos. Las encuestas de opinión pública dan una ligera ventaja al actual presidente Lula da Silva frente al candidato de extrema derecha Flávio Bolsonaro. Los demás candidatos tienen menos del 5%, según las encuestas. En caso de que ningún candidato alcance el 50% de los votos, habrá una nueva votación entre los dos más votados el 25 de octubre.

Estas elecciones están atravesadas por más de 30 años de decadencia económica y social y, más recientemente, por una ofensiva neocolonial de Donald Trump sobre toda América Latina y por el escándalo de corrupción del Banco Master.

La decadencia económica y social

En estos 30 años de decadencia económica, el papel de Brasil en la división internacional del trabajo fue rediseñado y reducido para ser, esencialmente, un gran proveedor de productos primarios, es decir, agronegocio, minería y petróleo, además de una importante ruta de tránsito de cocaína hacia Europa. La desindustrialización, las privatizaciones y la desregulación del mercado laboral llevaron al empobrecimiento de la clase trabajadora.

Durante parte de estos últimos 30 años (2003-2016 y 2023-2026), Brasil fue gobernado por el Partido de los Trabajadores del actual presidente Lula da Silva. Los gobiernos del PT, siempre en alianza con los sectores capitalistas más importantes (bancos, agronegocio e industria), no interrumpieron la reprimarización de la economía ni la desindustrialización (excepto en los sectores vinculados al agronegocio, como la industria alimentaria). Para combatir la pobreza, sus gobiernos aplicaron políticas sociales compensatorias (la más importante es Bolsa Família, una ayuda que varía entre USD 110 y 220 para las familias situadas por debajo de la línea de pobreza) y algunas conquistas, como el aumento del salario mínimo (alrededor de USD 320 actualmente), que, sin embargo, no representaron cambios estructurales, y Brasil se mantuvo como uno de los países con mayor desigualdad social del mundo.

Esta decadencia económica y sus durísimos impactos sobre la vida de la clase trabajadora son los que explican, por un lado, las dificultades de Lula da Silva para ganar las elecciones con holgura y, por otro, el fortalecimiento de la extrema derecha y de sus ideas racistas, machistas y LGBTfóbicas, siempre financiada por sectores del gran capital nacional e internacional.

La intervención neocolonial de Donald Trump y la crisis de corrupción

A la decadencia económica y social se suman las políticas neocoloniales de Donald Trump. Para Trump, América Latina es el patio trasero de Estados Unidos y, por lo tanto, todos los países deben estar alineados con los intereses estadounidenses y todas sus riquezas al servicio del imperialismo estadounidense. En las elecciones brasileñas, el candidato de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, se propone ser el representante de Trump en Brasil, mientras que Lula defiende la soberanía brasileña básicamente en lo que respecta a los intereses de los capitalistas brasileños, como el agronegocio, de mantener abiertos los canales de exportación e inversión hacia China y otros países.

Por último, está la crisis del Banco Master y de su dueño, Daniel Vorcaro, una especie de “Jeffrey Epstein” brasileño. Este banco desarrolló sofisticados sistemas de pirámides financieras y tomó recursos de fondos de pensiones de trabajadores del sector público en cooperación con gobernadores y alcaldes. Para garantizar estos negociados, desarrolló una red de sobornos millonarios que involucró a personalidades importantes como el propio candidato de extrema derecha Flávio Bolsonaro, e incluso a directores del Banco Central y ministros del Supremo Tribunal Federal, la máxima corte del país.

Aunque los políticos de derecha y extrema derecha son los principales involucrados, también aparece un importante senador del PT de Bahía, el sionista Jaques Wagner, y el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes, identificado por la población como un aliado de Lula da Silva.

De esta manera, los resultados de las elecciones son inciertos. Para la primera vuelta, Lula tiene una pequeña ventaja, insuficiente para ganar en primera vuelta. Por lo tanto, lo más probable es que ambas candidaturas pasen a la segunda vuelta, que se realizará el 25 de octubre.

Hertz Dias, el candidato socialista

El PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado), sección brasileña de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional, presentó candidaturas a la Presidencia de la República y en 15 estados. Para las elecciones, el partido elaboró un programa de la revolución socialista en Brasil, publicado en un libro de 76 páginas. Este programa fue considerado “el más a la izquierda” entre todos los partidos por el periódico burgués Folha de São Paulo. De él se desprenden algunas de las principales propuestas presentadas por el partido.

La primera de ellas es la cuestión de la soberanía nacional. A diferencia de Flávio Bolsonaro, que quiere someter a Brasil 100% a los intereses de Trump, y también a diferencia de Lula, cuyo proyecto de soberanía se limita a vender las riquezas brasileñas al mejor precio (ya sea al imperialismo chino o al imperialismo estadounidense), el PSTU defiende una soberanía basada en los intereses de la clase trabajadora: inteligencia artificial y centros de datos nacionales, sin los cuales no es posible hablar de soberanía; la creación de una empresa estatal, Terrabrás, para la explotación de las enormes reservas de tierras raras que posee el país (alrededor del 20% de las reservas conocidas en todo el mundo), con tecnologías que preserven el medio ambiente, además de las inversiones necesarias para desarrollar el procesamiento de estos minerales.

El PSTU defiende la nacionalización de los sectores clave de la economía brasileña para poder financiar no solo estos proyectos económicos, sino también las inversiones necesarias en educación, salud y previsión social públicas para mejorar cualitativamente el nivel de vida de la clase trabajadora brasileña.

Otra parte importante del programa es la apuesta por la autoorganización de los trabajadores y de los sectores oprimidos en torno a las reivindicaciones más sentidas por los trabajadores y el pueblo, en la perspectiva de un gobierno obrero y popular para el país basado en consejos populares.

Este programa contra la extrema derecha y de oposición de izquierda al gobierno de Lula consiguió atraer apoyos importantes, entre ellos el del Partido Comunista Brasileño Revolucionario, una ruptura por izquierda del antiguo PCB, que desarrolla un trabajo destacado en las universidades y entre sectores de la juventud brasileña. El PCBR, hace dos semanas, anunció su apoyo a las candidaturas del PSTU por ser las únicas que presentan una oposición de izquierda al bolsonarismo y al gobierno de Lula.

La lucha por una Palestina libre, del río al mar, también forma parte de la campaña. Los 96 candidatos del PSTU en 15 estados firmaron la carta compromiso de solidaridad con Palestina. Además, los candidatos impulsan la campaña contra la condena del presidente del PSTU, Zé Maria, por su posicionamiento contra el genocidio en Gaza y por el derecho palestino a resistir la ocupación que ya dura 78 años.

Corrientes de la IV Internacional

Varias organizaciones vinculadas a diferentes corrientes que reivindican la Cuarta Internacional están presentes en Brasil o se posicionaron en estas elecciones.

Parte de ellas apoya la candidatura de Lula da Silva y/o candidatos de la lista electoral encabezada por él. Entre ellas se encuentran las organizaciones que son corrientes internas de los partidos de la coalición liderada por Lula. Es el caso del MES-PSOL —sección oficial de la IV Internacional mandelista y corriente interna del PSOL—. También es el caso de la corriente O Trabalho —sección de la IV Internacional lambertista—, que integra el Partido de los Trabajadores. La sección brasileña de la RCI (Alan Woods) centra su campaña en el candidato del PSOL llamado Jones Manoel, exdirigente del Partido Comunista Brasileño Revolucionario y uno de los principales influencers de izquierda de Brasil.

Por su parte, Hertz Dias, del PSTU, recibió el apoyo de la CST —sección brasileña de la UIT-CI—; de la corriente Socialismo o Barbarie (liderada por Roberto Sáenz en Argentina); de Voz Operária Socialista —sección de la CORI-CI—; de la RCIT (corriente liderada por Michael Pröbsting); del MRT —sección de la CRP—; de la LSR —sección de la ISA— (apoyan las candidaturas a la presidencia y a gobernadores del PSTU, y a los candidatos a diputados del PSOL, partido que integran); y del Partido Obrero de Argentina.

La organización Revolução Socialista —sección de la LIS—, que integra el PSOL, decidió llamar a votar por los tres partidos situados a la izquierda de Lula: el PSTU, el PCB y la UP (una organización estalinista inspirada en las ideas de Enver Hoxha).

Por último, hay organizaciones que defienden el voto nulo, como el MPR —sección de la CIR— y el POR —sección de la CERQI—.

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