Fin de la jornada 6×1: Derrotar los ataques del centrão y de la derecha.
En vísperas de la votación sobre el fin de la jornada 6×1, diputados bolsonaristas, de derecha y del centrão articulan un verdadero golpe contra los trabajadores, empeorando la propuesta presentada por el gobierno. Están desfigurando la Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) para impedir la reducción de la jornada laboral, incorporar ataques contra los trabajadores y otorgar beneficios a los grandes empresarios.
Los diputados de derecha y del centrão Sérgio Turra (Progressistas-RS) y Tião Medeiros (Progressistas-PR) presentaron una enmienda que prevé una transición de hasta diez años para implementar la semana laboral de 40 horas y abre el camino para una amplia flexibilización de la jornada y de los derechos laborales.
La propuesta crea excepciones para sectores considerados esenciales, manteniendo jornadas de hasta 44 horas semanales, además de permitir negociaciones sobre escalas de trabajo, banco de horas, intervalos y feriados directamente con la patronal. La jornada podría superar en un 30% el límite legal, lo que en la práctica significa llegar a unas absurdas 52 horas semanales.
La enmienda permite la negociación individual directa con los empleadores para establecer sus propias reglas, como migrar al teletrabajo, al trabajo intermitente y a la remuneración por productividad. Además, posibilita que las pausas e intervalos dejen de contabilizarse como tiempo remunerado.
Subsidio para los patrones
Como si esto fuera poco, los parlamentarios proponen una serie de privilegios para las empresas, como la reducción del 50% de la contribución al FGTS, inmunidad temporal de impuestos previsionales y otros incentivos para nuevas contrataciones. Se trata de un verdadero paquete de subsidios para los empresarios financiado a costa de los trabajadores: un subsidio para los patrones.
Con 176 diputados apoyando la propuesta, la aprobación de esta enmienda significaría transformar la lucha por el fin de la jornada 6×1 en un ataque sin precedentes. Es necesario enfrentar a Flávio Bolsonaro y a toda la pandilla de la extrema derecha que intenta impedir el fin de la 6×1 por diversos medios, incluso proponiendo nuevos ataques contra los trabajadores. Defienden abiertamente los intereses de multinacionales y grandes empresas multimillonarias que explotan a los trabajadores y asfixian a los pequeños negocios.
MOVILIZACIÓN
¡Es hora de salir a las calles para recuperar el tiempo de vida que nos han robado!
No se puede esperar nada de un Congreso dominado por los intereses empresariales, un verdadero mercado de negocios de la burguesía. Es en las calles, donde más del 70% de la población apoya el fin de la jornada 6×1, donde reside la fuerza capaz de derrotar estas maniobras.
Lula: negociar la sobreexplotación es debilitar la lucha por el fin de la 6×1
Los próximos días serán decisivos en la lucha por el fin de la jornada 6×1. Está planteada una disputa abierta entre patrones y trabajadores sobre quién pagará el costo de la reducción de la jornada laboral y qué intereses prevalecerán en el texto final.
El 13 de mayo, Lula se reunió con el presidente de la Cámara de Diputados, Hugo Motta, para discutir los lineamientos de la reducción de la jornada, definiendo qué quedaría en la Constitución y qué podría ser reglamentado posteriormente mediante una ley complementaria. Días antes, Motta había recibido a representantes de la Fecomercio, quienes llevaron una agenda de compensaciones fiscales y exenciones para los empleadores. Empieza a percibirse un clima de un acuerdo podrido entre el gobierno y el Congreso para engañar a los trabajadores.
Una propuesta rebajada
La posición del gobierno Lula es intentar controlar e institucionalizar la indignación de millones de trabajadores que exigen el fin inmediato de la 6×1, sin transición. El proyecto presentado por el gobierno ya nace rebajado, estableciendo una jornada de 40 horas semanales y dejando abiertos tanto el período de transición como las condiciones de implementación de la medida. Entra en la negociación abandonando la reivindicación original impulsada por el movimiento: 36 horas semanales y una semana laboral 4×3.
Algunos sectores afirman que la propuesta original sería inviable. Esto no se sostiene. En las últimas décadas, el avance de la productividad, impulsado por el uso intensivo de tecnología, amplió enormemente la capacidad de generación de riqueza. Existe, por tanto, una base material para reducir la jornada a 36 horas semanales sin ninguna reducción salarial. El verdadero obstáculo no es económico, sino político: los grandes capitalistas no están dispuestos a renunciar a una sola parte de sus ganancias, que continúan en niveles elevados.
Defender la jornada de 36 horas y la escala 4×3 es el camino para conquistar una victoria histórica para la clase trabajadora. Por el contrario, cuando el gobierno adopta propuestas mínimas y rebajadas, crea las condiciones para que la derecha y el centrão avancen aún más en el desmantelamiento de derechos, imponiendo retrocesos y vaciando cualquier posibilidad de una mejora real. Es necesario, por lo tanto, sostener una plataforma a la altura de las necesidades de los trabajadores.
QUE PAGUEN LOS CAPITALISTAS
¡El fin de la jornada 6×1 no puede ser moneda de cambio!
Hoy millones de personas trabajan de manera extenuante para recibir salarios miserables. Una parte de la clase trabajadora está atrapada en la jornada 6×1, en las horas extras abusivas y en los bancos de horas. Otra ya vive la realidad brutal de la informalidad, la uberización y el pago por tarea, lo que en la práctica constituye una jornada 7×0, disponible las 24 horas del día para recibir pagos por servicios, entregas o tareas realizadas. Esta jornada completamente flexible, en la que la vida del trabajador está puesta al 100% al servicio del capital, es la jornada ideal para los grandes empresarios.
Quieren transformar el fin de la 6×1 en moneda de cambio dentro de ese mercado de negociaciones que es el Congreso Nacional. Pero no existe mediación favorable entre los intereses de la clase trabajadora y los de la burguesía parasitaria que lucra con la sobreexplotación. Están construyendo un proyecto para fingir que la jornada 6×1 está terminando mientras aprueban nuevos ataques contra los trabajadores. Así, una medida que debería mejorar la vida de los trabajadores será deformada para servir a las ganancias de los grandes capitalistas.
Ellos ganaron miles de millones; ahora les toca pagar la cuenta
Al contrario de lo que exige el lobby patronal, el dinero público no puede utilizarse para subsidiar a los empresarios. Es necesario gravar a los grandes capitalistas para garantizar un programa de apoyo a los pequeños comerciantes, de modo que puedan afrontar las dificultades iniciales derivadas de la implementación inmediata de la reducción de la jornada.
Los pequeños negocios pueden beneficiarse de políticas de apoyo a la contratación, pero también cosecharán los efectos positivos del aumento del tiempo libre de la población trabajadora, fortaleciendo el comercio local, los servicios y la economía de los barrios.
Es necesario prohibir los despidos masivos e impedir que las nuevas contrataciones se realicen de forma precaria, intermitente o mediante la llamada «pejotización». Las empresas que incumplan la reducción de la jornada deben enfrentar sanciones severas y multas elevadas.
Debemos derrotar en las calles las maniobras de la derecha, del centrão y de los empresarios, y exigir al gobierno y al Congreso una reducción real de la jornada laboral. ¡Ninguna confianza en las negociaciones de gabinete, en los pactos de cúpula ni en la conciliación entre gobierno y patrones! La juventud y la clase trabajadora deben ocupar las calles, organizar asambleas, paros y movilizaciones en los lugares de trabajo y estudio.
Construyamos una jornada nacional de lucha. Participaremos en las movilizaciones de los días 24 y 25 de mayo en todo el país. Y el día 27, cuando el tema sea votado en el plenario, necesitamos ampliar la presión, retrasar ingresos, paralizar lugares de trabajo y demostrar la fuerza de nuestra clase.
- Fin inmediato de la jornada 6×1, sin transición y con garantía de dos días consecutivos de descanso.
- Reducción a 36 horas semanales, sin reducción salarial ni pérdida de derechos, rumbo a la semana 4×3.
- No al subsidio para los patrones ni a la flexibilización total de la jornada.
- Derogación de la reforma laboral y fin de la pejotización.
Las nuevas tecnologías, las jornadas extenuantes y las ganancias multimillonarias de los grandes capitalistas
La última gran modificación de la jornada laboral en Brasil fue conquistada en 1988, cuando el fuerte ascenso de la clase trabajadora impuso en la nueva Constitución la reducción de la jornada semanal de 48 a 44 horas.
En estos casi 40 años, la productividad del trabajo aumentó enormemente gracias a las nuevas tecnologías, la automatización y la industria digital. Sin embargo, esos avances, que podrían haber significado más tiempo libre y mejores condiciones de vida para la clase trabajadora, fueron apropiados por los grandes empresarios para ampliar sus ganancias y profundizar la explotación.
Las nuevas tecnologías sirvieron para intensificar el ritmo de trabajo, ampliar el control patronal y precarizar aún más las relaciones laborales. Las plataformas digitales y la inteligencia artificial impulsaron la uberización, el trabajo por aplicaciones y el subempleo. Los capitalistas pasaron a exprimir cada segundo de la fuerza de trabajo pagando cada vez menos.
Durante esos mismos 38 años —18 de ellos bajo gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT)— también se aprobaron medidas profundamente regresivas, como la reforma laboral, la ampliación de las tercerizaciones y el trabajo intermitente. Sigue en discusión en el STF la ampliación de la pejotización, al mismo tiempo que no fue archivado el Proyecto de Ley 152, que legaliza jornadas de hasta 12 horas para repartidores.
La reducción de la jornada laboral es una deuda histórica con la clase trabajadora de este país. Y quienes acumularon miles de millones gracias a jornadas extenuantes y escalas abusivas son quienes deben pagar esa cuenta.



