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TEORÍA

107 años sin Yákov Sverdlov, el gran organizador del Partido bolchevique

Paola

marzo 20, 2026

«Se ha ido. Se ha ido. Se ha ido». Al otro lado del teléfono, la voz quebrada de Lenin anunciaba la muerte de Yákov Mijáilovich Sverdlov el 16 de marzo de 1919. 

Algunos/as revolucionarios/as bolcheviques perdieron la vida en el campo de batalla, en la trinchera o en plena insurrección. Otros/as, en las cárceles, campos de trabajo o cuarteles de nuestros enemigos de clase. A Yákov Sverdlov, en cambio, la muerte lo alcanzó prematuramente tendido en su cama, abrasado por la fiebre tifoidea —contraída en un viaje de Járkov a Moscú—, interrumpiendo una reunión del Buró Político del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.

La arquitectura del «milagro bolchevique» 

La construcción del Partido Bolchevique ruso no fue obra exclusiva de Lenin y Trotsky, por más que la memoria colectiva insista en esa idea. Fue, por el contrario, el resultado del trabajo incansable de numerosos hombres y mujeres. Entre ellos, Yákov Sverdlov, el gran organizador del «milagro bolchevique», como lo describiría Pierre Broué en 1962. 

Si Sverdlov debe ser recordado no es por haber escrito algún tratado sobre economía, filosofía o política marxista. No fue un gran teórico ni un gran agitador de masas, pero era el hombre más querido y respetado del Partido Bolchevique y su gran organizador. Su gran habilidad, como describiría Trotsky en 1919, era la de abordar todas las cuestiones de la revolución no desde arriba, es decir, no desde el punto de vista de las consideraciones teóricas generales, sino más bien desde abajo, a través de los impulsos directos de la vida misma tal y como los trasmitía el organismo partidario.

Tampoco es casualidad que la figura de Sverdlov haya quedado en el olvido: tras la muerte de Lenin en 1925, la consolidación de Stalin al frente de la URSS se orientó a liquidar a los/las dirigentes bolcheviques que organizaron y dirigieron la revolución, primero físicamente, torturándolos y asesinándolos, y después, intelectualmente, borrando su memoria y su legado. Así, conocer la vida de Sverdlov como revolucionario es también conocer la historia viva del partido que logró desterrar a la burguesía y tomar el poder, abriendo paso a la edificación de una nueva sociedad socialista.

De Gorki a Kanavin

Yakov Sverdlov nació un 22 de mayo de 1885 en la ciudad de Nizhni Novgorod, rebautizada como Gorki en honor al marxista Máximo Gorki tras el triunfo de la revolución rusa. 

En los primeros meses de 1900, cuando todavía estaba en el colegio secundario, Sverdlov conoció el movimiento revolucionario a través de la agitación que en su ciudad se realizaba. Pero no fue hasta que la prematura muerte de Elizabeth Stern, su madre, le obligó a abandonar sus estudios y trasladarse a Kanavin para trabajar como aprendiz en una farmacia que el joven Sverdlov tuvo su primer contacto con las ideas revolucionarias. En esa farmacia Sverdlov conoció por primera vez a un socialdemócrata y empezó a reunirse con otros/as trabajadores/as en lo que sería su primera célula de lectura. Es ahí donde empezó su andadura como militante revolucionario que habría de durar toda su vida. 

Los primeros pasos en la militancia revolucionaria

En 1901, con tan solo 16 años, Sverdlov adhiere a las filas del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR). Durante ese año, los bolcheviques publicarán el primer número de Iskra (La Chispa), el periódico que formará y cohesionará política e ideológicamente a cientos de jóvenes y trabajadores/as que iniciaban por aquel entonces su militancia en el POSDR. Un año después, en 1902, Sverdlov apoyó a la fracción bolchevique en el marco del II Congreso del POSDR que se zanjó con la separación entre bolcheviques y mencheviques en 1903.

Ya desde 1902 Sverdlov – o Malish, (el niño), como lo apodaba la policía – estuvo en el punto de mira de la Okhrana (policía zarista) hasta el punto que fue detenido en varias ocasiones: en abril de 1902, por participar en el funeral de Boris Ryurikov – un joven estudiante socialdemócrata -, que se transformó en una importante manifestación y, en mayo de ese mismo año, por organizar la manifestación del 1ro de mayo en el barrio obrero de Sormovo. 

A finales de 1902 el comité socialdemócrata de Nizhny Novgorod, por sugerencia de Sverdlov, aprobó la organización de una imprenta clandestina en Sormovo, que se acabó creando durante el 1903. Con esta iniciativa el partido logró reorganizarse y consolidar a la camada de militantes revolucionarios/as que años después dirigirían el partido que tomó el poder.  

La revolución de 1905

En el año 1904 el partido envía a Sverdlov a la ciudad de Kostroma para organizar uno de los centros textiles más importantes del país, con 12.000 trabajadores/as en una ciudad de 40.000 habitantes. No obstante, para 1905, después de pasar por varias ciudades del Altro Volga, se instaló en Kazán, donde estuvo militando con estudiantes y trabajadores/as, convirtiéndose en un referente partidario en la ciudad. En septiembre de ese mismo año Sverdlov viajará a Ekaterimburgo – ciudad que tomará, años después, su mismo nombre – para quedarse. El partido lo enviaba a organizar a los/las trabajadores/as de los Urales que se habían levantado para luchar contra el zarismo. En esas semanas, Sverdlov se puso al frente de una célula de propagandistas, organizó reuniones ilegales con cientos de trabajadores/as y jóvenes y fundó y dirigió el Consejo de Diputados Obreros de Ekaterimburgo (Soviet). 

Las consecuencias de la derrota de la revolución de 1905, quien Lenin calificó como ensayo revolucionario, fueron terribles para el movimiento obrero y el joven partido bolchevique: cientos de militantes arrestados/as, encarcelados/as y deportados/as y la mayoría de regiones desarticuladas entre sí. Aun así, en febrero de 1906 Sverdlov conseguirá organizar una Conferencia regional de los Urales, que tuvo lugar en Ekaterimburgo, pero la cárcel y el destierro, en junio de 1906, truncarían nuevamente la actividad política que Sverdlov desarrollaba en la región.

La cárcel

El 10 de junio de 1906 Sverdlov, junto con otros/as bolcheviques, fue detenido. Estuvo 18 de meses preso hasta que en diciembre de 1907 fue condenado a dos años más de cárcel. Sverdlov utilizó el tiempo que estuvo preso para estudiar política, economía y filosofía y alentó el estudio del marxismo entre los/las demás trabajadores/as y militantes presos. A pesar de las duras condiciones de vida de las cárceles y las muchas dificultades, Sverdlov consiguió organizar a los/las presos para luchar contra sus carceleros, es decir, contra el aparato policial represivo, al tiempo que logró mantener el contacto con los/las militantes del partido que estaban en libertad. Tanto fue así que, cuando fue liberado en 1909, con 24 años, se convirtió en un militante bolchevique fogueado en la lucha de clases y con una sólida formación marxista que le permitió seguir desarrollándose como un dirigente partidario. 

Pero, de nuevo, el Partido bolchevique quedó desorganizado, con muchos/as de sus dirigentes presos/as y con el periódico desarticulado. A esa situación, ya difícil de por sí, se le sumaba un cuadro general de reflujo del movimiento obrero, producto de la derrota de la revolución de 1905. Sverdlov fue enviado a Moscú, donde el partido bolchevique estaba poco desarrollado, para ayudar a restablecer los organismos locales y regionales y poner de nuevo en funcionamiento el periódico y la propaganda revolucionaria. Sin embargo, solamente tres meses después de llegar a Moscú, el 13 de diciembre de 1909, fue detenido nuevamente por la policía zarista durante una reunión del Comité Central de Moscú.

El largo exilio siberiano 

El 31 de marzo de 1910, por orden del Ministerio del Interior, Sverdlov es enviado al exilio durante tres años, a la ciudad de Narym (Siberia), por pertenecer a la organización socialdemócrata de Moscú. Durante los casi cuatro años que estuvo en el destierro siguió encargándose de la organización de los/las militantes bolcheviques, de su estudio y de su formación política.

El reflujo que se había abierto camino una vez derrotada la revolución de 1905 empezó a transformarse, con un movimiento obrero al alza, y el Partido bolchevique aprovechó esa situación para aumentar su actividad política en los centros industriales y enraizarse en la clase obrera. Sverdlov, logró fugarse a los pocos meses de llegar a Narym y regresar a Moscú, pero, debido a su actividad, el 14 de noviembre fue detenido de nuevo en San Petersburgo y, tres meses más tarde, enviado a Ekaterimburgo bajo prisión preventiva. En mayo de 1911 será condenado a cuatro años de exilio en Narym donde tuvo que adaptarse a vivir en una zona con un clima muy frío y con muy pocos recursos. No obstante, muy pronto se convirtió en un referente para los pocos habitantes de Narym, cumpliendo funciones tan distintas como la alfabetización o la organización de grupos de estudio. Junto con otros/as exiliados/as socialdemócratas que fueron llegando a Narym, el Partido bolchevique articuló un grupo clandestino que organizó el estudio y debate de los/las militantes de la región y lograron mantener una estrecha relación con el Comité Central. 

En el otoño de 1911 el zarismo desarticuló el grupo clandestino bolchevique de Narym y endureció el exilio de Sverdlov, trasladándolo a Maksimkin Yar, a casi mil kilómetros de distancia. Completamente aislado y sin vinculación con el partido, Sverdlov pasó verdaderas calamidades en ese pueblo, hasta el punto que su salud se deterioró sobremanera. Ante esta situación, el Partido bolchevique lanzó una campaña para que el joven Sverdlov fuese llevado de vuelta a Narym. Las autoridades de la región, ante la fuerza de los bolcheviques, terminaron cediendo y Sverdlov regresó a Narym en febrero de 1912, de donde lograría fugarse definitivamente unos meses más tarde, en su quinto intento de fuga.

Pocas semanas antes de su vuelta a Narym, entre el 5 y el 17 de enero de 1912, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) había realizado su sexta Conferencia en la que Sverdlov, que no estuvo presente, fue elegido como miembro del Comité Central y del Buró Político.

Entre 1912 y 1913 los mineros del Lena protagonizan un movimiento huelguístico masivo. Es en este periodo y para intervenir sobre ese ascenso obrero que los bolcheviques publican el primer número de Pravda. El verano de 1912 Lenin, que se ha instalado en Cracovia, apoya a Sverdlov para que este asuma la dirección política del periódico, sustituyendo a Stalin en la tarea. Es así como Sverdlov se convertirá en el jefe de redacción de Pravda hasta que, una vez más, a principios del año 1913, Sverdlov será arrestado, junto con Stalin, delatados por el agente zarista Rodión Malinovsky, que en 1911 había sido infiltrado por la policía en el Partido bolchevique. En esta ocasión, ambos serán exiliados a Turukhansk, al norte de Siberia, una región tan aislada de la que era prácticamente imposible escapar. Entre 1913 y 1916 alrededor de cuarenta bolcheviques fueron exiliados/as, seis de ellos, entre los que se encontraban Sverdlov y Stalin, eran miembros del Comité Central. Durante esos años de exilio, Sverdlov desarrolló la organización de los/las militantes siberianos junto con Stalin, con quien tuvo algunas desavenencias personales. En su biografía sobre Stalin, Trotsky habla de la primera carta que Sverdlov le envió desde Kureika, en la que relata que su convivencia con Stalin “no era fácil de conllevar” y lo define como “colérico, brusco y consumido por la ambición”.

La revolución febrero 

En 1917, cuando estalla la revolución de febrero, Sverdlov seguía exiliado en Turukhansk pero el Gobierno Provisional otorga una amnistía general que le permitirá regresar a Petrogrado. En el mes de abril, el POSDR celebró su séptima Conferencia, en la que Sverdlov fue reelegido como miembro del Comité Central. Es entonces cuando el Comité Central lo nombra Secretario del Partido bolchevique, entre otras cosas, por sus grandes dotes organizativas, y lo envía a Ekaterimburgo para organizar el trabajo de la Conferencia del Partido Regional de los Urales. Sverdlov memorizaba las estructuras de los/las miembros del partido en las diferentes regiones e iba componiendo mentalmente un gran mosaico de militantes y regiones. No por casualidad Lunacharsky escribiría sobre él: «Su memoria contiene algo así como un diccionario biográfico del comunismo» y Pierre Broué se referiría a su “extraordinaria memoria”, que le permitía suplir la ausencia de ficheros o archivos.

En julio de 1917, cuando el régimen zarista declara contrarevolucionarios a los/las bolcheviques y detiene a un grupo de cuadros del Partido, Sverdlov consigue quedarse en Petrogrado de forma clandestina. Es durante esas semanas que, bajo su dirección en los hechos, el partido se reorganiza, implementando nuevas medidas de seguridad que preservaran la estructura militante. Además, Sverdlov, consciente que una parte de los/las militantes bolcheviques, después de la derrota de la revolución de febrero, quedaron desmoralizados al no haber logrado derrocar el Estado burgués y, habiendo quedado una parte importante de la organización apartada, cumplió una labor de moralización de las filas bolcheviques. 

La organización de la insurrección 

Pocos días antes de la insurrección de octubre de 1917 Sverdlov pasó a formar parte del Comité Ejecutivo del Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, quién sería el responsable de organizar el derrocamiento del gobierno provisional y la toma del palacio de invierno. Desde esa posición, Sverdlov presidió las reuniones del Comité Central del Partido bolchevique en las que, entre el 10 y el 16 de octubre, se aprobó llevar adelante la insurrección militar. Así, desempeñó un papel crucial en la organización y dirección de la revolución en Petrogrado.

La edificación del nuevo estado obrero ruso

Una insurrección obrera acababa de cambiar la historia de Rusia y de todo el mundo: la revolución rusa, que llevó a la clase obrera por primera vez al poder. Una hazaña fijada en la historia como una de las conquistas más importantes de la clase obrera mundial. 

Durante los meses que siguieron al octubre revolucionario, como ya venía haciendo, Sverdlov realizó un arduo trabajo organizativo vertebrando los organismos del partido, distribuyendo tareas, asignando funciones y preparando borradores. Tan importante era el papel del joven bolchevique en el Partido que Trotsky relata en Mi vida la siguiente anécdota: 

 “– ¿Y qué pasará –me preguntó Vladimir Ilich uno de esos primeros días, cuando yo menos lo esperaba– si las Guardias Blancas nos matan a usted y a mí? ¿Cree usted que Sverdlov y Bujarin sabrán salir del paso?» (…) Relaté por primera vez este episodio en mis recuerdos sobre Lenin, publicados en el año 1924. Según supe después, la noticia ofendió gravemente a la «troika» que entonces formaban Stalin, Zinoviev y Kamenev; sin embargo, no se atrevieron a discutir su autenticidad. Las cosas son como son: Lenin sólo había nombrado a Sverdlov y Bujarin. No se le ocurrió pensar en otros”.

Un tiempo después, a propuesta de Lenin, Sverdlov fue nombrado presidente del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia, convirtiéndose, en los hechos, en el primer jefe de Estado de la Rusia soviética y en un férreo instrumento de cohesión del Partido bolchevique, así como también una correa de transmisión entre el joven estado obrero y la clase obrera de toda Rusia. En enero de 1918, preside la comisión que redacta la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. Tal era la confianza en él que Trotsky, en el discurso pronunciado en su funeral, explicaría que una de las maneras de resolver un problema práctico serio era -según la constitución no escrita-, discutirlo con Sverdlov.

La contrarevolución 

Los meses que siguieron a la toma del poder de la clase obrera rusa fueron interminables, pues la contrarrevolución, protagonizada por los enemigos de la clase obrera dentro y fuera de Rusia, hacía peligrar el desarrollo de la revolución, que debía extenderse por los países contiguos para triunfar por todo el continente. Los días se amontonaban los unos con los otros y los/las dirigentes bolcheviques acumulaban nuevas responsabilidades a cada rato. 

En agosto de 1918 Lenin es herido tras dar un mitin en la fábrica Michelson de Moscú. Aunque logra sobrevivir, sufrió heridas graves que lo dejaron convaleciente por un tiempo así que Sverdlov asumió provisionalmente sus funciones políticas entre las que destacaba la dirección política para acabar con la contrarrevolución, tomando medidas extraordinarias que incluyeron el conocido terror rojo. Bajo las órdenes de Sverdlov, el 3 de marzo de 1918 se hizo efectiva la firma del tratado de Brest-Litovsk, que sacó a Rusia de la Primera Guerra Mundial y estableció la paz sin anexiones. A todas las funciones que Sverdlov desempeñó por aquel tiempo se le suman los largos viajes que hizo por las regiones y frentes de toda Rusia para continuar desarrollando la organización del Partido y la movilización de los obreros y campesinos en la lucha contra el Ejército Blanco. De hecho, Sverdlov era designado invariablemente cuando había que trasladarse a alguna localidad para convencer a la población sobre la necesidad de tomar las armas para defender la revolución socialista. Sverdlov era, en verdad, un verdadero tribuno popular, pues hablaba tranquilo, locuaz, y se destacaba sobre el resto de oradores/as por utilizar palabras claras y fáciles de entender. 

Ayudó a organizar los Congresos de los partidos comunistas de Lituania, Letonia y Ucrania. Participó, además, en los preparativos del Primer Congreso de la Internacional Comunista, que se celebró en enero de 1919. 

Yákov Sverdlov pasó los últimos meses de su corta su vida preparando un borrador que llevaba por título «Ensayos sobre la historia del movimiento obrero internacional» que, lamentablemente, no logró terminar. 

La prematura muerte de Sverdlov 

Con apenas 33 años y 17 en la militancia revolucionaria la muerte de Sverdlov fue un duro golpe para el Partido bolchevique y para la revolución socialista. Su rol fue tan decisivo en la organización del Partido Bolchevique y del nuevo estado obrero soviético que, tras su muerte, fue reemplazado por cuatro de los mejores dirigentes bolcheviques y los cuatro fracasaron, como explica Nahuel Moreno en Problemas de organización. No por casualidad, al pie de su tumba, Lenin, que se refería a él como el «diamante bolchevique», exclamó: 

“El camarada Yákov Mijailovich Sverdlov… no sólo es un símbolo eterno de devoción por la consecución de la Revolución, nos guiará como modelo de sobriedad y por su aptitud práctica de pleno contacto con las masas, a la vez que su actitud es ejemplo para el proletariado, para que sigamos adelante hasta la victoria completa de la Revolución Comunista Mundial”.

Sverdlov hoy

Para los/las militantes revolucionarios/as en la actualidad, quienes tomamos el legado de los/las militantes bolcheviques y nos proponemos, como ellos/as, construir un partido y una internacional revolucionaria para que las revueltas que se suceden en el mundo se transformen en revoluciones que logren acabar con el capitalismo, rescatar la memoria y el legado de Sverdlov es fundamental. Su decisiva participación antes, durante y después de la insurrección revolucionaria lo colocan como uno de los/las dirigentes más destacados de aquella gesta revolucionaria. Su vida, que estuvo atravesada por la construcción del Partido bolchevique, alternó periodos breves de militancia legal con largos periodos de militancia clandestina en la cárcel o el exilio. Ninguna de estas circunstancias, no obstante, quebraron nunca su ánimo ni su compromiso revolucionario. De hecho, Sverdlov fue siempre descrito como un hombre provisto de un inagotable optimismo e imbuido de la confianza de que era posible resolver cualquier tarea y superar cualquier dificultad, cualidades que hoy, 107 años después de su muerte, son imprescindibles para los/las revolucionarios/as del mundo que enfrentamos las expresiones más variadas de la barbarie capitalista e imperialista. 

Un año después de su muerte, el 16 de marzo de 1920, el Partido bolchevique organizó un homenaje en memoria de Sverdlov en el que Lenin pronunció estas palabras:

Cuando uno medita en el significado de esta pérdida, involuntariamente se inclina a pensar en el problema de la organización en general y en el papel que desempeñan los organizadores tan relevantes, cuyo número es sumamente reducido y cuyo ejemplo de vida y actividad nos ha de ser aleccionador para dilucidar nuestro criterio sobre lo que significa la organización en general.

Los problemas de organización, que a menudo son subestimados o tratados como meros problemas administrativos, son, en realidad, problemas de primer orden que adquieren una significación política, pues la tarea primera de cualquier organización revolucionaria es la de organizar a los/las trabajadores y jóvenes, dentro y fuera del partido, para luchar contra la burguesía y lograr derrotarla. Las cuestiones organizativas, asimismo, son fundamentales para poder dar estructura, permanencia y estabilidad, a todas las iniciativas, luchas, movilizaciones y acciones que surgen de la espontaneidad y que, tan pronto como nacen, terminan por morir. Saber organizar, entonces, es indispensable para que la vanguardia que hoy está al frente de las luchas no quede disuelta mañana y se incorpore a la colosal tarea de construir una organización revolucionaria que impulse resueltamente la autoorganización independiente de la clase obrera en su histórica lucha por la transformación socialista de la sociedad. 

https://ceip.org.ar/Yakov-Sverdlov-1885-1919

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