Vie Jun 14, 2024
14 junio, 2024

Preparar la resistencia al gobierno de Arévalo-Herrera.

Un golpe de estado institucional fallido

Entre el 14 y el 15 de enero asumieron el gobierno de Guatemala Bernardo Arevalo y Karin Herrera del partido Semilla. La ceremonia formal de traspaso de poderes se retrasó casi 10 horas, no por razones técnicas, hasta el último minuto las fuerzas políticas aliadas a Alejandro Giammattei y conocidas en Guatemala como “El Pacto de Corruptos” intentaron impedir que Arévalo y Herrera llegaran a la presidencia.

Por PT – Costa Rica

El 14 y 15 de enero se manifestaron las distintas formas de la crisis política que vive Guatemala desde el inesperado triunfo electoral del partido Semilla en la primera ronda a mediados del 2023.

Todavía el 14 de enero, la junta directiva saliente del Congreso, controlada por Giammattei y apoyada en una orden del juez Freddy Orellana, intentó impedir la conformación de una nueva junta directiva del Congreso. Su objetivo era que de esta forma se impidiera al nuevo Congreso juramentar a Arévalo y Herrera.

La maniobra implicaba dejar sin credenciales a algunos diputados de UNE (2), CABAL (1) y declarar a Semilla como inexistente y a sus 23 diputados como independientes, de esta forma evitar que llegaran al control del Congreso. La maniobra fracasó pues Semilla y sus aliados en el congreso lograron recuperar su personería jurídica y quedarse con el control del Congreso, obteniendo 92 votos de 160 diputados. Este congreso fue el que juramentó a Arévalo y Herrera, al filo de la medianoche, sin la presencia de Alejandro Giammattei.

Las fuerzas que actuaron el 14 de enero.

Boicotear la formación de la nueva junta directiva del Congreso, fue la más reciente maniobra de las múltiples que intentó usar el “Pacto de Corruptos”, esta fracción de la oligarquía ha utilizando el poder judicial, el ministerio público  y un sector de la policía para intentar anular la primera ronda de elecciones, ilegalizar a Semilla, secuestrar material electoral, evitar el traspaso electoral, en lo que sin duda era una apuesta por lograr un golpe de estado institucional y la instauración en Guatemala de un régimen bonapartista y dictatorial similar al salvadoreño y nicaragüense. Los nombres propios que quedaron asociados a esta intentona golpista son: Consuelo Porras, Freddy Orellana,  Rafael Currichiche y Alejandro Giammattei.

Esta apuesta política aunque logró debilitar y comprometer profundamente al gobierno de Arévalo-Herrera, no logró su objetivo golpista. Se combinaron tres factores centrales para evitarlo: 1) la movilización popular y democrática de los jóvenes, las mujeres y los pueblos indígenas, 2) la política del imperialismo estadounidense y europeo de rechazar el golpe y apostar por la “estabilidad democrática” y 3) el acuerdo de un sector de la oligarquía de gobernar junto con Arévalo.

La movilización popular.

De todos los elementos el que “pateó el tablero” fue la movilización popular, durante 105 días con altos y bajos existieron elementos de movilización popular, en octubre de 2023 se vivió el pico de la movilización popular con un centenar de bloqueos a lo largo y ancho del país. Los bloqueos fueron desmontados con una combinación de provocaciones policiales, represión y presión de la CACIF (el sindicato de los empresarios). 

A partir de allí hubo un declive en la  movilización, que se mantuvo en forma de vigilias en frente del ministerio público y otras manifestaciones, pero el elemento central fue el pueblo que nunca se desmovilizó del todo. El traspaso de poderes, que es un momento formal dentro de las democracias burguesas, fue posible porque existía “in situ” una movilización popular que desactivó la maniobra del 14 de enero, rompió cercos policiales, presionó al parlamento y sin duda animó a Semilla a enfrentarse contra la maniobra que preparó Giamattei en el congreso.

Hoy por hoy, la principal tarea del gobierno socialdemócrata de Arévalo es desactivar al movimiento popular, “regresarlo a la casa”, que no sea un factor activo de la política como lo fue desde hace 105 días. Esta conclusión es fundamental que sea entendida en la izquierda y el movimiento popular guatemalteco, cualquier posibilidad de avanzar en medidas democráticas y sociales es manteniendo la absoluta independencia del gobierno de Arévalo y Herrera, desde el minuto uno.

La reacción democrática.

El otro elemento clave es el geopolítico, la actitud del imperialismo gringo, europeo y sus instituciones como la ONU y la OEA. Arévalo apostó sobretodo a estos apoyos y no a la movilización popular, como su principal aliada.   Los Estado Unidos y la Unión Europa tienen tres focos centrales de atención: Ucrania,  Gaza y Yemen en todos sostienen profundas crisis políticas que les cuestan millones de dólares, en ello esta toda su atención en política exterior y en política interior el gobierno estadounidense se prepara para una elección, donde Joe Biden parte como perdedor en las encuentas.

Frente a esta situación, la política del imperialismo estadounidense y europeo, es una política de reacción democrática para mantener la estabilidad de la región, la razón por la que los dos imperialismos toleran dos dictaduras (El Salvador y Nicaragua) pero no aceptaron un intentó de golpe en Guatemala, nos parece que es porque era una apuesta demasiado arriesgada que podría desestabilizar políticamente toda la región (Guatemala es el principal país del Itsmo) y probablemente se irradiara al sur de México.

Es por eso que los Estados Unidos y la OEA fueron tan categóricos en que se permitiera subir al poder al binomio Arévalo-Herrera.

El 10 de enero, en la reunión del Consejo Permanente  de la Organización de Estados Americanos, Alejandro Giammattei dijo: “ Un gobierno (…) de manera unilateral y sin permitir la posibilidad de defensa ante los señalamientos en su contra, se atrevió a suspender la visa a más de 100 diputados del Congreso de la República, simplemente porque cumplieron con su deber”.

Al día siguiente el 11 de enero Brian A. Nichols, subsecretario de Estado EE.UU. para Asuntos del Hemisferio Occidental respondió: “Conforme a las leyes de EE. UU. tenemos la obligación de sancionar a quienes obstaculizan la democracia o promueven la corrupción. Hemos visto actos corruptos por una cantidad preocupante de miembros del Congreso de Guatemala y nos vimos obligados a actuar para promover la transición democrática en Guatemala”.

A través de la presión diplomática y las sanciones personales a unas decenas de políticos, los Estados Unidos intentaron señalar que no estaban de acuerdo con los esfuerzos de Giammattei, por mantenerse en el poder, pero de allí no iban a pasar.

En países coloniales como los centroamericanos la posibilidad del triunfo de un golpe autoritario requiere la disposición del imperialismo estadounidense, de promoverlo, tolerarlo o maquillarlo. No existían las condiciones políticas en este momento para ello, pero eso no quiere decir que no se produzcan en el futuro. No es de descartar que en pocos meses la derecha guatemalteca intente algún tipo de golpe blando similar al que destituyó a Castillo en Perú y que fue aplaudido y tolerado en todo el contiente. Al imperialismo no le importa si es con dictaduras oncon democracia burguesa, lo único que le interesa son las mejores condiciones para explotar a nuestros pueblos.

Un gobierno con elementos de conciliación de clase.

El tercer elemento y él que permite explicar porque el imperialismo y un sector de la oligarquía guatemalteca ven como potable al gobierno Arévalo-Herrera, es porque es un gobierno con rasgos de  colaboración de clases, que va a permitir intentar calmar la movilización y la indignación popular.

El gobierno de Arévalo tiene una ministra indígena, la ministra de Trabajo Miriam Roquel y también tiene como aliada a la  diputada de Winaq-URNG, Sonia Gutiérrez Raguay, como parte de la Junta Directiva del nuevo congreso. Todas estas personajes están profundamente integradas al establishment guatemalteco, pero frente a los ojos de la derecha recalcitrante son “la Izquierda”. También el gabinete trae personal político profesional venido de Semilla y de sectores independientes, dando la imagen de “renovación” y “profesionalismo técnico”.

Pero, el verdadero tono del gobierno lo marcan los ministros que vienen de los partidos políticos tradicional y de la CACIF. Por el ejemplo, Carlos Ramiro Martínez Alvarado, ministro de Relaciones Exteriores fue parte del gabinete de Giammattei y ha sido parte de númerosos gobiernos, eso garantiza que la política exterior no se salga de los dictados del Departamento de Estado yanqui. Francisco Jiménez, Ministro de Gobernación fue parte del gabinete de Álvaro Colom en 2008.

Pero destacan particularmente las dos ministras, vinculadas a la CACIF, al poderoso sindicato empresarial. Jazmín de la Vega: “fue diputada del Partido de Avanzada Nacional (PAN), durante el gobierno de Álvaro Arzú, y es una profesional integrante de la Cámara Guatemalteca de la Construcción, la gremial de constructores asociada al CACIF”, (…) la próxima ministra de Energía y Minas, [será] Anayté Guardado, directora ejecutiva de la influyente Asociación de Generadores con Energía Renovable (AGER). Una entidad privada, sin fines de lucro, que agrupa a los principales generadores de energía, en su mayoría hidroeléctricas[1].

Anayté Guardado como agente de las grandes empresas extractivistas es la encargada de continuar la política de expolio y saqueo de la riqueza de las comunidades indígenas, las cuales han enfrentado fuertemente los proyectos hidroeléctricos y mineros en Guatemala.  Miriam Roquel y Sonia Gutiérrez Ragua, tendrán que llamar a las mismas comunidades indígenas a “confiar en el gobierno del cambio”.

¿Que hacer?

Desde las secciones de la Liga Internacional de los Trabajadores, nos parece que lo más importante es discutir esta caracterización del nuevo gobierno y estas perspectivas con los sectores de vanguardia juveniles, indígenas y populares que fueron el corazón de la movilización popular guatemalteca, para así plantearnos la necesidad de un programa y un partido revolucionario en Guatemala, que logren orientar al movimiento popular en sus demandas y eviten los engaños del nuevo gobierno de conciliación de clase.

El programa revolucionario en Guatemala debe iniciar como mínimo por la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente que borré las viejas instituciones y se plante la necesidad de una reforma agraria con contenido campesino e indígena, la defensa de los recursos naturales y los servicios públicos y la nacionalización de las empresas estratégicas de Guatemala.

Karin Herrera, vicepresidenta de Guatemala, sonríe a Sonia Raguay, diputada electa por el partido Winaq, durante la toma de posesión. Foto: Edwin Bercián.  Tomado de https://www.no-ficcion.com/projects/bernardo-arevalo-al-pueblo-de-guatemala


[1]      https://www.no-ficcion.com/projects/quienes-forman-el-gabinete-de-bernardo-arevalo

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