search
Alemania

La extrema derecha gana las elecciones regionales alemanas. ¡El movimiento obrero tiene que dar una respuesta!

Fabio Bosco

septiembre 10, 2026

El pasado domingo, el partido de extrema derecha AfD ganó las elecciones en el estado alemán de Sajonia-Anhalt con el 43,8% de los votos. La conservadora CDU obtuvo el 17,2%; el socialdemócrata SPD, el 9,3%; los Verdes, el 8,9%; el partido Die Linke (La Izquierda), el 8,6%; y el BSW, un partido de izquierda xenófobo y rusófilo, el 5,3%.

El resultado representa una gran victoria de la AfD (Alternativa para Alemania), que ganó en 38 de los 41 distritos electorales del estado. Los otros tres, en las regiones centrales de las dos principales ciudades, Magdeburgo y Halle, fueron ganados por los representantes de Die Linke. La participación electoral fue récord: 77,8%.

La AfD es un partido formado en 2013 como un partido euroescéptico, favorable al regreso del marco alemán, que reúne a nacionalistas racistas y en el cual la extrema derecha se volvió hegemónica en 2015, teniendo al frente a fascistas como Björn Höcke, líder de la AfD en Turingia, que fue condenado por los tribunales alemanes por utilizar la consigna de las tropas de asalto hitlerianas “Alles für Deutschland” (“Todo por Alemania”).

El programa de la AfD comienza por la expulsión de todos los inmigrantes (“remigración”) —que representan actualmente cerca del 16% de toda la población alemana—, para lo cual sería necesaria una guerra civil. Otra bandera de la AfD es el revisionismo histórico sobre el papel del nazismo, con modificaciones de los programas escolares. También en educación, defienden la segregación de los alumnos con necesidades especiales y de los hijos de inmigrantes. La AfD defiende además limitar las libertades democráticas y, en la práctica, busca socavar las bases de la democracia liberal que caracteriza a Alemania desde el fin del nazismo.

En política exterior, la AfD prioriza la relación con la Rusia de Putin, el fin del apoyo a Ucrania y una “Europa de Estados soberanos”, lo que implicaría el debilitamiento de la Unión Europea. No es casualidad que tanto Vladimir Putin como Donald Trump hayan celebrado esta victoria regional de la AfD.

Las raíces de la victoria

Sajonia-Anhalt tiene el menor desarrollo económico y el nivel salarial más bajo entre los 16 estados alemanes. La votación de la AfD se explica, en gran medida, por las políticas nacionales de austeridad impuestas por una sucesión de gobiernos, desde el socialdemócrata Gerhard Schröder, que impuso las reformas previsional y laboral (conocidas como Agenda 2010 y Hartz IV), pasando por Angela Merkel (CDU), que, en coalición con el SPD, aprobó una enmienda constitucional de techo de gastos en 2009 (“freno de la deuda”), hasta el actual canciller Friedrich Merz, de la CDU, que propone una serie de reformas para reducir los derechos sociales, como el ingreso básico, los derechos jubilatorios y los gastos en educación y salud. Al mismo tiempo, propone una excepción al “freno de la deuda” para inversiones de 830.000 millones de euros en el presupuesto militar del país hasta 2030.

Estas políticas se producen en un momento histórico de decadencia del imperialismo alemán y europeo, que perdió la competencia industrial frente a China, perdió el acceso al gas y al petróleo rusos más baratos debido a la agresión rusa contra Ucrania y está bajo la presión de Trump, que aspira a la desintegración de la Unión Europea y a la subordinación semicolonial de cada uno de los países europeos.

¿Hacia dónde va Alemania?

El crecimiento de la AfD en todo el país se basa en la frustración de la pequeña burguesía, las clases medias y una parte importante de la clase trabajadora frente a las políticas de austeridad. Por eso, el crecimiento de la AfD también debería expresarse en las elecciones de otros estados. El 20 de septiembre habrá elecciones en los estados de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde la AfD encabeza las encuestas pero no tendría mayoría para gobernar, y en Berlín, donde Die Linke disputa el liderazgo con la CDU, pero la AfD debería duplicar sus votos, pasando del 8% al 16%.

Está claro que la política de los principales partidos alemanes —ya sea la CDU, la socialdemocracia o los Verdes— de mantener la austeridad y la economía de guerra continuará alimentando la frustración de la mayoría de la población, empujándola hacia las propuestas demagógicas de la AfD de convertir a los inmigrantes y al apoyo a Ucrania en chivos expiatorios de la crisis que atraviesa el país.

¿Quién puede frenar el ascenso de la AfD?

La juventud y la población se han movilizado contra la extrema derecha en los últimos años. Pero es el movimiento obrero el que puede galvanizar el apoyo de las clases medias y de una parte de la pequeña burguesía contra los despidos masivos en la industria alemana y contra las reformas de austeridad y la economía de guerra, debilitando así el apoyo a la AfD.

Existe un fuerte descontento entre la clase trabajadora que se expresó en las protestas del 3 de julio en Mercedes-Benz y que apunta hacia una fuerte jornada nacional de lucha el 26 de septiembre. El principal obstáculo es la dirección sindical, que se opone a convocar movilizaciones “políticas” que cuestionen las políticas de austeridad del gobierno.

Por otro lado, el principal partido de izquierda, Die Linke, se pronuncia contra la austeridad pero, cuando gobierna, hace lo contrario, como ocurrió durante sus gobiernos en Berlín (2002-2011 y 2016-2023), durante los cuales privatizó 200.000 viviendas y los alquileres se dispararon. Otra limitación de Die Linke son sus conexiones con la Rusia de Putin y su posición contraria al apoyo a Ucrania, país vecino que es objeto de una agresión imperialista rusa. A esto se suma la capitulación ante el sionismo: Elif Eralp, su principal candidata en Berlín, condenó como antisemita la consigna palestina “Yalla, Yalla, Intifada”.

Corresponde a la izquierda revolucionaria alemana presentar un programa claro contra la austeridad y la economía de guerra, que señale el camino de las movilizaciones callejeras y las huelgas para frenar las políticas de austeridad y la economía de guerra, avanzando hacia un poder obrero y popular que sea un punto de apoyo en la lucha por la revolución socialista mundial.

Lea también