¡Todo el apoyo a las protestas populares en Irán!¡Fuera Khamenei, Israel, Estados Unidos y Pahlavi! ¡Por un poder obrero y popular democrático!
El 28 de diciembre, los comerciantes de Teherán, llamados “bazarii”, cerraron las puertas en protestas contra la crisis económica (inflación altísima y fuerte devaluación de la moneda nacional, el rial) y la política neoliberal que beneficia solo a algunos sectores capitalistas vinculados al régimen y amplia la desigualdad social.
Al día siguiente, los estudiantes universitarios se unieron a las protestas. A partir de ahí el movimiento creció incorporando al pueblo trabajador arruinado por la inflación, a las clases medias proletarizadas, a las nacionalidades oprimidas hasta sectores medios representados por “bazariis”. Y se expandió por todo el país,incluso para las pequeñas ciudades del interior y también para las regiones donde viven las nacionalidades oprimidas. En comparación con la última gran ola de protestas impulsada por las mujeres y la juventud llamada “Mujer, Vida y Libertad” en 2022-2023 tras el asesinato de Mahsa Amini, las protestas en Teherán y en las grandes ciudades no son tan masivas, pero la extensión nacional es mucho más amplia.
El sentimiento generalizado entre los manifestantes y la población en general es que la situación de crisis económica y represión no tiene solución más que con la caída del régimen. En 2009, en la llamada revolución verde, el sentimiento mayoritario era reformar el régimen desde dentro y democratizarlo. Pero esa revolución fue derrotada y con ella, las perspectivas de reforma desde dentro del régimen se debilitaron cualitativamente.
Debilitado pero no derrotado
Hoy el régimen iraní está debilitado tanto por la situación económica, que es fruto de las pesadas sanciones imperialistas contra el país y de la política económica neoliberal que privilegia a una minoría de capitalistas dentro del régimen, como por la pérdida de popularidad del régimen entre la población trabajadora iraní, duramente afectada por la desigualdad social y la falta de libertades democráticas.
Aun así, el régimen actúa para impedir la masificación de las protestas y la aparición de rupturas dentro del propio régimen. Por un lado, propuso pequeñas compensaciones a los “bazarii” y un bono de 7 USD para las familias. Por otro lado, cortó internet e inició una represión a gran escala que ya ha resultado en 500 muertos y miles de heridos que llenan los hospitales..(1)
Además del apoyo de los grandes capitalistas y del alto clero chií, el régimen cuenta con la policía, el ejército, las milicias Basij y, principalmente, con la Guardia Revolucionaria (llamada Pasdarán o por sus siglas en inglés IRGC).
La Guardia Revolucionaria es un ejército paralelo con las armas más avanzadas de las que dispone el régimen iraní. Cuenta con unos 125 mil integrantes, entrenados y armados, con salarios superiores a los de los miembros de otras fuerzas policiales y militares. Su financiamiento proviene del control de aproximadamente el 50% de los ingresos del petróleo, además de su participación en varios otros sectores económicos importantes como la construcción, las comunicaciones y la agroindustria. Sus dirigentes son designados directamente por el Ayatolá Jamenei. Recientemente, el 31 de diciembre, el Ayatolá Jomeiní designó a su simpatizante Ahmad Vahidi como vicecomandante. A finales del siglo pasado, ellos recibieron autorización para participar en las elecciones y, en 2005, eligieron a Mahmoud Ahmadineyad como presidente
La Guardia Revolucionaria también cumple un papel muy importante en moldear la política exterior del país. La Fuerza Al-Quds, una tropa de élite, esta construyó y financió alianzas en otros países que constituyeron el llamado “eje de la resistencia”, que hoy está debilitado por la caída del dictador Bashar al-Asad y el debilitamiento del partido político libanés Hezbolá.
El futuro de Irán es clave para Asia Occidental (Medio Oriente)
La situación regional está marcada por la ofensiva imperialista e israelí para moldear un llamado “Nuevo Medio Oriente” bajo hegemonía israelí
Sin embargo, las otras potencias regionales se resisten a este objetivo y buscan una relación privilegiada con los Estados Unidos al margen de la hegemonía israelí. Además de Arabia Saudita (con el apoyo de la mayoría de los países del golfo, excepto los Emiratos Árabes Unidos), están Turquía e Irán.
El cambio de la política exterior iraní, con o sin caída del régimen, es de interés del imperialismo estadounidense siempre y cuando Irán salga de la influencia político-económica del imperialismo chino (que se beneficia del petróleo barato iraní) y acepte un pacto neocolonial que ponga el petróleo iraní bajo control de las petroleras estadounidenses, así como subordine al régimen iraní a la hegemonía israelí sobre la región.
Pero no es del interés del imperialismo estadounidense que Irán se sumerja en el caos en medio del cual la Guardia Revolucionaria posee misiles balísticos y la posesión de 400 kilos de uranio enriquecido. Esta cuestión puede llevar al imperialismo estadounidense a negociar con el régimen iraní el fin del programa nuclear y del programa de misiles balísticos a cambio del fin total o parcial de las sanciones, en el espíritu del acuerdo neocolonial impuesto al régimen venezolano.
Tampoco es de interés estadounidense que una nueva revolución obrera y popular derribe el régimen y sirva de punto de apoyo para las luchas en toda la región, en particular para la resistencia palestina.
El régimen saudita está particularmente preocupado por los avances israelíes en la región, lo que incluye la alianza israelí con los Emiratos Árabes Unidos. Recientemente, Israel fue el primer país en reconocer a Somalilandia con el objetivo de establecer bases militares en el país y controlar la entrada sur del mar Rojo. Al mismo tiempo, el régimen de los Emiratos Árabes envió más armas y recursos a la organización yemení Consejo de Transición del Sur (STC) para que controlara una gran área del país entre el océano Índico y la frontera con Arabia Saudita. El régimen saudí bombardeó embarcaciones que transportaban armas y recursos de los Emiratos Árabes Unidos para el STC en el puerto de Al-Mukalla y dio un plazo de 24 horas para que las fuerzas de los Emiratos Árabes Unidos salieran de Yemen.
Para inviabilizar la hegemonía israelí y hacer que Medio Oriente sea multipolar, el régimen saudí normalizó las relaciones con Irán en 2023, firmó un pacto de defensa mutua llamado SMDA, inspirado en el artículo 5 de la OTAN, con Pakistán (que posee armas nucleares) en septiembre de 2025, y un pacto militar e industrial con Turquía en enero de 2026.
¿Quién lidera las protestas?
La prensa internacional ha llamado la atención sobre la única personalidad iraní que aparece disputando el liderazgo de estas protestas. Se trata de Reza Pahlavi, el hijo del último sha de Irán que fue derrocado en la revolución de 1979. Por un lado, la popularidad del hijo del Sha es bastante minoritaria, pero crece dentro y fuera de Irán (excepto entre las nacionalidades oprimidas del país que lo odian). Por otro lado, su pasado lo condena. La memoria colectiva de las atrocidades del régimen del Shah derrocado en 1979 permanece en la conciencia popular, que no quiere sustituir la dictadura de los Ayatolás por una nueva dictadura monárquica.
Además, el apoyo criminal brindado por Pahlavi a la cobarde agresión israelí y estadounidense contra Irán en junio de este año también lo coloca en contra del sentimiento de la amplia mayoría de los iraníes, que no ve en Israel ni en Estados Unidos un aliado para mejorar sus condiciones de vida o para conquistar libertades democráticas dentro de Irán. Por el contrario, tanto Estados Unidos como Israel son vistos como enemigos cuyo “apoyo a las movilizaciones” es oportunista y tiene como objetivo engañar al pueblo iraní para implementar su agenda de hegemonía regional e internacional.
Es necesario construir un nuevo liderazgo a partir de la clase trabajadora, sin ningún vínculo con Reza Pahlavi, Israel o Estados Unidos. Un nuevo liderazgo que impulse la construcción de consejos obreros y populares en cada barrio y en cada ciudad para ampliar las movilizaciones e influenciar en la base de las fuerzas de seguridad para dividirlas, abriendo el camino para la caída del régimen por manos de la clase trabajadora.
La principal ausencia es de un partido obrero y revolucionario totalmente vinculado a los intereses de la clase obrera y del pueblo trabajador. Varios sectores de izquierda tuvieron una actuación muy importante durante la revolución democrática de 1979. Para impedir que la revolución tomara un rumbo anticapitalista, el Ayatolá Khomeini tuvo una política deliberada de aislar y eliminar todas las fuerzas de izquierda a quienes llamaba apóstatas («mortads» en lengua farsi) o hipócritas («monafeqin»). Esta política culminó con la ejecución de 5.000 activistas de izquierda, dentro de prisiones iraníes a finales de los años 80, poco antes de la muerte del ayatolá Khomeini a instancias de un juez aliado llamado Ebrahim Raisi que, muchos años después, se convertiría en presidente de Irán. Estas ejecuciones debilitaron cualitativamente a las fuerzas de izquierda dentro del país.
Pero esto no impide la construcción de un nuevo partido obrero revolucionario para, que en el calor de la ola de protestas, impulse la autoorganización independiente de la clase trabajadora rumbo el poder.(2)
NOTAS:
(1) El régimen asesinó a unas 300 personas, la mayoría mujeres, en la represión a la ola de protestas “Mujer, Vida, Libertad” iniciada en 2022 tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia de la policía de la moral, por el uso indebido del hiyab (velo).
Un año después del inicio de las protestas, el régimen iraní aprobó una “ley de la castidad” que imponía durísimas sanciones a las mujeres que no usaran correctamente el hijab. De esta manera, asesinando manifestantes e imponiendo leyes abusivas, el régimen iraní demostró que el control sobre la vestimenta femenina es una cuestión estratégica para la supervivencia de este impopular régimen.
(2) En 1988, el ayatolá Khomeini emitió una Fatwa para ejecutar a los activistas de izquierda encarcelados. Los hombres eran ahorcados y las mujeres azotadas cinco veces al día hasta que renunciaban al marxismo o morían. La mayoría de las víctimas fueron enterradas en el ala de los «malditos» (La’Natabad) en el cementerio de Khavaran, en la parte oriental de la capital, Teherán. Las familias de las víctimas («Familias de Kharavan») celebran tributos en el cementerio y son reprimidas por los milicianos del régimen. Hasta hoy, luchan por el reconocimiento a las ejecuciones arbitrarias y por el castigo a los responsables.




