La dirección político-militar del proceso de Rojava es, sin dudas, el PYD (Partido de la Unión Democrática). Este partido es la extensión en Siria del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) al que le dedicamos una parte del artículo “La lucha del pueblo kurdo” (1).

Por Alejandro Iturbe

Existen otras fuerzas políticas entre los kurdos de Siria, como el Yekiti (Partido de la Unión Kurda) y el Consejo Nacional Kurdo (CNK). El CNK es una coalición de organizaciones impulsada y apoyada por el presidente de Basur (Kurdistán iraquí) que funciona desde el exterior, y tiene peso superestructural internacional pero escasa implantación real en Rojava. Esas fuerzas disputan con el PYD, pero la hegemonía de este último es muy fuerte.

Esa fuerza y el prestigio del PYD se explican por dos razones centrales. La primera es una estructura militante bien implantada. La segunda es el hecho de que este partido y su brazo militar (las YPG, Unidades de Protección Popular) fueron los que impulsaron y consolidaron el control kurdo sobre Rojava, y luego lo defendieron victoriosamente frente a los ataques del Ejército Islámico (EI). Al mismo tiempo, enfrentan políticamente la negativa de gran parte de la oposición siria a reconocerle a los kurdos ese derecho. Tiene también otros puntos a su favor: la posición muy progresiva sobre el papel activo de las mujeres en el proceso y el hecho de que actúa políticamente sobre una base que no es sectaria religiosa o confesional.

Podemos definir al PYD como un partido pequeño-burgués con una ideología nacionalista kurda y un programa y una acción política burguesa. En el artículo anterior de esta serie, intentamos demostrar con datos e información que Rojava no es un nuevo estado socialista o en transición al socialismo sino un estado burgués atípico (2).

¿Una “democracia desde la base”?

Ahora queremos detenernos un poco en la construcción de una supuesta “democracia de base” en Rojava sobre la base de una estructura piramidal de comités populares que van definiendo las políticas “de abajo hacia arriba”. Esa descripción choca con la realidad. En primer lugar, la fuerza dominante en Rojava, el PYD-PKK conserva (desde su época estalinista-maoísta) una estructura de intervención altamente centralizada “de arriba hacia abajo” y, en los hechos, traslada ese mecanismo al nuevo Estado.

Por eso, tal como señala Joseph Daher en una entrevista muy interesante:

“El PYD mantiene la  autoridad suprema de decisión, reduciendo los consejos a un rol fundamentalmente simbólico para todo lo que exceda la distribución del combustible y de la ayuda humanitaria. La institución municipal, uno de los elementos claves del sistema del nuevo Rojava (cuyo papel es proporcionarles la ayuda humanitaria a los habitantes de los alrededores), ha sido acusado de servir para reforzar el control de las organizaciones vinculadas al PYD.(3)     

Al mismo tiempo, el PYD reprime de modo sistemático a los partidos que le disputan (como el Yekiti y el CNK) y a opositores no alineados partidariamente. Existen más de 100 presos políticos, se han expulsado de Rojava a dirigentes opositores y se han clausurado medios de prensa, como la radio independiente Arta en 2014 y 2016, etc. (4)

El PYD y sus defensores podrán argumentar que se trata de la necesaria represión que un proceso que marcha al socialismo debe realizar sobre las expresiones políticas de la contrarrevolución burguesa. Pero ya hemos analizado que Rojava no es un estado socialista sino burgués atípico. Sería, en realidad, una disputa entre fracciones de la burguesía (o quienes defienden sus intereses). En última instancia la gran disputa en el universo kurdo es entre el PKK de Occalam y el PDK de Barzani. Lo concreto es que esa represión sistemática desmiente con hechos la “democracia desde abajo” que el PYD afirma estar construyendo en Rojava.

El acuerdo con el régimen de Assad

Despejados los debates que se refieren al supuesto socialismo y a la democracia desde la base en Rojava, la principal crítica que le hacemos al PYD-PKK (al igual que a las otras direcciones kurdas) es que han abandonado la lucha por un Kurdistán unificado independiente, única manera de que ese pueblo pueda ejercer su autodeterminación.

En el caso del PYD/PKK, además, ni siquiera habla de la independencia de la región que controla (como sí lo hace Barzani en Irak) sino que se limita a luchar apenas por el reconocimiento y la consolidación de esas regiones como “autonomías” dentro de los estados actuales. El PYD ni siquiera propone la unificación inmediata de Rojava y Basur en una federación independiente.

Tal como señalamos en el artículo “Sobre la lucha del pueblo kurdo” sobre este objetivo limitado: Esta posición expresa, por un lado, una adaptación a una realidad que ya es aceptada por el imperialismo: la autonomía existente en Irak  y la más reciente lograda en Rojava”. A la vez, es un intento de negociación con la burguesía turca.

Esta adaptación tiene consecuencias políticas muy profundas en las alianzas tácticas que realiza el PYD/PKK para conseguirlo. En primer lugar, cuando logró el dominio de Rojava en 2012, hizo un pacto de no agresión con el régimen de Assad. Un pacto muy beneficioso para el dictador porque le permitía concentrar su acción militar en la lucha contra las fuerzas de la oposición siria. Un acuerdo que se mantiene (aunque haya algunos enfrentamientos militares episódicos entre el régimen y las YPG). Consecuente con ello, el PYD apoyó la intervención rusa en el país para sostener a Assad.

Ese acuerdo mantiene “canales de comunicación estables”, como señala Joseph Daher en el artículo citado. En ese material también se informan de otras expresiones muy concretas: Por ejemplo, Shaykh Humaydi Daham al-Jarba, jefe de une milicia tribal  árabe, y conocido simpatizante del régimen de Assad fue nombrado, en 2014, gobernador del cantón de Jazirah, en Rojava” y de “la cohabitación con fuerzas del régimen en las ciudades de Qamichli de Hassaka (a pesar de las confrontaciones violentas ocasionales)”.

El PYD argumenta que este acuerdo le permitió consolidar la autonomía de Rojava. Este razonamiento revela una incomprensión del proceso que permitió esta autonomía  y, al mismo tiempo, una profunda ceguera estratégica (incluso para el objetivo limitado que se ha propuesto).

La autonomía que han logrado los kurdos de Rojava solo puede entenderse en el marco de la sublevación contra el régimen de Assad y es, en gran medida, un producto del debilitamiento que esa lucha le provocó a ese régimen. Por eso, además de la propia lucha de los kurdos, el destino de Rojava está muy ligado a la suerte de la revolución contra Assad. Si esa revolución derroca al régimen, las posibilidades de mantener Rojava serán mucho mayores. Por el contrario, si Assad la derrota y el régimen se consolida definitivamente, volverá sus armas (más temprano que tarde) para atacar a Rojava e intentar destruir la autonomía obtenida. Como veremos en este mismo artículo, esta política totalmente equivocada se expresa también en su política hacia la oposición siria.

El acuerdo con el imperialismo 

Otra alianza táctica peligrosa del PYD/PKK es con el imperialismo yanqui. Una colaboración  que comenzó a forjarse en la lucha contra el EI en la defensa de Kobane y que ahora se ha reforzado en el cerco a Racqa. La principal fuerza de ese ataque son las FDS (Fuerzas Democráticas Sirias – basada en la YPG, con participación minoritaria de combatientes de otros pueblos de Siria) que recibe fuertes suministros de armas y apoyo aéreo de los yanquis.

Aunque parezca contradictorio, esta alianza táctica del imperialismo yanqui y las fuerzas kurdas se ha fortalecido con el gobierno de Donald Trump. Imposibilitado de realizar intervenciones militares permanentes, Trump se apoya cada vez más en las fuerzas kurdas en Irak y Siria. En el primer país, el respaldo al PDK de Basur le sirve en la disputa que ha reabierto con el régimen iraní de los ayatolás por la influencia en Irak (Obama por el contrario, había iniciado un acercamiento con ese régimen). En Siria, Trump se vio obligado a tomar alguna distancia del régimen de Assad y de sus acuerdos con Putin y, entonces, ha optado por apoyarse más en las fuerzas militares del PYD.

Queremos hacer una aclaración para evitar falsas polémicas. Para nosotros, es táctico y no de principios que un movimiento que lucha en un campo militar progresivo reciba armas del imperialismo. Es una táctica válida si sirve a esa lucha. Así sucedió, por ejemplo, con las fuerzas que combatían la invasión japonesa en China en la Segunda Guerra Mundial o en la exigencia que los imperialismos “democráticos” (EE.UU., Inglaterra y Francia) enviasen armas a los republicanos españoles en su guerra contra las fascistas.

El problema comienza cuando se deja de decir a las masas que se trata apenas de un cruce de caminos, un corto episodio en el que se coincide temporariamente con nuestro principal enemigo, al que deberemos combatir, con absoluta seguridad, en el futuro. Peor aún, cuando se llama a depositar confianza en ese enemigo.

Ese es el camino que está recorriendo el PKK y las organizaciones que influencias. Basta ver, por ejemplo, las declaraciones de un cuadro militar del PJAK de Irán (Partido por un Kurdistán Libre, organización iraní del PKK) en las que expresa confianza en las acciones del gobierno Trump y dice que las cosas están mejores que con Obama (5).

Hemos dicho que, en última instancia, la gran disputa política en las diferentes regiones en que ha quedado dividido el Kurdistán es entre el PKK dirigido por Occalam y el PDK de Barzani. Ambas organizaciones tienen profundas diferencias ideológicas y políticas, así como de intereses concretos. Uno de esas diferencias centrales se refiere a cómo encarar la cuestión de los kurdos de Turquía. Barzani es aliado de Erdogán, mientras el PKK lo combate (aunque busque negociaciones con él). Pero en este tema de buscar el apoyo del imperialismo yanqui se están pareciendo cada vez más.

Refiriéndonos al PYD/PKK, se trata nuevamente de una ceguera estratégica. El imperialismo puede usar diversos peones en las tácticas regionales con que defiende sus intereses. Pero solo son eso (peones) que serán sacrificados en cuanto ya no los necesite. O intentará destruirlos, como ocurrió con los talibanes en Afganistán. Los propios kurdos tienen una amarga experiencia para una posible confianza en el imperialismo en el Tratado de Lausana (firmado en 1923) que les negó el derecho a un estadio propio y los condenó a vivir oprimidos en cuatro países diferentes.   

La política hacia la oposición siria

Una de las críticas más importantes que le hacemos al PYD/PKK es sobre su política con la oposición siria, en especial con los batallones de combatientes rebeldes. Tal como hemos señalado, el PYD tiene una política de no enfrentar militarmente al régimen (aunque haya algún choque aislado) y, como parte de eso, nunca apoyaron la lucha de los rebeldes.

Esta situación se evidenció con mucha claridad en la reciente ofensiva de las YPG/FDS  que intentaron controlar el territorio sirio que separa Jezira y Afrin y así establecer una continuidad territorial entre los cantones de Rojava, Ese intento se realizó en medio de la batalla por el control de la ciudad de Aleppo entre el régimen y la oposición siria y, finalmente, fracasó por la intervención del ejército turco y fuerzas sirias afines.

Lo que queremos destacar es que se hizo sin la menor cooperación con las fuerzas árabes sirias y, en varios casos, en oposición y enfrentamiento militar con ellas. En ese marco, el artículo de Joseph Daher señala que existen también acusaciones contra el PYD de violaciones de los derechos humanos que afectan a poblaciones árabes”.

Aquí se demuestra nuevamente la ceguera estratégica del PYD que apuesta al pacto de no agresión con el régimen de Assad y al apoyo del imperialismo para lograr sus objetivos en vez de impulsar la colaboración en la lucha con las fuerzas más progresivas de la oposición siria. Ya hemos dicho que no se trata solamente de cuestiones tácticas sino de una necesidad objetiva de la lucha de los kurdos por su liberación. Necesidad que aumenta si la propuesta del PYD es una autonomía kurda en el marco de una federación siria. ¿Cómo pretenden conseguir esto si no logran convencer y ganar al pueblo sirio árabe para esa propuesta?

Consideramos que esta orientación del PYD/PKK es completamente negativa. Pero sería injusto cargarle toda la culpa de esta situación. La mayoría de las corrientes de la oposición siria tiene también una gran responsabilidad en ella.

En primer lugar, porque nunca han aceptado que los kurdos son una nacionalidad oprimida por la mayoría árabe en Siria y que, como decía Marx, ningún pueblo puede liberarse si, al mismo tiempo, oprime a otro. Y trasladan esta visión a los sectores que influyen: “Según un estudio realizado entre noviembre de 2015 y enero de 2016 por la asociación siria independiente ‘Après demain’ (Pasado mañana), 86,7 % de las personas interrogadas en los territorios controlados por la oposición rechazan el federalismo (NdR, es decir, la autonomía kurda)”.

En este marco general negativo, la oposición siria presenta un espectro de posiciones sobre el tema kurdo. Existen organizaciones que tienen una posición abiertamente anti-kurda, como las ligadas al gobierno turco de Erdogán y otras. Un sector importante directamente “ignora” la cuestión de los kurdos.

Algunos intelectuales marxistas, como Salameh Kaileh, proponen un programa democrático limitado: derrocar a Assad, construir una república democrática y otorgarles plenos derechos de ciudadanos sirios, así como del de expresar y desarrollar su cultura, enseñar su idioma en las escuelas, etc. Pero no defiende el derecho de los kurdos a la autodeterminación ni siquiera a tener su propia región autónoma en el marco de una federación democrática siria (6).

La posición más avanzada dentro de la oposición siria es la expresada por Joseph Daher. En el artículo citado, él reconoce a los kurdos como una nacionalidad oprimida en Siria, crítica a la  mayoría de la oposición a Assad por sus posiciones sobre este punto (dice que, en muchos casos “espejan” las que tenía el régimen de Assad) y llama a la colaboración entre el ELS y las fuerzas kurdas para luchar contra Assad (7).

Existen varias muestras de que esta colaboración es posible. En el primer año de la revolución, grupos auto-organizados de jóvenes árabes y kurdos (así como los comités locales que se formaron) coordinaban su lucha contra el régimen de Assad. Esta colaboración se debilitó a partir de marzo de 2012. Se dio, por un lado, a que los principales partidos árabes sirios de la oposición rechazaron las reivindicaciones kurdas. Por el otro, los partidos kurdos tradicionales (como el PYD y los agrupados luego en el CNK) comenzaron a dividir y debilitar los movimientos de la juventud kurda y a separar las manifestaciones kurdas de las otras. Incluso dividieron las propias manifestaciones kurdas para hacerlas separadas por partidos.

Esta colaboración en la lucha entre los kurdos y los árabes sirios contra el régimen de Assad no solo es posible sino que es imprescindible para que ambos sectores triunfen. En el caso de los kurdos de Siria, es el único camino real para lograr su autodeterminación e, incluso, para defender la autonomía regional que han conseguido. En el caso de la oposición siria, es absolutamente necesario para superar el muy difícil momento que vive la revolución. Las políticas que van contra esa unidad (provengan de sectores de la oposición siria o de los partidos kurdos) son un crimen por partida doble, Por un lado, contra el proceso revolucionario sirio en su conjunto y, por el otro, contra el destino de los kurdos de Siria. Por eso, deben ser combatidas.

Notas:

  1. http://litci.org/es/teoria/sobre-la-lucha-del-pueblo-kurdo/
  2. http://litci.org/es/mundo/medio-oriente/siria/rojava-kurdistan-sirio-un-estado-burgues-atipico-parte-1/
  3. https://syriafreedomforever.wordpress.com/2016/11/28/le-mouvement-national-kurde-en-syrie-objectifs-politiques-controverses-et-dynamiques/ (original en francés, traducción nuestra).
  4. Estas informaciones han sido corroboradas en diversas fuentes veraces. La primera es el artículo ya citado de Joseph Daher, la segunda es el artículo de Andrea Glioti, un periodista italiano residente en Londres, simpatizante del proceso de Rojava que viajó a la región y permaneció varios meses, ver en: http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2016/08/rojava-libertarian-myth-scrutiny-160804083743648.html). La terecera es el libro « Burning country : Syrians in Revolution and War » de Robin Yassin-Kassab y Leila al-Shami.
  5. http://www.middleeasteye.net/news/peshmerga-and-iran-ready-fight-517501721
  6. Para mayor información sobre sus análisis y posiciones, ver el ya citado artículo “Sobre la lucha del pueblo kurdo”.
  7. Joseph Daher es miembro de la Corriente de Izquierda de la Oposición Siria. El curso del proceso sirio, lo obligó a exiliarse en Europa.