A pesar de que la crisis en el grupo Volkswagen todavía no mostró toda su magnitud, ya se pueden sacar algunas conclusiones.

Por: Arnaldo Cruz

Uno de los más grandes fraudes de la industria a nivel mundial acaba de ser llevado a cabo por una empresa usada por el gobierno alemán, uno de los principales impulsores de las políticas de austeridad para los pueblos del sur de Europa, como ejemplo de seriedad y calidad. Al contrario de la idea difundida por este y por otros gobiernos portavoces de la austeridad, la corrupción no respeta límites geográficos.

La crisis que se vive en el Estado español, Portugal, Grecia e Italia no está relacionada con la pereza de sus trabajadores sino con las agendas económicas de los grandes patrones de los países más poderosos que, apoyándose en instituciones como la Unión Europea, han diezmado toda la capacidad productiva del sur, tornándolo dependiente del norte.

Envuelta en escándalos en el pasado –con el apoyo a la dictadura en el Brasil– se revela una vez más la hipocresía y corrupción de esta multinacional frente al hecho de que la empresa desarrolla desde hace algunos años el Mach18 [estrategia de mercado con cuidado del medio ambiente, N. de T.]. Este proyecto, entre otros objetivos, pretende tornar al Grupo cada vez más “amigo del ambiente”. Cualquier teoría de que la administración no tenía conocimiento, solo profundiza la mentira de estas empresas y de sus gobiernos.

En 2007, la Bosch, abastecedora de software para el Grupo, avisó a Volkswagen sobre la ilegalidad del mismo y, más recientemente, en 2011, la prensa alemana apuntaba que internamente al Grupo el fraude también había sido ya localizado.

El gobierno alemán parece compartir las responsabilidades por el fraude. Hace años que Angela Merkel apoya los reclamos de la Volkswagen en Bruselas. Específicamente, la canciller fue responsable por atrasar hasta 2021 la introducción de testes más rigurosos de detección de emisión de gases contaminantes, que estaba prevista para 2017.

El fraude y el ambiente

El impacto de este fraude en el ambiente es muy significativo. Estamos hablando de un fraude en un software que detectaba si el automóvil estaba bajo condiciones de teste y en ese caso, activaba todos los dispositivos anticontaminación del motor. Estos dispositivos reducían mucho la emisión de los óxidos de nitrógeno o NOx [gases compuestos por óxido nítrico (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2). El término NOx se refiere a la combinación de ambas sustancias, N. de T.].

Estos gases son producidos en el proceso de combustión de los motores. Consisten en una suma del monóxido de nitrógeno (NO) y del dióxido de nitrógeno (NO2). Los NOx son perjudiciales para la salud. Provocan inflamación de las vías respiratorias, agravan las condiciones de respiración, [producen] irritaciones en los pulmones y disminuyen la resistencia a las infecciones respiratorias. Combinados con otros elementos pueden agravar problemas cardíacos.

En el ambiente, estos gases son responsables por las lluvias ácidas y por la neblina fotoquímica o esmog. Las concentraciones emitidas por los once millones de automóviles del Grupo Volkswagen son equivalentes a las emisiones de NOx del Reino Unido y varias veces las emisiones de Portugal.

En el capitalismo no hay respeto por el ser humano ni por la Naturaleza

Este caso no es exclusivo del Grupo Volkswagen. Muchas empresas, como la Toyota en el sector automóviles, el BES [Banco Espírito Santo] en el sector financiero portugués, o la Monsanto en el sector agrícola, están involucradas en casos de negligencia y corrupción, que ya perjudican mucho el ambiente y la vida humana.

En realidad, lo que lleva a estas empresas a irrespetar a los trabajadores, el ambiente y las propias leyes que influencian, es que su existencia no sirve para satisfacer las necesidades de la mayoría de la población sino, sí, para la obtención y maximización de las ganancias para sus administradores y accionistas. El fraude de la Volkswagen demuestra que en el capitalismo –sistema económico en el cual vivimos– la ganancia es sagrada y todo el resto se subordina a ella. No existe buen capitalismo y mal capitalismo, no existe un capitalismo industrial responsable contra un capitalismo financiero sin reglas y corrupto.

Incluso las empresas con grandes campañas ambientales como la Volkswagen, hacen de todo para robar más mercado a sus competencias y obtener más y más dinero. Al final, quien sale perjudicado es el planeta y quienes en él habitamos. Principalmente los trabajadores, que ven cada vez más dificultado su acceso a la salud, en un mundo en que el ambiente es cada vez menos saludable.

Así, no basta exigir el castigo de los responsables por el fraude y la inmediata resolución del problema en el Grupo Volkswagen. No basta luchar por un aumento de salario, por un premio digno y por más puestos de trabajo durante estas negociaciones.

Para que no tengamos un planeta cada vez más enfermo y con más miseria, es necesario crear herramientas que se opongan a la lógica mundial de la ganancia a cualquier costo.

Herramientas que apunten a la construcción de un mundo más justo, en el que la producción sea girada a satisfacer las necesidades de la población, y no de llenar los bolsillos de algunos a costa del trabajo de la inmensa mayoría. El MAS está aquí para esa tarea.

Traducción: Natalia Estrada.

Artículo publicado en: www.mas.org.pt

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