Por la absoluta ausencia de una alternativa de los trabajadores (es decir, de un verdadero partido obrero), después de la revolución en Ucrania[1] (2013/2014) llegó al poder el gobierno de Poroshenko, un rico empresario que prometió cumplir con el programa de la Maidan[2], es decir, una Ucrania libre, unida e independiente. Pero no se atrevió a enfrentar de hecho las agresiones de Putin en Crimea y el Este del país, y por lo tanto le fue también imposible mejorar la situación económica del país, o aumentar el presupuesto social, o disminuir el desempleo, o resolver cualquier otra cuestión, porque en un país bajo agresión militar no es posible resolver ninguna cuestión social, por más mínima que esta sea. Y no enfrentó de hecho la agresión rusa porque, así como Yanukovich, era un gobierno de los oligarcas ucranianos, proimperialista, interesado solamente en vender el país a quien mejor paga, sea Rusia o el capital europeo. No es que no enfrentó militarmente la agresión rusa, eso dependería de la correlación de fuerzas y no solo de la voluntad. Ni siquiera expropió las compañías rusas en Ucrania, dejó que Rusia mantuviera sus lucrativos negocios en el país. No rompió relaciones comerciales ni diplomáticas con Rusia. ¡Ni siquiera declaró estado de guerra en el país, pese a que una parte del territorio estaba bajo ocupación militar rusa!

Por: Partido Obrero Internacional (POI), sección rusa de la LIT-CI

La verdad es que la burguesía ucraniana quiere las mejores relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea, pero también con Putin y los oligarcas rusos. Si pudiera, restablecería todas las relaciones con Rusia inmediatamente. Está dispuesta a olvidarse de Crimea e incluso a aceptar la injerencia rusa en el Donbass[3], todo en nombre de garantizar sus buenos negocios. Pero tiene que lidiar con que en el pueblo ucraniano sigue vivo el espíritu de la Maidan, que de hecho fue una revolución justamente contra la entrega del país a Rusia. Y eso le dificulta las cosas a la vendida burguesía ucraniana. Por eso, Poroshenko, electo en el calor de la Maidan, fue derrotado en las elecciones de este año por Zelenskiy[4], un comediante de la TV, un outsider que hizo una campaña populista en contra del establishment político ucraniano, es decir, en contra de todos los candidatos asociados directamente a los oligarcas (a pesar de que el propio Zelenskiy tiene relaciones con el oligarca Kolomoyskiy).

Zelenskiy intenta ahora aprovechar su gran victoria electoral (75% de los votos) para tratar de hacer lo que no pudo Poroshenko, es decir, llegar a algún tipo de acuerdo con Putin. Para tal, contaba con el apoyo de la Unión Europea para “presionar” a Putin por condiciones mínimamente “aceptables” en Ucrania. El resultado fue la así llamada Fórmula Steinmeier, en alusión al presidente alemán que la elaboró. De hecho, es un nuevo golpe contra la soberanía de Ucrania, llevada a cabo esta vez en conjunto por el imperialismo europeo y Putin. La Fórmula Steinmeier propone elecciones en las regiones ocupadas de Donetsk y Lugansk bajo supervisión de la OCDE, en lugar de un estatuto de autonomía para las dos regiones. ¡La Fórmula no exige el retiro de los mercenarios rusos de estas regiones y ni siquiera toca en el tema de Crimea!!! ¡Propone elecciones bajo ocupación rusa! La autonomía y supervisión de la OCDE, bajo tales condiciones, de hecho garantiza que el control de la región seguirá en manos de Putin, pero también bajo presión de Unión Europea para que no “sobrepase los límites” por ella determinables. Kiev, de hecho no tendrá casi ningún control sobre la región, si es que tiene alguno. Bajo una máscara democrática, se formalizará así la pérdida de soberanía de Ucrania sobre Donetsk y Lugansk. ¡Y Zelenskiy firmó ese acuerdo, así como Poroshenko (que ahora posa de opositor) participó de su elaboración!

De hecho, lo que está haciendo la Unión Europea, a pesar de todas las promesas de apoyo a Ucrania, es lavarse las manos en cuanto a la agresión de Putin y prepararse para retirar las sanciones y recomponer relaciones con Putin, dividiendo así con él el control del Este de Ucrania. La reciente reincorporación de Rusia a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, bajo protesta de Ucrania y otros países limítrofes con Rusia, es otro síntoma de esta política del imperialismo europeo. El reciente retiro de los Estados Unidos de la guerra en Siria muestra que también el imperialismo americano ensaya de hecho una aproximación con Putin. Como venimos señalando hace tiempo, más allá de sus diferencias circunstanciales, Putin y los imperialismos americano y europeo tienen acuerdo en lo fundamental, en el saqueo colonial de Ucrania y demás regiones de la ex-URSS. Putin y los imperialismos europeo y americano son, en ese sentido, parte del mismo “bloque”. A Zelenskiy y a la burguesía entreguista ucraniana, totalmente dependientes del imperialismo, no les resta sino apretar los dientes…

Si algo tiene de “bueno” la Formula Steinmeier es que desenmascara de una sola vez a la Unión Europea, que posaba de “defensora” de Ucrania contra la agresión rusa; desenmascara a Putin, que justificaba la agresión contra Ucrania como que para “defenderla del imperialismo europeo”; y desenmascara al nuevo gobierno ucraniano, que defiende la soberanía ucraniana solamente en las palabras.

De hecho, Ucrania está cercada de buitres por todos lados y desde adentro también. Está en curso un gran acuerdo reaccionario para acelerar la descomposición territorial de Ucrania y facilitar su colonización. La política canalla de la Unión Europea y de Rusia para forzar la “federalización” de hecho de Ucrania es un profundo ataque contra su soberanía. Es hacer que se le haga imposible una existencia independiente y soberana. Ucrania es el segundo mayor país de Europa en territorio, con un área casi dos veces mayor que la de Alemania, una población del tamaño de la de España, con tierras consideradas las más fértiles del mundo, grandes riquezas minerales, elevado índice educacional, y una fuerte base industrial heredada de la Unión Soviética, a pesar de haber sido profundamente saqueada y estar obsoleta por falta de inversiones desde la restauración capitalista. En el pasado fue muy fuerte en la producción metalúrgica, de electrónicos, locomotoras, automóviles, aviones, tecnología espacial y militar, además de seguir siendo uno de los mayores productores mundiales de minerales, granos, azúcar, carnes y lácteos. La tragedia ucraniana se resume a que, en un mundo controlado y disputado por media docena de países imperialistas ricos, no hay espacio para una Ucrania industrializada ni independiente si no se rompe con el imperialismo. Toda la política, tanto de la Unión Europea como de Rusia, está dedicada a someter a Ucrania, desmontando su economía, transformándola en mercado para productos importados, exportadora de minerales y commodities agrícolas, y proveedora de mano de obra barata para países imperialistas europeos. La burguesía ucraniana como un todo se acomoda a esta situación, lucrando con la colonización de su propio país.

Como venimos alertando hace tiempo, la Unión Europea, así como los Estados Unidos, no representan ninguna garantía de independencia y soberanía para Ucrania, ni siquiera de defensa contra las agresiones rusas. La única garantía de una Ucrania unida, independiente y soberana está en el pueblo trabajador ucraniano, que lucha contra la agresión y la ocupación rusas. Son ellos los que pueden levantarse en una nueva Maidan, al mismo tiempo contra la agresión rusa, contra la política colonizadora europea, contra la vendida burguesía ucraniana. Y por eso, una tal revolución no puede otra vez entregarle el poder a alguna fracción burguesa. Solamente un gobierno del pueblo trabajador ucraniano, un gobierno obrero, que gobierne por lo tanto para todo el pueblo explotado, puede garantizar la victoria. En el marco de la lucha contra la Fórmula Steinmeier, es imperativo y urgente construir una alternativa de los trabajadores.

En respuesta a este cerco de los capitalistas-buitres contra Ucrania, hay que cercarla con la solidaridad de los obreros de todo el mundo, en especial de Europa. Hay que denunciar la Fórmula Steinmeier y la vergonzosa traición de los gobiernos europeos. ¡Exigir de toda Europa, de cada uno de sus gobiernos, que se coloquen en contra de la Fórmula Steinmeier y apoyen incondicionalmente la soberanía de Ucrania sobre Donetsk, Lugansk y… también Crimea! ¡Que no se levante ninguna de las sanciones contra Putin!

Mientras escribíamos este material, en Ucrania se estaba convocando a manifestaciones contra la Fórmula Steinmeier, bajo la consigna “abajo la capitulación”. Veremos…

¿Y en Rusia, qué hacer?

La absoluta ausencia de anticuerpos del pueblo ruso contra el chovinismo ruso demostró al rojo vivo la máxima de Marx de que no puede ser libre un pueblo que oprime a otro pueblo. Putin se apoya en ese chovinismo ruso para llevar adelante su política antiobrera y antinacionalidades oprimidas. Después de la anexión de Crimea, todos los ataques de Putin contra la población de Rusia se profundizaron. Fue bajo la euforia de la campaña “¡Crimea es nuestra!” que se hizo la antipopular reforma del sistema de jubilaciones.

Pero las ilusiones en Putin disminuyen en Rusia, hoy hay gran descontento en relación con la economía, la inflación, los servicios sociales, y en especial con la reforma del sistema de jubilaciones, profundamente impopular. Los trabajadores rusos y los pueblos oprimidos por Putin están cada día más pobres. Aún sigue el apoyo a Putin en la política internacional, pero ya sin entusiasmo. La gente cada vez menos tiene disposición para aceptar los sacrificios en nombre de “¡Crimea es nuestra!”. Esporádicamente ocurren luchas aisladas, pero importantes, como en Ingushetia[5] (república del Cáucaso), o contra la construcción de una iglesia más en Ekaterinburgo, o contra la acusación fraudulenta y prisión de un periodista, o las recientes marchas en Moscú contra la represión[6] con cerca de 20.000 personas, a veces con victorias por lo menos parciales. Hoy, una gran proporción de la clase obrera en Rusia es de obreros inmigrantes de las exrepúblicas de la antigua URSS, muchos de ellos musulmanes. Ellos ya no están tomados por la ideología chovinista, más bien son sus víctimas directas y, por lo tanto, aliados naturales de la clase trabajadora ucraniana. Hay elementos de insatisfacción en la juventud, con expresiones típicas del sector, contra la acción de la policía, de la burocracia o de la iglesia. Y la fiebre chovinista viene disminuyendo desde 2014…

Una nueva victoria de la Revolución Ucraniana podría impulsar la lucha de los trabajadores rusos, los obreros inmigrantes, la juventud, y de otros pueblos oprimidos contra Putin. Juntos, los trabajadores ucranianos y rusos son capaces de derrotar al verdugo de la Revolución Ucraniana, el mayor responsable por la colonización de Rusia, defensor de los regímenes más odiosos del planeta, agresor de pueblos y naciones y aliado del imperialismo, y que tiene aún bajo su control el segundo ejército del mundo. Derrotar a Putin tendría repercusiones no solo en Rusia y Ucrania, sino un alcance mundial, dado su rol contrarrevolucionario internacional. Significaría también el fin casi inmediato del gobierno Assad en Siria y el debilitamiento de la dictadura en Egipto, lo que podría impulsar una nueva ola de la Primavera Árabe. Tendría profundo impacto entre los pueblos del Cáucaso en su lucha por independencia. Derrotar a Putin es una tarea INTERNACIONAL de la clase trabajadora. No es previsible una victoria contra Putin en la arena interna, que no esté acompañada por una gran crisis de su política en Ucrania y Cáucaso, del mismo modo que expulsar las tropas rusas de esas regiones no es posible si no se combina esto con una gran crisis política dentro de Rusia. Una derrota de Putin en Ucrania sería el inicio del fin de su gobierno. Al mismo tiempo, su derrota sería también la derrota de los últimos restos podridos del estalinismo mundial y sus satélites, que encubren los crímenes de Putin.

Una política correcta hoy para Rusia debe estar orientada a unificar a los trabajadores con los demás explotados del país, incluso con las capas medias, y en especial con la juventud, unificando las consignas económicas con las democráticas, contra las reformas antipopulares y contra cualquier represión, contra el empeoramiento de las condiciones de vida, y en defensa de los derechos de las minorías nacionales y pueblos oprimidos dentro y fuera de las fronteras de la Federación Rusa. Es fundamental denunciar y desenmascarar el régimen de Putin como administrador de la colonización de Rusia al servicio de las grandes potencias imperialistas, al mismo tiempo que denunciar su rol opresor contra naciones menores y pueblos oprimidos de Rusia, su rol contrarrevolucionario en Ucrania, Cáucaso o Siria, y también, como el principal responsable por el empeoramiento en las condiciones de vida de la población en Rusia.

Notas:

[1] https://litci.org/es/menu/mundo/europa/ucrania/5-anos-revolucion-ucraniana-subestimada-incomprendida-calumniada/

[2] Plaza Maidan, la Plaza de la Independencia, escenario de la revolución. El término es utilizado aquí como sinónimo de revolución ucraniana.

[3] Región Este de Ucrania bajo ocupación de mercenarios al servicio de Rusia, engloba las regiones de Donetsk y Lugansk.

[4] https://litci.org/es/menu/lit-ci-y-partidos/partidos/poi-rusia/las-elecciones-ucrania-las-calumnias-rusia/

[5] https://litci.org/es/menu/lit-ci-y-partidos/partidos/poi-rusia/protestan-los-ingushes/

[6] https://litci.org/es/menu/lit-ci-y-partidos/partidos/poi-rusia/libertad-todos-los-presos-la-represion/