Mié Ago 10, 2022
10 agosto, 2022

28 de junio: Combatir las ilusiones capitalistas y construir una sociedad socialista libre de LGTBIfobia

El 28 de junio de 1969, cientos de personas LGBTI salieron a las calles de Nueva York en una verdadera revuelta contra la opresión y la violencia diaria que sufrían. La rebelión LGBTI comenzó en la resistencia a la represión policial en el bar Stonewall y duró 4 días y 4 noches. Han pasado 53 años desde ese día histórico que es reivindicado mundialmente como el día del orgullo LGBTI.

Por: Pedro Henrique Ferreira, de la Juventud del PSTU y la Secretaría Nacional LGBT – Brasil

Sin embargo, tenemos poco que celebrar en este mes del orgullo. Brasil sigue siendo el país donde más lésbicas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales son asesinados. Aquí seguimos sumando peso a las filas de desempleados, subempleados, cuando no estamos completamente excluidas del trabajo y forzadas a la prostitución.

Según el Grupo Gay da Bahia, 300 personas LGBTI murieron violentamente en el Brasil en 2021; de ellas, 92% fueron asesinadas y 8% se suicidaron, un aumento del 8% con respecto a 2020. No por casualidad, este aumento se produce en un momento en que se profundiza el empeoramiento de las condiciones de vida, y cada vez más personas LGBTI’s son empujadas a la miseria, sin condiciones de mantener las necesidades mínimas de supervivencia.

El capitalismo en periodos de crisis, buscando salidas de mantener la tasa de ganancia de los ricos, apuesta a la sobreexplotación, con la profundización de las opresiones, principalmente de la LGBTIfobia, la xenofobia, el racismo y el machismo.

El uso del discurso de odio de la extrema derecha como Bolsonaro y de líderes religiosos como Malafaia, son parte de una campaña permanente de los ricos y poderosos para imponer condiciones aún peores a los oprimidos de la clase trabajadora, y así subyugar a la clase en su conjunto, facilitar y profundizar la explotación, y dividir a la clase obrera.

Bolsonaro enemigo de LGBTI’s

Desde el inicio de su trayectoria política, Bolsonaro ha utilizado la LGTBIfobia para conseguir votos, antes como diputado y en el último período como presidente.

Incluso en 2012, cuando era diputado federal, defendió que Feliciano continuara como presidente de la Comisión de Derechos Humanos en la Cámara. Poco tiempo después, fue uno de los principales opositores del kit-escuela sin homofobia, proyecto que instituía la educación sexual en las escuelas y que fue archivado por Dilma.

Durante el proceso electoral, Bolsonaro retoma su campaña de falsificación en torno al “Kit Gay”, utilizando nuevamente el conservadurismo LGBTIfóbico como trampolín electoral. Además de estas medidas, ya como gobierno, Bolsonaro no ha dedicado un solo centavo al combate contra la LGBTIfobia y continúa con su discurso discriminatorio, que difunde el odio contra las personas LGBTI’s.

Es el rostro desnudo de un sistema decadente que se alimenta de la barbarie social. Representantes de un sector de ultraderecha, apoyado por los sectores más conservadores, son hoy los principales agentes de un verdadero retroceso en las conquistas democráticas de los sectores oprimidos en nivel mundial, con proyectos como la Escola sem Partido en el Brasil, la restricción al derecho de aborto en EE. UU., las amenazas de revisión de la jurisprudencia del casamiento entre personas del mismo sexo, la creación de zonas libres de LGBTI’s en Polonia, etc.

¡Fuera Bolsonaro! ¡Ningún compromiso con los conservadores y los patrones!

En este sentido, sacar a Bolsonaro y su pandilla es fundamental y urgente. Sin embargo, enterrar de una vez por todas su proyecto autoritario y opresor no puede limitarse a votar en contra de Bolsonaro. La derrota de la ultraderecha se construirá en las calles, con los sectores más explotados y oprimidos al frente, autoorganizados de forma independiente de los patrones y gobernantes.

Pero, además de Bolsonaro, otros sectores utilizan las pautas LGBTI’s para elegirse. Si por un lado Bolsonaro ataca descaradamente a los sectores oprimidos, la fórmula de Lula y Alckmin intenta, a través de una falsificación histórica de lo que fueron los gobiernos del PT, ganar votos de los LGBTI’s. No podemos olvidar que Dilma vetó el kit escuela sin homofobia para preservar al entonces ministro de su gobierno, Antonio Palocci, amenazado de juicio político, y que su gobierno recurrió a la Justicia para dificultar la inclusión de procedimientos quirúrgicos dirigidos a la población trans en el SUS [Sistema único de Salud].

Además, la ausencia de políticas efectivas para combatir la violencia es directamente responsable por el aumento considerable de asesinatos de personas LGBTI’s durante los gobiernos del PT.

Todo esto demuestra que la estrategia de conciliación de clases –ahora con la fórmula Lula-Alckmin en alianza espuria con sectores como Pastor Izidorio– solo favorece a la clase dominante.

La defensa de una alternativa socialista es parte de nuestra lucha ahora, para que ni Bolsonaro ni ninguna otra figura LGBTIfóbica ocupe su lugar, y para que conquistemos desde los derechos más básicos hasta la libertad sexual y de identidad de género plena en una sociedad igualitaria y justa.

Pink Money y la ilusión de liberación

En los últimos años, con el aumento de la discusión sobre el combate a la LGTBIfobia, vemos cada vez más empresas y burgueses que adoptan una política de “diversidad” e “inclusión”. Sin embargo, esta imagen es solo una fachada que ayuda a vender sus productos. Su imagen pública inclusiva no es más que pura ilusión e hipocresía. Las mismas empresas que, en junio, adoptan la bandera del arco iris en sus logos, son las que todos los días explotan la mano de obra barata de las personas LGBTI’s y se aprovechan de la LGTBIfobia para ponernos en los peores trabajos, pagándonos los salarios más bajos y sin derechos.

No bastando el lucro que obtienen de la superexplotación, los empresarios ganan millones creando espacios y productos destinados a LGBTI”s, como discotecas, clubes, eventos y bienes de consumo con perfil LGBTI para atraer a este sector, como la nueva propaganda del auto Polo. Tratan de vender que el consumo de estos productos sería una liberación de la opresión, pero solo en este contexto restringido y, por supuesto, para aquellos que pueden pagarlo.

Un ejemplo es la Marcha del Orgullo de São Paulo. El evento surgió como una lucha de LGBTI’s contra la opresión y hoy en día es controlado por el sector hotelero de la ciudad, generando grandes ganancias para el sector. Según datos divulgados por el Observatorio de Turismo de la ciudad de São Paulo, 40% de los participantes de la Marcha eran turistas, y el gasto promedio de cada uno de ellos fue de alrededor de R$ 1.900.

Además del sector hotelero, otras empresas como Vivo, Amstel, Burger-King y Smirnoff invirtieron sus capitales en la Marcha y, como parte del retorno, controlan políticamente el evento. No por casualidad, este control político da como resultado el eslogan limitado de la Marcha de “vote con orgullo”, muy alejado del carácter de la revuelta de Stonewall y de las primeras marchas del orgullo que defendían la necesidad de un cambio social.

No basta con votar con orgullo: el empoderamiento de las trabajadoras LGBTI’s solo será posible derrocando a la burguesía

Muchas LGBTI’s depositan la esperanza de que las elecciones puedan resolver nuestros problemas y revertir el empeoramiento de las condiciones de vida que hemos acumulado en los últimos años.

Varios sectores, como PSOL, PT, PCdoB, señalan que la elección masiva de personas LGBTI’s para los mandatos de diputados y senadores podría promover nuestros derechos desde allí y que, de esta manera, simplemente votando por las LGBTI’s y eligiéndolas, resolveríamos nuestros problemas, independientemente del programa que ellas defiendan.

Al mismo tiempo, diversos sectores pregonan que la elección de Lula terminaría mágicamente con la miseria, el desempleo y la LGTBIfobia de su conjunto. Nosotros en PSTU creemos que esto no pasa por ahí.

El hecho de que la composición del parlamento sea mayoritariamente heterosexual y cisgénero refleja precisamente la limitación de la democracia burguesa. Este régimen y el propio sistema capitalista son incapaces de expresar la diversidad de la clase trabajadora.

En ese sentido, las precandidaturas del PSTU, a través del Polo Socialista Revolucionario, buscan justamente expresar la composición de la clase trabajadora: negra, femenina y LGBTI. Pero teniendo la comprensión programática de que las opresiones solo pueden resolverse con un cambio radical en la sociedad, y con la construcción de una sociedad socialista donde se implementen medidas concretas para combatir la LGTBIfobia. Para ello es indispensable que el poder sea ejercido por los propios trabajadores, en toda su diversidad, con democracia obrera a través de los consejos populares.

Construyamos de nuevo Stonewall, y vayamos más allá: ¡construyamos el socialismo!

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 28/6/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.

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