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Portugal

Votar contra Ventura y preparar la vuelta de la lucha en las calles

Em luta

febrero 10, 2026

Segunda vuelta de las presidenciales… ¿y ahora?

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales abrió un debate importante, entre activistas y organizaciones políticas y del movimiento social, sobre qué respuesta dar. ¿Está la democracia en riesgo? Si es así, ¿por qué motivos? ¿Cómo combatir a la extrema derecha? ¿Votar por Seguro, aunque sea de forma crítica, es una buena respuesta? ¿Qué hacer después?

Resultados electorales

La primera vuelta de las elecciones presidenciales otorgó el mayor porcentaje al candidato apoyado por el PS, António José Seguro, separado por unos 400 mil votos de la candidatura de André Ventura. Los resultados trajeron una importante derrota del gobierno de Montenegro. Su candidato, Marques Mendes, obtuvo el peor resultado de la historia para un candidato apoyado por el PSD.
La situación de crisis social del país y las luchas que se hicieron sentir a fines de 2025, en particular la gran Huelga General contra el paquete laboral, fueron parte de los elementos que llevaron a este resultado. En este momento, la respuesta desastrosa del gobierno ante los efectos trágicos de las tormentas profundiza aún más el desgaste que Montenegro ya acumulaba.
Por otro lado, los resultados de los candidatos apoyados por el PS y por Chega son un problema para un gobierno minoritario, ya que colocan a los principales partidos de la oposición en una mejor posición. Más a la derecha, Cotrim de Figueiredo obtiene un resultado superior al de Marques Mendes y evalúa ahora un nuevo proyecto político con el Movimiento 2031.

El candidato del PS, Seguro, es quien obtiene la mayor votación. Beneficiándose de una izquierda parlamentaria en crisis y del voto útil frente al crecimiento de la extrema derecha, conquista 1,7 millones de votos, lo que le da un respiro a un Partido Socialista que venía en una dinámica de crisis, con pésimos resultados electorales.

Las candidaturas de la izquierda institucional —Livre, PCP y BE— suman otra derrota electoral importante. Todas las candidaturas de este campo político, en conjunto, no alcanzan el 5 % de los votos, demostrando la profunda crisis en la que se encuentran.
Por su parte, André Pestana, apoyado por el MAS, no cumplió un papel que, en potencia, podría y debería haber cumplido: el de aglutinar un polo que —junto con activistas, jóvenes y trabajadores, organizaciones políticas y sindicales alternativas a la izquierda institucional— pudiera avanzar en la superación de esta crisis de manera positiva.

De la crisis del orden mundial a la crisis del régimen en Portugal

El contexto internacional que atraviesa el mundo hace tambalear el equilibrio que, tras la Segunda Guerra Mundial y luego de la caída de la URSS, existió durante décadas. La relación entre Estados en cada momento refleja un determinado equilibrio de la situación económica mundial.
La verdad es que, a partir de la crisis económica de 2008, el sustento de esta estabilidad se vino abajo. En un primer momento asistimos a los planes de austeridad en las periferias del continente europeo, que establecieron un nuevo nivel de explotación de los trabajadores y avanzaron en la destrucción de los servicios públicos. Sin embargo, esta crisis no terminó allí.

Todo este sacudón del orden mundial tiene un fuerte impacto en los regímenes políticos, que también representaban un equilibrio de fuerzas entre las clases. Las bases que los sostenían ya no existen. Este es el telón de fondo que explica los procesos electorales que hemos visto en el país, las crisis de los principales partidos que representan los intereses patronales e incluso la crisis de los partidos de la izquierda institucional.
La dificultad para formar gobiernos estables, o incluso la caída de gobiernos que aparentemente tenían todas las condiciones para asegurar estabilidad parlamentaria, así como el crecimiento de la extrema derecha, son otros reflejos de la crisis de la llamada “democracia” existente en el país.

Al mismo tiempo, esta crisis explica también que, dentro de esta democracia de los ricos, asistimos a cada vez más ataques a los derechos democráticos. El atropello a los límites de la Constitución durante los gobiernos de la PAF (PSD/CDS-PP) de Pedro Passos Coelho, las limitaciones al derecho de protesta y a la actividad sindical en el lugar de trabajo durante la pandemia, y las requisas civiles durante los gobiernos de la Geringonça han sido respuestas de la burguesía para imponer ataques a los trabajadores.

Chega: un enorme retroceso para los trabajadores

En este contexto, André Ventura obtiene una victoria significativa en este proceso electoral. Aparece como el candidato más viable de la derecha y gana espacio para su falso discurso “antisistema” al quedar como polo frente a la concentración de votos —desde la izquierda institucional hasta la derecha tradicional— en Seguro.

Con el crecimiento de Chega, se impuso un debate en la izquierda sobre qué proyecto representa este partido y cuál es su carácter. ¿Chega es una amenaza para la democracia? ¿De qué democracia hablamos? ¿Es Chega fascista?

Primero, hay que entender de qué régimen político hablamos cuando pensamos en la democracia que existe hoy en Portugal. Vivimos en un régimen semipresidencialista, con centro en el Parlamento. Es un régimen que contiene libertades democráticas muy importantes para la organización de la clase trabajadora, conquistadas con mucha lucha y que debemos defender. Pero también debemos saber que este régimen en nada se parece a una verdadera democracia de la clase trabajadora.
Por el contrario, sirvió como herramienta para cerrar el proceso revolucionario de los años 70 en Portugal: para volver a imponer la jerarquía en el Ejército y, sobre todo, para terminar con la democracia participativa de los consejos de soldados, vecinos y trabajadores que gestionaban su vida cotidiana. Se impuso una Constitución que, aunque contiene libertades democráticas importantes —libertad de organización, de manifestación, derecho a huelga—, consagra una democracia de quienes controlan el poder económico del país: la patronal o burguesía.

Este régimen, consolidado tras el 25 de Abril, se sostuvo durante décadas en la alternancia entre PS y PSD. Hoy, sobre todo desde la crisis de 2008 y los ataques de la Troika, es incapaz de encontrar estabilidad. El gobierno de la Geringonça fue un “balón de oxígeno” que se agotó rápidamente, ya que no garantizó concesiones ni revirtió las medidas de austeridad. Los síntomas de la crisis social continúan. En este contexto, desde 2019 crece rápidamente la falsa alternativa de Chega.

Chega difunde una política xenófoba, racista y violenta contra una parte importante de la clase trabajadora —por ahora, como partido, principalmente en el plano discursivo—. Un discurso que explota desigualdades dentro de la clase trabajadora: entre nacionales e inmigrantes, hombres y mujeres, personas blancas y personas negras, gitanas o de origen asiático.
Al mismo tiempo, impulsa una política contra las organizaciones sindicales, presentando a dirigentes y activistas como “privilegiados que no trabajan”, con el objetivo de atacar las principales herramientas de organización de la clase trabajadora. Democratizar los sindicatos es necesario, pero no es lo que quiere Ventura: busca quebrar la confianza de los trabajadores en sus propias organizaciones y justificar ataques al derecho de organización.

Hoy, el proyecto de Chega no pasa por organizar violencia física directa contra sindicatos, movimientos y partidos de trabajadores o de izquierda, característica de los proyectos fascistas clásicos. Por eso, no consideran que Chega sea hoy una organización fascista. Esto no significa minimizar su relación con grupos neonazis ni el efecto de la banalización del discurso racista y xenófobo en la promoción de la violencia, especialmente contra inmigrantes. Y, dado que el fascismo es un proceso dinámico, no se puede descartar que Chega evolucione en ese sentido.

El crecimiento de la extrema derecha es un fenómeno internacional: lo que ocurre en EE. UU. con Trump, en Hungría con Orbán, o los intentos de golpes institucionales en EE. UU. (2021) y Brasil (2023). Chega se alinea con estas figuras y propone ampliar los poderes del Presidente de la República y una revisión constitucional de resultado imprevisible.

Combatir al gobierno y a la extrema derecha: volver a llevar a trabajadores y juventud a las calles

Sin apoyo político a Seguro ni al PS, votamos contra Ventura

En esta segunda vuelta, ninguna de las opciones representa los intereses de la clase trabajadora. Aun así, frente al proyecto reaccionario de Chega, llaman a votar contra Ventura. Sin apoyar políticamente a Seguro ni al PS, llaman a votar por Seguro para derrotar a Ventura y rechazar el proyecto autoritario de Chega.

Sin embargo, sostienen que no será en las urnas donde se derrotará a la extrema derecha ni los ataques del gobierno y los patrones.
La Huelga General del 11 de diciembre mostró que es en las calles, con organización y movilización de trabajadores y juventud, donde se puede enfrentar el paquete laboral, la privatización de la salud y el modelo de país al servicio del capital inmobiliario y el turismo depredador.

Expresan solidaridad con las víctimas de las inundaciones y la tormenta Kristin, y apoyan a quienes, ante la falta de respuesta del Estado, boicoteen las elecciones del próximo domingo.

La izquierda parlamentaria en crisis

Un diálogo abierto con activistas, movimientos sociales, sindicatos y partidos

Llaman a una reflexión colectiva sobre la crisis de representatividad de la izquierda institucional, los límites de las estrategias seguidas y la necesidad de construir una alternativa política: en defensa de los derechos laborales, contra el paquete laboral, en defensa de los servicios públicos y la vivienda, contra el racismo, la xenofobia, el machismo y la LGBTfobia, rompiendo con los límites de la Unión Europea y avanzando hacia una verdadera democracia de los trabajadores.

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