Una polémica con el campismo estalinista de Breno Altman sobre Venezuela
Edu Almeida (PSTU B)
La invasión de Venezuela por el imperialismo norteamericano y el secuestro de Nicolás Maduro son hoy uno de los temas centrales debatidos por la vanguardia a nivel mundial.
El periodista Breno Altman escribió un artículo sobre el tema con el cual tenemos algunos acuerdos y muchas diferencias. Nos gustaría comenzar esta discusión por los acuerdos, por el respeto que tenemos por Altman. Aunque, probablemente, no fundamentemos esos acuerdos con los mismos argumentos.
La invasión imperialista debe ser repudiada
La invasión de Trump es un acto criminal, cometido por el país imperialista más poderoso del mundo contra un país semicolonial. La motivación alegada — combate al narcotráfico — es ridícula, y pronto fue sustituida por la verdadera motivación: el control del petróleo venezolano y la disputa con el imperialismo chino. Se trata de una expresión de la política del documento de seguridad estratégica de EE. UU., como analizamos en otro artículo.
Esta acción brutal de Trump puede despertar expectativas en sectores de las masas venezolanas y latinoamericanas debido al desgaste de la dictadura de Maduro.
Pero, contrariamente a esas expectativas, esta intervención imperialista no traerá libertad a las masas venezolanas. Todo el aparato represivo venezolano sigue presente, y ahora amplificado por la posibilidad de presencia terrestre de tropas estadounidenses. No hay más libertades hoy en Venezuela ni siquiera se vislumbran elecciones libres en el país. La imposición imperialista, para garantizar sus objetivos petroleros, implica mantener la represión sobre el pueblo venezolano.
El hecho de que el régimen de Maduro haya sido una dictadura burguesa, odiada por las masas, no cambia nuestro repudio a la agresión de EE. UU., por tratarse de un ataque de un país imperialista contra un país semicolonial, al servicio de los intereses norteamericanos.
Tampoco las expectativas de mejora en las condiciones de vida tienen base en la realidad. El imperialismo norteamericano está imponiendo, a nivel mundial, salarios cada vez más bajos a los trabajadores. No será diferente en Venezuela. Ni siquiera las inversiones propagandeadas por Trump han sido asumidas hasta ahora por las grandes empresas petroleras, que exigen seguridad estratégica para invertir. Y eso, al menos hasta ahora, no existe en Venezuela.
Contrariamente a las expectativas, la invasión imperialista para garantizar el control del petróleo solo traerá más miseria y más represión al pueblo venezolano.
¿Hubo o no facilitación de la invasión?
Pero nuestro acuerdo con Breno Altman llega hasta ahí, en el repudio a la agresión imperialista contra Venezuela. A partir de ahí vienen las diferencias.
En primer lugar, Breno niega la realidad. Según él, no hubo facilitación de la invasión de EE. UU. por parte de una importante facción del régimen chavista.
“Por un lado, la Venezuela chavista, ahora sin su máximo conductor, quedó emparedada por las tropas norteamericanas, con su inmensa superioridad aérea y naval, capaces de bloquear el país y herirlo gravemente. Por otro lado, Estados Unidos demuestra un enorme potencial de presión externa, pero sin las cartas para derrotar estratégicamente al enemigo, que continúa gobernando.”
Se trata de una situación de equilibrio precario, como es evidente. Hasta donde es posible entender, en sus modos erráticos, el presidente norteamericano, aprovechándose de la ventaja actual, trata de exigir las concesiones más brutales e intenta desmoralizar al gobierno chavista, ahora liderado por la presidenta interina Delcy Rodríguez. Lo presenta como un títere en sus manos y alimenta los rumores más sórdidos de traición del nuevo núcleo dirigente a Nicolás Maduro.
Estos rumores, despropósitos, son reproducidos por la prensa occidental y sus aliados, en el intento de llevar a la lona al movimiento creado por Hugo Chávez, contra el cual empuñaron armas durante tantos años – muchas veces con la simpatía de círculos de izquierda influenciados por ideas liberales o simplemente engañados por la narrativa difundida desde Estados Unidos y Europa.
El problema es que las Fuerzas Armadas venezolanas tienen 120 mil soldados, que no entraron en combate contra la invasión norteamericana. Poseen un sistema de defensa aérea apoyado en armas rusas como los sistemas S-300 (con misiles de alcance de 150 km, considerado el rival del Patriot norteamericano) y BUK-M2 (alcance de 40 km), además de los misiles portátiles Pechora e Igla-S, que pueden ser manejados por un soldado. Nada de eso funcionó.
Seguramente, la innegable superioridad militar norteamericana y su guerra tecnológica influyeron. Pero solo eso no puede explicar cómo doscientos soldados de EE. UU. entraron en Venezuela, secuestraron a Maduro en menos de tres horas, sin siquiera una baja. Incluso la invasión de Panamá y el secuestro de Noriega en 1989 implicaron 13 días de combate terrestre.
¿Cómo se explica esto sin que se hayan entregado a las fuerzas invasoras los puntos ciegos del sistema de defensa venezolano y la ubicación exacta de Maduro?
La realidad es que todas las fuentes, desde la prensa burguesa, los activistas independientes en Venezuela e incluso el propio gobierno de Trump, dicen que “una parte del gobierno venezolano entregó a Maduro”.
La única y obvia excepción es el propio gobierno chavista y sus apoyos a nivel internacional. Gran parte de los partidos comunistas forman parte de ese coro, así como figuras identificadas con el castrochavismo como Breno Altman. Una excepción es uno de los PC venezolanos, que también afirma que hubo entrega.
El carácter del gobierno de Delcy Rodríguez
Esta discusión sobre la facilitación de la invasión norteamericana no es menor. Y se vincula directamente con el carácter del nuevo gobierno venezolano.
Para sorpresa de muchos, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, una vez investida, propuso una “agenda de cooperación” con Trump.
Al mismo tiempo, Trump describió a Delcy como “una persona formidable”. “Es alguien con quien trabajamos muy bien”.
Para completar el cuadro, Trump no apostó por María Corina Machado, representante de la oposición burguesa de ultraderecha venezolana, trumpista desde el primer momento, diciendo que “no tiene la fuerza ni el respeto de la población”.
Incluso después de su visita a Trump, cuando le entregó de manera sumisa la medalla recibida por el premio Nobel, el presidente norteamericano mantuvo su apoyo a Delcy Rodríguez y no a Corina Machado.
Según gran parte de los analistas de izquierda y de derecha, Delcy Rodríguez tuvo contacto con el gobierno norteamericano varios meses antes de la invasión y participó en la facilitación de la invasión.
Esto explica el nuevo papel del gobierno chavista, que pasa a ser de apoyo directo a la política de Trump en Venezuela. Delcy Rodríguez, aunque tenga la misma apariencia chavista, no tiene el mismo significado que Maduro. No se trata de un gobierno de la boliburguesía chavista, con roces parciales con el imperialismo norteamericano. Es un gobierno alineado directamente con Trump.
El hecho de mantener un discurso chavista en la forma tiene que ver con la preservación de sus bases, formadas formalmente en el antiimperialismo.
Esto se explicita abiertamente en el acuerdo sobre el petróleo, deseado por Trump y objetivo de la invasión. A partir de ahora, el petróleo venezolano pasa a ser comercializado directamente por el gobierno norteamericano y, con la venta, los venezolanos deberán comprar productos de EE. UU. Este tipo de acuerdo, directamente colonial, no existe en ninguna otra parte del mundo.
Este cambio en el gobierno y en el régimen chavista está en curso, recién comienza. Seguramente habrá nuevos desarrollos. Un cambio como este casi con seguridad llevará a crisis dentro del aparato chavista. La base material del petróleo sobre la cual se apoyaba la boliburguesía venezolana se estrechó. El discurso formalmente antiimperialista durante décadas tiene base en sectores de masas y del aparato del Estado. Se están gestando nuevas contradicciones.
Pero está ocurriendo un cambio de fondo en el régimen venezolano, ahora realineado con Trump.
La explicación de Altman
Breno Altman afirma que la actitud de “no confrontación” de Delcy Rodríguez es una política determinada “por la relación de fuerzas”. Altman se apoya en la continuidad de la forma (“el régimen chavista continúa”) para decir que el gobierno de Delcy es el mismo que el régimen chavista anterior.
Según él, Delcy busca ganar tiempo, reagrupar fuerzas para poder enfrentarse al imperialismo.
“La presidenta interina actúa para mantener cohesionado el bloque histórico chavista y movilizada su base social — denunciando la agresión imperialista, reafirmando la soberanía nacional y exigiendo la liberación inmediata de la pareja presidencial. Entre sus innumerables tareas, Delcy Rodríguez necesita mantener el funcionamiento del Estado, reactivar el ánimo de las calles y cicatrizar las heridas del ataque sufrido.
También busca ampliar las alianzas internas, a pesar de la hegemonía del PSUV sobre todas las instituciones, buscando un arco de apoyos más amplio para defender la supervivencia de la nación. La excarcelación de presos, ya en curso, forma parte de esta estrategia de distensión interna.”
Realmente existe un problema importante de relación de fuerzas, que es necesario analizar. El imperialismo es cualitativamente más fuerte en términos militares. Sin embargo, queda por ver si esas acciones del nuevo gobierno venezolano apuntan en el sentido de la reaglutinación de fuerzas o de su desorganización y desmoralización. Las declaraciones de Delcy Rodríguez, señalando un trabajo “constructivo” con el invasor Trump, apuntan a la segunda hipótesis.
Históricamente, los pueblos se han enfrentado a los imperialismos, en la inmensa mayoría de los casos en una brutal inferioridad militar. En algunos casos, obtuvieron victorias muy importantes, como en Vietnam, Argelia e Irak. En todos ellos, la movilización de masas tuvo un papel fundamental.
La propia historia venezolana lo demuestra. En 2002, un golpe militar, patrocinado por el gobierno de Bush, derrocó al gobierno de Chávez. Una movilización de masas derrotó el golpe y recompuso el gobierno chavista.
Delcy Rodríguez no llamó a la movilización de las masas venezolanas contra el ataque, no entregó armas a los trabajadores. Tampoco llamó a la movilización internacional contra la invasión, ni en EE. UU. ni en América Latina.
El ejemplo de Brest-Litovsk
Altman recurre al ejemplo del acuerdo de Brest-Litovsk, firmado entre los bolcheviques y el gobierno alemán, para justificar los acuerdos entre Delcy Rodríguez y Trump, como un acuerdo impuesto por la relación de fuerzas.
“El chavismo atraviesa, sin embargo, un momento que podría ser comparado con el de la Revolución Rusa en las negociaciones de Brest-Litovski, en los primeros meses de 1918, aún durante la Primera Guerra, cuando Alemania presentó reivindicaciones absurdas para un acuerdo: el control de territorios que albergaban un tercio de la población rusa, el 50 % de la industria y el 90 % de las minas de carbón.”
Se trata de un malabarismo teórico, muy común en el reformismo. Frecuentemente, para justificar lo injustificable, se recurre al problema de la “relación de fuerzas”. Por ejemplo, así se justifica la política del gobierno de Lula de acuerdos con las multinacionales y el agronegocio — defendida explícitamente por Breno Altman — por la “relación de fuerzas”. En esta evaluación de la “relación de fuerzas”, el reformismo recurre con frecuencia a la relación de fuerzas parlamentaria, lo cual es coherente con su visión del mundo, según la cual los cambios deben realizarse por medio del régimen democrático burgués, y no mediante revoluciones.
Pero, según el marxismo, la relación de fuerzas está centrada en la relación entre las clases en lucha o en su expresión militar durante las guerras. Esto es coherente con la tradición marxista, según la cual los cambios en la estructura de clases y los enfrentamientos con el imperialismo deben realizarse por la vía de las revoluciones.
Ya vimos que el gobierno chavista no recurrió a la movilización de masas ni al enfrentamiento militar con el imperialismo norteamericano.
Pero, como existe un problema real de relación de fuerzas, examinemos el ejemplo histórico citado — Brest-Litovsk — y luego volvamos al caso venezolano.
El acuerdo de Brest-Litovsk fue firmado el 3 de marzo de 1918 entre el gobierno bolchevique y el alemán.
En primer lugar, los bolcheviques eran una dirección revolucionaria del primer Estado obrero de la historia. Nada que ver con el Estado burgués dirigido por la dictadura de Maduro. Breno Altman, con su metodología campista, compara dos Estados y gobiernos opuestos.
En segundo lugar, los bolcheviques llevaban apenas algunos meses en el poder; todavía no existía el Ejército Rojo. Las masas rusas estaban exhaustas por la guerra impuesta por el zarismo y continuada por el gobierno provisional. El fin de la guerra fue una de las consignas defendidas por los bolcheviques y apoyadas por las masas. Si no se aceptaba el acuerdo de Brest-Litovsk, los alemanes podrían derrotar militarmente al nuevo Estado recién formado.
Después de ese acuerdo, el Estado obrero se organizó, formó el Ejército Rojo y derrotó a 14 ejércitos de países imperialistas que invadieron la URSS durante la guerra civil.
El chavismo gobierna Venezuela desde hace 28 años; tiene un ejército formado y organizado que no entró en la lucha. Si no recurrió a la movilización de masas ni al armamento de los trabajadores en el pasado ni ahora, eso tiene que ver con el carácter de clase burgués del régimen chavista y del Estado venezolano, que Altman se niega a caracterizar.
La adhesión del nuevo gobierno venezolano a Trump no tiene nada que ver con un retroceso táctico, y menos aún con el Tratado de Brest-Litovsk. Se trata de un pasaje melancólico de un régimen bonapartista decadente al alineamiento con el imperialismo norteamericano.
Una vez más, la quiebra del campismo
Breno Altman es un periodista e intelectual reconocido, que defiende abiertamente la visión estalinista de los “campos progresivos”.
El análisis marxista comprende la realidad a partir de su estructura de clases sociales y de la lucha de clases. El campismo estalinista sustituye esa metodología por la de los “campos progresivos”, con sectores burgueses. Esto incluye a los “gobiernos progresivos” que “se enfrentan al imperialismo norteamericano”.
Esa es la lógica por la cual China es un régimen “progresivo”, alternativo al imperialismo norteamericano, y no un país imperialista ascendente, con empresas multinacionales explotando brutalmente al proletariado chino.
Breno Altman no ve el imperialismo chino, así como defiende a la dictadura iraní en la masacre contra el pueblo iraní. En su lógica, “el gobierno progresista de los ayatolás” es atacado por infiltrados sionistas y norteamericanos.
Del mismo modo, Altman no vio la decadencia del régimen chavista ni su transformación en una dictadura burguesa, odiada por las masas. No vio la formación de una boliburguesía en el país ni la brutal miseria de los trabajadores. Se trataba de un “gobierno progresivo”…
Pero ahora, el error es mayor. El nuevo gobierno venezolano es el instrumento de Trump en el país. La boliburguesía y su régimen chavista prefirieron aliarse con el imperialismo norteamericano antes que enfrentarlo y arriesgar sus propiedades.




