El trotskismo perdió hoy un pedazo de su historia viva.

De todas las noticias tristes, esta es para mí, especialmente dolorosa: a los 95 años, murió Bill Hunter, más que un veterano, una leyenda del trotskismo inglés. Bill era portuario de Liverpool, fue miembro del Partido Laborista Independiente durante la Segunda Guerra Mundial y, en 1944, se hizo trotskista, cumpliendo un papel dirigente en el Partido Comunista Revolucionario por muchos años. En 1988, adhirió a la Liga Internacional de los Trabajadores e integró su Comisión Internacional de Moral.

Bill escribió y produjo intensamente mientras su salud lo permitió. Incluso con edad avanzada, aún mantenía correspondencia con numerosos camaradas en todo el mundo, escribía boletines polémicos para los congresos de la LIT y era una referencia política y moral para toda la izquierda inglesa. Escribió varios libros, no solo sobre política sino inclusive sobre literatura y poesía.

Conocí a Bill en 1998, durante un curso promovido por el PRT (en aquella época, sección española de la LIT) en Madrid. Al saber de su muerte, recordé que tenía una foto con él. Bill era alegre y simpático, con un acento inglés fuertísimo, difícil de entender. Sus ojos y cejas se movían vivamente incluso en las conversaciones más simples, envolviendo al interlocutor en un efecto casi paralizante, de tan interesantes que eran sus historias (¡y eran muchas!).

Ya muy debilitado, Bill no sobrevivió a un derrame y murió hoy a las 7 horas de la mañana, horario de Londres. El mundo amaneció más triste hoy; y el cielo de Inglaterra, más gris. Más que una gran figura, el trotskismo perdió hoy un pedazo de su historia viva.

¡Bill Hunter presente!

Nota del editor:

Quiero sumarme al homenaje de Henrique Canary a Bill, aportando algunos recuerdos personales. Conocí a Bill y a su esposa Rachel (Rae) en Buenos Aires, en 1985, cuando viajó junto con una delegación del WRP (Workers Revolutionary Party), invitado por Nahuel Moreno, para discutir una posible incorporación a la LIT. La relación política se había retomado desde 1982, cuando el WRP, con una posición principista, apoyó a Argentina contra Gran Bretaña en la guerra de Malvinas.

El sector mayoritario del partido (encabezado por Charles Slaughter) estuvo en contra de sumarse a la LIT, pero Bill  y un grupo de camaradas de Liverpool y Manchester avanzaron y formaron la ISL (International Socialist League) que se transformó en la sección inglesa de  nuestra organización internacional.

Volvimos a encontrarnos en 1997, en San Pablo, durante el V Congreso de la LIT, aquel en que se defendió su continuidad por un voto contra el sector revisionista que quería transformarla en una organización sin ningún tipo de centralismo. Bill fue parte sólida del “bloque defensista”.

En esa ocasión, tuve oportunidad de charlar mucho con él y recuerdo, tal como cuenta Henrique, mi dificultad de entender plenamente su inglés plagado de expresiones del slang de los obreros ingleses. Lo recuerdo como alguien muy alegre y simpático en el trato personal y con los camaradas, y también un poço “cascarrabias” en los debates políticos. Tengo también como recuerdo un ejemplar que me regaló de su libro autobiográfico Lifelong Apprenticeship (Aprendizaje permanente). Uno se asombra al comprobar que, cuando tantos desertaron por conveniencia o por cansancio, Bill fue fiel a sus convicciones troskistas y revolucionarias y a la clase obrera durante 71 años. Henrique tiene razón: ha muerto un pedazo de la historia de nuestra corriente.

Viejo Bill, hasta el socialismo siempre.