“La decisión de sumarme al PSTU nace de la necesidad vital de mantener encendida la llama de la revolución.”
Un conjunto de cuadros obreros químicos de Revolución Socialista, corriente del PSOL ligada a la Liga Internacional Socialista (LIS), anunció su ingreso al PSTU y a la LIT-QI. Alexandre Martins, ex miembro de la dirección ejecutiva nacional de la RS, incluso hospitalizado, escribió esta carta sobre la decisión de los compañeros.
Después de ver la intervención de Davi, escribo este mensaje directamente desde el hospital, donde estoy internado y en tratamiento, atravesando un momento duro de cuidado de la salud. Aun así, no pude contenerme de dejar registradas estas reflexiones, porque incluso en las horas más difíciles la política y la lucha de clases siguen su curso.
Hay muchos militantes honestos que se han ido alejando de la construcción del partido revolucionario internacional, muchas veces no por mala fe, sino por creer en proyectos, en caminos momentáneos y en personas de discursos progresistas atractivos. Pero no podemos aceptar que el entrismo sea elevado a la condición de destino eterno, como proponen muchas corrientes políticas, de forma explícita o implícita, transformando la táctica en una espera infinita y alejándonos de lo esencial. Las tácticas existen y son necesarias, pero jamás pueden sustituir lo fundamental: la construcción de un partido socialista revolucionario, construido colectivamente, por personas solidarias, con honestidad y profundamente comprometidas con la clase trabajadora.
Solo así seremos capaces de derrotar al capitalismo y a sus falsas salidas, a las ilusiones recurrentes que reaparecen en cada crisis, y a su máquina permanente de destrucción de la vida, del trabajo y del propio planeta.

Esta tarea exige no solo organización, sino también convencimiento político paciente, firme y profundamente arraigado en la realidad, sin miedo de enfrentar los procesos existentes. La reorganización de los revolucionarios en el mundo pasa por la capacidad de dialogar y aglutinar a quienes siguen luchando, resisten y que, muchas veces, están dispersos, desilusionados o momentáneamente capturados por proyectos reformistas. Es necesario apasionarse por convencer y apostar a elevar la conciencia, creer en la fuerza colectiva y reconstruir, a escala internacional, un proyecto revolucionario ligado a las necesidades concretas de la clase trabajadora.
Estar hospitalizado, enfrentando un tratamiento intenso, lejos de alejarme de esta perspectiva, la vuelve aún más concreta. La fragilidad del cuerpo convive con la firmeza de las convicciones. La decisión de sumarme al PSTU nace de la necesidad vital de mantener encendida la llama de la revolución, de no permitir que se apague en ninguno de nosotros que atravesamos años, a veces décadas, en otras organizaciones. Es un gesto de continuidad, de compromiso y de esperanza activa: mientras haya explotación, habrá lucha, habrá batalla por un futuro de revolución.
¡Viva el PSTU! ¡Viva la LIT!




