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Medio Oriente

Las crisis se multiplican, pero Trump sigue con la agresión

Fabio Bosco

marzo 21, 2026

Derrocar al régimen iraní y hacerse con las reservas de petróleo del país ha resultado más difícil de lo que Trump esperaba, tras 18 días de agresión estadounidense-israelí contra Irán.

La agresión es devastadora: 16 000 bombardeos; 1500 muertos (entre ellos dirigentes de la dictadura iraní como el líder supremo Alí Jamenei y el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, Alí Larijani); más de un millón de desplazados; escuelas, hospitales, fábricas de medicamentos y edificios históricos bombardeados; lluvia ácida sobre Teherán como consecuencia de las bombas lanzadas sobre cinco depósitos de petróleo alrededor de la capital.

Pero es la respuesta asimétrica iraní la que ha regionalizado el conflicto y ha afectado a la economía y al orden mundial, además de dividir las filas trumpistas en Estados Unidos.

Además, según algunos expertos militares estadounidenses, las reservas de misiles defensivos extremadamente caros de los agresores se están agotando a un ritmo más rápido del que Irán puede producir misiles y drones de bajo coste, y las muertes también están aumentando entre las filas de los agresores, aunque se mantengan ocultas mediante la censura.

El lanzamiento de misiles y drones iraníes contra países árabes que albergan bases estadounidenses y el bloqueo del estrecho de Ormuz representaron el fracaso de Estados Unidos a la hora de defender a esos países e imponen una nueva estrategia de defensa que no se base exclusivamente en la presencia de las bases militares de la mayor potencia militar mundial.

El bloqueo del estrecho de Ormuz elevó el precio del petróleo en torno a un 50 % en el mercado internacional, así como los fletes marítimos, lo que afectó a todos los países. Asustado, Trump pidió ayuda al imperialismo europeo y japonés, además de a Corea del Sur y Australia, para garantizar el paso de los petroleros mediante fuerzas navales. Todos se negaron, señalando el aislamiento de Estados Unidos y presionando por un alto el fuego y una salida diplomática.

Irán anunció que el bloqueo en Ormuz es selectivo: los países que compran petróleo utilizando la moneda china pueden pasar. Esta decisión ha hecho viable la exportación de petróleo iraní a China, que también ha contado con la ampliación de la exportación de petróleo ruso para abastecer su inmenso mercado. Y puede afectar a nuevos contratos de exportación de petróleo, debilitando la moneda estadounidense.

De hecho, Putin es, a corto plazo, el principal beneficiario de la agresión a Irán. Trump levantó las sanciones que impedían la exportación de petróleo ruso durante 30 días. Esta decisión ha reforzado las arcas de la maltrecha economía rusa en unos 150 millones de dólares al día. Esto no impidió que el Gobierno ruso proporcionara información logística al Gobierno iraní durante la guerra de la que es víctima.

China aprovechó las múltiples crisis relacionadas con la agresión militar a Irán para reanudar maniobras militares a gran escala alrededor de Taiwán. Los días 14 y 15 de marzo, el Gobierno taiwanés detectó 26 aeronaves y 7 buques chinos alrededor de la isla. En ese periodo también aplicó un «bloqueo» selectivo a los buques con destino a Taiwán, dando prioridad a los chinos que transportaban componentes electrónicos vitales para industrias de todo el mundo.

La necesidad de Estados Unidos de reforzar la defensa militar en Oriente Medio en medio de la agresión a Irán ha provocado crisis diplomáticas y una pérdida de credibilidad estadounidense.

 Un ejemplo de ello es la protesta del Gobierno surcoreano el 12 de marzo contra el intento de trasladar el avanzado sistema de radares THAAD de la península coreana a la península arábiga. Dos de esos radares fueron destruidos por misiles iraníes y la construcción de nuevos equipos llevará algunos años.

Israel, la devastación del Líbano y la continuación del genocidio en Palestina

La agresión israelí al Líbano también es devastadora. Hay 800 muertos y cerca de 800 000 desplazados, además de 80 000 sirios que han regresado a Siria. Los bombardeos alcanzan todo el sur del país, además de la capital, Beirut, y zonas del valle de la Bekaa. Israel ha emitido órdenes de evacuación para todo el sur del Líbano, incluida la ciudad de Sour, lo que apunta a una ocupación militar en preparación para llegar hasta el río Litani y, eventualmente, avanzar hacia la capital.

La resistencia libanesa combate las incursiones israelíes en los alrededores de la estratégica localidad de Khiam, cerca de la frontera libanopalestina. Pero el Gobierno libanés no tiene ninguna intención de oponerse a la anunciada invasión israelí. Dividido, hay un sector que busca negociaciones directas con Israel con apoyo francés, pero Israel solo acepta negociar tras ocupar el sur del país. Otro sector quiere iniciar una guerra civil contra Hezbolá, lo que facilitará la invasión israelí. La única salida es la lucha contra la ocupación israelí mediante el armamento general de toda la población.

En la Palestina ocupada, continúa el genocidio contra la población palestina en Gaza y Cisjordania. Todos los días las fuerzas israelíes matan y hieren a palestinos, avanzando en la ocupación de tierras en Gaza (donde ya controlan el 60 % del territorio) y en Cisjordania, junto con los colonos sionistas. El Consejo de Paz liderado por Trump patrocina estas violaciones del acuerdo de alto el fuego y de los derechos humanos.

Según Francesca Albanese, la relatora de la ONU para los derechos humanos en Palestina, la economía israelí se está transformando de una «economía de ocupación» a una «economía de genocidio», o sea, lo que, en la verdad, el estado sionista siempre ha sido. Se trata de una economía basada en la industria armamentística, en la movilización de la población hacia las fuerzas armadas, en la limpieza étnica palestina, en la expansión territorial en el Líbano y Siria, y en la búsqueda de la hegemonía regional. 

Sin embargo, las perspectivas económicas para el Estado de Israel, que habían mejorado tras el alto el fuego en Gaza, han empeorado considerablemente. El Ministerio de Finanzas prevé un gasto militar de tres mil millones de dólares a la semana, lo que implicará inflación y un aumento de los impuestos a medio plazo. La movilización de 300 000 reservistas provocará escasez de mano de obra, además de conflictos con los judíos haredíes que rechazan el alistamiento militar. Los drones y misiles iraníes y libaneses obligan a la población, al sonar las sirenas, a refugiarse en búnkeres varias veces al día, lo que socava el apoyo a la guerra —que aún es ampliamente mayoritario— y refuerza el éxodo de israelíes hacia Europa y EE. UU.

Además, el objetivo de desarmar a Hamás y a las demás fuerzas de la Resistencia ha fracasado. La Resistencia palestina sigue luchando.

Trump aumenta la guerra a pesar de su precio

En Estados Unidos, la guerra de agresión contra Irán es impopular. Solo uno de cada cuatro estadounidenses la apoya. Incluso estos pueden cambiar de opinión si aumenta el número de muertos (ya son 13) y si se dispara la inflación, lo cual es seguro.

El coste de esta guerra es altísimo. Este mes, el Gobierno ha solicitado al Congreso 11 000 millones de dólares adicionales para cubrir los costes iniciales.

Un recorte de solo 50 000 millones de dólares del presupuesto de 850 000 millones de dólares para el Pentágono  sería suficiente para restablecer las ayudas alimentarias a cuatro millones de estadounidenses pobres, además de instaurar la educación infantil gratuita para todos y construir 100 000 viviendas sociales al año. El lema de “¡Dinero para empleos, no para la guerra!” ya se pone visible en las movilizaciones. Esto se enfrenta a la codicia del Pentágono, que ahora esta pidiendo 200 000 millones más encima de su presupuesto para librar la guerra.

Las divisiones en la base social del Gobierno de Trump se agudizan. Trump había prometido mantener a Estados Unidos al margen de guerras lejanas e interminables. Por eso, la agresión a Irán es criticada públicamente por figuras destacadas del movimiento MAGA como Tucker Carlson y Steve Bannon. David Sacks, asesor de la Casa Blanca para IA y criptomonedas, y multimillonario del sector tecnológico, defendió una salida rápida de la guerra. Y el director del Centro Nacional de Contraterrorismo de EE. UU., Joe Kent, dimitió por oponerse a la guerra.

Sin embargo, Trump decidió, por ahora, continuar con la agresión a Irán y está estudiando la posibilidad de tomar la isla de Kharg, principal centro de exportación de petróleo iraní, o incluso de enviar tropas para hacerse con unos 400 kilos de uranio enriquecido que se encontrarían bajo tierra en la central nuclear de Isfahán, en el centro del país.

Cualquier acción de Trump en Kharg provocaría bombardeos iraníes contra las instalaciones de la industria petrolera de los países del Golfo. Por su parte, la incursión terrestre hasta Isfahán tiene muchas posibilidades de fracasar. Ante la posibilidad de que una victoria rápida se convierta en una rápida derrota, es posible además que el imperialismo estadounidense intente poner fin a la guerra de alguna manera.

Aumenta el sentimiento contra la guerra entre la población iraní 

La población iraní está dividida en tres segmentos. La base social de la dictadura iraní, que se encontraba desmoralizada por la masacre de más de 20 000 manifestantes los días 8 y 9 de enero de 2026 y la detención de miles más en decenas de ciudades iraníes, ahora se ha fortalecido a partir de la reacción militar del régimen contra la agresión militar al país.

Dentro de la oposición, el sector a favor de la agresión estadounidense-israelí se reduce ante el calor de las bombas que destruyen el país y matan a la población civil. La experiencia histórica enseña que las agresiones imperialistas solo traen destrucción, muertes y regímenes totalitarios. Además, la población se ha dado cuenta de que es muy difícil que el régimen caiga por los bombardeos aéreos que matan a miles de civiles iraníes.

Los monárquicos, reunidos en torno al hijo del ex-sajá Reza Pahlavi, son vistos, cada vez más, por la mayoría del pueblo iraní como aquellos que apoyaron una agresión militar contra su propio país. Fue lo que ocurrió con el partido MEK, que apoyó a Irak en la guerra contra Irán en los años 1980.

La mayoría del pueblo iraní está en contra de los bombardeos. Pero tiene presente la masacre perpetrada por la Guardia Revolucionaria (IRGC – Pasdarán) hace dos meses. Es necesario organizarse dentro del país y en la diáspora. En la diáspora hay que salir a la calle contra la agresión imperialista. 

Dentro del país hay que mantener vivos los sindicatos alternativos, las organizaciones estudiantiles, los movimientos por los derechos de las mujeres y las organizaciones de las nacionalidades oprimidas. En caso de invasión por tierra, es necesario minar las fuerzas estadounidenses e israelíes, siguiendo el ejemplo de los partisanos europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Al final de la guerra, los activistas de todo el mundo necesitan apoyar sus esfuerzos por retomar las luchas obreras y populares por los salarios, la liberación de los presos políticos, los derechos de las mujeres y la autonomía de las nacionalidades oprimidas.

Por la defensa incondicional de Irán

La clase trabajadora mundial no puede adoptar una posición de neutralidad ante la presente agresión imperialista. Desde EE. UU. hasta Europa, Palestina, Irán y toda la región, debe apoyar por todos los medios posibles la lucha de Irán contra la agresión de Estados Unidos e Israel. La derrota del imperialismo estadounidense abriría un nuevo camino para la resistencia palestina y la lucha de liberación nacional, así como la posibilidad de que las masas iraníes retomen con mayor contundencia su lucha contra el régimen islámico. También debilitaría al gobierno autoritario de Trump que está llevando a cabo una persecución despiadada de la comunidad migrante y restringiendo las libertades democráticas. 

Contra la propaganda de Trump y la UE, que buscan limitar la capacidad defensiva y militar de Irán, nuestra posición hoy es la del apoyo incondicional para que Irán derrote los imperialistas y los sionistas. Los crímenes del régimen teocrático iraní contra su propio pueblo no quitan que sea el Estado iraní, y en particular el aparato controlado por la Guardia Islámica revolucionaria, el que constituye hoy el único frente militar real que se opone al imperialismo norteamericano. Por eso, es necesaria la solidaridad concreta de todos los pueblos del mundo con las acciones de defensa que este lleva a cabo, defendiendo el derecho de Irán a proteger su soberanía nacional por todos los medios y apoyando la contraofensiva del régimen iraní contra los misiles dirigidos a las bases imperialistas y a Israel. En EEUU, los países de la OTAN y todos los países aliados militarmente al imperialismo estadounidense (como lo son los países del Golfo con bases militares), debemos exigir el cierre de todas las bases de EE. UU. y Europa en la región.

Al mismo tiempo, participando en la guerra contra EEUU e Israel, no confundimos nuestro apoyo y participación en el frente militar contra la agresión imperialista-sionista al Irán, con cualquier tipo de apoyo político a la dictadura de los ayatolas. Somos oposición política al régimen iraní y partes del frente militar con el régimen contra la agresión imperialista-sionista. 

Si va ser posible o no que ese frente militar, dirigida hoy por el régimen, avance para ser dirigida por el proletariado independente solo el tiempo dirá. Pero hoy por hoy, la resistencia iraní es dirigida por el régimen, y nosotros somos partes de ese frente militar. Solo así será posible avanzar inclusive en nuestra estrategia de construcción de organismos de lucha y de poder soviéticos (que hoy aún no existen) bajo la dirección de un partido revolucionario, que es nuestro objetivo construir.

Contra las falsas equivalencias

Si bien en la guerra presente en Irán se combinan dos tareas, la de liberación nacional y la de lucha contra el régimen burgués dictatorial, no establecemos un signo de igualdad entre ambas. No podemos oponernos del mismo modo a EE. EE. UU., Israel y el régimen iraní, constituyendo un campo imaginario, el de las masas iraníes que estarían por fuera de la guerra. Hoy la defensa de Irán no se puede reducir a la defensa de “las masas iraníes”, sino que se concreta en apoyar materialmente el frente militar liderado por el régimen reaccionario de Khamenei en todas sus acciones defensivas.

La agresión militar de Trump y Netanyahu al régimen iraní es una agresión al pueblo iraní en su totalidad, no sólo al régimen, es un ataque a la soberanía nacional del pueblo iraní, a su derecho a poder decidir qué tipo de Estado, gobierno y programas económicos y militares quiere tener. En ese sentido, la guerra contra la agresión. Por eso, la crítica y la oposición política al régimen tienen que ser entendidas dentro de la lucha por la liberación nacional. 

Sabemos que hay sectores iraníes y de la izquierda mundial que opinan que esta no es nuestra guerra, que no hay que elegir entre Khamenei y Trump. Nosotros les contestamos que, para que el pueblo iraní pueda elegir, primero hay que derrotar la ofensiva de Trump. La historia demuestra, desde los partisanos de Yugoslavia hasta los revolucionarios de China, e incluso con la lección del fracaso del MEK cuando Irak invadió a Iran y los crímenes cometidos por las  recientes ocupaciones estadounidenses contra Irak y Afganistan, que solo puede avanzar la clase trabajadora si entra en la lucha contra el invasor. Esto se puede cumplir  solo si las mismas fuerzas que salieron a las calles en diciembre de 2025 y enero de 2026 con consignas contra Khamenei, Trump y Pahlavi formen parte de la lucha militar contra la agresión imperialista sionista. 

La lógica de clases de la defensa nacional 

Como en todas las luchas de liberación nacional, es clave que los sectores explotados y oprimidos, es decir, los trabajadores, campesinos, mujeres, minorías nacionales, estudiantes, participen en la resistencia militar contra EEUU e Israel sin abandonar por un minuto sus propias reivindicaciones y su organización independiente. 

La dirección del régimen iraní, por su característica de clase burguesa, no podrá llevar hasta el final las tareas de liberación nacional.  

Irán puede derrotar la presente ofensiva de EE. UU. e Israel, los métodos del régimen de represión y la guerra civil contra la clase trabajadora iraní limitan la lucha de defensa contra el imperialismo porque obstaculiza que todas las fuerzas sociales del país se movilicen de manera efectiva para llevar la lucha de liberación nacional hasta el final.

Por eso, los sectores más avanzados del proletariado y los movimientos sociales que han salido a luchar deben mantener viva la capacidad de movilización independiente de las masas durante esta guerra; para exigir al gobierno que detenga de inmediato la represión, los métodos de guerra civil del Basij contra los sectores disidentes y la liberación de todos los presos políticos. Esas fuerzas sociales son hoy necesarias para preservar la independencia de Irán frente a EEUU. Además, deben exigir que el régimen iraní, tanto el ejército regular como la Guardia Islámica, arme a los trabajadores, particularmente frente a la posibilidad de incursión terrestre de las fuerzas imperialistas y sionistas. Para lograrlo, los sectores más organizados de la clase y la juventud pueden iniciar a formar comités locales de campesinos y trabajadores pobres, de minorías oprimidas, de mujeres y de disidencias sexuales, con la participación de los sindicatos, para que sean partes de ese frente militar contra la agresión imperialista-sionista, con las tácticas que sea necesarias.

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