El gobierno alterna el carnaval con el apocalipsis y en ocasiones los combina

Nuestro país ha venido siendo golpeado por una serie de fenómenos “naturales” como huracanes y terremotos. El terremoto del 7 de septiembre, las posteriores réplicas y el terremoto del 19, provocaron una devastación de grandes zonas urbanas con un saldo (oficial, que bien sabemos se trata de cifras minimizadas) de más de 400 muertos, miles de heridos y 173.877 casas destruidas o que no se pueden volver a habitar. No obstante, no es paranoico pensar que las cifras pudieron ser mucho más altas, pues en 1985 el gobierno solo aceptó 10 mil muertos mientras varias organizaciones no gubernamentales llegaron a calcular entre 25 y 40 mil.

Por GSO-México

A minutos de ocurridos estos fenómenos, cientos de miles de jóvenes se volcaron a auxiliar a las víctimas con las manos, o en el mejor de los casos con picos y palas. Horas después el gobierno hacia entrar en acción los planes DN-3 y Marina, llevados a cabo por las fuerzas armadas. Y como nos pudimos dar cuenta, la intervención de las fuerzas armadas tuvo como primer objetivo cuidar los bienes de los grandes propietarios y, sobre todo, frustrar la autoorganización del pueblo en las labores de rescate. Es por ello que aparte de la destrucción, los rescatistas enfrenaron un segundo problema: las fuerzas armadas, cuyos elementos en lugar de ir dotados de picos y palas, iban armados con armas de alto poder.

Muchos oficiales, que no sabían nada más que los voluntarios, se atrevían a dar órdenes para desplazar a los jóvenes. Fue hasta altas horas de la noche que entraron en acción elementos de las fuerzas armadas con algún entrenamiento para estos casos, pero no eran muchos. Había más soldados armados vigilando e impidiendo el paso de la ayuda que en labores de rescate.

Otra de las “grandes tareas” de los soldados fue andarse paseando por las ciudades en vehículos militares –como en los desfiles— para dar la impresión que estaban llevando a cabo labores de rescate. Fue así que observamos militares en Interlomas donde no hubo ni una barda caída.

De los daños que no se mencionan, pero que ahí están, fueron los del Metro donde colapsaron estructuras en talleres y algunas líneas, clínicas y hospitales del ISSSTE y del IMSS.

El pueblo volvió a salir

Como en el ‘85 otra vez se expresó con fuerza la solidaridad y abnegación inagotables del pueblo, especialmente de la juventud, que en forma masiva y efectiva se volcó al rescate, a acondicionar albergues y a acopiar ayuda. La UAM, la UNAM, el IPN y otras universidades se convirtieron en centro de organización de brigadas. Lo mismo en los barrios populares donde se organizaban brigadas de voluntarios.

El gobierno, por su parte, tenía una preocupación: evitar que la sociedad tomara en sus manos las labores de rescate, desplazando los pocos esfuerzos oficiales.

El gobierno volvió a fallar

El 7 de septiembre, igual que el 19, las alarmas antisísmicas no funcionaron, pese a la cascada demagógica que Mancera –jefe de gobierno de la ciudad– hiciera horas antes con motivo del 32 aniversario del sismo de 1985. El 6 de septiembre la alarma se disparó sin haber necesidad. Protección Civil –a la cual le han venido reduciendo el presupuesto– tampoco estuvo a la altura. El 19 la alarma se accionó al mismo tiempo que iniciaba el terremoto. En suma, un desastre.

Se dice que la alarma no funciona porque está en pésimo estado de funcionamiento por la falta de presupuesto.

Como siempre la población más pobre fue la que más padeció. Lo más urgente es que se lleven a cabo las investigaciones que sean necesarias para deslindar responsabilidades sobre la culpabilidad de los edificios colapsados. ¿Quién autorizó las licencias de construcción?

La conclusión es clara

No es la furia impredecible de la naturaleza la que nos está castigando, matando y destruyendo. Es el capitalismo y su lógica de la ganancia, es la desigualdad social que deja a la mayoría explotada expuesta a la muerte y la minoría explotadora a salvo. Es el estado burgués y sus gobiernos que amparan y defienden con violencia esa desigualdad fatal.   

Lo prometido es “duda”

Peña Nieto iba de un lugar a otro tomándose fotos, prometiendo –cosa que sabe bien hacer—“la ayuda necesaria”. Sabemos que esas promesas aparecen siempre con los desastres pero que nunca se cumplen. Recordemos los efectos de los huracanes Ingrid y Manuel que costaron decenas de vidas y cientos de vidas a pobladores guerrerenses en 2013. Peña Nieto se tomó muchas fotos e hizo muchas promesas y es la hora que los pobladores de las zonas afectadas de Guerrero no les ha cumplido la promesa de reponerles sus casas.

El abuso de las televisoras

Televisa y TV Azteca hicieron su agosto. Aprovecharon el interés del pueblo en la tragedia para transmitir 24 horas, paja informativa para mantener a los televidentes pegados a los aparatos –abundantes anuncias de por medio—, elogiar al gobierno y las fuerzas armadas e inventar el caso de la niña Frida Sofía para distraer a la gente sobre la verdadera magnitud de la tragedia. Además hicieron gran propaganda a favor de Aurelio Nuño, su próximo candidato a la Presidencia de la República.