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Estados Unidos

Libertad para Leqaa Kordia: La activista palestina que Trump ha mantenido durante un año

MAURICE M

marzo 11, 2026

El 13 de marzo, la trabajadora inmigrante palestina Leqaa Kordia, de 33 años y residente en Estados Unidos, cumplirá exactamente un año desde su detención por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la imposición de una pena de prisión política disfrazada de caso de estatus migratorio. Sigue encarcelada en un centro de detención en Texas.

Leqaa es originaria de Jerusalén Este y trabajaba como mesera en Paterson, Nueva Jersey. Mantenía a su familia mientras luchaba por regularizar su situación migratoria.

El delito de Leqaa, a ojos del gobierno, fue participar en una protesta pacífica cerca de la Universidad de Columbia en abril de 2024 contra el genocidio cometido por Israel en la Franja de Gaza. Fue arrestada en ese momento, pero los cargos pronto fueron retirados. Fue arrestada de nuevo en marzo de 2025, después de llegar en una oficina del DHS para tramitar su documentación.

Muchos de los familiares de Leqaa murieron en la ofensiva israelí, que recibe financiación militar, diplomática y política del gobierno estadounidense. Su historia pone de manifiesto una de las caras más crueles del actual régimen de Trump: la persecución interna de quienes se atreven a denunciar las barbaridades que el imperialismo estadounidense patrocina en Oriente Medio. El arresto de activistas que luchan por la liberación de Palestina es la expresión, dentro de las fronteras de Estados Unidos, de la política imperialista de subordinar Gaza como colonia, primero mediante el fuego y luego mediante el silencio impuesto a quienes protestan y resisten.

En febrero de este año, Leqaa sufrió un ataque epiléptico, se desmayó y se golpeó la cabeza. Pasó tres días hospitalizada, encadenada a la cama, sin poder hablar con su familia. El ICE ocultó su situación a su familia y a su defensa legal. «Se negaron incluso a quitarme las cadenas cuando iba al baño o me duchaba», declaró a The Guardian, en un artículo publicado el 13 de febrero. «Me sentí como un animal», declaró en un testimonio difundido por Democracy Now! el 16 de febrero.

Leqaa sigue entre rejas. Incluso después de que un juez de inmigración autorizara su liberación bajo una fianza de 20 000 dólares, una cantidad que su familia estaba dispuesta a pagar, el ICE apeló ese mismo día y la mantuvo encarcelada. La justificación oficial se basa en que envió dinero a familiares en Gaza. Según la lógica distorsionada del Departamento de Seguridad Nacional, esto la convertiría en una «partidaria de Hamás». La acusación fue desestimada por la jueza del caso, Tara Naselow-Nahas. En su decisión, la magistrada afirmó que no hay pruebas en el expediente de que Leqaa apoye a Hamás o sea miembro de cualquier organización terrorista, y concluyó que el tribunal no puede considerar que enviar dinero a un familiar en Palestina constituya un apoyo al terrorismo.

Trump quiere silenciar a los activistas en el país

La persecución de Leqaa no es un caso aislado. Trump utiliza el sistema de inmigración para criminalizar la solidaridad internacional con Palestina y también para infundir miedo entre los trabajadores estadounidenses, que pueden sentirse intimidados al ver cómo se acosa o se detiene a activistas de diversos movimientos.

La administración Trump ha convertido al ICE en un brazo de represión política. Mahmoud Khalil, Mohsen Mahdawi, Rasha Alawieh, Rümeysa Öztürk, Sarah Shaw… Docenas de activistas pro-Palestina, muchos de ellos estudiantes y trabajadores inmigrantes, ya han sido detenidos, amenazados con la deportación o expulsados del país. Muchos otros viven ahora escondidos, temerosos de ser los siguientes.

El régimen de Trump es la expresión política del capital estadounidense en crisis, que se enfrenta a la competencia interimperialista con China. Para intentar disciplinar a la clase trabajadora internamente, el gobierno necesita aumentar el grado de represión. El ICE es su herramienta militar y política de coacción, utilizada para sembrar el miedo y criminalizar cualquier voz disidente.

Unificar las luchas por las libertades democráticas

La campaña para liberar a Leqaa ha cobrado importancia, sobre todo porque sabemos que no está sola; otros activistas por la causa palestina están siendo perseguidos actualmente. Pero la liberación de Leqaa no vendrá de los llamamientos a la buena voluntad del gobierno, ni de la disposición de los jueces burgueses, ni de la tibia oposición de los «liberales» que optan por permanecer en silencio ante la escalada represiva de Trump. Vendrá de la movilización independiente de las masas.

Los trabajadores ya han señalado el camino en las luchas de Minneapolis, cuando salieron a las calles y se enfrentaron al aparato estatal que asesinó a Alex Pretti y Renee Good. Huelgas, ocupaciones, marchas: estos son los métodos que construyen una resistencia colectiva capaz de detener la brutal represión en curso. Cada día surgen nuevos casos: los palestinos, latinoamericanos, estudiantes, trabajadores negros… todos ellos convertidos en objetivos por expresar opiniones que que no le gustan al hombre de la Casa Blanca.

El régimen de Trump quiere dar ejemplo con cada disidente. Quiere desmoralizarlos, aislarlos, quebrarlos físicamente, para implantar el miedo en una población que está empezando a despertar y a oponerse a su política de guerra contra los oprimidos del país. Liberarlos, por lo tanto, es más que un acto de justicia individual; es un paso clave en la lucha política contra el autoritarismo que crece en este país.

Leqaa Kordia debe ser liberada, y con ella, todos los presos políticos de este gobierno.

¡Ni un paso atrás en solidaridad con el pueblo palestino!

¡No hay retroceso ante la barbarie actual!
La Voz de los Trabajadores apoya incondicionalmente la liberación de Leqaa Kordia y de todos los que están perseguidos políticamente por el régimen de Trump.

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