Mié Ago 10, 2022
10 agosto, 2022

Sri Lanka: la segunda victoria del pueblo

La rebelión en Sri Lanka, que ocurre desde marzo, ha devastado la dinastía Rajapaksa. El presidente Gotabaya Rajapaksa se vio obligado a huir del país. Debemos afirmar que esta es una tremenda victoria que muestra la fuerza del movimiento obrero de masas. Después del Ecuador, es la continuación del ascenso de las olas revolucionarias que levantan a los trabajadores del mundo y asustan a las clases dominantes.

Por: Esat Erdoğan de Turquía

Ubicado en el sur de la India, este hermoso país insular ha sufrido un gran colapso económico debido a la mala gestión de los gobiernos capitalistas depredadores, especialmente de la familia Rajapaksa. Las consecuencias de la mala gestión se sumaron a la crisis provocada por la pandemia del Covid, y el país no pudo pagar su deuda externa. Las reservas de divisas están casi agotadas. Sin dinero, la importación de productos básicos, aceite de cocina, leche, medicinas, papel, fertilizantes y combustible casi se detuvo, y muchos productos básicos se agotaron. Los cortes de luz alcanzan las 13 horas diarias.

La primera rebelión contra estas condiciones insoportables comenzó a fines de marzo. Los trabajadores se declararon en huelga en varios sectores, especialmente en la educación, electricidad y salud. Los manifestantes ocuparon espacios vacíos frente a la oficina presidencial durante todo el mes de abril. A principios de mayo, la primera ministro Mahinda Rajapskaya no soportó las protestas y tuvo que renunciar. Esta fue la primera victoria de las masas.

En junio, el gobierno anunció que se había acabado el combustible. La rabia se desató cuando anunció que no entregaría combustible hasta el 10 de julio, excepto en caso de emergencia. Pero si no había combustible, no había trabajo y no había pan. El 9 de julio, la manifestación en la capital Colombo se convirtió en rebelión. La gente no respetó el “toque de queda”, y decenas de miles llenaron la capital de rabia. En muchas áreas, policías y soldados se unieron a los manifestantes. Mientras el presidente Gotabaya Rajapaksa se vio obligado a huir del país, los rebeldes, que tomaron el palacio presidencial en la capital, también incendiaron el edificio del primer ministro. Esta fue la segunda victoria del pueblo.

Mientras continuaba el levantamiento, el primer ministro Ranil Wickremesinghe levantó el estado de emergencia cuando todos los partidos burgueses en pánico, incluida la oposición, se ofrecieron para formar un «gobierno de todos los partidos». Mientras tanto, el primer ministro Ranil volvió a declarar el estado de emergencia y pidió al ejército que detuviese el levantamiento. Pero hasta ahora, la gente no ha salido del palacio y otros edificios gubernamentales.

Historia: de la independencia nacional al levantamiento de 1971

Para entender la revuelta de hoy, es necesario mirar brevemente la historia del país. Desde el siglo XVII en adelante, Sri Lanka vivió bajo el dominio colonial. Su antiguo nombre era Ceilán y obtuvo su independencia en 1948 como resultado de las huelgas y movilizaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1956, el Partido Nacionalista Unido (UNP) gobernó el país.

El partido burgués de centro izquierda, Partido de la Libertad de Sri Lanka (SLFP), llegó al poder en 1956. El SLFP implementó algunas políticas populares y nacionalizó la industria petrolera controlada por extranjeros. El SLFP fue fundado por la burguesía para bloquear el ascenso del Partido de la Igualdad Socialista de Sri Lanka (LSSP), de base trotskista.

El LSSP fue fundado en 1935 con un programa que defendía la independencia de Gran Bretaña y también apuntaba al socialismo. En poco tiempo, este programa revolucionario se difundió entre los trabajadores y la juventud. El partido tenía un gran peso entre las masas por su papel en la lucha por la independencia del país y adhirió a la Cuarta Internacional en 1942. Se convirtió en el partido trotskista más grande del mundo en la época. El LSSP logró unir a los trabajadores de los pueblo tamil y cingalés bajo su programa. Sin embargo, luego se desvió hacia una línea nacionalista y parlamentaria, y se unió al gobierno de coalición del partido burgués SLFP en 1964. Esto es una violación de un principio trotskista histórico: la no participación en gobiernos burgueses. Por ello, fue expulsado en el VI Congreso de la Cuarta Internacional, realizado en 1964. La capitulación del LSSP al reformismo causó la pérdida de un momento revolucionario histórico en Sri Lanka.

En respuesta al reformismo en el LSSP, se forma el movimiento guerrillero Janatha Vimukthi Peramuna (JVP – Frente Popular de Liberación). Su líder, Rohana Wijeweera, era una joven revolucionaria que estudió medicina en la Universidad Patrice Lumumba de Moscú y se hizo maoísta cuando regresó a su país. El JVP pronto alcanza un poder significativo entre la juventud revolucionaria, los trabajadores y los soldados. A principios de la década de 1970, el JVP comenzó a prepararse para una rebelión. La organización inició un levantamiento armado con decenas de miles de combatientes en muchas partes del país el 5 de abril de 1971. Este levantamiento fue prematuro y sin preparación, pero los rebeldes llegaron a controlar el sur y el centro del país. El Estado tuvo que obtener apoyo militar de la India para reprimir la rebelión. Después de dos semanas de guerra, el control pasó al Estado. Decenas de miles de revolucionarios fueron muertos.

En las elecciones de 1977, el UNP vuelve al poder. Con la Constitución de 1978, el país cambia a un sistema presidencialista similar al de Francia. La promesa electoral del UNP fue promover la economía de mercado. Poco después de la decisión del gobierno de abrir el país a los inversores extranjeros (1979), comenzó la revuelta de los tigres tamiles (1983). En este punto, es necesario mirar hacia el problema tamil, porque esta guerra abrió camino para que la actual administración llegara al poder.

Opresión étnica: guerra contra el pueblo tamil

En Sri Lanka, 74,9% de la población es cingalesa y 15,4% es tamil; mientras que en su religión 70,2% son budistas, 12,6% hindúes, 9,2% musulmanes y 7% cristianos. En este sentido, es un país donde se viven intensamente los problemas étnicos y religiosos.

La lucha del pueblo tamil por la autodeterminación es uno de los principales problemas de Sri Lanka. Los británicos, que usaron al pueblo tamil para plantar té en Ceilán durante el período colonial, también formaron una clase media dominante educada entre los tamiles. Esta situación enfrenta al pueblo cingalés, que es mayoría en las ciudades, contra el pueblo tamil. Los británicos aplicaron así en Sri Lanka la clásica táctica de “dividir para reinar”.

Tras la independencia nacional en 1948, el UNP, con su nueva “Ley de la Ciudadanía”, otorga privilegios a los cingaleses mientras que los tamiles se convierten en ciudadanos de segunda clase. El SLFP sigue con la misma discriminación de cuando ocupaba el gobierno. En 1958, este pueblo se levantó para exigir igualdad, pero la revuelta fue reprimida. El LSSP socialista, que durante muchos años había estado organizando juntos a los trabajadores tamiles y cingaleses, adoptó una postura reaccionaria (bajo el pretexto de “dividir la lucha de la clase trabajadora”) y dejó solo al pueblo tamil para enfrentar la persecución.

En las elecciones de 1977, el partido Tamil es prohibido por el gobierno del UNP. A partir de ahí, el pueblo tamil, con la participación de muchas unidades del JVP, entrará en la lucha armada. El debilitamiento de la izquierda socialista allana el camino para los Tigres Tamiles.

Después de que comenzaran las conversaciones de paz con la intervención de la India, la guerra se reanudó en 1990 cuando los tamiles se negaron a deponer las armas. Los Tigres Tamiles mataron al primer ministro indiano y al presidente de Sri Lanka en 1993. En 2001 declararon que abandonaban el programa de independencia y exigieron autonomía. En ese mismo momento, el Ministro de Relaciones Exteriores de Sri Lanka es asesinado, pero los Tigres Tamiles niegan el asesinato, lo que nuevamente alimenta el veneno nacionalista.

En 2004, un tsunami mató a 35.000 personas. Aprovechando esta situación, el Estado cingalés cometió una masacre contra los tamiles entre 2007 y 2009. Durante la guerra, que duró 26 años, murieron 100.000 personas y más de 300.000 se vieron obligadas a emigrar.

La familia Rajapaksa, ahora expulsada del país, se convirtió en jefe de Estado en esta sangrienta guerra civil. La masacre del pueblo tamil abrió el camino para su gobierno.

Aunque el gobierno del presidente Gotabaya logró un crecimiento económico parcial, ha hundido al país en la deuda externa. Como resultado, la población se vio privada del acceso a los materiales más básicos. El desempleo se ha disparado, especialmente en el sector turístico. La solución del gobierno burgués fue reducir los impuestos de los patrones, aumentar la carga sobre los trabajadores e iniciar negociaciones con China, India y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para reestructurar sus deudas.

¿Qué pasará ahora?

El presidente ha huido, pero ¿quién lo reemplazará? La solución propuesta por los partidos burgueses es el establecimiento de un gobierno de “unidad nacional”, una nueva Constitución, nuevas elecciones y un acuerdo con el FMI. Ninguno de los partidos burgueses existentes es capaz de resolver la crisis. Todos defienden los intereses de la burguesía. Además, la crisis de la deuda se está profundizando. No es posible que un “gobierno de unidad nacional” resuelva los problemas de esta crisis capitalista mundial. Aunque se forme un gobierno, los problemas no se pueden resolver y los trabajadores siguen luchando en las calles.

La enormidad del movimiento de masas y el vacío de dirección revolucionaria son las características de los levantamientos recientes, al igual que ocurre en Sri Lanka. Pero los trabajadores de Sri Lanka tienen los medios para construir un partido revolucionario que pueda llevar al país a la revolución socialista. Hay también una fuerte tradición de lucha de clases en el país. Con las posibilidades creadas por el levantamiento, se abre el terreno para la construcción de asambleas locales y nacionales. Estas asambleas de trabajadores entran a la lucha con un plan de contingencia: el fin de las negociaciones con el FMI, la expropiación de la propiedad de la familia Rajapaksa, poner las empresas de alimentos bajo el control del pueblo, la nacionalización de las empresas fallidas bajo el control de los trabajadores, la imposición de altos impuestos a la riqueza, la autodeterminación del pueblo tamil a través de una constitución democrática. Cada victoria conquistada hace avanzar la organización y la lucha.

Artículo publicado en www.pstu.org.br, 21/7/2022.-
Traducción: Natalia Estrada.

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