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Declaraciones

En lugar de enfrentarse a Trump, Lula ofende a Paraguay

PSTU (BRASIL) y PT (Paraguay)

agosto 1, 2026

PSTU (BRASIL) y PT (Paraguay)

El pasado 24 de julio, el presidente Lula visitó la fábrica de Avibrás, una empresa fabricante de material bélico ubicada en Jacareí, en el interior del estado de São Paulo. En esa ocasión, el presidente de Brasil hizo la siguiente declaración: «Nos gusta la paz, pero no podemos olvidar que un buen día Paraguay decidió invadir Brasil. Invadió Corumbá, al mismo tiempo invadió Uruguay, invadió Argentina. Y esa guerra que parecía no ser nada duró cinco años».

En cualquier contexto, esta declaración por sí sola ya sería inadmisible, ya que la llamada «Guerra del Paraguay» (1864 a 1870), como se la conoce en Brasil, o «Gran Guerra», como se la llama en Paraguay, es uno de los episodios más vergonzosos de la historia de Brasil, junto con el genocidio indígena y los 380 años de esclavitud. Una guerra colonialista que arrasó a Paraguay y diezmó al 90 % de su población masculina, en beneficio de las clases dominantes de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay) y de las potencias hegemónicas de la época, especialmente Inglaterra.

Por ello, el discurso de Lula generó una justa indignación en el pueblo paraguayo, y debe ser motivo de vergüenza para los trabajadores y el pueblo brasileño, quienes, a diferencia de la burguesía y el gobierno, ciertamente no están a favor de la opresión y la explotación de Brasil sobre Paraguay.

Una guerra colonialista

Esta guerra ha marcado profundamente la historia de Paraguay y, hasta el día de hoy, es motivo de desconfianza del pueblo paraguayo hacia Brasil, sobre todo porque, tras ella, las relaciones entre ambos países y sus respectivos gobiernos siempre han sido de dominación y opresión en beneficio, especialmente, de las multinacionales instaladas en territorio brasileño, pero también de empresas brasileñas y, recientemente, de los grandes terratenientes.

Uno de los mayores ejemplos de esta relación de dominación es el tratado que dio origen a la central hidroeléctrica de Itaipú, durante los regímenes militares de ambos países (Médici en Brasil y Stroessner en Paraguay). Desde el inicio de sus operaciones hasta la fecha, Paraguay se ha visto obligado a vender a Brasil el excedente de su parte de la energía generada por la central, a precio de costo o muy por debajo del mercado. En la práctica, el pueblo paraguayo pagó por la energía consumida en Brasil, lo que hoy beneficia no al pueblo brasileño, sino a las empresas privadas transnacionales que controlan la distribución de energía en el país.

Hay que enfrentar a Trump y al imperialismo estadounidense, y no a Paraguay

Esa relación de subordinación tuvo su origen en una guerra cuyo verdadero significado sigue siendo, hasta el día de hoy, distorsionado en Brasil por discursos como el de Lula. El mayor conflicto militar de la historia de América Latina fue el punto álgido de una disputa por territorios y, principalmente, por el acceso al Río de la Plata, entre la decadente monarquía brasileña y Argentina. Países que contaban, detrás de sí, con los intereses de potencias como Inglaterra y Estados Unidos.

Causa aún mayor consternación el hecho de que Lula haya utilizado a Paraguay como ejemplo en un momento en que Trump ataca, incluso militarmente, a América Latina. Mientras que Venezuela fue invadida, Maduro fue secuestrado y hoy es gobernada por teléfono por el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, Trump amenaza a Cuba con la ocupación y recrudece aún más un bloqueo brutal que castiga, sobre todo, al pueblo cubano.

El arancel exorbitante impuesto a Brasil es también un ataque imperialista contra la soberanía del país, con el fin de profundizar la subordinación e interferir en las elecciones. Por su parte, la hipócrita clasificación de organizaciones criminales como «terroristas» legitima y allana el camino para futuros ataques militares de EE. UU., funcionando ya como un elemento de presión y amenaza contra Brasil.

A pesar de su discurso, Lula no se enfrenta a Trump

El gobierno de Lula, en este contexto, ha adoptado un discurso en defensa de la soberanía nacional, pero sigue, en la práctica, negociando y entregando el país, como en el caso de las codiciadas tierras raras. Ni siquiera la subida de aranceles fue respondida con ningún tipo de represalia, y la política de «reciprocidad» se queda solo en las palabras de las autoridades del gobierno, atendiendo a las súplicas de una burguesía atávicamente subordinada y dependiente de las migajas que caen de los platos imperialistas.

El caso de Avibrás es emblemático. Una de las pocas empresas de tecnología e industria bélica estuvo a punto de cerrar y realizar despidos masivos. Una heroica huelga obrera de tres años y medio, coordinada por el Sindicato de Metalúrgicos de São José dos Campos, dirigido por el PSTU, evitó el cierre o la desnacionalización de una fábrica estratégica para la soberanía del país. El gobierno de Lula, por su parte, no hizo nada en este episodio; fue la lucha de los trabajadores y trabajadoras de la fábrica, junto con el sindicato, la que garantizó su permanencia. Lula no solo no atiende la exigencia del sindicato y de los trabajadores de que se nacionalice la empresa, sino que sugiere que la amenaza a nuestra soberanía es Paraguay, cuando, en realidad, es el imperialismo estadounidense el que ha estado intentando dominar el continente y promueve guerras en todo el mundo para perpetuar su condición de imperialismo hegemónico.

El gobierno paraguayo finge indignación, pero se doblega ante Trump

Ante el discurso de Lula, el gobierno paraguayo protestó y convocó al embajador brasileño. Sin embargo, el presidente del país, Santiago Peña, en contra del justo sentimiento del pueblo de su país, finge indignación y es un vasallo más del imperialismo estadounidense, siguiendo la estela de los presidentes de extrema derecha que han llegado al poder en el último período. Aliado de Milei en Argentina, Peña firmó recientemente un acuerdo con las Fuerzas Armadas de EE. UU. que pretende someter militarmente a Paraguay a EE. UU., convirtiendo, en la práctica, al país en una base militar estadounidense.

Lejos de cualquier aspiración nacionalista o de ser defensor de la soberanía de Paraguay, Peña es, al igual que sus pares de extrema derecha en la región, un representante de una burguesía que se beneficia de la completa sumisión colonial al imperialismo estadounidense.

Es necesario que los trabajadores exijan al gobierno de Lula una postura real contra el imperialismo estadounidense. En lugar de ofender al pueblo paraguayo, que tome represalias ya contra el aumento de aranceles de Trump, envíe petróleo para contrarrestar el bloqueo a Cuba y nacionalice Avibrás como medida fundamental de una política de seguridad nacional y en defensa de la soberanía.

El PSTU de Brasil y el PT de Paraguay, miembros de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI), hacen un llamado a la necesidad de unir a la clase trabajadora de ambos países, así como a los trabajadores y los pueblos latinoamericanos, para derrotar al imperialismo, enfrentando la rendición y la capitulación de los gobiernos de nuestros países.

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