Una de las «justificaciones» de Putin para la agresión contra Ucrania es la de que su gobierno sería fascista o nazista. Esta acusación se repite una y otra vez por parte de la izquierda, especialmente estalinistas.

Por: Diego Russo

No tenemos ninguna confianza en el gobierno de Zelenski, después de todo, es un representante de la burguesía ucraniana, que siempre ha vendido su país, a veces al imperialismo occidental, a veces a Rusia. Pero es una burda mentira que Putin diga que Zelenski es un fascista. Una mentira para justificar una guerra injustificable ante el mundo, e incluso ante el público ruso. Una justificación tan falsa como la mentira de Bush de que Irak tenía armas de destrucción masiva, utilizada como excusa para la guerra contra el país.

Esta mentira de Putin es denunciada por cientos de historiadores e investigadores del fascismo de todo el mundo, quienes firmaron una carta abierta publicada por la BBC:

“Rechazamos firmemente el uso cínico y abusivo del término “genocidio” por parte del régimen ruso, su abuso de la memoria de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto, y sus intentos de equiparar al Estado ucraniano con el régimen nazi para justificar la agresión rusa no provocada. Tal retórica no se apoya en ningún hecho, es moralmente repugnante y profundamente ofensiva a la memoria de millones de víctimas del nazismo y de aquellos que valientemente lucharon contra él, incluidos los soldados rusos y ucranianos del Ejército Rojo”.

Asimismo, el Memorial de Auschwitz-Birkenau, a las víctimas del infame campo de concentración nazi, condenó la invasión rusa a Ucrania, y declaró su total solidaridad con el pueblo ucraniano, así como con los rusos reprimidos por Putin por declarar su oposición a la guerra.

Pero esta mentira de Putin para justificar su política asesina, como todas las grandes mentiras, se apoya en un elemento de verdad. La existencia real de grupos de extrema derecha, e incluso de ideología fascista, en Ucrania. La falsedad del argumento, por otro lado, consiste en considerar que el nacionalismo ucraniano en su conjunto es de extrema derecha y fascista.

Extrema derecha y nacionalismo ucraniano no son lo mismo

En lo que respecta a la extrema derecha, Ucrania lamentablemente no es una excepción entre otros países europeos «blancos». La extrema derecha, incluido el nazifascismo, ha ido creciendo en el mundo como subproducto de la decadencia capitalista, del empobrecimiento de las clases medias, de la agudización y polarización de la lucha de clases. Representa un elemento más de barbarie, junto con la crisis de inmigrantes y refugiados, el aumento del desempleo, el aumento de la explotación, el hambre, la destrucción del medio ambiente, la epidemia de Covid-19, etc., etc. Es un reflejo de la putrefacción del sistema capitalista imperialista en su conjunto.

En Ucrania, el nacionalismo, entendido como la defensa de su derecho a la independencia nacional, es de masas. Pero las ideologías de extrema derecha no lo son. No es casualidad que el nacionalismo sea de masas en Ucrania. Ucrania siempre ha sido una nación oprimida, primero por el antiguo Imperio ruso y luego por el estalinismo. Al Imperio ruso se le llamó correctamente “la cárcel de los pueblos”, en referencia a las más de 160 nacionalidades allí oprimidas. Al final del antiguo Imperio ruso, los marxistas participaban activamente en la lucha del pueblo ucraniano contra la opresión rusa.

Lenin defendía el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos oprimidos por el Imperio ruso, incluida Ucrania. Para Lenin, el nacionalismo de las naciones oprimidas era revolucionario. Luchaba por darle a la lucha nacional un carácter obrero y socialista, pero era parte de esta lucha. El movimiento por la autodeterminación de Ucrania, así como de otros pueblos retenidos por la fuerza bajo el dominio ruso, fue un fuerte impulso para la Revolución de Octubre de 1917, que fue mucho más que una revolución “rusa”. Ucrania, que entonces emergía por primera vez como nación independiente gracias a esta política de Lenin, se unió a la entonces naciente URSS en igualdad de derechos con Rusia, Belarus y demás naciones.

Fue la Revolución de Octubre la que garantizó el derecho de Ucrania a la autodeterminación. Y es precisamente este derecho el que ataca ahora Putin, alegando que el derecho de Ucrania a la autodeterminación es un absurdo inventado por Lenin y los bolcheviques. Putin aboga, según sus palabras, por “descomunizar” a Ucrania por las armas, es decir, eliminar cualquier vestigio de independencia de Ucrania.

La política de Lenin para las nacionalidades oprimidas es hasta hoy un punto de referencia de cómo la clase obrera puede superar las divisiones nacionales y unirse contra explotadores y opresores. Pero no duró mucho. La estalinización de la URSS, del Partido Bolchevique y de la Internacional Comunista fue acompañada por un cambio radical de política hacia las nacionalidades que formaban parte de la URSS. De hecho, fue precisamente en este campo que el estalinismo surgió como una corriente política propia, y opuesta al leninismo. Tuvo lugar aun en vida de Lenin, en la controversia sobre los países del Cáucaso. Stalin defendió una política de «autonomización» de Georgia y demás naciones del Cáucaso, en lugar del derecho a la autodeterminación, y lo hizo con la típica grosería que lo haría famoso. Hubo una fuerte reacción del Partido Comunista de Georgia. Lenin intervino en la polémica criticando violentamente la posición de Stalin. Propuso la destitución de Stalin de sus cargos y rompió relaciones personales con él. Fue la última batalla de Lenin, justo antes de morir. Y fue gracias a esta última batalla de Lenin, derrotando a Stalin, que el derecho a la autodeterminación de los pueblos entró en la Constitución soviética. Derecho este que sería utilizado a finales de los años 1980 para que varios países pudiesen separarse de la URSS, y que precisamente por eso hoy es atacada por Putin.

Stalin, derrotado temporalmente, vuelve a la carga tras la muerte de Lenin. Al no poder intervenir abiertamente contra el artículo de Lenin en la Constitución, lo convierte en letra muerta. El estalinismo implementa en la práctica su política antileninista, transformando a la URSS en una nueva “cárcel de pueblos”, sometiendo por la fuerza a todos los no rusos al dominio de Moscú y masacrando a decenas de miles de militantes comunistas que se mantenían fieles a las ideas de Lenin, especialmente a los trotskistas. Para colmo, lo hizo falsificando la historia, presentando su nefasta política como “leninista”.

Bajo la brutal dictadura estalinista, cualquier corriente de izquierda que defendiese el derecho ucraniano a la independencia nacional era violentamente reprimida. El resultado concreto fue que la justa lucha por el derecho a la autodeterminación de Ucrania, abandonada por los PCs estalinizados[1], quedó en manos de corrientes nacionalistas no marxistas.

En la Segunda Guerra Mundial, un sector minoritario de este nacionalismo en Ucrania vio en el enfrentamiento entre la URSS y la Alemania nazi una brecha para independizar a Ucrania, lo que fue aprovechado por Hitler. Mucho se habla hoy de la figura de Stepan Bandera, quien supuestamente dirigía el sector que se alió con el fascismo. Hay mucha controversia entre los historiadores sobre este tema, incluso dentro de Ucrania. Bandera pasó todo el período de ocupación nazi encarcelado por los alemanes, que no confiaban en él. Es poco probable que desempeñara el papel histórico que le es atribuido hoy, de dirigir, en tales condiciones, todo el Ejército Rebelde Ucraniano. Por cierto, no hay registros de que el Ejército Rebelde Ucraniano haya luchado contra el Ejército Rojo. Sí combatió a las tropas de la NKVD, precursora de la KGB, enviadas para reprimir a la población civil, falsamente llamada “banderista”, que llevaban adelante una amplia guerra de guerrillas contra el control soviético de la región. Probablemente, la figura de Bandera haya sido inflada por Stalin para justificar la represión, como la infla hoy Putin para justificar la agresión contra Ucrania. Stalin y Putin le están haciendo un gran favor a la extrema derecha en Ucrania al crear para ellos un “héroe”. Independientemente de las controversias sobre la historia, afirmar que la mayoría de los ucranianos colaboraron con Hitler es una falsificación total, estos sectores eran muy minoritarios. La gran mayoría del pueblo ucraniano combatió a muerte la invasión nazi.

La lucha contra el estalinismo y por el derecho a la autodeterminación continuó a lo largo de toda la historia de la URSS después de la guerra. Incluso bajo Brezhnev, hubo una fuerte política de rusificación de Ucrania, reprimiendo el uso del idioma ucraniano. Los levantamientos en los campos de prisioneros eran acusados ​​de ser organizados por “banderistas”, al igual que los trotskistas fueron acusados ​​de ser fascistas antes de la guerra. Y cruelmente reprimidos. Toda oposición al estalinismo en Ucrania fue llamada “banderista” y “nacionalismo burgués”, que habrían colaborado con el nazismo. Una mentira absurda, que tiene en la guerra actual su conclusión lógica. Esa minoría que de hecho colaboró ​​con el nazismo es ampliamente rechazada y hoy tiene un peso marginal. Minorías colaboracionistas, por cierto, existían en todos los países ocupados por el nazismo, incluso en Rusia (el general Vlasov, por ejemplo).

El fin de la URSS en 1991, como consecuencia de la inmensa revolución que derrocó al aparato estalinista soviético, supuso una nueva liberación de Ucrania, garantizando su independencia formal de Rusia. Una vez más, la lucha de las nacionalidades oprimidas contra la opresión rusa jugó un papel de primera magnitud en este proceso revolucionario. Pero los nuevos capitalistas rusos, que provenían del antiguo Partido Comunista y de la KGB, que habían restaurado el capitalismo en el país, jamás aceptaron esta nueva independencia de Ucrania.

A partir de 1999, con la llegada de Putin al poder, la burguesía rusa pasa a reafirmar su dominio sobre Ucrania y toda la región que había formado parte de la URSS. Rusia la chantajeaba cada invierno con la amenaza de cortar el suministro de gas a Ucrania si no aceptaba los aumentos de precios impuestos, lo que era insostenible para su economía. Esta política de Putin condujo a tres procesos: 1) el endeudamiento externo de Ucrania con Rusia, que exigía en pago el control de los gasoductos que atraviesan el país uniendo Rusia con Europa Occidental; 2) el endeudamiento de Ucrania con los acreedores occidentales para cubrir sus deudas con Rusia, aumentando su dependencia económica con EE.UU. y la Unión Europea; 3) Un sentimiento cada vez mayor de nación oprimida por Rusia y de indignación contra esta situación. El resultado de esta política fue empujar a Ucrania cada vez más hacia la Unión Europea, los Estados Unidos y la OTAN.

Cuando finalmente estalló la revolución ucraniana de 2014, la llamada Maidán, una vez más el pueblo ucraniano en lucha se encontró huérfano de una alternativa socialista que defendiese su derecho a la autodeterminación. Porque prácticamente toda la “izquierda” ucraniana, educada por el estalinismo, se puso del lado de Rusia, apoyando la dictadura de Yanukovich, que sería derrocado en las calles y barricadas.

Cualquier trabajador o joven que luchase en las barricadas contra el gobierno de Yanukovich era, por así decirlo, nacionalista. Pero solo una minoría de ellos era de extrema derecha.

Entonces, no es casual que existan corrientes de extrema derecha en Ucrania. La ausencia de fuertes corrientes socialistas que defiendan el derecho a la autodeterminación de Ucrania, junto con la propaganda de Putin y del estalinismo en torno a los “banderistas”, crean las condiciones, en el contexto de una crisis económica global, para el surgimiento de corrientes de ese tipo.

Pero, después de todo, ¿Ucrania es fascista?

A pesar de todas estas razones reales y concretas para un fortalecimiento del nacionalismo en Ucrania, lo cierto es que las corrientes de extrema derecha siguen siendo marginales en la realidad política del país. En las últimas elecciones presidenciales, en 2019, el candidato que unificaba a los grupos de extrema derecha alcanzó un mísero 1,6% de los votos. En las elecciones legislativas del mismo año, la lista unificada de la derecha nacionalista del país apenas alcanzó 2% de los votos, quedándose sin diputado en el parlamento del país, la Rada. De hecho, el peso de estas organizaciones ha ido disminuyendo a lo largo de los años. En las elecciones de 2012 para la Rada, incluso antes de Maidán, la extrema derecha había recibido 10,44% de los votos. En las elecciones de 2016, la lista unificada de la derecha nacionalista ya había caído a 6,4%, y en 2019, apenas a 2,15%. Una demostración de que el profundo sentimiento nacional del pueblo ucraniano por la independencia no se confunde con el fascismo.

En muchos otros países europeos, la extrema derecha tiene votaciones muy superiores a esta, como Vox en España (15% de los votos en 2019), Chega en Portugal (7% de los votos en 2022), Aurora Dorada[2] en Grecia (4,9 % en 2019), Alternativa para Alemania (10% en 2021), Partido de la Libertad de Austria (16% en 2019), etc. En Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen llegó a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de 2017. Por no hablar de Trump en EE. UU. o Bolsonaro en el Brasil… Y no por eso caracterizamos estos países como fascistas.

Quienes dicen que Ucrania es fascista argumentan que existe la presencia de sectores de extrema derecha dentro del aparato de Estado de Ucrania, e incluso dentro de sus Fuerzas Armadas.

Porque cuando Putin, reaccionando a Maidán en 2014, se anexiona Crimea y ocupa parte del Donbass con mercenarios, lo hace con poca resistencia por parte de las Fuerzas Armadas ucranianas, pues estas estaban destruidas, ya que eran leales al derrocado gobierno de Yanukovich, y en gran parte compuestas por oficiales prorrusos. Fue en el vacío de esta ausencia de fuerzas regulares que se formaron grupos de voluntarios para combatir contra la invasión rusa en el este del país. Estos voluntarios, a falta de una alternativa a la izquierda, se organizaron en grupos cuya única orientación ideológica era la independencia ucraniana y el nacionalismo. Estos grupos eran un gran paraguas, que cobijaba a todos aquellos que querían combatir por su país, con las más variadas posiciones. En este espacio también actuaban corrientes de extrema derecha, pero de ninguna manera dominantes. Las corrientes de izquierda, una vez más desaparecieron. Hubo entonces una política de la burguesía ucraniana de incorporar estos grupos nacionalistas a las Fuerzas Armadas regulares, con el fin de mantener su control sobre ellos.

El tantas veces citado Batallón Azov es parte de este proceso. Se formó en 2014 con voluntarios para combatir la agresión rusa en el Donbass, luego participó en la liberación de la ciudad de Mariupol, lo que le permitió ganar algo de autoridad. Luego fue incorporado a la Guardia Nacional ucraniana. Dentro de ella hay varias agrupaciones, siendo la principal el Cuerpo Nacional, de hecho, de extrema derecha.

O sea, el surgimiento mismo de este grupo de extrema derecha es resultado de la agresión rusa contra Ucrania, resultado directo de la política de Putin. Porque este Batallón Azov, acusado por Putin de promover un “genocidio” contra la población de lengua rusa en el este de Ucrania, está compuesto a su vez por personas “rusohablantes”, habitantes de la parte oriental del país.

Existe un debate en la sociedad ucraniana sobre si ilegalizar o no este batallón. El Batallón Azov cuenta con escaso apoyo político entre la población, a pesar de formar parte de las fuerzas que combaten la agresión rusa con armas en la mano. Este batallón lanzó recientemente su propia candidatura en las elecciones ucranianas y fracasó rotundamente, con una votación absolutamente inexpresiva. Según la BBC, el Cuerpo Nacional del Batallón Azov tiene hoy solo 400 combatientes. Llegaron a tener 800. Pero si con la guerra gana mayor autoridad en el país, será por entero responsabilidad de Putin, que es quien les da la oportunidad de aparecer como héroes ante el pueblo ucraniano.

Batallón Azov y Cuerpo Nacional, organizaciones de extrema derecha ucranianas.

Como corolario, en 2020 jóvenes ucranianos de extrema derecha celebraron el cumpleaños de Hitler en la ciudad de Kherson. Fueron detenidos, juzgados y condenados a prisión, donde permanecen hasta hoy. Lo que no combina con la leyenda de un “Estado fascista en Ucrania”.

La supuesta prohibición de los “partidos de izquierda” en Ucrania

Un argumento que también utiliza el estalinismo es que el gobierno ucraniano prohibió el Partido Comunista Ucraniano y ahora, con la guerra, prohibió varios partidos de “izquierda”.

En Ucrania, a diferencia de Rusia, existe la libertad de organización partidaria, conquistada en la revolución de 2014. Hay más de 300 partidos políticos registrados en Ucrania. De estos, a partir de la agresión rusa de 2014, se han prohibido un total de cuatro partidos. Pero no porque sean de izquierda. Fueron prohibidos el Partido Comunista Ucraniano y otros tres partidos de derecha. ¡No por su línea ideológica, sino por apoyar la dictadura de Yanukovich y su represión contra el pueblo, que costó más de 100 muertos, y por llamar abiertamente a Rusia a invadir con tropas su propio país!

Por si fuera poco, cuando Rusia se anexó Crimea y ocupó parte del Donbass con mercenarios, ¡estos cuatro partidos apoyaron y colaboraron con esta agresión rusa contra su propio país! ¿Qué país del mundo permitiría que, en medio de una agresión militar extranjera, los partidos pudiesen libremente apoyar y colaborar con el enemigo que ocupa militarmente su propio país?

Sin embargo, a pesar de la agresión rusa de 2014, los partidos prorrusos han participado libremente en las elecciones en Ucrania desde entonces. A modo de comparación, sería inimaginable que un partido pro-ucraniano participara en las elecciones en Rusia, donde el mero hecho de decir que Crimea debe ser devuelta a Ucrania se castiga con 20 años de prisión por extremismo…

Ahora, durante la guerra, otras organizaciones ucranianas dichas de izquierda fueron prohibidas. Veamos lo que dice un socialista ucraniano al respecto:

“Desafortunadamente, la ‘operación especial’ fortalece las tendencias autoritarias y nacionalistas en Ucrania. Pero si bien este proceso debe ser criticado, debemos recordar la esencia de estos partidos. Fueron prohibidos no porque fueran de izquierda, sino porque eran pro-Putin. Los partidos de izquierda que no son prorrusos no fueron prohibidos. (…) La lista de partidos prohibidos no se limita a los partidos de «izquierda» prorrusos. También incluye algunos de los partidos oligárquicos más influyentes, sucesores del Partido de las Regiones [el partido de Yanukovich]. (…) Entre los partidos prohibidos se encuentra el OPZJ, el mayor partido prorruso de Ucrania. (…) el Kremlin esperaba contar con él para formar un régimen de ocupación”[3].

Estos partidos fueron prohibidos no porque fueran de izquierda o socialistas, sino porque colaboraron con la invasión de su propio país y se prepararon para cumplir el papel de gobierno títere de Putin en caso de victoria de la ocupación.

Obviamente, siempre se puede argumentar que existe el riesgo de que la burguesía ucraniana se aproveche de la situación para restringir las libertades democráticas, reprimir las luchas y la organización de los trabajadores e impulsar las corrientes de extrema derecha. Incluso ha nombrado a un viceministro vinculado a las fuerzas de ultraderecha de 2017 a 2019. Pero ese riesgo hoy es muy relativo, por la correlación de fuerzas en el país, con la movilización masiva y el armamento de la población trabajadora para combatir la invasión. Llamamos al pueblo ucraniano a organizarse de forma independiente y a combatir con armas contra la ocupación rusa, así como a defender las libertades democráticas conquistadas por la Revolución de la Plaza Maidán en 2014, sin confiar ni en el Gobierno de Zelenski ni en organizaciones de extrema derecha.

Pero usar la existencia de corrientes marginales de extrema derecha como justificación para invadir Ucrania, así como equiparar el nacionalismo ucraniano con el fascismo, no pasa, como decíamos al principio, de una grande y burda mentira de Putin.

 El nazi-fascismo en Rusia

Por otro lado, si el peso de las corrientes de extrema derecha es marginal en la sociedad y el Estado ucranianos, lamentablemente no se puede decir lo mismo de Rusia. Los estudiosos del tema consideran que Rusia es el país con más militantes de extrema derecha y directamente fascistas del mundo. Si en Ucrania está el Batallón Azov, en Rusia está el Grom, el Rusich (que usa como símbolo el kolovrata, la esvástica eslava), la Unidad Nacional Rusa, The Hawks [Los Halcones], la DPNI, todos actuando con miles de paramilitares en el Donbass desde 2014. Hay fotos de estos grupos operando en Ucrania con la bandera valknut, símbolo de los supremacistas blancos.

Además de todos estos grupos de extrema derecha, también existen ejércitos privados y milicias de mercenarios vinculadas a los grandes oligarcas rusos, que defienden dictaduras en varios países, especialmente en Ucrania. Recomendamos leer sobre este mercado de la muerte aquí: https://litci.org/es/grupo-wagner-milicias-rusas-en-africa/

Kolovrat, la esvástica de los neonazis rusos.

Cada 4 de noviembre tiene lugar en ciudades rusas la Marcha Rusa, con activistas de extrema derecha, monárquicos, grupos directamente fascistas, antiinmigrantes, islamofóbicos, misóginos, racistas y homofóbicos. Mientras las manifestaciones de la oposición en Rusia son reprimidas con violencia, las Marchas Rusas se desarrollan bajo la protección de la policía y de la FSB, y cuentan con la asistencia de miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que por cierto apoya activamente la guerra contra Ucrania.

Moscú era considerada la ciudad con más skinheads [cabezas rapadas] del mundo, que atacaban a los inmigrantes en las calles, habiendo asesinado brutalmente a varios de ellos. Pero desde 2014, prácticamente no hay cabezas rapadas en las calles, ya que todos han estado “combatiendo” en el este de Ucrania.

Estos grupos de extrema derecha están directamente financiados por multimillonarios y miembros del alto escalón del gobierno de Putin, como Ragozin, hoy jefe de RosCosmos. Según The Conversation, el Kremlin mantenía estrechas relaciones con Russkii Obraz, un grupo neonazi que incluso participaba de discusiones en los canales estatales rusos de televisión.

Marcha Rusa, con el grupo nazi DPNI y la Iglesia Ortodoxa Rusa.

 

Neonazistas en la Marcha Rusa.
Marcha Rusa con bandera nazi y bandera imperial rusa.
Partido de los Nacionalistas, en la Marcha Rusa.

¿Por qué aquellos que se llenan la boca hablando de “fascismo ucraniano” guardan silencio sobre estos grupos fascistas rusos?

Como si no fuese suficiente, la policía rusa es profundamente racista, revisando a las personas en las estaciones de metro y trenes por su apariencia física, deteniendo a todos los que no son blancos, pidiendo documentos, especialmente a los inmigrantes del Cáucaso y de Asia Central. Este racismo se revela permanentemente en la vida cotidiana rusa.

En Rusia, al poner una propiedad en alquiler, es costumbre escribir en los anuncios «solo para eslavos», para que los caucásicos o asiáticos (por no hablar de los negros) no puedan alquilarlos. Esto en un país donde al menos 20% de la población es “no eslava”. Imagínese un país donde fuera normal alquilar apartamentos “solo a blancos”, o “no alquilo a judíos”. Pues en Rusia es exactamente así, y cualquier extranjero que haya vivido allí puede confirmarlo de buena fe. Este era un fenómeno marginal en la década de 1990 y se generalizó durante el período Putin.

Pero, desafortunadamente, el panorama es aún peor de lo que hemos descrito hasta ahora. La Guerra de Chechenia fue el momento clave para la afirmación de Putin como presidente. Fue Putin quien masacró el levantamiento de los chechenos por su autodeterminación en 1999, destruyó su capital Grozny y cerró a un acuerdo con el ultrarreaccionario clan Kadyrov para subyugar a toda la región con sus bandas fascistas.

En Chechenia hay campos de concentración para homosexuales, torturas, ejecuciones extrajudiciales, opresión violenta sobre las mujeres, represión brutal contra ateos, socialistas, sindicalistas, etc. Se reunieron un millón de firmas exigiendo que Rusia investigase las acusaciones. Esta petición fue ignorada por Putin. Kadyrov está por detrás de innumerables asesinatos de opositores y periodistas. Bajo su gobierno, no existe el derecho a la libre expresión ni a la libre organización. Gracias a Kadyrov, Putin recibe 99% de los votos en la región, en cada elección; un nivel típico de las dictaduras estalinistas, como en Corea del Norte y otros muchos ejemplos.

No es casualidad que, para reemplazar a los soldados rusos desmoralizados en Ucrania, Putin haya enviado a los carniceros de Kadyrov, quien declaró abiertamente que sus hombres no serían “blandos” con los ucranianos como los soldados rusos. La bravata duró poco. La resistencia ucraniana, aliada a los chechenos en el exilio, derrotó a los asesinos profesionales de Kadyrov, que regresaron desmoralizados a Chechenia, con numerosas bajas.

Pero no es solo Chechenia. En toda Rusia la represión es muy fuerte contra cualquier movimiento de protesta independiente. Solo hay cuatro partidos con representación legal, todos prorrégimen. No hay sindicatos libres. Todos los principales medios de comunicación son controlados por Putin. Las manifestaciones son fuertemente reprimidas. No hay partidos de izquierda legales, a excepción del Partido Comunista, que forma parte del régimen. Es un partido chovinista, nacionalista, militarista y clerical. Vinculado a los oligarcas y a la FSB, la policía política. La propuesta de reconocer la independencia de Lugansk y Donetsk provino del Partido Comunista, medida que dio inicio a la guerra. Todas las demás organizaciones de izquierda son ilegales.

Ahora, con la guerra, todo este cuadro ha empeorado, con la prohibición absoluta de cualquier protesta, penas de 15 años o más de prisión por un post en contra de la guerra, cierre de medios alternativos de comunicación, bloqueo de sitios web en internet, Facebook, Instagram, etc. A los medios rusos (y, de hecho, a cualquier ciudadano) incluso se les prohíbe utilizar el término «guerra» para definir lo que está sucediendo en Ucrania, y se les obliga a referirse al tema como «operación especial de liberación de Ucrania», lo que da un adelanto del régimen a la Chechenia que se extenderá por todo el país si Putin gana la guerra.

La ultraderecha mundial está con Putin

Putin es apoyado por Bolsonaro en Brasil, Viktor Orban en Hungría, Marie Le Pen y su Frente Nacional en Francia, Alternativa por Alemania, Liga Norte de Italia, Partido de la Libertad de Austria, Vox en España, Chega en Portugal, Aurora Dorada en Grecia, Steve Bannon, Partido Nacional Democrático de Alemania, Nueva Fuerza de Italia, Partido Nacional Británico, Partido de los Suecos, Partido de los Daneses, Liga por la Vida británico, Liga de la Lombardía Italiana, etc. Varios de estos partidos son incluso definidos como neofascistas en un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia. Porque todos apoyaron la anexión de Crimea, se opusieron a las sanciones contra Rusia, enviaron “observadores” a las “elecciones” y “referendos” celebrados en Lugansk, Donetsk y Crimea ocupados, afirmando su “legalidad, carácter democrático, imparcial y de acuerdo con las convenciones internacionales”. Defienden, como Putin, los “valores tradicionales”, contra los inmigrantes, las minorías étnicas, sexuales, religiosas, etc. Varios de estos partidos se reunieron en 2015 en San Petersburgo en el “Foro Conservador Internacional Ruso”, codo con codo con la extrema derecha rusa.

Ahora bien, si Putin, autócrata, xenófobo, misógino y homofóbico, estuviese realmente combatiendo el fascismo, ¿por qué tendría el apoyo de la extrema derecha en todo el mundo?

Lo cierto es que Putin tiene las manos sucias con la sangre del pueblo checheno, sirio, egipcio, libio, bielorruso, kazajo y ucraniano, entre otros. ¡Y sangre del pueblo ruso también! Putin ataca con violencia cualquier intento de liberación de los pueblos de la región que considera su “espacio vital”. Putin afirma abiertamente que Ucrania no tiene derecho a existir como nación independiente e implementa esta visión suya a través de una guerra de agresión. ¡La extrema derecha está en el propio Kremlin!

Si Putin realmente quisiese combatir el fascismo, tendría que “desnazificar” su propio país, a sus propios aliados, su propia policía y fuerzas armadas y, en primer lugar, ¡su propio gobierno!

Notas:

[1] Nos referimos aquí al fusilamiento de toda la dirección de estos partidos, después sustituida por funcionarios fieles a Moscú.

[2] Además, esta organización abiertamente neonazi declaró que Maidán fue una “conspiración sionista”.

[3] Un socialista ucraniano respecto de la prohibición de los partidos “de izquierda”. Taras Bilous, Sotcialniy Rukh.

Traducción: Natalia Estrada.