El inicio de 2016 estará signado por una visita a México que tendrá gran importancia política. Sabemos que muchos honestos luchadores de la clase trabajadora, la juventud estudiantil y sectores populares tienen expectativas en la visita papal. Vaya como ejemplo el pedido de audiencia que han resuelto hacerle los padres de los 43 normalistas en la reciente CNP de Ayotzinapa. Los discursos de Francisco contra la pobreza, la pena de muerte y la exclusión de los inmigrantes, impactaron masivamente en el mundo y no son pocos los medios de prensa que se animaron a llamarlo un “papa de izquierda” y “al servicio de los pobres”.

Con profundo respeto por la fe religiosa cristiana y la confianza que muchos depositan en el papa Francisco, expondremos en una serie de notas nuestra opinión sobre las causas y los objetivos de la visita a México del nuevo jefe de la Iglesia católica.

Por: GSO – México

Para entender mejor la visita a nuestro país es útil repasar la agenda del reciente viaje del Papa Francisco por Cuba y Estados Unidos que tuvo un gran impacto mun­dial. En realidad, más allá de los ges­tos y discursos, el viaje mostró un apo­yo directo al plan de Barack Obama y Raúl Castro para facilitar la entrega de la isla caribeña a las “inversiones” norteamericanas, que se negocia tras el “levantamiento del bloqueo a Cuba”. Los mensajes papales en la Casa Blanca o en el Capitolio de los Estados Unidos y en la Asamblea de la ONU fueron recibidos con ovaciones y con “lágrimas en los ojos”. Pensemos: ¿Los aplausos dentro de esas cue­vas de bandidos no son razones más que suficientes para que los traba­jadores del mundo no depositemos ninguna confianza en lo que signifi­can esos discursos?

Para nosotros, cada vez queda más claro cuál fue la causa de la extraña renuncia de Benedicto XVI, algo poco frecuente en la Iglesia Ca­tólica. El primer Papa latinoamerica­no emergió como una necesidad del Vaticano de recuperar a sus fieles en medio de una gran crisis, con es­cándalos de corrupción financiera y múltiples denuncias contra obispos y sacerdotes pedófilos. Era necesario cambiar esa imagen de decadente. Y fue así que el cardenal Jorge Ber­goglio, obispo que acompañó en si­lencio cómplice los crímenes de lesa humanidad durante la dictadura mili­tar argentina, se convirtió en el caris­mático papa Francisco.

“Todos conocemos y estamos su­mamente preocupados por la inquie­tante situación social y política”, dijo el Papa en una parte de su extenso discurso ante los diputados y sena­dores gringos. El sumo pontífice está alertando a los explotadores que la caldera mundial de los oprimidos está estallando en revoluciones y guerras civiles, les advierte que la resisten­cia de los trabajadores y los pueblos de todo el mundo está cuestionando todo el dispositivo de dominación im­perialista a escala internacional. Con nuevas formas y discurso, la Iglesia Católica sigue estando del lado de los poderosos, y se reinventa como un instrumento al servicio del impe­rialismo mundial que nos somete dia­riamente.

Nada es casual en la agenda polí­tica del Vaticano. El nuevo Papa vino a “bendecir los puentes del diálogo” que permiten la entrada del capi­tal norteamericano en el reparto del saqueo a Cuba. Es decir, flexibilizar las trabas para la ampliación de re­mesas de dinero, viajes, telecomuni­ caciones, servicios de internet y opera­ciones comerciales yanquis en Cuba. Por eso, en un claro gesto de apoyo a los hermanos Castro, se negó a re­cibir a los disidentes perseguidos del régimen cubano en la propia isla. En contrapartida, y como forma de pago por los servicios prestados, el régimen castrista le devolvió a la Iglesia católica cubana varias propiedades que habían sido expropiadas por la revolución.

Viene a México a poner “un bálsamo”

Salvador Rangel, obispo de Chil­pancingo-Chilapa, diócesis que inte­gra a Ayotzinapa. Dijo: “Tengo un de­seo muy personal que el papa vaya a Iguala para darnos ahí un mensaje de esperanza y reconciliación. Sería muy bueno para las víctimas de la violencia de todo el país”…

Pero, nadie definió mejor la visi­ta del Papa que el cardenal Alberto Suárez Inda, arzobispo de Morelia. Con ese lenguaje “piadoso” que usan los curas, dijo que será como “un bál­samo” que dará a México alegría, diálogo y el espíritu para trabajar por la justicia “que tanto necesita el país”.

Más que un bálsamo lo que trae el papa es “anestesia” para las tremen­das y sangrantes heridas por la injus­ticia que sufre el pueblo trabajador mexicano. Es decir, viene a consolar y aplacar.

Y los que detentan el dinero y el poder reconocen que el Papa Francisco, durante su visita “se encontrará con un México que se convierte para los migrantes centroamericanos, principalmente, en un campo de sangre abandonado por intereses mezquinos e inhumanos” y que “tocará diversas realidades que laceran la vida de nuestro país”, y uno de los principales temas será la migración.

Pero se proponen anestesiar a los que luchan para “superar los pro­blemas de violencia, confrontación y encono a través de la misericordia”…

Va quedando claro: la misericordia de los oprimidos y explotados para con los opresores y explotadores. La misericordia de los padres de los 43 para con los policías municipales y federales, con los Guerreros Unidos, con el ejército y EPN. La misericordia de los maestros de Oaxaca para con los policías y militares que los encar­celan y quieren obligar a evaluarse… Y así, según los obispos, lograrán la “reconciliación”…

EPN ya empezó a ponerse a tono con la visita, pues con una “cadena de oración” logró transformar el hu­racán más terrible de la historia en tormenta tropical. Ahora intentará en base a la misericordia de los humil­des poder llegar hasta el final de su mandato en 2018.

Y así, el operativo “bálsamo” está en marcha. Por eso han elegido para la visita papal algunos de los esta­dos más “lacerados”: Michoacán, las comunidades indígenas en Chiapas, los migrantes que laboran en las ma­quilas de la frontera en Chihuahua… Y dedicará su mensaje de “misericor­dia” a un sector social especialmente “lacerado”: planean un acto para 50 mil jóvenes traídos de todo el país. Y una posible multitudinaria misa en Ecatepec.

“Si Juárez no hubiera muerto”

Al coro de los obispos de México que esperan que el Papa traiga un mensaje que aliente a los oprimidos a tener “misericordia” con los opresores y así lograr la “reconciliación”, se ha sumado el “izquierdista” y sedicente juarista, López Obrador, líder de Morena.

Se encontraron de frente y se extendieron la mano como viejos valedores. Fue el 14 de octubre de este año. Era día de audiencia general del Papa en la Plaza de San Pedro en el Vaticano. El visitante, acompañado de su esposa, le entregó al Pontífice la medalla Fray Bartolomé de las Casas y una carta donde le decía –según él mismo informó— que “lo admira y respeta por su labor de misionero, de verdad cristiano”. Le expresó su beneplácito por la visita que hará a México el año entrante, “su presencia en estos tiempos aciagos será de gran aliento para nuestro pueblo. Su mensaje espiritual ayudará a que no se pierda la fe en la justicia y a mantener encendida la llama de la esperanza”. ¿La fe y esperanza en manos de los defensores del orden mundial imperialista? La fotos de rigor y concluyó el evento. Benito Juárez debió estar revolviéndose en su tumba. Porque el autonombrado heredero del pensamiento juarista, Andrés Manuel López Obrador, no quiso quedarse atrás de panistas [Partido de Acción Nacional – PAN] y priistas [Partido Revolucionario Institucional – PRI] en la fila del besamanos papal.

Artículo publicado en La Resistencia n. 12, diciembre de 2015.-

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