Mar Sep 27, 2022
27 septiembre, 2022

1917: La clase obrera nos enseñó el camino

El 7 de noviembre de 1917*, los obreros y soldados de San Petersburgo, capital por entonces de Rusia, coparon la sede del gobierno arrestando a los ministros, y proclamando que el único gobierno en el ex imperio de los zares serían las organizaciones de obreros, soldados y campesinos: los llamados soviets. Era la primera vez en la historia que los trabajadores y el pueblo tomaban el poder en sus manos.

Por Nepo

Opresión, atraso, guerra y revolución

Hasta marzo de 1917, Rusia fue gobernada por el zar y la nobleza, tiranos parásitos anclados en la Edad Media, que impedían el progreso en la sociedad rusa explotando y oprimiendo a campesinos y naciones enteras de Europa y Asia. La clase empresarial -la burguesía rusa- era incapaz, mezquina y corta de miras, y se contentaba con tener una parte del poder político, sin enfrentar realmente al zar, que le garantizaba los negocios. La burguesía y nobleza eran, además, completamente serviles a las potencias mundiales del momento. La clase obrera y la enorme masa de campesinos resistían con dureza las condiciones de vida a la que estos poderosos la sometían.

Para colmo, el zar había embarcado a Rusia en la masacre absurda de la guerra mundial en 1914, cuyas funestas consecuencias estaban pagando los obreros y campesinos: hambre, enfermedades, muerte. El pueblo se negaba a seguir matando y muriendo en la guerra de los ricos, pagada con su hambre: la consigna de paz, pan y tierra ganaba cada día más terreno. La resistencia fue haciéndose cada vez más dura, hasta que una huelga en marzo de 1917 desembocó en manifestaciones a las que se unieron los soldados, cansados de la guerra y negándose a reprimir, lo que al cabo de días de lucha hizo renunciar al zar, surgiendo un gobierno de los políticos patronales.

Mientras tanto, los obreros en cada fábrica, los soldados en cada cuartel, los campesinos en cada zona rural crearon organizaciones para controlar a empresarios, generales y terratenientes: los soviets. Estas organizaciones basadas en asambleas habían surgido como la unión de los comités obreros elegidos en asambleas generales en las fábricas para controlar a la patronal (a diferencia de los sindicatos que solo defendían a sus afiliados de los ataques patronales). La autoridad de los soviets, que hasta contaban con milicias propias, llegaba incluso hasta los barrios populares.

En un primer momento, los soviets quedaron en manos de dirigentes –los mencheviques- que lo único que querían era instaurar en Rusia una democracia como las de Europa, para tratar de conseguir mejoras para el pueblo trabajador a través del parlamento y el sindicalismo pacífico, aunque eso significara dejar las cosas como bajo el gobierno del zar aunque con menos represión. Hasta llegaron a formar parte del gobierno patronal para lograr este fin.

Pero existía un sector opuesto a este reformismo, que sostenía no solo que la democracia de los ricos no ofrecía ninguna solución de fondo a los problemas de los trabajadores y el pueblo, sino que después de décadas de privaciones cada vez más graves, había llegado la hora de que los explotados y oprimidos de siempre le arrebataran a la burguesía su poder político y reorganizaran la sociedad. Este sector era el partido bolchevique de Lenin y Trotsky

La clase obrera toma el poder

Los bolcheviques le disputaban el liderazgo de los soviets a los mencheviques explicándoles a los obreros que era inútil intentar que la burguesía garantizara otra cosa que no fuera la continuidad de los sufrimientos y la guerra, que la única salida a esa situación era hacer de los soviets el único gobierno de Rusia. Consiguientemente, agrupaban a los trabajadores que se convencían de esto para profundizar la pelea contra los reformistas y preparar el ataque directo al poder. Y a medida que la situación trascurría, iba dándoles la razón a los bolcheviques, lo cual hacía que más trabajadores se les unieran.

Así, pese a los obstáculos, los bolcheviques sacaron a los reformistas la conducción de los soviets e impulsaron el levantamiento obrero y popular contra el gobierno. La revolución socialista había comenzado.

El primer gobierno obrero y popular se encontró con un país azotado por el desastre causado por la guerra mundial, y con la resistencia de una burguesía capaz de provocar una catástrofe humanitaria antes que entregar el poder. Así y todo, los soviets declararon la ansiada paz, trayendo a las tropas de las trincheras.

Libraron a los campesinos del yugo de los terratenientes que los esquilmaban, y a las naciones oprimidas de las cadenas del imperio del zar, permitiéndoles elegir su independencia. Y reconstruyeron la economía expropiando las grandes empresas y propiedades, poniéndolas a producir con un plan bien elaborado y profundamente debatido; y centralizando el comercio exterior. Y cuando la burguesía y el imperialismo desataron la cruenta guerra civil, los soviets organizaron de la nada un ejército que defendió victoriosamente la revolución. Lo único que le faltó a la revolución fue haberse expandido por el mundo, única forma de acabar para siempre con la explotación logrando una sociedad socialista, y única garantía de evitar el regreso del capitalismo, lo que desgraciadamente sucedió. Pero aún con esta grave carencia, la revolución logró transformaciones impensadas.

Vale aclarar que nada de esto hubiera sido posible si los soviets no hubiesen estado dirigidos por los bolcheviques. Sin la conducción bolchevique, el proceso ruso hubiese terminado desviado o derrotado, como tantas otras grandes luchas. Y eso es así, porque el partido bolchevique –que agrupaba a los más decididos enemigos del capital- tenía el programa político más adecuado, producto de una sólida comprensión de la teoría marxista y de una amplia democracia interna que permitía contrastar la política con la lucha cotidiana de las masas; todo esto coronado por una disciplina de acción férrea, que hacía que los miles de militantes obraran como si fuesen una sola persona.

Un ejemplo más actual que nunca

Aunque a la larga una camarilla criminal de traidores a la revolución terminara copando el poder para derrotarla desde adentro y finalmente restaurar el capitalismo, la enseñanza que nos deja la revolución rusa sigue vigente: los trabajadores no solo podemos gobernar, sino que ese es la única manera de alcanzar un mundo más justo. Y para gobernar, debemos hacerlo a través de nuestras organizaciones, basadas en la más amplia democracia para reflejar los intereses reales de nuestra clase social. Solo así podremos acabar con la brutalidad destructiva del capitalismo al poner la economía y los poderes del estado al servicio del pueblo trabajador, arrebatándoselos al puñado de millonarios que los tienen al servicio de una búsqueda demencial e irresponsable de ganancias cada vez mayores.

Y que para lograr esto, es necesario construir un partido que agrupe a todos lo que estén dispuestos a luchar hasta el final contra la explotación y la opresión en torno al programa de la revolución socialista para guiar a la clase trabajadora hacia la ruptura con el sistema capitalista en todo el mundo. Un partido que una la lucha cotidiana de las masas para mejorar su presente, con las luchas que deben dar para conquistar su futuro.

Quienes formamos parte del PSTU –LIT CI, estamos tratando de edificar ese partido. Una construcción que solo es posible a través de la lucha abierta contra las direcciones que tratan de domesticar de una u otra manera a la clase obrera para evitar que se rebele contra los patrones. Una lucha contra las mentiras diseminadas para enmascarar la decadencia del capitalismo y evitar que los trabajadores tomen conciencia de su fuerza como clase. Y una lucha para darle a la clase trabajadora dirigentes y organizaciones que respondan a sus necesidades, para que en un futuro encabecen la lucha por la revolución. Por eso, invitamos a todos aquellos compañeros y compañeras que crean que el capitalismo no va más, a militar con nosotros para construir el gran partido revolucionario que la clase obrera y el pueblo necesitan.
*Antes de la revolución, en Rusia se usaba un calendario 13 días atrasado respecto del actual, por lo que en ese calendario la fecha de la revolución fue 25 de Octubre.

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