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Declaraciones

Crisis existencial de la UE y cómo enfrentar los ataques que se vienen(Parte 1)

PDAC, CORRIENTE ROJA, EM LUTA

junio 16, 2026

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Em Luta-Sección de la LIT en Portugal

La Unión Europea (UE), el dispositivo unitario del gran capital de los países europeos creado en un mundo donde la supremacía norteamericana era indiscutida, es hija de un orden mundial en crisis, que no existe más tal y como lo conocíamos tras la segunda guerra mundial. En este cuadro convulso, la UE ha entrado en una crisis existencial, con su economía en decadencia con respecto a EEUU y China y sentenciada por la nueva política exterior de Trump, que se propone explícitamente desmantelarla.

La palabra que define la relación de la UE con Trump es sumisión. Una postura que se manifestó en su sometimiento ante el genocidio sionista en Gaza y Cisjordania, la aceptación de la imposición trumpista de aranceles, o la complicidad con la intervención norteamericana en Venezuela. La oposición solo superficial de los principales gobiernos europeos y de la propia Comisión Europea a la agresión imperialista de EEUU e Israel contra Irán, es producto de las consecuencias económicas para Europa de esta guerra y del rechazo de masas a las políticas de Trump y del sionismo, pero no cambia el carácter de las relaciones estratégicas de la UE con EEUU.

La UE vive una crisis existencial

La UE surgió en 1993 tras la restauración capitalista en la Europa del Este y la unificación alemana, bajo iniciativa del capitalismo germano en alianza con el capitalismo francés. Ambos buscaban avanzar en la asimilación de los países del Este, dar un salto en la integración económica del continente en torno a sus empresas monopolísticas y fortalecerse como bloque imperialista a nivel internacional, sin cuestionar el dominio estratégico estadounidense sobre el continente. La UE nunca buscó crear una estructura estatal unificada. Por el contrario, las burguesías nacionales, aliadas pero competidoras entre sí, en ningún momento se plantearon prescindir de su propio Estado nacional. Los organismos de la UE, por lo demás, facilitaban el dominio del capitalismo alemán y francés sobre los demás.

La crisis existencial que vive hoy la UE viene dada por el entrelazamiento de dos factores principales: la decadencia económica y geoestratégica de Alemania y Francia en relación con EEUU y China por un lado, y la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de Trump, que incluye el desmantelamiento de la UE.

Trump quiere reducir la UE a una mera zona de libre comercio, de manera que sus relaciones con cada Estado europeo las pueda llevar por separado, sin un artefacto como la UE que interfiera y pudiera aspirar a una cierta autonomía estratégica sustentada en los viejos imperialismos europeos.

Trump quiere un espacio sumiso, pagando aranceles a EEUU, manteniendo sus bases militares y preservando el dominio sin barreras de sus oligopolios tecnológicos, financieros, armamentistas y energéticos. En el documento oficial de la ESN, la Administración Trump apoya de forma explícita a la ultraderecha europea, los llamados partidos patrióticos antieuropeistas, como la AfD alemana o Vox en el Estado español. En la versión “no oficial” de la ESN filtrada a la prensa norteamericana llegan a hablar de promover el abandono de la UE por parte de Hungría, Austria, Polonia e Italia.  

Trump ha llegado a amenazar con apropiarse de Groenlandia, la gran isla ártica anexionada desde hace tres siglos por Dinamarca, miembro de la UE y de la OTAN. La retirada táctica norteamericana de sus planes de anexión ha permitido que las divisiones internas de la UE no hayan salido a la luz. Trump ha marginado totalmente a la UE de sus negociaciones con Putin para pactar el fin a la guerra y repartirse Ucrania. Asimismo ha llegado a deslizar que podría desentenderse del apoyo militar a los países europeos de la OTAN en caso de sufrir una intervención rusa, cuestionando la propia OTAN.

Trump ha forzado el pronunciamiento de la OTAN para aumentar hasta un 5% del PIB los presupuestos militares (3,5% directamente en armamento y 1,5% en infraestructuras vinculadas), lo que va a significar un verdadero negocio para las empresas norteamericanas de armamento y de tecnologías asociadas a la guerra, como Palantir.

La subordinación de los diferentes ejércitos nacionales europeos hacia EEUU a través de la OTAN y su dependencia de las grandes corporaciones armamentísticas norteamericanas es (con la excepción relativa de Francia) estructural y colosal. El programa del futuro avión europeo de combate (FCAS) vive una profunda crisis debido a la rivalidad industrial y estratégica entre Francia y Alemania, que prefiere depender militarmente de EEUU antes que doblegarse ante Francia. Las compras del avión F-35 norteamericano y de sistemas como el de los misiles Patriot por parte de Alemania y de una gran mayoría de países de la UE, conllevan la dependencia operativa-tecnológica de EEUU.

 Perspectivas

El proyecto de la UE, que ya mostró todos sus límites después de la crisis de la deuda en 2010-2011, en un mundo de conflicto interimperialista, es un fracaso total. La rivalidad entre las tres grandes potencias imperialistas (EEUU, China y Rusia) afecta a los diferentes intereses de los países europeos, lo que dificulta cada vez más encontrar una línea común, y amplia a su vez la brecha entre las potencias europeas.

Pero es bueno dejar claro que a pesar de las múltiples crisis y desafíos que enfrenta, interna y externamente, la UE intenta revertir total o parcialmente el proceso actual.

La UE no es una piedra que rueda hacia el abismo sino que dispone de poderosas fuerzas vivas, sociales, economicas y políticas, de un mercado interior poderoso, una moneda fuerte, mano de obra calificada, capital propio y conserva un núcleo de grandes empresas. Tiene también una tradición militar y herramientas para hacer frente a la guerra económica que propone Trump, incluso mediante tasas impuestas a las empresas financieras y a la tecnología estadounidense.

Hay un intento de las potencias imperialistas europeas de superar la dependencia de EEUU en la producción bélica. Un ejemplo es el proyecto conjunto entre Reino Unido, Italia y Japón para desarrollar un caza de sexta generación para el año 2035 ( que cuenta con la oposición de Francia pero al que Alemania podría unirse) y el de un tanque que debería producirse en una empresa conjunta entre la alemana Rheinmetall y la italiana Leonardo, dos de los mayores productores de armas del mundo.

No podemos decir ahora cual va a ser el resultado de este proceso. La UE puede permanecer como hoy, aunque varios de sus paises continúen su descenso como eslabón de la jerarquía imperialista mundial, o incluso la UE puede explotar, con países como Francia y Alemania que intentaran reubicarse y frenar su descenso. Lo que es cierto es que la UE, así como fue en los últimos cuarenta años, no puede garantizar los intereses de los países imperialistas europeos de conjunto.

La guerra en Ucrania y la Unión Europea

La crisis de la UE también se evidencia claramente en la invasión imperialista rusa de Ucrania. Cabe recordar que en los primeros días de esta, todos los gobiernos europeos aconsejaron a Zelensky que abandonara Kiev, lo que habría conllevado la anexión del Donbás a Rusia y la instauración de un gobierno afín a Putin en el resto de Ucrania. La Unión Europea estaba dispuesta a ceder ante los intereses del imperialismo ruso, haciendo que las masas ucranianas pagaran las consecuencias. Sin embargo, el plan de Putin se vió frustrado por la resistencia popular en Ucrania, que le obligó a librar más de cuatro años de guerra que están socavando los cimientos mismos de su régimen.

Los países de la Unión Europea se vieron obligados —contra su voluntad— a apoyar el esfuerzo bélico del gobierno de Zelensky para impedir que la resistencia popular ucraniana escapara del control de la burguesía. Se limitaron a enviar algunas armas antiguas para apoyar a Ucrania, aprovechando la oportunidad para justificar aumentos en el gasto militar que nada tenían que ver con el apoyo a la resistencia. La intención de los países imperialistas europeos, después de que Trump limitara significativamente el ya insuficiente apoyo a Ucrania, era convencer al gobierno ucraniano de aceptar una solución negociada al conflicto, cediendo esencialmente el Donbás y Crimea a Putin. Zelensky estaría abierto a esta solución, si no pusiera en grave peligro el orden burgués en Ucrania debido a la oposición de quienes lucharon con armas en mano contra las fuerzas invasoras.

Las secciones europeas de la Lit-CI apoyamos a la resistencia ucraniana y el derecho de Ucrania a la independencia, cualquiera que sea su gobierno en el poder. Defendemos la derrota —sin peros ni excusas— de la invasión imperialista rusa y nos oponemos al aumento del gasto militar en los países de la UE. Sin embargo, advertimos a las masas trabajadoras y populares ucranianas que los países de la UE no son sus aliados, puesto que pretenden reemplazar la ocupación de Putin para imponer  su dominio económico (incluso a través de la reconstrucción futura). Y el gobierno de Zelensky está dispuesto a entregar Ucrania al imperialismo occidental.

Por todo esto, los trabajadores y la resistencia ucraniana deben luchar contra la invasión rusa al tiempo que buscan desarrollar sus propias organizaciones de clase, y democráticas en su funcionamiento, e independientes del gobierno, en las que estén representadas todas las fuerzas que luchan por la verdadera independencia de Ucrania frente a los depredadores imperialistas.

La UE y sus estados contra los trabajadores y los pueblos

El problema del armamento es un claro reflejo del  problema de fondo que sufren las potencias europeas, esto es, las rivalidades nacionales, entre los principales imperialismos que componen la UE, en particular entre Alemania y Francia. Una rivalidad de intereses que impide que puedan aplicarse las medidas del famoso Informe Draghi, destinadas a detener y revertir el acelerado declive de la UE como potencia imperialista mundial, inevitable, según su autor, si la UE no da un salto cualitativo en su integración política, económica y financiera.

Esta rivalidad de intereses hace muy difícil dar pasos sustanciales hacia una real unificación que solo podría darse si hubiera avances cualitativos en una unificación estatal entre Alemania y Francia que arrastrara, de paso, al resto de países europeos. Solo convertidas en una potencia imperialista unificada, las potencias europeas podrían contar en un orden mundial marcado por la rivalidad entre el imperialismo norteamericano y chino.

A pesar de la propaganda de la Europa democrática, o de las reivindicaciones del derecho internacional, con el presidente español, Pedro Sánchez a la cabeza, La UE es una agrupación de estados capitalistas, varios de ellos imperialistas, cuyo fin es tener las mejores condiciones para explotar a la clase trabajadora europea y  del resto del mundo.

La batalla por una verdadera Europa unida que la clase trabajadora y los pueblos necesitamos, solo puede pasar por la lucha para lograr unos Estados Unidos Socialistas de Europa, basados en la destrucción de los actuales estados imperialistas y en la instauración de un poder socialista internacionalista y solidario.

Bajo la actual UE sólo cabe esperar más ataques, en los que la respuesta de los grandes oligopolios europeos y gobiernos a su servicio es la combinación de:

1/ una ofensiva estratégica, con Alemania y Francia en primera línea, contra las conquistas económicas y sociales de la clase trabajadora, en particular las identificadas con el Estado del bienestar, como las pensiones públicas, la sanidad, la educación o la cobertura del desempleo, acompañada de una oleada de decenas de miles de despidos.

2/ ataques a los derechos democráticos, puestos recientemente en evidencia en la represión de los movimientos de protesta contra el genocidio israelí en Gaza y Cisjordania, con los Estados adoptando características cada vez más autoritarias.

3/ impulso desbocado al rearme y la militarización de los países con la guerra de Ucrania como pretexto, cuando lo cierto es que los gobiernos europeos nunca apoyaron militarmente a Ucrania lo suficiente como para repeler eficazmente la invasión. Estos planes, que incluyen la reintroducción del servicio militar con Alemania y Francia al frente, se hacen en nombre de la seguridad europea y la búsqueda de una mentirosa autonomía estratégica y se presentan, al mismo tiempo, como el gran remedio para la modernización productiva y frente a la crisis.

4/ agravamiento sustancial del trato a la inmigración, con la ultraderecha arrastrando a la derecha desde el propio Parlamento europeo y en los países, aprobando recortes de cuotas, períodos de detención prorrogables o centros de deportación extracomunitarios en países tan “democráticos” como Egipto o Túnez.

5/ marcha atrás en las escasas y limitadas restricciones medioambientales en Europa, a la vez que acuerdos como el del Mercosur, que aumentan el pillaje y destrucción ambiental de otros países, mientras se acelera el cambio climático sin precedentes que retroalimenta la crisis.

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