Dom Dic 04, 2022
4 diciembre, 2022

7 de septiembre: una independencia donde no se escuchó el grito del pueblo

En medio de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia, los principales medios de comunicación e incluso algunos historiadores revisionistas intentan presentar una versión de la historia brasileña que no se corresponde con los hechos reales.

Por: Jeferson Choma

Las series, las telenovelas y los reportajes con “especialistas” buscan glamourizar una monarquía decadente y arcaica; humanizar a un Emperador libertino y autoritario comprometido con la institución de la esclavitud; y, aun, presentar una supuesta participación popular en el proceso independentista. Pero la verdadera historia fue muy diferente: los negros, los indígenas y la población pobre de la Colonia prácticamente no tuvieron ningún papel en el movimiento.

El proceso de independencia del Brasil fue un acuerdo de las clases dominantes de la época. Una respuesta de las elites, monárquicas y esclavistas, a un intento de recolonización del Brasil por las Cortes, una especie de Parlamento portugués, instituido tras la Revolución Liberal en Oporto, en 1820, y que pretendía crear una constitución nacional.

Estas Cortes exigían el retorno del rey Don João VI a Portugal, donde tendría restringido su poder absoluto. También defendían que el Brasil retrocediese a la condición de colonia, ya que desde 1808, con la llegada de la Familia Real a Río de Janeiro (huyendo de Napoleón Bonaparte), el país se había convertido en el centro de la metrópoli portuguesa y del reino.

Por cierto, el hecho de que la colonia albergara la sede de la metrópoli (algo inédito en toda la historia) es la primera explicación de por qué el Brasil no había sido dividido en varias naciones pequeñas, como sucedió en la América española.

Presionado, D. João VI volvió a Portugal, pero, antes, dijo a su hijo, el 24 de abril de 1821: “Pedro, si el Brasil se separa, que sea por ti, que me respetarás, y no por algún aventurero».

Un acierto de las elites

La llegada de la Familia Real en 1808 rompió el aislamiento del Brasil del mercado mundial. El traslado de la Corte resultó en varias reformas económicas, la más importante de las cuales fue la apertura del Brasil a las importaciones y exportaciones de mercaderías, especialmente a Inglaterra, la nación dominante del capitalismo mundial en la época, enemiga de Napoleón y que había ayudado a la Familia Real a escapar de Europa.

El resultado fue el surgimiento de una burguesía “metropolitana” que se quedó en la colonia, cada vez más enriquecida por las reformas de D. João. El retorno del Brasil a la condición de colonia perjudicaría sus negocios y les traería pérdidas. Por tanto, optaron por una salida mejor: la independencia, proclamada por el hijo del rey portugués.

Más importante aún: la independencia se haría “pacíficamente” y mantendría la odiosa esclavitud de la población negra. El compromiso de D. Pedro con la esclavitud, junto con las elites, es la segunda explicación de que el Brasil no haya sido dividido en varias naciones.

Todo esto fue muy diferente del proceso de independencia de las repúblicas de la América Hispana, donde hubo sangrientas guerras civiles, como las protagonizadas por Simón Bolívar y José de San Martín, con fuerte participación popular y que, por eso mismo, derrotaron a la metrópoli española. No por casualidad, la conquista de la independencia en esas naciones también se tradujo en el fin de la esclavitud y en la creación de regímenes republicanos.

Como el diablo huyendo de la cruz

Además de estar atentas a lo que sucedía en el resto del continente, en el Brasil las elites esclavistas temían cualquier participación popular en el proceso de independencia. Sobre todo, temían una revolución de esclavos, como había ocurrido en Haití entre 1791 y 1804. Y, por eso, salvo raras excepciones, como en el caso de Bahía, aunque había sectores y movimientos populares que defendían y luchaban por la independencia, el proceso se condujo de tal manera que los anticipó y los excluyó.

Algo que quedó representado en el famoso cuadro “Independência ou Morte”, de Pedro Américo, pintado más de 60 años después, como obra de propaganda ideológica del Segundo Imperio y de la ideología positivista que imperaba en la época.

En él, el pueblo es tratado como mero espectador, obligado a observar la transformación del Brasil en una nación independiente, por las manos militarizadas de los acompañantes de un “heroico” D. Pedro, viendo todo desde afuera.

Nació dependiente

En 1825, para que se reconociera su independencia, el Brasil aceptó pagar la deuda externa que Portugal tenía con Inglaterra, por valor de dos millones de libras esterlinas. También pagó otras 600.000 libras esterlinas directamente a Portugal. Para obtener esta cantidad, el Brasil hizo un préstamo junto con el banquero Rothschild (3,6 millones de libras), mediado por el corrupto marqués de Barbacena, un señor de esclavos que también negoció un plazo mayor con Inglaterra para mantener la esclavitud. Fue el comienzo de nuestra deuda externa. Brasil ya nacía dependiente.

Independencia de verdad

A la independencia política formal siguieron otras formas de dominación y dependencia con relación a las potencias extranjeras. Así que no tenemos por qué conmemorar algo que no existe. Después de 200 años, el Brasil aún necesita una independencia de verdad, que solo pueden conquistar los trabajadores y los oprimidos, en la lucha por el socialismo.

2 de julio: la Guerra de la Independencia en Bahia

Sin embargo, una honrosa excepción a la exclusión popular tuvo lugar en Bahia, donde la población se vio impulsada a luchar por la independencia cuando las tropas portuguesas no aceptaron la ruptura del Brasil con Portugal. Allí, eran en su mayoría hombres y mujeres negros, tanto esclavos como libertos, mujeres y pobres en general, quienes estaban al frente de la lucha anticolonial contra la dominación portuguesa en el Brasil.

Por lo tanto, nombres como el de Maria Quitéria de Jesus Medeiros, Maria Felipa, entre otros, sí deben ser recordados como héroes de la independencia brasileña. La guerra terminó recién el 2 de julio de 1823, fecha que los baianos celebran la independencia con grandes fiestas populares y no con desfiles de tanques y soldados, como el 7 de setiembre.

Sin embargo, Brasil seguiría siendo el último país en abolir la esclavitud, sostenida a hierro y fuego por la monarquía durante otros largos 66 años.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 9/9/2022.-

Traducción: Natalia Estrada.

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