Esta semana comienza la reunión semestral del FMI-Banco Mundial. Anteriormente, el FMI dio inicio al show con un aviso de que los países pobres del mundo están caminando hacia una catástrofe con la crisis pandémica, llevando al incumplimiento de las deudas que sus gobiernos y empresas tienen con inversores y bancos en el ‘norte global’.

De: Michel Roberts

De acuerdo con el FMI, cerca de la mitad de las economías de baja renta (LIEs) están ahora en riesgo de default de la deuda. La deuda del “mercado emergente” (ME) en relación con el PIB aumentó de 40% a 60% en esta crisis.

Y hay poco espacio para aumentar los gastos del gobierno para aliviar el golpe. Los países “en desarrollo” están en una posición mucho más débil en comparación con la crisis financiera global de 2008-2009. En 2007, 40 países emergentes y de renta media tuvieron un superávit fiscal del gobierno central combinado igual a 0,3% del producto interno bruto, de acuerdo con el FMI. El año pasado, ellos registraron un déficit fiscal de 4,9% del PIB. El déficit gubernamental de los MEs (Mercados Emergentes) en Asia pasó de 0,7% del PIB en 2007 a 5,8% en 2019; en América Latina, aumentó de 1,2% del PIB a 4,9%; y los MEs europeos pasaron de un superávit de 1,9% del PIB a un déficit de 1%.

Por ejemplo, el Brasil ahora tiene un déficit gubernamental consolidado de 15% del PIB. El de la India es de 13%. Ambos países verán sus niveles de deuda soberana subir a 90% del PIB en el final del próximo año y se aproximarán a 100% de PIB en 2022.

La nueva economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, alertó que el sur global enfrenta “una ola sin precedentes de crisis de deuda y reestructuraciones”. Reinhart dijo: “en términos de cobertura, de los países que serán hundidos, estamos en niveles nunca vistos ni siquiera en la década de 1930”. Las deudas de empresas no financieras en los treinta mayores mercados emergentes aumentaron a 96% del producto interno bruto en el primer trimestre de este año, más que el monto de la deuda corporativa en las economías avanzadas, a 94% del PIB, de acuerdo con el IIF (Institute of International Finance).

En los próximos dos años, las treinta principales economías emergentes enfrentarán el nivel más alto de deudas a vencer, tanto privadas como públicas.

Y así, esos países pobres serán forzados a aumentar aún más la deuda para lidiar con la crisis pandémica y hacer frente a los pagos de la deuda existente. No obstante, Reinhart argumentó que “mientras la enfermedad está en alza, ¿qué más se puede hacer? Primero, usted se preocupa en luchar en la guerra, después descubre cómo pagar por eso”.

Eso fue irónico viniendo de alguien que es más conocida por su trabajo con el colega economista de Harvard Kenneth Rogoff sobre los daños económicos infligidos por los altos niveles de endeudamiento a lo largo de la historia. En su famoso (¿infame?) libro This time is different (Esta vez es diferente) ellos argumentaron que los altos niveles de deuda pública eran insostenibles y los gobiernos tendrían que aplicar ‘austeridad fiscal’ para reducirlos o enfrentar un colapso bancario y de la deuda.

Peor aún, gran parte de la deuda es denominada en dólares americanos y, en la medida en que esa moneda hegemónica se valoriza como un ‘puerto seguro’, el gravamen del reembolso aumentará para las economías dominadas del ‘sur’. El nivel de deuda corporativa en ‘moneda fuerte’ de los mercados emergentes es significativamente mayor ahora que en 2008. De acuerdo con el Informe de Estabilidad Financiera de octubre de 2019 del FMI, la deuda externa media de los mercados emergentes y de países de renta media aumentó de 100% del PIB en 2008 a 160% del PIB en 2019.

Los inversores capitalistas y los bancos ahora no están más invirtiendo en acciones y títulos del “sur global”, con excepción de China. Por lo tanto, el flujo de capital privado secó para financiar la deuda existente.

Como resultado, las monedas de los principales mercados emergentes se hundirán en relación con el dólar y con otras monedas “fuertes”, tornando aún más difícil el pago de deudas.

Esta crisis de la deuda inminente solo agrava el impacto de la caída pandémica en el sur global. En su informe para la reunión semestral, el Banco Mundial estima que la pandemia llevará entre 88 millones y 115 millones de personas a la extrema pobreza este año, que el banco define como vivir con menos de U$S 1,90 por día (un inicio patéticamente bajo de cualquier manera).

Más de 80% de las personas que caerán en la pobreza extrema este año están en países de “renta media”, siendo el sur de Asia la región más afectada, seguida por el África Subsahariana. “Es probable que veamos personas que antes escapaban de la pobreza cayendo de nuevo en ella, así como personas que nunca fueron pobres cayendo en la pobreza por primera vez”, dijo Carolina Sánchez-Páramo, directora de la división de pobreza y equidad del banco. “Incluso bajo la premisa optimista de que, después de 2021, el crecimiento vuelva a las tasas históricas… los efectos empobrecedores de la pandemia serán vastos”, dijo el Banco Mundial.

La economía global deberá contraerse entre 5 y 8% este año en una base per cápita, y eso pondría los niveles de pobreza de nuevo en los niveles de 2017, deshaciendo tres años de progreso en la mejora de los padrones de vida, estimó el Banco Mundial.

El progreso en la reducción de la pobreza estaba disminuyendo antes de la pandemia, de acuerdo con el informe. Cerca de 52 millones de personas en todo el mundo salieron de la pobreza entre 2015 y 2017, pero la tasa de reducción de la pobreza disminuyó para menos de medio punto porcentual al año durante ese período, luego de reducciones de cerca de 1% al año entre 1990 y 2015.

Lo que también queda claro en el informe es que toda la reducción en las tasas de pobreza desde 1990 ocurren en Asia, en particular en el Este Asiático, y en particular en China. Retire a China y habrá poca o ninguna mejoría en la pobreza absoluta en treinta años.

Casi 7% de la población mundial vivirá con menos de U$S 1,90 por día hasta 2030, dijo el informe, en comparación con una meta de menos de 3% bajo los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

En la tentativa de evitar la insolvencia inminente, una moratoria del servicio de la deuda fue aprobada por el G20 e irá hasta el final de este año. El FMI también dio cerca de U$S 31.000 millones en financiamiento de emergencia para 76 países, incluyendo a 47 de los más pobres bajo el Catastrophe Containment and Relief Trust (Fondo de Socorro y Contención de Catástrofe). La mayoría de esos países tenía alta dependencia económica de las exportaciones de una única mercadería o del turismo y sufrió una clásica apropiación externa de las finanzas y colapso económico cuando el Covid-19 entró en escena.

Pero principalmente es todo conversación; con discursos como los del jefe del FMI Georgieva, y Reinhart en el Banco Mundial. Como dice la Oxfam en un nuevo informe devastador sobre la desigualdad y la falta de servicios públicos y de derechos de los trabajadores, “los programas de emergencia se han concentrado en cerrar las enormes lagunas de financiamiento del presupuesto y de la balanza de pagos producidos por colapsos de ingresos relacionados con el coronavirus y en permitir más espacio para salud y gastos limitados con protección social para enfrentar la crisis. Y los “informes globales, regionales y nacionales del FMI ya están alertando sobre la necesidad de ‘consolidación fiscal’, esto es, austeridad, para reducir el peso de la deuda una vez que la pandemia haya sido contenida”.

Prácticamente todos los documentos de préstamos de emergencia nacionales enfatizan la necesidad de que los gobiernos tornen los gastos contra el coronavirus temporarios y tomen medidas de ajuste fiscal para reducir los déficits tras la pandemia. Por ejemplo, en junio de 2020, el FMI concordó con un programa de préstamos de U$S 5.200 millones de doce meses con Egipto, que detalló una meta de superávit presupuestario primario para el año fiscal 2020-2021 de 0,5% para permitir gastos relacionados con la pandemia de coronavirus, pero exigió que fuese restaurado el superávit primario precrisis de 2% en el año fiscal de 2021-2022. El FMI también vinculó los grandes cortes en los gastos con salud, que dejaron a los países mal preparados para la crisis.

El Banco Mundial prometió U$S 160.000 millones en financiamiento de emergencia en los próximos quince meses y defendió el alivio de la deuda de otros acreedores, pero hasta ahora se negó a cancelar cualquier deuda debida a él, a pesar de que los países de baja renta reembolsaron U$S 3.500 millones al Banco Mundial en 2020. El análisis de la Oxfam muestra que apenas 8 de los 71 proyectos de salud Covid-19 del Banco Mundial incluían cualesquiera medidas para reducir las barreras financieras al acceso a los servicios de salud, aun cuando varios de esos proyectos reconozcan el alto gasto en descubierto con salud como una cuestión importante. Esos gastos llevan a millones de personas a la bancarrota cada año y las excluyen del tratamiento.

La única forma eficaz de evitar la insolvencia es cancelar las deudas de los países pobres con bancos y multinacionales. Pero esa es la única política que no ocurrirá.

La Jubilee Debt Campaign (JDC) (Campaña del Jubileo por la Cancelación del Débito) pidió al FMI que vendiese parte de su stock de oro para cubrir los pagos de la deuda de los países más pobres del mundo en los próximos quince meses. La JDC dijo que vender menos de 7% del oro del FMI generaría un lucro de U$S 12.000 millones, lo que es suficiente para cancelar las deudas de los 73 países más pobres hasta el final de 2021 y aún dejar a la organización con sede en Washington con U$S 26.000 millones más en oro que al inicio del año. La JDC y otros también pidieron una nueva emisión de Derechos Especiales de Saque (SDR), en verdad, dinero internacional para financiar a los países pobres. Ambas sugerencias fueron rechazadas.

Reinhart lamenta que “En nivel del país, en nivel multilateral, en el nivel del G7, ¿quien tiene financiamiento para llenar todas las grandes lagunas fiscales que fueron creadas o exacerbadas por la pandemia?”. Respuesta: no hay.

Traducción del portugués al castellano: Natalia Estrada.