Mar Sep 27, 2022
27 septiembre, 2022

Sri Lanka | ¿Cuáles son las perspectivas después de haber echado al presidente Rajapaksa?

Hace pocas semanas, los trabajadores y el pueblo de Sri Lanka tomaron la residencia presidencial y obligaron al ex presidente Gotabaya Rajapaksa a renunciar y huir del país. Fue la culminación de varios meses de huelgas y movilizaciones que la represión no había conseguido doblegar[1].

Alejandro Iturbe

Este proceso de lucha en Sri Lanka no se dio como hecho aislado sino que se suma a otras respuestas de los trabajadores y las masas en el mundo frente a los ataques del capitalismo: Ecuador, Panamá, las movilizaciones de las mujeres estadounidenses ante al ataque al derecho al aborto, la huelga de los ferroviarios británicos y otras en Europa y, como un hecho muy importante, la continuación de la resistencia ucraniana a la invasión rusa[2].

En ese marco, el proceso de lucha de Sri Lanka, se nos presenta como uno de los más avanzados: los trabajadores y las masas embistieron contra diversas instituciones del Estado y derribaron al Presidente. Es decir, plantearon objetivamente el problema del poder en el país. Por eso, para los luchadores y revolucionarios es muy importante estudiarlo y comprenderlo, analizar sus perspectivas y formular propuestas para que este proceso avance.

En este sentido, hemos leído con mucho interés el artículo “Sri Lanka: Se acabó el partido para los Rajapaksa” escrito por Balasinghan Skanthakuma, un militante cingalés, residente en Colombo (capital de Sri Lanka), miembro del Comité por la Anulación de las Deudas Ilegítimas del Sur de Asia e integrante de la Asociación de Ciencias Sociales de ese país[3].

El artículo realiza una extensa y vívida descripción del proceso de lucha, que suministra información muy valiosa (que no encontramos en la prensa burguesa) para quienes lo estudiamos e intentamos analizarlo desde el exterior. Al mismo tiempo, debemos considerar que la revista Viento Sur expresa, aunque de modo oficioso, los análisis y posiciones del Buró Político de la IV Internacional, nombre actual de la corriente que en el pasado se conocía como SU (Secretariado Unificado). Por ejemplo, desde su aparición en 1991 ha publicado numerosos artículos de dirigentes de esta organización, como el fallecido Daniel Bensaïd y Gilbert Achcar[4]. El artículo de Balasinghan Skanthakuma expresa enfoques y propuestas que coinciden con esa visión. Es con ellas que queremos debatir.

¿“Revuelta” o proceso revolucionario?

El primer debate surge a partir de la definición de qué está ocurriendo en Sri Lanka. Para el autor del artículo referido se trata de una “revuelta popular”, para nosotros de un proceso revolucionario o de una revolución en curso. Para esa definición, tomamos el criterio utilizado por León Trotsky en el Prólogo de su libro Historia de la Revolución Rusa:

El rasgo característico más indiscutible de las revoluciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos. En tiempos normales, el Estado […] está por encima de la Nación; la historia corre a cargo de los especialistas de este oficio […]. Pero en los momentos decisivos, cuando el orden establecido se hace insoportable para las masas, estas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales y, con su intervención crean un punto de partida para un nuevo régimen. Dejemos a los moralistas juzgar si esto está bien o mal. A nosotros nos basta con tomar los hechos tal como nos los brinda el proceso histórico. La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos (destacados nuestros)[5].

Sobre la base de estas consideraciones de Trotsky, es evidente que en Sri Lanka hay un proceso revolucionario en curso. Podemos y debemos analizar sus características específicas y, en especial, sus debilidades objetivas y subjetivas (como la ausencia de organismos de doble poder, la extrema debilidad de una alternativa de dirección revolucionaria o las ilusiones en la democracia burguesa de las masas) porque la burguesía y sus agentes en el movimiento utilizan esas debilidades para tender trampas que intentan desviar y frenar ese proceso revolucionario. Solamente a partir de esta comprensión general es que una organización revolucionaria puede orientarse, tanto en el curso profundo de los acontecimientos como en cada uno de los momentos específicos, para evitar que el proceso sea desviado y, por el contrario, avance. Lo que incluye, como una cuestión esencial, el combate a esas trampas. 

No se trata de una cuestión terminológica. La definición de lo ocurrido como “revuelta” remite a un estadio de la lucha que se queda en un choque transitorio con el poder del Estado. Por el contrario, un proceso revolucionario plantea objetivamente el problema de qué clase o sectores sociales deben gobernar. Es decir: quién debe tener el poder del Estado. Como decía Trotsky, las masas con su intervención crean un punto de partida para un nuevo régimen”.

El movimiento Lucha Popular

El artículo deBalasinghan Skanthakuma plantea que el protagonista e impulsor central del proceso que llevó a la caída de Gotabaya Rajapaksa fue El movimiento ciudadano de Sri Lanka, llamado Janatha Aragalaya (Lucha Popular)”. Nos ofrece una pormenorizada cronología de sus actividades, que comenzaron con “protestas en pequeña escala de personas que se reúnen cada noche o semanalmente en sus barrios para sostener pancartas, ondear la bandera nacional y corear consignas contra el gobierno”, luego instalaron “un lugar permanente de protesta, la llamada GotaGoGama (Aldea Gota Vete), adyacente a la sede de la Presidencia” y, finalmente, dio un salto en su capacidad de convocatoria hasta llegar a “Más de 100.000 personas, de todas las clases sociales, géneros, etnias, edades, creencias religiosas y convicciones políticas [que] convergieron en la capital…” para culminar con el derrocamiento del Presidente.

Nos ofrece también una descripción generacional y social de los activistas de este movimiento: “la edad de sus componentes oscila en su mayoría entre los 20 y los 40 años, y son autónomos y aspirantes a profesionales, pero también jóvenes de clase trabajadora y estudiantes de clase media baja”.

También algunos elementos sobre su visión política y económica: “No critica ni defiende el capitalismo, ni siquiera el neoliberalismo. A lo sumo está a favor de los servicios de salud y educación gratuitos y de los programas sociales, que son lo que queda del Estado de bienestar de Sri Lanka. Pero, sobre todo, el movimiento refleja la ideología dominante en su adaptación y normalización de la liberalización económica: mercados desregulados, precios fijados por cárteles, privatización, inversión extranjera y crecimiento impulsado por las exportaciones”. Además, “es apartidista” y “rechaza a todos los partidos representados en el parlamento”.Finalmente,“se enorgullece de ser no violento”.

En ese marco, existe un sector de izquierda organizado “principalmente el Janatha Vimukthi Peramuna (JVP, Frente de Liberación de los Pueblos) [NdA, al que nos referimos en nuestro artículo anterior] y su escisión Peratugami Samajawadi Pakshaya (PSP, Partido Socialista de Vanguardia)… no directamente como partidos, sino a través de sus alas juveniles y estudiantiles…”. Especialmente a través de la “presencia constante” de la Federación Interuniversitaria de Estudiantes (IUSF), con influencia de ambas organizaciones.

El artículo nos suministra información muy valiosa sobre el proceso que llevó al derrocamiento de Rajapaksa, que conocíamos muy poco. Es indudable que Lucha Popular jugó un papel muy activo e importante. Al mismo tiempo, permite esbozar una caracterización sobre que este movimiento expresa básicamente sectores medios jóvenes que sufren la crisis del capitalismo semicolonial cingalés y sus instituciones pero que, aunque demostraron que están dispuestos a luchar y defender sus derechos, se plantean hacerlo en el marco del actual sistema y sus instituciones. Es decir, no cambiarlo sino “mejorarlo”.   

La importancia del papel de la clase obrera

Es cierto que el propio artículo reivindica la entrada al proceso de sindicatos “independientes” de las influencias de los partidos burgueses mayoritarios “como el de Empleados Bancarios de Ceilán (CBEU) y el de Trabajadores Industriales y Generales de Ceilán (CMU), junto con el de Profesores de Ceilán (CTU) y otros… que participaban en las protestas”. Reconoce que “El gobierno se vio sacudido por estas acciones, que lograron un amplio apoyo de los trabajadores del sector de la administración, la sanidad, los transportes y el servicio postal… y las trabajadoras de las zonas francas”.

Por eso, “El poder de la clase obrera para paralizar la actividad comercial y alterar la normalidad era una amenaza inmediata mayor para el Estado que las protestas juveniles y estudiantiles. La respuesta del Estado fue imponer la ley de emergencia y dictar servicios mínimos para que la huelga fuera ilegal. Sin embargo, esto no amedrentó a los sindicatos ni mermó su éxito”. No es casual que los medios de la prensa internacional se refiriesen al proceso de Sri Lanka tomando como referencia estas huelgas que reivindicaban explícitamente la renuncia de Gotabaya[6].

Sobre la base de toda la información que hemos recibido (incluida la que nos suministra Balasinghan Skanthakuma), nos parece que el movimiento Lucha Popular fue la “chispa” de un proceso que da un salto con el ingreso de la clase trabajadora desde sus estructuras y con sus métodos de lucha. La clase obrera puede ser menos explosiva que otros sectores sociales para responder a los ataques que recibe. Pero cuando lo hace, su lucha tiene un impacto muy superior sobre el capitalismo y sus gobiernos.

Para nosotros, con el ingreso masivo de los trabajadores cingaleses hay un cambio cualitativo y positivo del carácter del proceso: el centro real del mismo pasó a ser la clase obrera y no el movimiento Lucha Popular. Por el contrario, para el autor del artículo con el que debatimos el centro continúa siendo este movimiento y el ingreso de los trabajadores (con toda la importancia que le reconoce) es un factor en última instancia complementario. No es un debate ocioso: es esencial para comprender las posibles dinámicas del proceso, por un lado, y las tareas que los revolucionarios tenemos que hacer entre los trabajadores y las masas para que el proceso avance, por el otro. 

La génesis del proceso

En este punto, vamos a comenzar por enfocarnos en presentar, de modo resumido, nuestros propios análisis, que ya fueron expuestos en artículos anteriores[7]. Hemos definido que Sri Lanka es un país capitalista semicolonial pobre, de poco desarrollo industrial. Exporta productos agrarios e importa productos industriales, una parte de los alimentos que consume y, esencialmente, el petróleo para refinar combustibles y generar energía. En 2021, el país registró un déficit de su balanza comercial de 8.135,7 millones de dólares, un 9,63% de su PIB, muy superior al registrado en 2020. En años anteriores, el “déficit de caja” del país se veía compensado en parte por los ingresos del turismo (12% del PIB) pero sufría una presión negativa por el pago de la creciente deuda externa.

Las distintas fracciones de la burguesía cingalesa y sus expresiones políticas, como el SLFP, el SLPP de los Rajapaksa y el UNP de Ranil Wickremesinghe son parte y defienden esta situación de semicolonización. En ese marco, disputan a través de los procesos electorales y el control de los gobiernos la parte cada vez más escasa de la renta nacional que queda en el país. En el medio, para intentar que este modelo de acumulación capitalista semicolonial en crisis siguiera funcionando y ellos enriqueciéndose, endeudaron el país hasta límites impagables y atacan a los trabajadores y las masas con ajustes permanente, incluido el que representa la inflación. En ese contexto, todas las instituciones del régimen (presidencia, primer ministro, parlamento) son herramientas al servicio de esta semicolonización.

El clan Rajapaksa volvió al poder en 2019 (con los hermanos Gotabaya como presidente y Mahinde como primer ministro), ahora con su propio partido (antes integraba el SLFP). Luego de un fracasado gobierno de coalición entre el SLFP y el UNP, obtuvieron un triunfo abrumador: además de la presidencia, su partido logró 145 de los 225 diputados. El SLFP quedó muy reducido y el UNP logró apenas un diputado.

El gobierno de los Rajapaksa quedó atrapado en medio de la “tormenta perfecta”: la pandemia derrumbó el turismo y, con ello, no solo cortó este importantísimo flujo de divisas sino que provocó un fuerte desempleo. Esto generó una situación de virtual imposibilidad de pagar la deuda externa, por un lado, y, por el otro, la extrema dificultad de importar los productos necesarios. Esto generó una inflación creciente, lo que se vio agravado por las consecuencias de la guerra en Ucrania y una escasez cada vez mayor de productos imprescindibles. Con ello, una situación de intolerabilidad por parte de los trabajadores y las masas, lo que originó el proceso que estamos analizando.

Cuando esta reacción de las masas se estaba gestando y se anunciaba, los Rajapaksa sacrificaron a Mahinde como primer ministro y nombraron en ese cargo a Ranil Wickremesinghe (un viejo político burgués, líder del UNP). No era una alianza necesaria desde el punto de vista institucional: el SLPP tenía una amplia mayoría parlamentaria y la UNP casi nula representación. Significaba la alianza entre dos fracciones burguesas para enfrentar juntas lo que se venía, e intentar detenerlo.

La maniobra no dio resultado: los trabajadores y las masas profundizaron su lucha, atacaron dos símbolos del poder (la residencia presidencial y la casa del primer ministro) y forzaron la renuncia del primero y su huida del país. Ranil Wickremesinghe se ubicó “flotando en el aire” y puso su renuncia a disposición del Parlamento, que no la aceptó: primero lo ratificó como primer ministro y después lo designó como presidente de “un gobierno de unidad nacional” que “continúe las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional”[8].

En términos marxistas, diríamos que hay un proceso revolucionario en curso cuya fuerza logró un primer triunfo (derribar un presidente) y así generó una profunda crisis en el régimen político burgués. Pero esta crisis no alcanzó el nivel de lo que denominamos “vacío de poder burgués”, porque siguió existiendo una institución de ese régimen burgués (el Parlamento) que, si bien es cuestionada, aún es aceptada por los trabajadores y las masas, y no fue atacada en estos meses de lucha.

¿En qué momento estamos?

Podemos decir que estamos en un momento de inflexión o de transición aún no definida de la dinámica del proceso revolucionario, con la combinación de varios factores que inciden en sentidos contradictorios o antagónicos.

Las distintas fracciones de la burguesía y sus partidos se unen para intentar desmontarlo con tres líneas de acción combinadas. La primera es que, a partir de que Parlamento como institución es, por ahora, aceptado por las masas, puedan recomponer el régimen burgués en su conjunto y tener una relación “normal” de este régimen con las masas. Es decir, de subordinación por parte de estas.

La segunda es intentar convencer a los trabajadores y a las masas de que, con la caída de Gotabaya Rajapaksa “se acabó el problema” y que la única salida para el país es “continuar las conversaciones con el FMI”. Es decir, mantener el modelo de acumulación semicolonial del país, del cual se benefician. La tercera, si este segundo intento fracasa y los trabajadores y las masas vuelven a la lucha, es prepararse para reprimir a partir de que el aparato represivo, si bien fue superado por la fuerza de las huelgas y las movilizaciones, no ha sido quebrado. Por eso, se mantiene el Estado de Emergencia.

En el campo de los trabajadores y las masas, lo central es que vienen de obtener un triunfo con su lucha. Es decir, su ánimo está fortalecido porque comprobaron que, con su “intervención directa”, pueden incidir en el curso de los acontecimientos. Al mismo tiempo, la propia realidad demostrará rápidamente que con la salida de Rajapaksa no es suficiente y que el gobierno de Ranil Wickremesinghe (respaldado por el Parlamento) continuará los ataques y, con ello, la necesidad de responder. Eso son los factores que pueden impulsar la continuidad del proceso de huelgas y movilizaciones, incluso en un nivel superior de lucha.

Sin embargo, este análisis sería parcial si no considerásemos las confusiones y falsas ilusiones que ­‑según la información que manejamos sin estar presentes en el propio terreno‑ tiene la conciencia del movimiento de masas. La primera y fundamental es que parece no haber comprendido todavía que el problema de fondo en Sri Lanka es la necesidad de romper con el dominio semicolonial, sus agentes nacionales y con el conjunto de las instituciones que están a su servicio (incluido el Parlamento).

Algo que se expresa, de modo concreto, en la necesidad inmediata de dejar de pagar la deuda externa y romper con el FMI, como primer paso en esa ruptura. Según el artículo de Balasinghan Skanthakuma,“Esta creencia de que el recurso al FMI no solo es inevitable, sino incluso deseable, se ha convertido en sentido común dentro de la sociedad política y civil”y es un “consenso entre todas las clases sociales”.Es muy claro que todas las fracciones de la burguesía cingalesa quieren utilizar esta falsa ilusión de los trabajadores y las masas en su favor y, desde la distancia, nos es muy difícil saber cómo ha incidido en este punto la experiencia recientemente vivida sobre la conciencia de las masas. Lo que es evidente es que, si no avanzan en esa comprensión, sus luchas (por más contundentes que sean) quedarán condenadas a golpear sobre la superficie (incluso a romperla) pero no sobre los cimientos de los problemas que viven.

El segundo punto está íntimamente relacionado con el primero. Los trabajadores y las masas parecen no haber comprendido que el conjunto del régimen político democrático burgués cingalés (incluido el Parlamento) está conformado por instituciones que actúan como agentes de la semicolonización. Por eso, atacaron al presidente y al primer ministro pero no al Congreso. Cuestionan su composición (aparecen carteles que exigen “Fuera los 225”) pero no a la institución como tal. Algo que, como vimos, también es aprovechado por las distintas fracciones de la burguesía para mantenerlo en pie e intentar recomponerlo. Nuevamente, si los trabajadores y las masas no avanzan en la comprensión de que deben luchar contra el régimen en su conjunto, sus luchas quedarán condenadas a seguir derribando presidentes para que el Parlamento nombre otro, en un círculo recurrente.

Según las informaciones que manejamos, la mayoría de las direcciones que han incidido sobre el proceso de lucha (tanto Lucha Popular como los dirigentes sindicales) acompañan estas falsas ilusiones; algunos incluso la impulsan. Por lo mismo, apoyándose en los factores que “empujan para adelante”, es una obligación de los revolucionarios, concentrar su agitación y su propaganda inmediata en el combate contra esas falsas ilusiones, para que los trabajadores y las masas avancen a un nivel superior de lucha. Ahí es donde entra, de modo central, el debate sobre las propuestas que debemos hacerles en relación con las tareas que deben encarar.

¿“Radicalizar la democracia”?

El artículo de Balasinghan Skanthakuma se ubica claramente en el marco del movimiento Lucha Popular. Es hacia ese movimiento que realiza sus propuestas y, al mismo tiempo omite otras, adaptándose a las debilidades y falsas ilusiones de este movimiento.

Por ejemplo, el Comité por la Anulación de las Deudas Ilegítimas del Sur de Asia que él integra propone precisamente “anular las deudas ilegítimas” y ha lanzado la campaña “No hay que firmar un acuerdo con el FMI en Sri Lanka”[9]. Sin embargo, ninguna de ambas propuestas figuran en su artículo, que se limita a constatar (y a lamentarse) de que las masas no lo comprenden así. De esa forma, el autor abandona cualquier combate político contra esa falsa ilusión y por ganar a los trabajadores cingaleses para esa lucha que es en los hechos la central de la realidad actual de Sri Lanka. El problema es más profundo (también su adaptación a las debilidades de Lucha Popular): en ninguna parte del artículo aparece la definición del país como capitalista semicolonial y, por lo tanto, la necesidad de luchar contra esta situación estructural.

Al abandonar cualquier lucha programática contra el capitalismo semicolonial, el autor se limita solo a hacer propuestas para modificar las instituciones del régimen democrático burgués. Estas propuestas se resumen en lograr los cambios constitucionales exigidos por el pueblo para limitar drásticamente los poderes ejecutivos… como medida provisional para la abolición de la omnipotente presidencia ejecutiva”. En este sentido: “La conciencia democrática del movimiento es alta. Hay nuevas reivindicaciones sobre el derecho de revocación de los representantes elegidos y el derecho a celebrar referendos sobre asuntos de importancia nacional”.En otras palabras, sus propuestas apuntan a transformar un régimen burgués presidencialista en uno parlamentarista, al estilo europeo occidental, con algunos aditamentos como la “revocabilidad” y los “referendos”. Es este el significado profundo de su llamado final a “defender los logros de este momento y de este movimiento”.

Para quienes acompañamos desde hace décadas las posiciones del Buró Político de la IV Internacional (ex SU) y su ámbito de influencia, este programa totalmente limitado frente a un proceso revolucionario (incluso si se lo considera una “revuelta”) no es una sorpresa: hace mucho tiempo que esta organización abandonó la lucha por la revolución socialista y limita sus propuestas a “radicalizar la democracia [burguesa]”. Puede mantener en su nombre las palabras IV Internacional pero su política ya no tiene nada que ver con el trotskismo.    

Es cierto que, al mismo tiempo, Balasinghan Skanthakuma reivindica correctamente que “los activistas de la Aragalaya han prometido mantener su oposición al gobierno dirigido por Wickremesinghe, incluyendo la ocupación de los accesos y los terrenos de la sede de la presidencia y de otros lugares públicos en toda la isla”. Pero a esta disposición de mantener la lucha solo le propone como objetivo “radicalizar la democracia burguesa”.

¿Cuáles deben ser las propuestas de los revolucionarios?

En un artículo anterior,ya referido, hemos dicho que “Al formular las tareas, tendremos el cuidado que señalamos al inicio por la distancia y la no participación directa. Sin embargo, al mismo tiempo, existe toda una experiencia histórica, expresada en elaboraciones teóricas y programáticas del marxismo revolucionario”.

En ese marco, “Sri Lanka es un país capitalista semicolonial pobre que hoy vive una terrible situación económico-social (ni siquiera puede comprar el petróleo que necesita) que aumenta a un nivel intolerable los padecimientos cotidianos de los trabajadores y las masas. En estas condiciones, vemos necesario que, en el curso de la lucha, las masas de Sri Lanka presenten lo que, en otros países, se ha denominado un Plan Obrero y Popular de Emergencia que, sobre la base de los recursos disponibles, fije prioridades en su utilización; en primer lugar, la satisfacción de las urgentes necesidades de los trabajadores y las masas (como las de alimentación y combustibles)”.

“Entre otras medidas que aparecen como imprescindibles, este plan debería partir del No Pago de la Deuda Externa y el fin de las “conversaciones” con el FMI e incluir la expropiación de los bienes obtenidos legal e ilegalmente por el clan Rajapaksa y los otros clanes burgueses, la instalación de impuestos progresivos a la burguesía y el control obrero y popular de la producción y la cadena de comercialización”.

Es evidente que las actuales instituciones semicoloniales del país (incluido el Parlamento) no están dispuestas a aplicar ninguna de esas medidas. Tal vez, si la lucha se lo impone, se vean obligadas a aplicar parcialmente alguna de ellas. Pero será para ganar tiempo y volver cuanto antes a las “conversaciones” con el FMI, es decir, con el imperialismo.

Por eso, un plan de estas características solo podrá ser aplicado en su conjunto si los trabajadores y las masas avanzan hacia la toma del poder y la construcción de un nuevo Estado, cuyo accionar, como el propio Plan, esté destinado precisamente a satisfacer sus necesidades más imperiosas. Esto plantea una tarea a la vez presente y futura: al calor de la lucha, los trabajadores y las masas necesitan construir y centralizar organizaciones que, con un funcionamiento basado en la democracia obrera y popular, en primer lugar mantengan e impulsen la lucha y, que, en ese proceso de lucha, avancen su conciencia sobre la profundidad de los cambios que se precisan (la toma del poder para aplicar ese Plan de Emergencia). De esa forma, al construir esas organizaciones democráticas de lucha, los trabajadores y las masas de Sri Lanka estarían construyendo las instituciones que constituirían las bases de un nuevo tipo de Estado.

Pero este proceso no se da en el aire: la burguesía tratará de evitarlo con sus campañas de confusión (apoyándose en las falsas ilusiones de los trabajadores y las masas): por eso hay que combatirlas, como también a quienes las repiten y difunden. Como dijimos, si esto les fracasa, apelarán sin dudar a la más dura represión. Una realidad que no puede responderse con la “resistencia pacífica”. Por el contrario, exige abordar temas como la autodefensa de las huelgas y las movilizaciones, y una política de quebrar a las fuerzas de la represión por su base de soldados y suboficiales para que no repriman y que una parte de ellos se pase al campo de los trabajadores y las masas.   

En el marco de participar e impulsar activamente este proceso, como trotskistas sostenemos que, como surge de la experiencia histórica, teórica y programática de la Revolución Rusa de 1917, es necesaria la construcción de un partido revolucionario que impulse de modo consciente y consecuente la lucha hasta el final, es decir, hacia la toma del poder y la construcción de un nuevo tipo de Estado. Desde la LIT-CI nos ponemos al servicio de esas tareas.


[1] Ver https://litci.org/es/sri-lanka-una-revolucion-en-curso-derriba-al-presidente-rajapaksa/ y https://litci.org/es/sri-lanka-la-segunda-victoria-del-pueblo/  

[3] https://vientosur.info/sri-lanka-se-acaboel-partido-para-los-rajapaksa/

[4] Para quien tenga interés, el site de la LIT-CI ha publicado recientemente una polémica sobre la guerra de Ucrania con esta organización y Gilbert Achcar. Ver https://litci.org/es/debate-con-el-buro-politico-de-la-iv-internacional-y-gilbert-achcar/

[5] Tomado de la versión León Trotsky (1932): Historia de la Revolución Rusa, Tomo I. (marxists.org)

[6] Ver, entre otros muchos artículos https://www.swissinfo.ch/spa/sri-lanka-crisis_una-huelga-masiva-y-protestas-contra-el-presidente-paralizan-sri-lanka/47573538

[7] Ver los artículos referidos en la nota 1.

[8] https://www.asianews.it/noticias-es/Colombo:-la-oposici%C3%B3n-propone-un-gobierno-de-unidad-nacional-56234.html

[9] Ver la página https://www.cadtm.org/Espanol

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