¿Dónde está el empleo?
Cuando la inflación sube, la cuestión es apretar el cinturón y economizar un poco lo que ya gastamos. Lo mismo ocurre cuando el salario cae o las deudas aumentan. Pero, ¿y cuándo se pierde el empleo?
Por: PSTU – Brasil
Las cuentas no esperan, y los hijos no paran de comer hasta que aparece otro trabajo. Esa es la dura realidad vivida por un número cada vez mayor de trabajadores. Entre los problemas que enfrentan con la profundización de la crisis económica, el desempleo es el que más preocupa. No es para menos. La tasa de desempleo medida por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) sube sin parar. De 4,3% en diciembre de 2014, subió a 7,6% en agosto de 2015, en seis regiones metropolitanas: Salvador, Belo Horizonte, Recife, Rio de Janeiro, São Paulo y Porto Alegre.
Siete empleos menos por minuto
Para darnos una idea, ese número es más de 50% superior al índice de agosto del año pasado. ¿Qué significa eso? El desempleo está aumentando en un ritmo cada vez mayor. Según un levantamiento de la revista Exame, cada minuto que pasa siete personas con trabajo legalmente registrado son despedidas en el país. Hasta 2016, la expectativa es que dos millones de trabajadores pierdan su empleo, haciendo que el desempleo sobrepase 10%.
A partir de allí, serán 14 los trabajadores despedidos por minuto. Una verdadera catástrofe. El aumento del desempleo se da no solo por cuenta de los despidos, sino porque, con la crisis, más personas que no estaban trabajando comienzan a buscar empleo. Junto con eso, hay además jóvenes que alcanzan la edad de trabajar y precisan incorporarse al mercado de trabajo.
En las regiones metropolitanas solo este año son más de 200.000 personas con currículo en la mano, en busca de empleo. Y están dándose la cara contra la puerta. Así como ocurre en Europa, los jóvenes son lo que más sufren con el desempleo. Según el IBGE, el desempleo está en 18% entre los jóvenes de 18 a 24 años. Un levantamiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), no obstante, muestra un número mucho mayor: 26%.
Despedir para ganar más
En el capitalismo, el desempleo es un problema estructural. Eso significa que no se trata de algo momentáneo, de una cuestión pasajera. Los patrones necesitan mantener a una parte de los trabajadores sin empleo. Eso funciona como una especie de chantaje para los trabajadores que están empleados. Los patrones dicen que si no quieren determinado salario, hay un montón de gente que sí lo quiere. El avance de la tecnología, que podría servir muy bien para que todos trabajásemos menos, en el capitalismo acaba sirviendo para reducir el número de trabajadores y ampliar ese ejército de desempleados.
Un gran número de ellos hace posible, además, que haya una alta tasa de rotación, o sea que permite que los patrones despidan como se les da la gana para contratar a otros empleados con salarios más bajos.
En la última gran investigación realizada sobre el tema, en 2013, el Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Económicos (Dieese) constató que la tasa de rotación en el país era de 42%. O sea, casi la mitad de los trabajadores legalmente registrados es despedida todos los años. ¿Sabe qué significa eso? De 75 millones de contratos de trabajo, 23 millones fueron rotos este año. La abrumadora mayoría, casi 80%, fueron despedidos por el patrón. El hecho de que en el Brasil sea muy simple despedir, facilita la vida de los patrones. Eso contraría el argumento de que las reglamentaciones laborales son muy duras y los encargos laborales muy caros. En la práctica, el mercado de trabajo ya está flexibilizado.
Menos empleo, más ganancia
Si normalmente los patrones ya mantienen cierto nivel de desempleo, en época de crisis económica eso empeora aún más. Para mantener su tasa de ganancia precisan aumentar la explotación. Cortan los gastos de mano de obra, reduciendo derechos, salarios y empleos. Es lo que está pasando ahora. Los empresarios llenaron sus bolsillos con dinero público y, ahora, no piensan dos veces antes de despedir en masa. De 2011 a 2018, el gobierno va a desprenderse de R$ 458.000 millones en subsidios y exenciones, junto con las montadoras. Las mismas que están en la línea del frente de millares de despidos en los últimos meses.
Ataque al seguro de desempleo
En los últimos doce meses, fueron cortados casi un millón de puestos de trabajo en el país. Fueron 986.000 vacantes que desaparecieron de agosto de 2014 a agosto de 2015. Este fue el peor agosto para el mercado de trabajo desde 1995, con más de 86.000 vacantes perdidas.
La industria y la construcción civil fueron los sectores más afectados. Ahora, ¿usted se acuerda de una de las primeras medidas que Dilma adoptó así que fue reelecta? Antes incluso de asumir su segundo mandato, Dilma editó una Medida Provisoria (MP), la 665, que dificultaba el acceso al seguro de desempleo.
El trabajador, para tener acceso al beneficio, debe ahora trabajar doce meses y no seis como antes. Esta segunda vez, tiene que trabajar nueve meses. Eso era parte del ajuste fiscal del gobierno para destinar más recursos a los banqueros. Pues bien. Esa medida ya viene haciendo efecto. Hasta julio de este año, la concesión del beneficio disminuyó 8% a pesar de que los despidos y el desempleo están subiendo a un ritmo galopante. Fueron 654.000 beneficios concedidos contra 810.000 el año pasado. El trabajador es despedido por el patrón y tiene atacado su derecho por el gobierno. Un verdadero “acuerdo” entre patrón y gobierno para driblar al trabajador.
Engáñeme que me gusta… ¿reducir el salario para salvar los empleos?
Con la amenaza de despidos en masa, hecha principalmente por las montadoras, la CUT encabezó la defensa del PPE, el mal llamado Programa de Protección al Empleo. La empresa puede reducir hasta 30% de la jornada de trabajo y de los salarios. De los salarios, hasta 15% puede ser cubierto con el Fondo de Amparo al Trabajador (FAT), o sea, dinero de propio trabajador. El mecanismo fue instituido a través de una medida provisoria editada por Dilma en junio.
La CUT y las empresas dicen que esa medida sirve para salvar los empleos. Así, están imponiendo eso a los obreros de su base, como en la Volkswagen, la Ford y la Mercedes-Benz de São Bernardo do Campo (SP). El PPE, sin embargo, más que garantizar los empleos sirve para mantener los lucros de las grandes empresas y montadoras a costa de los salarios. Las grandes empresas se beneficiaron con miles de millones en subsidios y exenciones en los últimos años. Incluso a través de medidas provisorias que, se sospecha, fueron compradas por las empresas con sobornos. En los últimos cinco años, remitieron hacia afuera del Brasil más de R$ 50.000 millones en ganancias. Ahora, arrojan el costo de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores. Una traición más de la CUT y del gobierno Dilma.
Que los patrones paguen por la crisis: estabilidad en el empleo y reducción de la jornada sin reducción de los salarios
La reducción de los salarios y la flexibilización de otros derechos laborales no van a garantizar el empleo. La única cosa que va a continuar siendo garantizada es el lucro del patrón. No podemos continuar pagando por una crisis que no creamos y sustentando la ganancia de media docena de empresarios y banqueros con el corte de nuestros salarios. El PSTU defiende un programa obrero para la crisis.
Es necesario prohibir los despidos, garantizar la estabilidad en el empleo, reducir la jornada de trabajo sin reducir los salarios, absorbiendo la masa de desempleados. Las empresas que insistan en despedir deben ser estatizadas sin indemnización. Ya pagamos demás por esta crisis. Es necesario que los patrones comiencen a pagar con sus ganancias.
Traducción: Natalia Estrada.
Artículo publicado en Opinião Socialista n.° 507, octubre/noviembre de 2015.-
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