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Venezuela

Terremotos sacuden Venezuela. Solidaridad absoluta con el pueblo trabajador afectado

Leonardo Arantes

junio 26, 2026

Unidad Socialista de los Trabajadores.

26 junio, 2026

El pasado miércoles 24 de junio de 2026, día en el que se conmemoraba un aniversario más de la célebre Batalla de Carabobo, que sellara la independencia del país de la corona española, aproximadamente a las 6:04 de la tarde, dos fuertes sismos de 7.2 y 7.5 en la escala de Richter, sacudieron al país, con apenas 39 segundos de diferencia entre uno y otro, en un fenómeno de ocurrencia poco común, conocido como Doblete Sísmico.

Los epicentros de tales movimientos telúricos estuvieron ubicados en el estado Yaracuy, en el centro occidente, a unos 168 kms. de la capital; y estos se sintieron en casi toda la geografía nacional, afectando mayormente la zona central del país, principalmente a la ciudad capital Caracas y al estado La Guaira; aunque también se produjeron graves afectaciones en los estados Miranda, Aragua, Carabobo, Falcón, Zulia, Yaracuy, Lara, entre otros. El evento sísmico también se sintió en otros países.

Solidaridad absoluta con las víctimas y el pueblo trabajador afectado

Las cifras oficiales hasta ahora reportan cerca de unas seis centenas fallecidos y cerca de  tres mil heridos (589 fallecidos y 2.980 heridos), aunque se estima que el número de victimas, entre fallecidos, heridos, desaparecidos y damnificados, podría superar los diez mil la gran cantidad de edificaciones derrumbadas (edificios y casas), tanto residenciales, de hospedaje y comerciales y obviamente la existencia de una gran cantidad de personas tapiadas bajo los escombros, hacen prever que el número de victimas lamentablemente se acercará o superará la cifra estimada.

Desde la Unidad Socialista de los Trabajadores (UST), expresamos nuestra más absoluta solidaridad con las víctimas y el pueblo trabajador venezolano afectado por este desastre natural, nos unimos al profundo dolor que hoy embarga a las familias venezolanas, a causa de la gran cantidad de pérdidas humanas y materiales, principalmente de viviendas.

A los trabajadores y sectores populares que han sufrido pérdidas fatales, como muerte de familiares y heridos, a las más de 27 mil personas damnificadas le enviamos un abrazo solidario y le hacemos llegar un mensaje de aliento y fuerza ante tan lamentable tragedia.

Desastre natural y tragedia social

Es un hecho claro e innegable que los desastres naturales son muchas veces inevitables e imprevisibles, como es el caso de los sismos. Sin embargo las políticas implementadas por los Estados, en materia social y de prevención de desastres; antes, durante y después  de su ocurrencia hacen que los efectos o consecuencias de los mismos se minimizen o se agraven.

Los recientemente acontecidos en Venezuela, encuentran al país en un contexto de verdadera tragedia social, que ahora se agrava con los mismos y que a la vez, en un proceso que se retroalimenta, magnífican las efectos nocivos de estos.

Años de desinversión en materia social (más de dos décadas), aunado a la corrupción (y también en gran medida a causa de esta), el robo de los recursos provenientes de las exportaciones petroleras, así como el destino prioritario de estos para garantizar las ganancias de las transnacionales del sector y los pagos de deuda externa, han sumido al país en una catástrofe social.

El país se encuentra en condiciones precarias, con los servicios públicos por el suelo y toda su infraestructura cayéndose a pedazos. Los hospitales y centros de salud están destruidos y carecen de medicinas e insumos para atender y curar pacientes normales y emergencias comunes, ni se diga los provenientes de un desastre natural. Por su parte los servicios de prevención y atención ciudadana de emergencias, carecen del personal suficiente y de los equipamientos necesarios para enfrentar este tipo de desastres, tales como implementos de seguridad, herramientas y maquinaria pesada para la remoción de escombros. Además hay que señalar la casi completa carencia de programas de prevención y educación en materia de enfrentamiento de desastres naturales.

A esto se suma la falta de agua (una ciudad como Cumaná, lleva más cuatro meses sin agua), los constantes y cada vez más largos cortes energía eléctrica (apagones), la falta y total precariedad del transporte público, la escasez de gasolina, gas, entre otros servicios esenciales.

A esto hay que añadir la aplicación de un brutal paquetazo que mantiene a millones de trabajadores activos, jubilados y pensionados devengado salarios y pensiones de hambre y miseria.

Entonces mientras el país padece las consecuencias de la reducción del gasto social, de la desinversión en materia productiva de infraestructura y de prevención de desastres, de las abusivas sanciones implementadas por EE.UU. y de la aplicación de un paquete que descarga la crisis económica sobre las espaldas de los trabajadores; el gobierno avanza en un pacto con Trump y la patronal FEDECÁMARAS, para profundizar la entrega de nuestros recursos naturales, consolidar una relación casi colonial con la principal potencia imperialista del mundo, y además seguir bonificando y destruyendo el salario y las pensiones, ejecutar despidos en la administración pública, mediante un plan de reestructuración estatal encargado Héctor Rodríguez, eliminar las prestaciones sociales y reducir al mínimo o directamente cercenar los conceptos de utilidades, aguinaldos y vacaciones, a través de la reforma la Ley Orgánica del Trabajo, a instancias y en beneficio del empresariado privado nacional y foráneo.

Cabe decir, que un movimiento sísmico tan fuerte como el que acaba de azotar al país, no hace distinciones de clase al momento de afectar a la población y cobrar víctimas, sin embargo, es la población trabajadora, habitante de los sectores populares la que padece de manera más cruda sus terribles efectos debido a las precarias condiciones sociales en las que viven.

Recursos para atender la emergencia y a las víctimas. Denunciamos la hipócrita «ayuda» de EE.UU. e Israel.

Desde la UST, exigimos al gobierno de Delcy Rodríguez, que todos los recursos del Estado deben ser puestos a disposición para atender la actual emergencia y a las víctimas de este desastre natural, así como la tragedia social que padece el pais,. El gobierno debe colocar todos los recursos del Estado a disposición para las labores de rescate.

Es sabido que, el gobierno interino, inyecta a través del Banco Central de Venezuela (BCV), recursos a la banca privada, para subsidiar al empresariado privado (más de 5500 millones de $ en los últimos cinco meses), lo cual no ha servido para frenar la devaluación monetaria (el Bolívar continúa devaluándose aceleradamente con respecto al Dólar), sino para enriquecer a las transnacionales y el gran empresariado nacional. Exigimos que está sangría sea paralizada de inmediato y todo ese dinero se destine a las labores de atención de la emergencia, tanto de rescate de personas hoy atrapadas bajo los escombros, como de atención integral de las víctimas.

De igual manera denunciamos como hipócrita la «ayuda» de EE.UU. Este país, que mantiene duras y severas sanciones contra Venezuela y que hace apenas seis meses perpetró una invasión militar contra nuestro territorio (con bombardeos incluidos), y que recientemente volvió a efectuar bombardeos en territorio nacional, ahora anuncia, la aprobación de un paquete de «ayuda humanitaria» para Venezuela tras los desvastadores terremotos.

Esto es una desfachatez de marca mayor, cuando se sabe que más de 6.685 millones de $ han ido  parar a las arcas nortemericanas producto de las «ventas controladas» por EE.UU. del petróleo venezolano, es decir, de ese dinero que es proveniente de la comercialización de nuestros recursos, el ultraderechista Donald Trump, decide cuanto nos asigna para atender una emergencia de desproporcionada magnitud.

Al gobierno de EE.UU. le exigimos que levante todas las sanciones que aún mantienen sobre la economía venezolana, en especial las concernientes a materia financiera y petrolera. Exigimos que los todos los recursos provenientes de la venta de nuestros recursos petroleros y minerales sean liberados de manera absoluta y permanente, y destinados a la atención de los familiares de las víctimas, a la adquisición de la maquinaria, las herramientas y los implementos necesarios para la remoción de escombros y el rescate de las personas atrapadas entre los mismos, la reconstrucción de la infraestructura pública (carreteras, hospitales, escuelas, plazas) dañada, de las viviendas de las personas que quedaron en condición de damnificados, entre otras medidas esenciales en este momento.

También consideramos una completa hipocresía la «ayuda» del Estado Nazi – Sionista de Israel, quien envía «ayuda humanitaria», mientras de manera simultánea lleva adelante un brutal genocidio en la franja de Gaza y toda Palestina, así como recientemente protagonizó en conjunto con EE.UU. una invasión contra el pueblo iraní.

Exigimos a los gobiernos del continente y del mundo una ayuda humanitaria material, real, incondicional, suficiente y efectiva.

De otro lado, las grandes y medianas empresas nacionales y transnacionales hoy hacen alardes de humanidad y publican comunicados y notas de solidaridad con las víctimas del terremoto y sus familiares, así como notas uniéndose al duelo nacional. Sin embargo, consideramos pertinente que apoyen económicamente (y el gobierno debe también exigir y ser garante de esto).

Las empresas privadas de la construcción deben poner a disposición del Estado su maquinaria pesada y equipos para remoción de los escombros y el rescate de las personas que todavía permanecen atrapadas bajo estos, las clinicas privadas deben abrir sus emergencias de manera gratuita para la atención de los heridos y afectados por la tragedia natural, los grandes hoteles deben disponer de habitaciones para hospedar a las personas damnificadas y sin viviendas, las empresas productores de alimentos deben donar sus productos para la alimentación de los afectados, entre otras, la banca pública y privada debe condonar deudas a las víctimas del desastre y sus familiares. Es así como se materializa una ayuda humanitaria efectiva.

Exigimos a la banca internacional y los acreedores la condonación de la deuda externa pública del país, la cual se ha calculado recientemente en 240 mil millones de $.

Por último el llamado es a las organizaciones obreras, populares, estudiantiles , entre otras (sindicatos, Llamamos a todos los sindicatos, corrientes sindicales, consejos comunales, centros de estudiantes y demás organizaciones populares) a organizar toda la acción solidaria con las víctimas y las familias afectadas, constituyendo centros de acopio y garantizando bajo su control, la correcta distribución de la ayuda saliendo al paso a la corrupción de la burocracia gubernamental.

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