Desde que estalló la nueva crisis económica, han salido una docena de monografías sobre Karl Marx (casi todas mediocres) mientras Friedrich Engels sigue siendo ignorado. De ahí las expectativas que despertó en nosotros la aparición, en los estantes de las librerías, de la biografía escrita por Tristram Hunt, La vida revolucionaria de Friedrich Engels (1).

Por Francesco Ricci

Engels no era un monje trapense

Lamentablemente las expectativas se ven defraudadas con la lectura: aunque el libro de Hunt no sea del todo malo, como veremos.

Una buena mitad de las casi 400 páginas que componen el volumen está dedicada a los años jóvenes de Engels, es decir, al Engels premarxista. Muchas anécdotas familiares, decenas de páginas dedicadas a las aventuras galantes y menos galantes del futuro cofundador del socialismo científico. Cortejos, borracheras, duelos. Hunt (catedrático de universidad inglesa, laborista) parece haber investigado durante años episodios que también pueden intrigar (y en ocasiones divertir) pero que no tienen especial interés para entender cómo de aquel joven turbulento creció uno de los más grandes revolucionarios de todos los tiempos. El objetivo de Hunt, al menos en la primera parte del libro, parece ser mostrar que los comunistas (e incluso uno de los padres del comunismo revolucionario) no son frailes trapenses dedicados a meditar sobre la muerte. Objetivo alcanzado con facilidad, dado que Engels nunca ocultó su carácter extrovertido y alegre, de hombre de acción en todos los campos (incluso en el del conocimiento), y su profundo amor por la vida.

Un libro documentado pero privado de una brújula materialista 

Sin embargo, las páginas bastante inútiles (incluso si se leen con deleite) que componen la primera mitad de la biografía de Hunt están bien documentadas y lo mismo se puede decir de la obra en su conjunto: no estamos frente a uno de los muchos libros (si pensamos sobre Marx y Lenin) escritos solo para intentar hacer más pequeños a los gigantes del pensamiento revolucionario. Y, además, Hunt tiene un estilo de escritura agradable y sabe combinar lo anecdótico con una buena atención a las fuentes (lo que hace que el texto no sea demasiado pesado). Sin embargo, falta la comprensión (y es un crimen para una biografía) del biógrafo sobre el personaje. Lo que determina que los debates de primordial importancia en la historia del pensamiento comunista reciban el mismo espacio que las reconstrucciones detalladas de episodios secundarios de la vida privada de Engels: por decirlo así, se consumen unas pocas decenas de páginas para informarnos de la pasión de Engels por la caza (y por la caza del zorro en particular).

Tristam Hunt

En resumen, el verdadero problema de Tristram Hunt es que, para decirlo con una expresión amada por Engels y Marx, es un auténtico filisteo. Hunt, que debió haber estudiado detenidamente los textos de Engels, no comprende algunos elementos básicos del materialismo histórico. Y esto lo lleva a cometer errores. Algunos ejemplos. En cierto punto (hacia la página 210 de la edicion italiana) nos explica que Engels solo de anciano corrigió su concepción de la dialéctica en un sentido antimecanicista (curioso: de hecho, es exactamente lo contrario de lo que en general sostienen, con error opuesto, los muchos que quisieran detener a Marx y Engels en los primeros escritos cuando jóvenes). Un poco más adelante, Hunt intenta comprender la posición de Marx y Engels sobre la guerra civil franco-prusiana (preludio de la Comuna de París): pero prescindiendo el biógrafo del uso de la concepción materialista de la historia, la posición de los dos grandes revolucionarios se remonta a su «odio por Napoleón III». Y nuevamente, Hunt llega al absurdo de afirmar que Marx y Engels estaban contentos con la ausencia de un partido marxista desarrollado en la primavera de 1871 en París, porque así (citamos a Hunt) si en la Comuna «todo había salido mal, habría sido culpa de cualquier otro» (p. 244).

Y nos detenemos aquí, pero podríamos pasar a enumerar ejemplos de la evidente incomprensión de Hunt de algunos eventos históricos fundamentales. El lado positivo (que ya mencionamos anteriormente) es que la referencia constante y abundante de las fuentes (Hunt revisó los textos de Engels, la correspondencia interminable, etc.) permite al lector distinguir las informaciones del juicio a menudo tosco del autor.

Esperando a otros biógrafos

En cuanto al marxismo, Hunt lo trata con cierta benevolencia: la misma que reserva para la pasión de Engels por el oporto y los puros. Pero lo rebaja (al marxismo) a una filosofía utópica que no se concilia con la realidad. Tanto es así que (esta es la tesis, no muy original, a decir verdad, de la parte final del libro) cuando se intentó realizar el marxismo nació el monstruo estalinista: que Hunt (como todos los historiadores burgueses) hace descender de Lenin y su supuesta «sed de poder» (p. 344).

En definitiva, el objetivo del biógrafo laborista es, como resulta evidente al final de la lectura, demostrar lo impracticable del proyecto comunista y la necesidad, por lo tanto, de adaptarse a la sociedad capitalista, a lo sumo entregándola a la gestión laborista.

Así, la grata sorpresa de ver reaparecer el nombre de Engels en las librerías está en gran parte decepcionada. Los lectores que quieran leer una biografía científica sobre el «segundo violín» del marxismo (como se llamaba a sí mismo el compañero de Marx, con injustificada modestia) deben continuar refiriéndose en el estudio de Gustav Mayer de los años treinta (Friedrich Engels). En el libro de Mayer no encontrarán detalles sobre los puros de Engels, pero descubrirán cómo el marxismo le debe a Engels no solo los textos de firma común con Marx sino también muchas obras que aparecieron con el nombre de Marx, pero escritas por Engels o basadas en estudios de Engels o textos iniciados por Marx, pero completados por Engels (comenzando por El Capital). No solo eso: Mayer demuestra el papel fundamental que tuvo Engels en la segunda parte de su vida y después de la muerte de Marx (en 1883): fue gracias a su trabajo político que el marxismo y los partidos marxistas se desarrollaron en nivel internacional.

Desafortunadamente, aparte de Mayer (y un buen libro, que recomendamos, de Steven Marcus, Engels, Manchester y la clase obrera, que no obstante solo se centra en el joven Engels de La situación de la clase obrera en Inglaterra), no disponemos por ahora de otros textos biográficos sobre Engels escritos por historiadores materialistas: también porque el piolet de Stalin interrumpió (entre otras cosas) el proyecto de Trotsky de escribir una biografía de Marx y Engels. El lector que, habiendo leído ya a Mayer, todavía quiera conocer mejor a Engels, puede leer el libro de Hunt. También porque el sujeto es tan interesante que ni siquiera puede ser ahogado por el mar de ideas filisteas de un profesor laborista.

Por último, hay que darle un crédito a Hunt: el de haber escapado al menos del principal cliché recalcado en innumerables ocasiones por los reformistas: presentar al último Engels como un pacifista convencido de una vía parlamentaria hacia el socialismo. No señor, incluso el profesor admite (p. 330 y siguientes), no hay un solo texto de Engels que pueda ser invocado por cualquiera que pretenda apoyar esta ridícula teoría. De joven y de anciano, Engels siempre fue un revolucionario que veía en cada táctica (incluida la electoral) solo un paso hacia el inevitable choque revolucionario con las «bandas armadas» con las que el Estado capitalista defiende la propiedad privada de los medios de producción, por derrocar el capitalismo y sus gobiernos y constituir la dictadura del proletariado, es decir, el poder de los trabajadores. Y así, sin esconder esa extraña simpatía que a veces se siente por lo que se advierte totalmente ajeno, Hunt concluye esbozando un Engels (a quien sus amigos llamaban «general» por su interés también en los aspectos militares de la revolución) que también de viejo «Todavía palpitaba para unirse a la caballería para la carga». Y en esta representación finalmente sincera encontramos al verdadero Engels, comunista revolucionario, enemigo inflexible de toda ilusión gradualista y reformista.

Nota:

(1) La versión original en inglés salió en 2009. Fue traducida en los principales idiomas, con títulos parcialmente diferentes: «Comunista de Casaca. A revolucionária vida de Friedrich Engels» (portugués de Brasil); «El gentleman comunista: la vida revolucionaria de Friedrich Engels» (en castellano), etc.

Traducción: Natalia Estrada.