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Italia

Potencialidades y límites de este nuevo otoño de luchas

Diego Bossi

octubre 23, 2026

Un año después del otoño más caliente que Italia haya vivido en los últimos 50 años —hasta el punto de que las masas populares en lucha se ganaron, con todo merecimiento, el título de vanguardia europea en la lucha en solidaridad con el pueblo palestino y su heroica y ejemplar resistencia—, hoy asistimos a las manifestaciones multitudinarias que, en estos días, están llenando las principales metrópolis francesas, españolas y de otros Estados europeos.

¿Y en Italia? La situación también se está intensificando. El sábado 10 de octubre, las calles de las principales ciudades italianas fueron ocupadas por grandes marchas por Palestina. El viernes 16 de octubre se retomaron las huelgas estudiantiles con manifestaciones, y ya son decenas los establecimientos educativos ocupados en distintas ciudades: como siempre, son los jóvenes de la generación Gaza quienes nos señalan el camino.

El 17 de octubre, la juventud también salió a las calles para luchar contra el desastre climático. Los obreros de Ilva (complejo siderúrgico) están en huelga y movilización tanto en Tarento como en Génova (mientras escribimos estas líneas, está en curso la ocupación del aeropuerto de Génova). En el sur del país, las góndolas de los supermercados están vacías debido a las protestas de los camioneros y los agricultores.

La tradicional manifestación de otoño de la CGIL (Confederación General Italiana del Trabajo) en Roma llevó a decenas de miles de trabajadores a las calles de la ciudad. Lo que une a todos estos sectores es la oposición a un sistema que hace imposible la supervivencia: costo de vida, inflación, desastre climático, guerras y desempleo.

En estos últimos días también asistimos a protestas de jóvenes que terminaron en enfrentamientos con la policía y acciones de expropiación en comercios. Se trata de protestas convocadas a través de las redes sociales, sin una orientación política precisa (el gobierno aprovecha esto para intensificar aún más la represión).

Todavía estamos lejos de las grandes manifestaciones de masas en Europa o de las movilizaciones del otoño pasado, pero, aun así, esto nos demuestra que aquí también existe el potencial para alcanzar una gran huelga general que pueda paralizar el país y, esta vez, derribar al gobierno de Meloni.

De dónde partimos el otoño pasado

“Hagamos como en Italia”. Esa era la consigna de los compañeros del otro lado de los Alpes el otoño pasado, cuando autopistas, estaciones de tren y puertos fueron ocupados por marchas de decenas de miles de personas, en una gran sucesión de manifestaciones por Palestina.

En la fórmula que permitió alcanzar semejante crecimiento de la lucha de clases estaba la indignación frente al infame genocidio sionista en la Franja de Gaza; el impulso emocional de la Global Sumud Flotilla, que intentó romper el bloqueo de las Fuerzas de Defensa de Israel (ilegítimo incluso según el derecho burgués) en aguas internacionales, con el objetivo de llevar ayuda humanitaria a la población de Gaza.

Ese impulso tuvo el efecto de un contagio global, cuando el apoyo a la heroica resistencia del pueblo palestino llenó las plazas de todo el mundo. Pero, sobre todo, estaba el ingrediente más importante: la unidad de acción, conseguida cuando se dejó de lado a los dirigentes sindicales y políticos, generalmente empeñados en fragmentar y debilitar las luchas.

Así ocurrió el 22 de septiembre de 2025, cuando el intento fallido de boicot de la burocracia de la CGIL, que había convocado una ridícula huelga de cuatro horas tres días antes, no consiguió debilitar la huelga general unitaria de todos los sindicatos de base, que aquel día llevaron a las masas a las calles.

Así ocurrió el 3 de octubre de 2025, cuando la presión de numerosos activistas y afiliados de la CGIL obligó al mayor sindicato de Italia a convocar una huelga general junto con los sindicatos de base: la mayor huelga de los últimos 40 años, con todo un país paralizado.

Así ocurrió el 4 de octubre, día de la manifestación nacional por Palestina: un millón de personas inundaron la capital. Imágenes impresionantes.

“Hagamos como en Italia”, clamaba el mundo que miraba hacia nuestro país, a pesar de quienes teorizan sobre la incapacidad del proletariado italiano, ignorando una gloriosa historia de luchas obreras.

No se trata de un error de análisis de buena fe, sino de una narrativa falsa, con intereses claros, sostenida conscientemente por quienes quieren diluir las responsabilidades de las direcciones políticas y sindicales en una supuesta debilidad y estancamiento de las masas. Una coartada para la traición de clase, respaldada por una miserable falta de responsabilidad.

Bomberos en acción

Las huelgas y movilizaciones del otoño de 2025 pusieron contra las cuerdas a las fuerzas del orden burgués, que, en diversas ocasiones, se mostraron impotentes ante la fuerza arrolladora de las masas. La burguesía probó la amarga medicina de la pérdida de control y de su capacidad de contención de la sociedad.

Lo mismo se aplica a las direcciones sindicales, que no tienen interés en llevar el conflicto social hasta sus últimas consecuencias. Como máximo, quieren utilizarlo para negociar privilegios con el Estado burgués dentro del capitalismo. Aflojan las cadenas de los tobillos del proletariado sin romperlas.

No es casualidad que, en lugar de aprovechar la ola de aquella movilización masiva que desbordó las leyes antihuelga y puso contra las cuerdas al aparato represivo, el otoño de 2025 haya terminado con la fragmentación y el debilitamiento de las luchas: dos huelgas separadas, el 28 de noviembre y el 12 de diciembre.

Llegados a este año, después de la contundente derrota del gobierno de Meloni en el referéndum, ni los partidos de la falsa oposición burguesa ni la dirección de la CGIL movieron un dedo para asestar un golpe que derribara al gobierno.

Tuvimos que esperar hasta mayo (¡dos meses después!) para que se convocaran dos huelgas “generales” separadas (el 18 y el 29 de mayo), organizadas por diferentes sindicatos de base y que, de hecho, se contraponían entre sí.

Otoño de 2026

Este otoño, los dirigentes sindicales en Italia, en lugar de intentar unificar a los distintos sectores para que la movilización en curso se convierta en una gran lucha contra el gobierno, hacen todo lo posible para fragmentar y debilitar a la clase trabajadora.

Los trabajadores se encuentran ante la perspectiva de tres huelgas llamadas “generales”, pero separadas. ¡Repetimos, separadas! Si fueran tres huelgas unificadas dentro de una creciente ola de lucha, estaríamos muy satisfechos.

Así, el calendario de movilizaciones es el siguiente: el 30 de octubre, una huelga convocada por la USI, con la adhesión de la USB, en la que también se movilizarán los estibadores, así como trabajadores de diversas categorías afiliadas a la CUB, incluidos trabajadores de la industria química, del caucho, del plástico, de la educación, de la salud, de las universidades y de la metalurgia.

El 20 de noviembre tendrá lugar la huelga general de la CGIL, con movilización estudiantil y manifestaciones locales (¡para evitar concentraciones que irriten al gobierno!).

Finalmente, el 4 de diciembre se realizará la huelga previa a Navidad, convocada en septiembre por la CUB, SGB, Si.Cobas y otras organizaciones. Esta fecha tardía no tiene en cuenta ni las movilizaciones europeas ni las protestas estudiantiles en Italia.

Un panorama desalentador: frente a los ataques de los empresarios, los gobiernos y los imperialistas, surge una respuesta sindical fragmentada y tardía, lo que llevó al Frente de Lucha contra la Austeridad a convocar inmediatamente una gran huelga general unificada.

¿Qué hacer?

Los intereses generales de la clase trabajadora exigen que los sindicatos unifiquen sus luchas, organizando movilizaciones conjuntas para hacer más eficaces las huelgas.

Recordemos que estas huelgas les cuestan a los trabajadores una parte de sus ya escasos salarios, a diferencia de los burócratas oportunistas que dirigen los sindicatos.

Sin mencionar los cientos, si no miles, de lugares de trabajo donde existen varios sindicatos que convocan huelgas en fechas diferentes. ¿Con quién deben hacer huelga los trabajadores? ¿Cuántas huelgas (pequeñas e ineficaces) deben realizar?

Hoy, más que nunca, en el ámbito sindical, es esencial hacer dos cosas importantes:

  1. Organizar a las bases en comités, colectivos y organismos de coordinación independientes de las direcciones burocráticas de los sindicatos.
  2. Dar una lucha interna dentro de los sindicatos, exigiendo que los trabajadores activos y los sectores de vanguardia los dirijan sobre la base de sus intereses de clase, contra cualquier impulso sectario y autorreferencial que se convierta en un fin en sí mismo.

Pero el plano sindical no es suficiente: ninguna conquista bajo el capitalismo está asegurada. Los patrones recuperarán todo, con intereses, en cuanto puedan.

Necesitamos una dirección revolucionaria que intervenga en las numerosas luchas que ya están en curso: las luchas de resistencia de los pueblos atacados por el imperialismo, las luchas estudiantiles y las luchas por el derecho a la vivienda que presenciamos hoy en Francia y España, las movilizaciones estudiantiles en curso en Italia, las protestas de los campesinos, etc.

Por eso nos comprometemos a construir una internacional revolucionaria, la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-Cuarta Internacional), que, interviniendo en las luchas cotidianas, las conduzca hacia el socialismo, liberando a la humanidad de las cadenas del lucro.

Alternativa Comunista estará junto a los trabajadores en huelga, independientemente de la organización a la que pertenezcan, convocando a construir conjuntamente huelgas generales, en unidad de acción con los estudiantes y los sectores pequeñoburgueses empobrecidos (como los campesinos).

Respondemos a la burocratización de los sindicatos con democracia obrera, para que sean los trabajadores y estudiantes que se movilizan quienes tomen las decisiones sobre los asuntos que los afectan.

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