“Un milímetro de diferencia en la teoría, se transforma en kilómetros de distancia en la política”. (Lenin)

Este artículo, publicado en dos partes*, tiene la pretensión de explicar la posición de la LIT-CI, y de CR actualmente, sobre la relación entre Feminismo y Marxismo, la relación entre la lucha para acabar con el capitalismo y la lucha por los derechos de las mujeres. Su objetivo no es “sentar cátedra”, sino contribuir a la discusión y debate sobre el tema, sobre todo con aquellas personas que defienden la lucha por la igualdad desde una perspectiva anticapitalista.

Laura Requena (Secretaría estatal de Mujer de Corriente Roja)

El sujeto social y político: ¿Las mujeres o la clase obrera?

Considerar que existen dos sistemas paralelos: Capitalismo y Patriarcado, contra los que hay que luchar, o que las clases sociales no son la categoría central en la que se estructura la sociedad, tiene profundas consecuencias políticas y organizativas.

Para la teoría feminista, son las mujeres (sujeto social) quienes van a acabar con la opresión que sufren. Por tanto construir organizaciones de mujeres u organizaciones “feministas” mixtas o no (sujeto político) pasa a ser tan o MAS importante que construir una organización revolucionaria. Igualmente, el sujeto social para acabar con el racismo y la xenofobia serían los inmigrantes o en la lucha contra la LGBTfobia, el sujeto sería el colectivo LGBTI. Y así podríamos seguir multiplicando los sujetos sociales, TODOS y TODAS luchando contra su opresión.

Pero el problema es que estos colectivos están atravesados por las clases sociales cuyos intereses son contrapuestos. No podemos negar que hay mujeres burguesas y otras obreras, de igual manera que en los sectores LGBTI y negros, también existe esta división de clase. Por eso para nosotros, consecuentes con la teoría marxista, el único sujeto social capaz de acabar con toda forma de opresión y explotación es la clase obrera.

Esto no significa que no estemos de acuerdo en la unidad de acción de TODAS las mujeres y de las distintas organizaciones, en luchas concretas como pueden ser la por el derecho al aborto o por más recursos contra la violencia machista. Una unidad de acción que siempre hemos apoyado y de la que venimos participando como organización, defendiendo los derechos de las mujeres desde una perspectiva de clase y revolucionaria.

También tenemos acuerdo en que son las mujeres trabajadoras quienes tienen que estar a la vanguardia en la lucha contra su opresión y dando la batalla para que el conjunto de la clase trabajadora tome sus reivindicaciones como propias y en ese sentido  vemos la necesidad de crear “formas especiales de organizar” a las mujeres, dentro de la clase. De hecho, en los últimos años venimos discutiendo dentro de la LIT la mejor forma de hacerlo. Pero siempre como una táctica al servicio de lo que para nosotras es estratégico: unir a la clase en la lucha por el socialismo, llenar de mujeres el Partido, construir este y acabar con el capitalismo. No tenemos como estrategia la construcción de organizaciones de mujeres, ni siquiera de “mujeres anticapitalistas”, sino que estamos por la construcción de un partido revolucionario, de hombres y mujeres, que combata día a día toda forma de opresión y que dirija al CONJUNTO de la clase obrera a la toma del poder para acabar con el capitalismo, que es el sistema económico, político y social en el que vivimos y poner así las bases para crear una sociedad nueva sin explotación ni opresión de ningún tipo.

La división de la clase trabajadora por las ideologías y conductas burguesas que sustentan las opresiones (racismo, machismo, homofobia), atenta contra la lucha unificada de la clase obrera contra el capitalismo. Por eso es ABSOLUTAMENTE necesario dar la batalla para unir a la clase combatiendo la opresión machista, al igual que las demás, en el seno de la clase, empezando por hacerlo en el interior de las propias organizaciones revolucionarias que no están “enlatadas al vacío” sino que se construyen con mujeres y hombres que aspiran a ser revolucionarias y revolucionarios pero que viven en esta sociedad y han sido educados en la ideología dominante.

Entendemos que uno de los factores para el surgimiento del feminismo radical fue la reacción tanto frente al feminismo reformista liberal como frente “a la llamada izquierda tradicional (stalinismo), que como apunta Florence Oppen, “había considerado el problema de la mujer como algo secundario que se solucionaría automáticamente con la llegada del socialismo”.(..) “La revolución feminista de los años 60-70 partió de un problema muy real y muy presente en la autodenominada izquierda y en las organizaciones obreras: la contradicción entre un discurso emancipador que contemplaba teóricamente la liberación de las mujeres y una serie de prácticas machistas y opresivas dentro de esas mismas organizaciones”.

En este sentido, no nos cansamos de decir que si bien no es posible acabar con el machismo sin acabar con el capitalismo primero, tampoco es posible luchar por el socialismo sin combatir el machismo a cada paso. Como dijo Ines Armand, dirigente de la revolución rusa: “Si la liberación de la mujer es impensable sin el comunismo, el comunismo es también impensable sin la liberación de la mujer”.

Para Corriente Roja y la LIT-CI, el combate al machismo en la clase trabajadora, en la sociedad, en nuestro propio partido y en toda la internacional, es UN PRINCIPIO, acorde no sólo con nuestro programa sino incluso con nuestra moral revolucionaria.

No podemos olvidar además que este sistema también oprime a todas aquellas personas que no se identifican con el genero que socialmente se les ha impuesto ni/o con la heterosexualidad como norma. No hay más que ver por ejemplo las espantosas estadísticas-cuando se encuentran- de mujeres transexuales asesinadas cada año en distintos lugares del mundo u obligadas a ejercer la prostitución para poder subsistir. Esta forma de opresión (LGBTIfobia), de la que ni Marx ni Engels escribieron, por los prejuicios sociales y la moral victoriana de su época, sirve igual que las otras, para dividir a la clase y sobreexplotar a una parte de la misma, por lo que su lucha debe ser contemplada por la teoría marxista actual y ser parte del programa revolucionario para que también la bandera de sus reivindicaciones y por sus derechos, sea enarbolada por el conjunto de la clase obrera mundial.

Opresión y explotación: Una relación dialéctica permanente y por tanto una misma lucha.

Ahora bien, como dice Florence Oppen, “los que reivindicamos el marxismo revolucionario estamos de acuerdo con el hecho de que las relaciones de opresión no son sólo medios para explotar o dividir a la clase dominada, sino que tienen una existencia social propia y semiautónoma y por esto diferenciamos el concepto de opresión del de explotación”. También es importante la apreciación de Sharon Smith cuando dice que: “Localizar la fuente de la opresión de la mujer en la sociedad de clases de ninguna manera limita nuestro entendimiento del impacto que ha tenido en la vida de las mujeres individualmente”.

La opresión machista la sufren TODAS las mujeres aunque su vivencia esté totalmente condicionada por la clase social a la que pertenecen. Debemos combatir la opresión y la explotación al mismo tiempo. Por eso también nos enfrentamos a aquellos sectores que vienen del estalinismo y del castro-chavismo que se han dedicado a contraponer la lucha por los derechos de los sectores oprimidos con la lucha por el socialismo, postergando los dos para un futuro indeterminado. Y no pensamos que vamos a acabar con la opresión sólo por el hecho de acabar con el capitalismo. Esta es una visión reduccionista y vulgar del marxismo como teoría. Lo único que nos va a garantizar el socialismo será poner las bases materiales para acabar con la desigualdad, pero hasta llegar al verdadero comunismo habrá que seguir combatiendo siglos de prejuicios, estereotipos y costumbres opresivas que por ser milenarias no vamos a poder “sacudirnos de un plumazo”.

De ahí la relación dialéctica y continua entre opresión y explotación.

Marxismo y Feminismo

Existen organizaciones que se reivindican de la izquierda revolucionaria, que levantan consignas como la que da título a este artículo y que hacen una combinación ecléctica y contradictoria entre marxismo y feminismo. Compartimos acuerdos y prácticas políticas con muchas de estas organizaciones como la denuncia del feminismo institucional que engaña a las mujeres haciéndoles creer que es posible lograr la igualdad real entre hombres y mujeres sin derribar el capitalismo. Aunque podamos exigirle justicia o reconocimiento de nuestros derechos, no confiamos en el Estado y sus leyes para acabar con la desigualdad y la violencia contra las mujeres, puesto que como hemos demostrado este no es neutro, sino que está al servicio de los intereses de la clase dominante. También compartimos con estas organizaciones, la defensa de los derechos de las mujeres trabajadoras cuyas reivindicaciones nunca serán asumidas por las mujeres de la clase dominante o la denuncia de que los feminicidios son la forma más cruel pero no la única de otras muchas violencias machistas porque el machismo, igual que otras formas de desigualdad, es inherente al sistema capitalista.

Pero para nosotras no existen dos sistemas: Capitalismo y patriarcado, ni por lo tanto dos luchas políticas y sociales diferentes, ni paralelas ni independientes entre sí. Hay un ÚNICO sistema económico, social, político y cultural dominante que se llama capitalismo. Un sistema que se fundamenta en la extracción de plusvalía para poder perpetuarse y que utiliza todas las opresiones que existían anteriormente y crea otras nuevas a cada paso, para mejor explotar y dominar al conjunto de la clase trabajadora, que somos la mayoría social.

Y dejémoslo claro: El marxismo y el feminismo, como TEORÍAS que intentan no sólo explicar el mundo sino transformarlo, lejos de ser teorías complementarias, son contrapuestas. El feminismo en esencia lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista, mientras que el marxismo aboga por la superación de la sociedad capitalista mediante la lucha revolucionaria de la clase obrera por el poder. Y esto pese a los muchos intentos que ha habido por parte de muchas autoras(es) por intentar combinarlas.

Es la clase trabajadora, formada por hombres y mujeres y dirigida por un partido revolucionario, la ÚNICA capaz de tomar el poder político, expropiar a los y las capitalistas y seguir luchando por un mundo socialista sin explotación ni opresión de ningún tipo. Pero para ello necesitamos combatir la opresión machista a cada paso, ampliar la lucha por los derechos de las mujeres y lograr la máxima igualdad posible en ESTE mundo capitalista, como condición INDISPENSABLE para unir a la clase y conseguir que la mitad de esta rompa con las cadenas que la mantienen como un “ser inferior “y tome en sus manos las riendas de su propia emancipación. Solo así, afirma Cecilia Toledo en su obra póstuma: “la liberación de la mujer, que está inevitablemente condicionada a la conquista del socialismo, deja de ser un sueño personal imposible y se torna una necesidad para toda la humanidad y una tarea colectiva de toda la clase trabajadora”.

*Contrariamente a lo afirmado en la primera parte, este artículo será publicado en dos partes, no tres.

BIBLIOGRAFÍA: