CUATRO AÑOS DE GUERRA EN UCRANIA
Ejemplo de resistencia contra las agresiones imperialistas
Pasados cuatro años de la invasión en gran escala el 24 de febrero de 2022 y la ocupación de Ucrania por el ejército de una de las mayores potencias militares del mundo, independiente del desenlace que tenga esta guerra, constatamos que Putin ha sufrido una derrota estratégica. Porque su objetivo era conquistar Kiev en “unos pocos días”, derrocar e Zelensky y colocar en su lugar un gobierno al servicio del Kremlin.
Marzo 2022: Voluntarias y voluntarios entrenan en Kiev y barricadas con carros civiles.
Pero la resistencia desarmada de hombres y mujeres, surgida desde las barriadas populares, inició el enfrentamiento a los tanques con cócteles Molotov. Y las multitudes se fueron agolpando ante los arsenales, exigiendo fusiles o las armas que sirvieran. Miles y miles se alistaron voluntarios. Sólo había armas para una pequeña parte. Y los veteranos fueron un factor decisivo para organizar y coordinar la resistencia de las “Defensas Territoriales”… Sólo después empezaron a empalmar con tropas regulares y brigadas especiales. Y así, no sólo se salvó a la ciudad de Kiev y se rescató toda la región Noroeste, sino que se obligó a los invasores a replegarse y a desocupar vastos territorios de las regiones de Chernigov, Sumy y Jarkov y después de seis meses se logró liberar la ciudad de Jersón.
El declarado objetivo de Putin fue “desmilitarizar” Ucrania. El resultado es que desde febrero de 2022, aquellas 80 mil tropas mal entrenadas y precariamente armadas, hoy han crecido 10 veces. Ucrania tiene ahora un ejército de 800 mil efectivos, mayoría de los cuales antes de la guerra eran obreros, maestros o empleados y hoy están fogueados en duros combates y diestros en el manejo de drones, armas modernas, artillería y misiles.
Es decir, hoy Ucrania cuenta con uno de los mayores y más experimentados ejércitos de Europa. Y esa poderosa fuerza armada es un logró del estoico sacrificio del pueblo ucraniano en su lucha por la independencia nacional y no un mérito de los gobiernos “socios” o “aliados extranjeros y menos aún de la OTAN. Es necesario subrayar esto porque la narrativa del Kremlin sobre “su invasión es para defenderse de la OTAN”, repetida por los miles de sus blogueros a sueldo y ampliada por el patético coro de estalinistas y autodenominados “trotskistas” ha instalado la falsificación de la “guerra proxi”.
Recordemos que la agresión de Putin comenzó en el 2014 con la anexión violenta de Crimea y la invasión a Donbass, camuflada como una lucha de separatistas rusoparlantes de las auto denominadas repúblicas populares DNR y LNR. Esa agresión fue la respuesta contrarrevolucionaria del Kremlin al triunfo de las masas en la rebelión del Maidán contra el intento autoritario del presidente Yanukovich. Putin llamó falsamente a esa rebelión “Golpe de Estado”. Pero no sólo Putin falsificó los hechos. Los imperialistas occidentales también, porque la llamaron “Euromaidán”. ¡Nadie en Ucrania la llama así!
¿Y qué hicieron en ese momento los gobiernos de países de la OTAN? ¡De hecho, dejaron pasar la agresión de Putin! A cambio de seguir aprovechando su gas y petróleo útil para los negocios capitalistas europeos, se limitaron a declarar su “profundo desagrado”. Sin embargo, con sus acciones desnudaron su verdadera política: Obama, Merkel y Macrón… Estos últimos encerraron a Ucrania en las “rondas de negociaciones y acuerdos de Minsk”, que de hecho apuntaban a legitimar la anexión rusa de Crimea y la escisión del Donbass. Por ahí pasaron los representantes semicoloniales de la oligarquía ucraniana: Poroshenko y después Zelensky.
En estos cuatro años Putin arrastró a la muerte o la mutilación a más de un millón doscientos mil de sus tropas, entre ellas 270 mil de las mejor entrenadas y no lograron ocupar parte de los territorios del Donbass y del Sudeste de Ucrania – que supuestamente llegaban a “liberar” y ya incluyeron desde hace dos años como propios, modificando para ello la Constitución de la FR. Hoy, al no lograr ningún avance significativo en el frente, Putin se ensaña martirizando y asesinando a la población civil, bombardeando jardines de infantes, maternidades, escuelas… Golpea masivamente las viviendas con misiles balísticos y drones. En medio de uno de los inviernos más crudos el pueblo ucraniano sobrevive sin luz y sin calefacción. ¡Pero no se rinde!
La economía rusa también da señales de alarma. Cada vez más su población ve que esta guerra imperialista – que tiene el seudónimo de “Operación Militar Especial” – los lleva a los cementerios y a la ruina. A Putin no le sobra el tiempo y quiere aprovechar la estadía de Trump en la Casa Blanca para que presione al gobierno de Ucrania a entregar en la mesa de negociaciones lo que Rusia no puede conquistar en el campo de batalla. Por eso desde Alaska hasta Miami viene intentando seducir al clan de Trump (Kushner, Witkoff) con repartirse el botín ucraniano entre otros.
Agresión desde Moscú, chantajes desde Washington y medidas antipopulares desde Kiev
En el marco de la agresión contrarrevolucionaria del régimen de Putin a Ucrania desde el 2014 y, más aún desde la invasión en gran escala a Ucrania, el gobierno y la Rada siguen actuando al servicio de los oligarcas y de los propietarios capitalistas. ¡Con las reglas de la economía de mercado sin ninguna regulación estatal en medio de una guerra contra la invasión! A la vez que se orientan según los dictados de la política exterior de EEUU.
Por otro lado, aprovechando la ley marcial y la situación de guerra, refuerzan su ofensiva reaccionaria contra los trabajadores y otros sectores oprimidos, suprimiendo leyes que reconocían derechos progresivos o beneficios sociales y “reformas” en las leyes laborales y sindicales. Imponen un retroceso en todas las libertades democráticas, que durante años fueron conseguidos por las luchas de organizaciones sindicales, sociales y estudiantiles. Pero el impulso del Maidán aún está latente en las masas y cuando el gobierno y la Rada intentaron disciplinar los organismos autónomos anticorrupción (NABU y SAP) se produjo una movilización espontanea con la juventud urbana a la cabeza que los obligó a retroceder.
En cuatro años de guerra el gobierno no ha movilizado la economía ni la ha orientado al servicio de la defensa nacional. Sin embargo, a pesar de las políticas del gobierno, las fuerzas armadas de Ucrania han logrado contragolpear la producción energética de Rusia y también sus aeródromos y bases militares. Ucrania produce drones aéreos y navales con los que daño a una gran parte de la Flota rusa del Mar Negro, desalojándola de sus Base en Sebastopol. Y aunque aún en pequeña escala también logra producir misiles como el Neptuno y el Flamingo con los que golpea objetivos militares en territorio de Rusia, a varios miles de kilómetros de Ucrania.
Medidas urgentes para reforzar la resistencia
Estos cuatro años reafirman la necesidad urgente nacionalización de las principales ramas de la industria y recursos naturales y energéticos y la movilización de toda la economía y los recursos humanos bajo el control obrero y social. Sin una retaguardia sólida el frente no puede sustentarse y sin un frente armado para la defensa la retaguardia queda totalmente vulnerable ante los bombardeos. Es un hecho que el carácter del gobierno ucraniano: dependiente de los EEUU, pro imperialista y populista, produce oscilaciones que debilitan la resistencia y produce daños a los trabajadores, que en el frente y la retaguardia, son los únicos están ofrendando todas sus energías y sus vidas para defender la independencia de Ucrania, a pesar del lastre que significan las políticas erradas de la conducción político-militar del país.
Por eso nuestra política y mensaje se orienta a los pueblos del mundo, que realmente apoyan la resistencia ucraniana. Es el caso de la mayoría del pueblo de EEUU y esa es la causa de fondo por la que Trump y su clan, a pesar de su interés de negociar con Putin a costa de territorios ucranianos para “terminar la guerra cuanto antes”, aún no concretaron la entrega. Porque esa evidencia traería aún más rechazo en sus propios seguidores.
La victoria de Ucrania significará un enorme impulso favorable para los trabajadores y naciones oprimidas de todo el mundo. Un ejemplo de resistencia para todos los que enfrentan dictaduras, invasiones imperialistas y genocidios como el pueblo palestino a manos del estado sionista de Israel. Es muy importante lograr esa victoria, que tendrá como probable consecuencia el derrumbe del régimen dictatorial del FSB en Rusia, que es una cárcel para centenares de pueblos de Eurasia, obligados a servir como carne de cañón por la oligarquía de Moscú. Y nuestra tarea debe ser apelar al apoyo solidario de todos ellos con la resistencia armada del pueblo ucraniano, en los aspectos moral, político y material. Y también apelar a la ayuda de los trabajadores de EEUU, Europa y de otros países oprimidos, sin depositar ninguna confianza en sus gobiernos.
Una significativa parte del pueblo ucraniano tiene la aspiración de que esta guerra –que ya se prolongó más que la invasión nazi a la URSS, 1941-1945– termine pronto, aunque rechaza que sea de cualquier manera, que pueda significar la humillación y sometimiento de Ucrania. No tenemos certeza cuando será. Sin embargo, debemos comprender que conseguir ese objetivo no será virtud de los “negociadores” sino de la fuerza de la resistencia del pueblo ucraniano en el campo de batalla y en la retaguardia.







