En los últimos debates ha salido al tapete la importancia de un límite fundamental impuesto por el “Acuerdo por la Paz” a la Convención Constitucional: la imposibilidad de cuestionar los Tratados de Libre Comercio.

Por Christian Leiva

Los Tratados de Libre Comercio, los TLC, nos parecen algo un poco lejano ¿En que nos puede afectar un Tratado de Libre Comercio? ¿Por qué la Convención Constitucional tendría que cuestionar los TLC? ¿Qué tiene que ver un TLC con la Constitución?

La historia de las relaciones comerciales de este país con el resto de los países del mundo, nos muestran que cada compromiso firmado por el Estado chileno en acuerdos o tratados comerciales ha tenido y sigue teniendo una repercusión enorme para la economía nacional y concretamente para el bolsillo de cada familia de este país. Tanto para las miles de familias trabajadoras que se ven golpeadas por las debacles que provocan estos compromisos comerciales como también para las diez familias más ricas para quienes los Tratados de Libre Comercio les ha permitido extender sus negocios al Mercado Mundial a cambio de entregar las riquezas de este país, abriendo la economía a la “inversión” extranjera. Para comprender como funciona Chile hoy es preciso hacer un pequeño recorrido por la historia de las relaciones comerciales de “nuestro” país.

Pequeña historia de las relaciones comerciales neoliberales de Chile

El primer giro drástico de las relaciones comerciales con otros países se produce tras el golpe militar de 1973. Antes de ello primaba un criterio de protección de la industria local, manteniendo altos impuestos a todas las mercancías que entraban a competir con la producción nacional. Durante la Dictadura, por imposición del sistema capitalista mundial y como parte del experimento neoliberal, el estado chileno decreto unilateralmente la rebaja de los impuestos a todos los productos que venían del extranjero.

Esto fue un desastre. Dejó a la economía productiva nacional expuesta totalmente al capital extranjero. Entraron alimentos, textiles y todo lo que producía la industria nacional mucho más barato. En medio de ese desastre la Dictadura regaló a manos llenas las empresas del Estado. Gran parte del sistema productivo industrial dejó de existir. Quebraron cientos de empresas. Creando un inmenso desempleo, hambre y carestía.

Ello produjo el rápido ascenso de un sector de la burguesía, de los que se quedaron con las empresas estratégicas de este país: el Mineral, los bosques, los mares y de los que como Piñera se fortalecieron desde el área especulativa: La industria ya no era el negocio sino la venta y compra de empresas y la relación servicial con las empresas extranjeras que tenían chipe libre para “invertir” en Chile.

Continuando con el experimento neoliberal del capitalismo, durante los famosos 30 años de Democracia Empresarial, el Estado chileno suscribió más Tratados de Libre Comercio que cualquier otro país del mundo.

Es decir, el saqueo tomó una forma más elegante, se suscribió un contrato, una forma legal.  A través de estos tratados, el grupo de empresarios que hoy domina el Estado chileno comenzó el año 1996 negociando con los empresarios que manejaban el Estado Canadiense y luego con México y así hasta completar los 26 acuerdos comerciales vigentes que cuelgan sobre el pecho de este campeón del neoliberalismo, estos tratados incluyen a Estados Unidos, a la Unión Europea y a China.  Obviamente en lo que coinciden los empresarios de todos estos países se suscriben un Tratado es en proteger las áreas de la economía que ellos manejan y luego negociar para rebajarse mutuamente el impuesto o arancel de los productos que entran a competir con el resto de la empresa nacional.

Los impuestos que cobraba Chile ya eran bajos. Con los Tratados los impuestos se rebajaron aún más. Imaginemos una negociación con Estados Unidos o con Japón, esta discusión entre empresarios chilenos y Norteamericanos adquiere otra dimensión, el oponente es una economía fuerte que maneja a los empresarios chilenos como a muñecos. Obviamente la economía chilena se abre a grandes forados, para permitir la participación de empresarios norteamericanos en Chile. La economía norteamericana en cambio, abre los espacios justos para que quepan “nuestros” burgueses locales que llevan adelante la negociación.  Y la rebaja de impuesto en Estados Unidos tendrá bajo o poco impacto mientras para Chile esa rebaja significa un nuevo sacrificio para la economía local.

Así asistimos por ejemplo a la muerte de Iansa en Linares, el azúcar que se importaba era más barata de la que esta podía producir. Así por ejemplo, en la actualidad, más del 90% del aceite que consumimos nos lo venden empresas extranjeras porque ya no existen empresas en Chile que lo produzcan, pequeños sacrificios de los tratados de libre comercio.

Curiosamente las empresas más favorecidas con los TLC, son las de las diez familias más ricas de este país, a cambio de  llevar sus productos al mercado Internacional han permitido el saqueo del Agua, del Cobre, del Litio, del Bosque, del Mar.

Con los TLC todas las áreas de la economía quedan expuestas a la cruda competencia, salvo unas pocas, que quedan protegidas. Adivine cuales?

Se benefició por ejemplo el negocio Forestal de Angelini y Matte, que se realiza a costa de la militarización de los territorios Mapuches. También la Industria Pesquera, que dictó a los políticos financiados por ellos la ley a su antojo y recibió la protección del Estado, fijando aranceles altos para los productos de la Industria Pesquera Internacional que ingresan a Chile.

Por otra parte, el empresario nacional que pretende surtir de  cobre o litio las necesidades del inmenso mercado chino debe extraer una cantidad de  mineral mucho mayor a las necesidades del mercado local, así también los empresarios de la pesca o las forestales. Deben además vender a precios competitivos, por lo que para mantener sus ganancias deben vender cada vez más cantidad, entrando en una espiral de extractivismo que lleva al sacrificio ambiental. La otra cara de esta medalla es la inversión extranjera, para la cual el Estado está obligado a través de los compromisos firmados en los Tratados comerciales a rebajar las trabas, exigencias y toda regulación medio ambiental para facilitar la ganancia que el empresario multinacional espera obtener al invertir en Chile. Tal como mostró el gobierno de Bachelet que, saltándose un fallo de la Corte Suprema, permitió la construcción de una termoélectrica a carbón en la saturada Puchuncaví para  beneficiar a la empresa norteamericana AES.

La sombra de las corporaciones multinacionales se expande

Decíamos que un TLC era una negociación entre empresarios o entre representantes de empresarios, pero con la salvedad que no se representan a sí mismos sino a sus respectivos Estados. Este Estado del que se sirven a sus anchas porque está hecho a su medida, ya no es más soberano. Sino el responsable de asegurar el cumplimiento de las leyes establecidas en los Tratados de Libre Comercio bajo la cruz sacrosanta del Mercado Mundial. El Estado Nacional se vuelve un paco al servicio de las trasnacionales.

Pero el Mercado Internacional también ha ido evolucionando. En una primera época los Tratados Internacionales sólo consideraban el intercambio de los productos, de las mercancías a nivel global y la regulación de  las inversiones extranjeras

Pero, poco a poco se fue ampliando este mercado de las mercancías hacia otras áreas, se agregaron obviamente las semillas, los derechos sobre la propiedad intelectual y el transporte. Pero el más significativo para las/os trabajadoras/es es que  el mercado mundial comienza poco a poco a regular   el Trabajo a nivel Internacional, el comercio de Servicios.

Cada vez más, las empresas internacionales tienen sus sucursales en donde más le convenga. Así, una zapatilla se puede armar aquí o en la China, o una parte aquí y otra en la China, si eso significa un menor costo en la producción. Cuestión que normalmente se asocia a la mayor explotación de los trabajadores. Menores salarios, sobrecarga laboral, inestabilidad, subcontratación, ejércitos de reserva esperando una oportunidad de trabajo, crean las condiciones para que la producción sea más barata.

Se nos dice “Chile es un país abierto a la Economía extranjera”, es decir que gran parte del mercado local es manejado por Empresas Internacionales. Por ejemplo, hoy  nos contrata una empresa Alemana, Norteamericana, China o cualquiera con la que este país haya firmado un Tratado de Libre Comercio, vendiendo así la entrada al mercado local, es decir a ese que movemos y echamos andar nosotros.

Es la  Organización Mundial del Comercio, la OMC,  la que regula el Mercado Mundial. Allí se reúnen a transar bajo las reglas capitalistas, los fieles representantes de los estados empresariales de todos los países del Mercado. Allí van creando e imponiendo un marco regulatorio global que después suscriben en tratados, dos o más países. Desde la OMC se impulsa y regula el Mercado de la Carne humana, el mercado de la contratación Internacional. Poco a poco esta parte de la Economía Global ha ido creciendo en importancia y precisa ser regulada con una mirada también global y no ya desde lo local de cada país.

Obviamente a los empresarios internacionales les conviene regular a su favor,  es decir le conviene una masa de trabajadores con menores derechos con el fin de imponer  así menores salarios, sobrecarga laboral, inestabilidad, subcontratación, asegurando de esta  manera las condiciones para que los trabajadores produzcan al menor costo posible.

Los Tratados de Libre Comercio, sacan la legalidad de la cancha nacional. Los Juzgados Laborales locales y toda la legalidad que regula nuestro comportamiento en este país, es válida para nosotros pero no para nuestros patrones internacionales. Si los trabajadores del Call Center de tal Empresa china que controla el Mercado de la Energía Eléctrica obtuviera un juicio favorable de las cortes laborales de este país. Esos empresarios podrían impugnar ante cortes internacionales ese juicio. Apelando a los compromisos contraídos en el TLC por este país que le aseguran su derecho a la ganancia. El burgués chino podrá acusar al Estado porque su decisión dañó este preciado derecho  ante una especie de corte Internacional presidida por la misma OMC. Ella decidirá finalmente que se debe hacer en este caso. Por ejemplo, mandatando al Estado a compensar al empresario dañado por la perdida que provocó. Haciendo valer el derecho establecido en los Tratados de Libre Comercio  suscritos por el Estado Chileno.

Si eso no es perder la soberanía, no sé que cosa puede ser.

Un ejemplo palpable de esto es el capítulo vivido tras el tercer retiro y su consecuencia con las Aseguradoras de Rentas Vitalicias. Hace un mes la Aseguradora norteamericana Ohio acusó a Chile “de expropiación y de faltas al trato justo debido a los inversionistas”. De acuerdo a lo establecido en el TLC  firmado con Estados Unidos, la compañía Ohio notificó a Cancillería echando a andar por primera vez para Chile el mecanismo de resolución de controversias internacionales, ya que se siente dañado por  la ley que permite retirar fondos de Rentas Vitalicias. Ojo que se está impugnando una Ley, decretada con todos los mecanismos de la legalidad burguesa, incluido el Tribunal Constitucional, la espada guardiana del Neoliberalismo nacional.  Esta Empresa le pide al Estado que en primer lugar se sienten a negociar la indemnización. Si no resulta esta negociación la Aseguradora puede ir escalando en instancias internacionales.

Hoy el Grupo Zurich, siguió el ejemplo echando a andar el mismo mecanismo establecido en el TLC suscrito entre Chile y Suiza. De la misma forma podría actuar cualquier empresa extranjera si recuperamos el agua que está en sus manos o el cobre. Lo que pondría al Estado de rodillas ante los empresarios trasnacionales que hacen su negocio en nuestro país. Frenando cualquier iniciativa progresista que sea arrancada a la legalidad vigente como un Cuarto retiro o como la Recuperación del Agua.

El TPP11, es un Tratado de última generación, es decir que perfecciona en favor de las trasnacionales el marco legal, agregando algunas cosillas que se omitieron en tratados anteriores y modificando otras en función de la experiencia de los tratados anteriores.

Los Tratados de Libre Comercio y la Constitución

El carácter jurídico Internacional de los Tratados de Libre Comercio es que son superiores jerárquicamente a todas las leyes y que sólo es inferior a una Constitución. Sólo una Constitución vale más que los tratados de libre comercio que nos esclavizan cada vez más y que enriquecen aún más a los que venden nuestros recursos y nuestras pieles al mercado internacional.

Y si sólo la Constitución es superior a un Tratado de Libre Comercio y si la Convención que redactará la Constitución no puede decir lo que se debe o no se debe hacer con los TLC porque así lo estableció el Acuerdo por la PAZ, entonces ¿quién puede hacerlo?

¿Es soberanía o no que la Constitución determine qué hacer con los Tratados de Libre Comercio siendo la única que puede, de acuerdo con el propio Derecho Internacional Burgués?

¡Que la Convención sea soberana, saltándose el torniquete de la ley 21.200 y el Acuerdo por la Paz!

¡Que revise y anule los Tratados de Libre Comercio!