El pasado 17 de octubre, el primer ministro iraquí Al-Ramadi, anunció una ofensiva para retomar Mosul: “Hoy declaro el inicio de las operaciones victoriosas para liberarlos de la violencia y del terrorismo del Daesh”, declaró el PM Haider Al-Abadi en red televisiva, refiriéndose al Daesh, el acrónimo en árabe para el autodenominado grupo “Estado Islámico”. El 1 de noviembre, luego de dos semanas, tropas iraquíes ingresaron en un barrio de la zona este de la ciudad.

Por: Fabio Bosco

Mosul tiene un millón y medio de habitantes. Es la segunda ciudad iraquí en población y la mayor ciudad tomada por el Daesh desde su formación. Bañada por el río Tigris, ella tiene una localización estratégica próxima a la segunda mayor área de explotación de petróleo de Irak, varias hidroeléctricas, además de ser una importante zona industrial.

Esta es la mayor operación militar desde la ocupación americana en 2003. De un lado, son cerca de 50.000 combatientes del ejército iraquí, fuerzas especiales estadounidenses y milicias aliadas, con el apoyo de la fuerza aérea de la coalición internacional liderada por los Estados Unidos. Ya el Daesh cuenta, según estimados de los militares americanos, con 3.000 a 5.000 combatientes dentro del Mosul y otros 1.500 a 2.500 en los alrededores. La amplia mayoría es iraquí, y se estima que 1.000 son extranjeros.

Sectores burgueses en lucha por las riquezas nacionales y por el control del Estado

Por detrás del discurso de combate al terrorismo, esta batalla envuelve los intereses de diferentes sectores capitalistas en lucha por el control de los negocios relativos al petróleo, energía eléctrica y otras industrias, además de los futuros contratos para la reconstrucción del país y los espacios dentro del aparato estatal iraquí. De otro lado, está otro sector capitalista representado por el Daesh.

Liderados por fuerzas de elite estadounidenses, los 50.000 combatientes reúnen diferentes organizaciones:

  1. a) las fuerzas armadas iraquíes;
  2. b) las fuerzas armadas del gobierno regional del Kurdistán, denominadas peshmerga. Este gobierno regional representa los intereses de la burguesía kurda, que controla la segunda principal área de explotación de petróleo en Irak;
  3. c) las Unidades de Movilización Popular (Al-Hashid Al-Shaab en árabe) que son milicias sectarias compuestas por iraquíes xiitas, ligadas a diferentes sectores de la burguesía xiita, y con sólidas relaciones con el gobierno iraní. Estos sectores también tienen hegemonía sobre el gobierno iraquí;
  4. d) las fuerzas especiales estadounidenses, con cerca de 4.000 soldados y oficiales, todos apoyados por la fuerza aérea americana, con participación secundaria de las fuerzas aéreas británica y francesa. Estos representan los intereses de las multinacionales y de los Estados imperialistas.

Está también la milicia sunita Guardia de Nínive, liderada por Atheel Al-Nujaifi, ex gobernador de la provincia e integrante de la tradicional familia burguesa que domina la política local. Ella es entrenada y armada por el gobierno turco, que mantiene tropas estacionadas en la región “por convite” del Gobierno Regional del Kurdistán, bajo protestas del gobierno iraquí.

Daesh: una fuerza en decadencia

La sorprendente toma de Mosul por el Daesh en junio de 2014 marcó el ápice de esta organización. En aquel momento gobernaba territorios en Irak y en Siria a lo largo de los estratégicos valles de los ríos Tigris y Éufrates, con 3,7 millones de habitantes, importantes campos petrolíferos y otras actividades económicas.

Una sucesión de derrotas se inicia enseguida en Kobane, Siria, cuando las milicias del Daesh son derrotadas luego de una batalla de cuatro meses, de setiembre de 2014 a enero de 2015. Ya perdieron 20% del territorio que dominaban en Irak y 45% en Siria. Fueron expulsados de 56 localidades de las 126 sobre las que tenían control, entre ellas en cinco de las diez ciudades más importantes (Abu Ghraib, Baquba, Faluja, Ramadi, Tikrit, Tal Afar y Mosul en Irak, y Deir al-Zour, Manbij y Raqqa en Siria).

No obstante, la organización aún cuenta con recursos materiales y humanos. La renta del petróleo bajó 26% pero todavía es significativa: alrededor de U$S 23 millones por mes, de acuerdo con el IHS. Los tres mayores campos de petróleo bajo su control están en Siria (Omas, Tanak y Al-Taim) y producen 13.500 barriles por día. Sus armas son originarias principalmente de las bases militares estatales sirias e iraquíes. Solo del depósito de armas de Ayyash en Siria ellos tomaron 100 misiles antitanques (TOW), 9.000 granadas y dos millones de cartuchos de munición.

Una derrota en Mosul, principal ciudad bajo su control, implicará prácticamente la eliminación de áreas bajo control del Daesh en Irak, restando áreas en Siria, donde ya sufrieron una serie de reveses.

El pueblo trabajador iraquí precisa construir una alternativa

Los intereses de la población de Mosul y de todo el país no están representados en ninguno de los dos campos militares. Y la batalla seguramente va a generar una crisis humanitaria durante el embate y después. El ejemplo de otras ciudades iraquíes es ilustrativo.

En Faluja hubo un levante popular contra las fuerzas del gobierno iraquí en 2014, con la formación de un consejo local formado por insurgentes: líderes locales, militares, civiles y religiosos que anteriormente habían enfrentado la ocupación americana. Luego de seis meses de bombardeo incesante por las tropas iraquíes, que trajeron destrucción y muerte, el consejo local se aproxima del Daesh en busca de apoyo militar, armamento pesado en particular. Luego de la derrota del levante, la persecución contra la población se generalizó. Seiscientos habitantes fueron presos y están desaparecidos, probablemente ejecutados por milicias sectarias xiitas.

En Jurf as-Sakhar hubo un proceso de limpieza étnica y la población sunita expulsada no puede volver.

Ramadi fue arrasada por la fuerza aérea iraquí y también por las bombas del Daesh, tornando la ciudad inhabitable.

De inmediato, el millón y medio de habitantes puede transformarse en refugiados. Hoy, 213.000 habitantes de Mosul, Faluja y Qaiyara ya viven en campos de refugiados en el norte de Irak. La oficina de coordinación de asuntos humanitarios de la ONU declaró el 26 de octubre de 2003, que de cuatro a seis millones de iraquíes se tornaron refugiados dentro y fuera de su país.

El Daesh no es alternativa. Desde su formación, su política fue dividir la resistencia iraquí contra la ocupación americana impulsando acciones sectarias contra la población trabajadora xiita y kurda, con explosiones de mezquitas y mercados.

La propia población de Mosul que, cansada de la discriminación del gobierno y de las prácticas de tortura y corrupción, saludó el ingreso del Daesh hace dos años, en busca de protección, se vio frente a una nueva dictadura.

Frente a la ofensiva militar del gobierno, el Daesh retuvo ocho mil familias (50.000 personas) en los alrededores de Mosul, según la ONU. Ex integrantes de las fuerzas de seguridad que no aceptan integrar el Daesh son ejecutados. Fueron 256 personas asesinadas el 25 y 26 de octubre.

Otro riesgo es el empleo de armas químicas. Las fuerzas aéreas de la coalición utilizaron fósforo blanco en sus bombardeos. Por otro lado, hay denuncias de que el Daesh fabrica gas mostaza. Irak ya pasó por experiencias terribles con armas químicas. El dictador Saddam Hussein las utilizó en Anfal, matando alrededor de cien mil personas y después otras cinco mil el 16 de marzo de 1988 en Halabja, con gas sarín.

También es posible que el Daesh haga fuego en la fábrica química Al-Mishraq, a 30 km al sur de Mosul, la misma que Saddam Hussein incendió en 2003. Esta quemó por dos meses y causó contaminación generalizada además de afectar hasta incluso la capa de ozono del planeta.

Resumiendo, en la lucha por el control del petróleo y de los negocios del Estado, ninguno de los dos sectores burgueses tiene ninguna preocupación con la situación de la clase trabajadora.

A esta cabe auto-organizarse y seguir el ejemplo del levante de Faluja, procurando atraer el apoyo de todo el pueblo trabajador, sea xiita, sunita, kurdo y demás, para expulsar a todas las tropas extranjeras, sean los de la coalición internacional liderada por los Estados Unidos, sea de militares iraníes, y tirar abajo el gobierno de Al-Ramadi y derrotar el Daesh. De esta forma, los trabajadores y trabajadoras iraquíes pueden liberar el país y caminar en dirección a un Irak socialista, integrante de una Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente.

Traducción: Natalia Estrada.