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Las movilizaciones derrotaron a Flávio Bolsonaro, ahora hay que preparar las luchas contra el ajuste fiscal del gobierno de Lula

PSTU Brasil

octubre 29, 2026

Vivimos en las últimas semanas una de las movilizaciones de masas más intensas de la historia del país. Después del resultado de la primera vuelta, con Flávio Bolsonaro a la cabeza, una serie de manifestaciones espontáneas, impulsadas por la juventud y por fuera de los aparatos del PT y del gobierno, surgieron en todo Brasil contra la amenaza del regreso de la extrema derecha al poder. Contra todos los pronósticos, enfrentando las interferencias de las grandes empresas tecnológicas (Big Tech) y las maniobras de las intendencias bolsonaristas, este movimiento consiguió un hecho inédito al imponer un vuelco en la segunda vuelta y una derrota electoral al bolsonarismo.

En la práctica, el movimiento de masas tomó en sus manos una campaña desacreditada del PT, que se centraba en vender la imagen de un país idealizado, en contradicción con la percepción concreta de un Brasil con enormes problemas sociales y económicos, como la inflación, el subempleo y la falta de perspectivas, y la transformó en un enfrentamiento directo con la extrema derecha.

Las manifestaciones y una enorme red de solidaridad entre los sectores populares, que ayudó a trasladar a las personas hasta los centros de votación, contribuyeron a reducir de manera inédita el índice de abstención, garantizando la reelección de Lula y, principalmente, que el bolsonarismo quedara fuera del poder.

La clase trabajadora y la juventud salen fortalecidas de este proceso, y con razón. En las calles enfrentaron a la extrema derecha, a Trump y a las grandes empresas tecnológicas, y demostraron que, a través de la lucha, es posible modificar la correlación de fuerzas e impedir retrocesos.

Más aún, el movimiento fue importante para la aprobación del fin de la escala 6×1 en el Senado de forma prácticamente unánime, algo impensable meses atrás. También levantó reivindicaciones como la defensa de la soberanía, la lucha contra las privatizaciones, la defensa de los derechos sociales y de la vida de las mujeres, las personas negras y LGBTI.

Estudiantes participan de una manifestación en Río de Janeiro. Foto: Agência Brasil.

De manera cobarde y en coordinación con el imperialismo estadounidense, Flávio Bolsonaro huyó del país, mientras Trump amenaza con no reconocer las elecciones. La extrema derecha es una expresión de la decadencia del sistema y de esta propia democracia de los ricos, y continuará con su proyecto autoritario, tanto dentro como fuera de las instituciones, si no la derrotamos en las calles y derrotamos al sistema que la alimenta.

Ninguna confianza en el gobierno de Lula: el gobierno prepara ataques contra los trabajadores

La derrota electoral de Flávio Bolsonaro fue importante y constituyó una victoria. Pero el gobierno reelecto de Lula no representa una alternativa para los trabajadores. Será un gobierno capitalista, como el anterior.

En los despachos del Palacio del Planalto y en el equipo económico ya se discute una nueva ronda de ajuste fiscal, que podría incluir medidas como una nueva reforma previsional y otros mecanismos de ajuste fiscal a costa de los derechos de los trabajadores más pobres.

Una de esas medidas sería la eliminación del subsidio salarial para quienes dejen de recibir la Bolsa Família al acceder a un empleo formal. Otro conjunto de medidas considerado por el actual ministro de Hacienda, Dario Durigan, consistiría en modificar los pisos constitucionales de Salud y Educación, cambiando su base de cálculo mediante la inclusión de las enmiendas parlamentarias. Sería una modificación contable que, en la práctica, acabaría con esos pisos.

Estas medidas van en sentido contrario al mensaje de las manifestaciones, que salieron a las calles contra la extrema derecha, pero también en defensa de los derechos sociales.

Esto refuerza la necesidad de retomar las movilizaciones iniciadas durante la segunda vuelta, pero ahora contra los ataques que prepara el gobierno de Lula y también contra cualquier eventual amenaza autoritaria de la extrema derecha, o de intervención política o militar del imperialismo.

Las movilizaciones en países como Francia, Portugal y España en defensa de derechos como la educación y la vivienda muestran el camino.

Luchar por la independencia política de los trabajadores, fortalecer una oposición de izquierda y construir una alternativa socialista

El gobierno de Lula, incluso con el impresionante ascenso de masas, ya dio muestras de que no gobernará para los trabajadores ni con ellos. Mientras las calles se orientaban hacia la izquierda, el gobierno avanzaba en sentido contrario, colocando, por ejemplo, a la representante del agronegocio Kátia Abreu al frente de su campaña oficial, o con el propio Lula inclinándose hacia el populismo punitivo de la reducción de la edad de imputabilidad penal. Y ahora, con la clara señal de un nuevo ajuste fiscal.

Esto sucede porque Lula gobierna con y para los banqueros, los industriales, los grandes propietarios del agronegocio, las multinacionales y, en definitiva, los grandes multimillonarios nacionales e imperialistas y sus representantes en los partidos burgueses.

Por eso no enfrenta a los capitalistas ni estatiza los sectores estratégicos apoyándose en la movilización de los trabajadores y del pueblo. Por el contrario, lleva adelante un gobierno de alianzas y se apoya en el Congreso Nacional, enemigo del pueblo, y en el Poder Judicial, sacrificando reivindicaciones de la clase trabajadora, de las mujeres y de los pueblos indígenas, como la derogación de la reforma laboral.

Este tipo de gobierno de alianzas y conciliación con los grandes capitalistas y el imperialismo es el que, en última instancia, termina fortaleciendo a la extrema derecha.

Lula y Bolsonaro no son iguales, en el sentido de que la extrema derecha representa una amenaza para las libertades democráticas. Derrotamos electoralmente al bolsonarismo, pero la tarea ahora no es apoyar al gobierno de Lula, sino construir una fuerte oposición de izquierda que señale una alternativa distinta tanto de ese proyecto fracasado de conciliación como de la ultraderecha.

Para eso, es necesario retomar las movilizaciones y ganar a la mayor cantidad posible de trabajadores, jóvenes y sectores oprimidos para un camino de independencia de clase, demostrando que las reivindicaciones expresadas en las manifestaciones masivas no se conseguirán mediante acuerdos con la burguesía y el imperialismo.

Los trabajadores y la juventud, movilizados y organizados, tienen la fuerza para cambiar el país y construir un gobierno de la clase trabajadora, de las mujeres, de las personas negras y de los pueblos indígenas, sin capitalistas.

Porque es la clase trabajadora la que produce la riqueza que termina en los bolsillos de menos del 1% de la población, los megaproprietarios de las 250 mayores empresas del país.

Es necesario discutir el papel del PT y la necesidad de superarlo por la izquierda

El PSTU presentó las candidaturas de Hertz Dias y Vanessa Portugal en la primera vuelta con el objetivo de discutir y defender un programa revolucionario y socialista para Brasil, que aborde de raíz las causas de nuestro retroceso y degradación social.

Un programa que coloca en el centro del debate la necesidad de expropiar a los grandes monopolios capitalistas que controlan buena parte de nuestra economía y la cuestión de la soberanía nacional, desde la perspectiva de los trabajadores. Junto con esto, plantea la necesidad de construir una alternativa de la clase trabajadora que supere la polarización entre dos alternativas capitalistas.

En la segunda vuelta, el PSTU llamó a votar críticamente a Lula, sin ningún apoyo a su gobierno. Esto se debió a que, aunque ambos representan formas distintas de seguir administrando el capitalismo, un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro se presentaba abiertamente como una amenaza a las libertades democráticas y, por lo tanto, implicaba peores condiciones para luchar contra los ataques que vendrían.

Además de combatir al bolsonarismo, esta posición también fue considerada la más adecuada para explicar a los trabajadores el carácter capitalista del gobierno de Lula y señalar la necesidad de construir una oposición de izquierda a ese gobierno.

Por eso, el PSTU participó activamente en las manifestaciones y en la organización de los Bloques del Voto Crítico en todo el país, reuniendo a activistas para cambiar votos y derrotar al bolsonarismo, manteniendo una total independencia política.

Junto con esto, el PSTU planteó la necesidad de superar por la izquierda al PT y su política de conciliación de clases.

A diferencia de la izquierda del sistema, que apoya al gobierno de Lula y se presenta como parte de su base de sustentación como forma de combatir a la extrema derecha, el PSTU advirtió que es la propia política del gobierno del PT —como el marco fiscal, una política económica de austeridad, el mantenimiento de la reforma laboral, las privatizaciones y la entrega del país— la que, además de empeorar la vida del pueblo, mantiene y profundiza las condiciones sociales y económicas para el fortalecimiento de la extrema derecha.

Por eso, el PSTU se posicionó, y continuará posicionándose, como oposición de izquierda al gobierno de Lula.

Es hora de organizarse: tomá partido

Es una necesidad urgente construir y fortalecer una alternativa revolucionaria y socialista que supere al PT, a la izquierda del sistema y a su fracasada política de conciliación de clases.

Sin eso, continuaremos en un ciclo interminable entre diferentes gobiernos burgueses, mientras Brasil se vuelve cada vez más dependiente y empeoran las condiciones de vida de la clase trabajadora y de la gran mayoría de la población.

La historia ya demostró que, de «mal menor» en «mal menor», siempre terminamos cayendo en el «mal mayor».

Solo cambiando radicalmente esta organización social basada en la explotación y la opresión será posible transformar las condiciones de vida de la clase trabajadora; de las mujeres víctimas de feminicidios y de la violencia machista; de la juventud negra y de la población de las periferias, víctimas de la violencia del crimen organizado y de la Policía Militar; de las personas LGBTI, oprimidas y superexplotadas; y de los pueblos indígenas, quilombolas y ribereños, víctimas del agronegocio, de las empresas madereras y mineras.

El PSTU hace una invitación: vení a discutir con nosotros un programa y una alternativa revolucionaria y socialista.

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