Debemos comenzar declarando lo obvio, ¡la respuesta de la India a la pandemia de Covid-19 fue un desastre! Desde el primer día, el gobierno abordó el problema con una combinación de incompetencia, mano pesada y falta de preparación alarmante que tiene pocos paralelos en el mundo.

Por Adhiraj Bose – Mazdoor Inqilab, India

Hoy, la India tiene la mayor tasa de crecimiento de la pandemia en el mundo, ¡con casos diarios arriba de 200.000! Las muertes también sobrepasaron la cifra de los 1.000 por día, y estos son apenas datos oficiales. Están surgiendo informes de gobiernos estaduales que usan a la policía y la administración para censurar el número de muertos. Dos ejemplos evidentes son Uttar Pradesh y Gujarat, dos Estados que están entre los más afectados por el Covid. En Uttar Pradesh, un crematorio fue cerrado por la policía, tornando imposible registrar el número de cremaciones que ocurren todos los días. En Gujarat, el gobierno estadual relató solo 67 muertes en todo el Estado el 11 de abril, ¡mientras los diarios locales relataron más de 104 muertes en apenas un hospital!

El sistema de salud de la India, ya uno de los peores por causa de su alto grado de privatización y la poca inversión gubernamental, entró en colapso. Hay escasez de camas en todo el país, además de escasez de insumos, de vacunas y de Remdesivir. El número de muertes continúa aumentando, colapsando no solo hospitales sino también crematorios. Informes afirman que algunos crematorios trabajaron tanto que se derritieron sus chimeneas. Los cementerios están repletos, las morgues están transbordando e incluso así casi no hay infraestructura para lidiar con los muertos y menos aún con los vivos.

La ola actual, que comenzó en marzo, se intensificó a mediados de abril, con más de 200.000 casos y subiendo todos los días. En una semana, la India acrecentó 1,2 millones de nuevos casos de coronavirus. En comparación, fueron necesarios 231 días para alcanzar este número durante la primera ola. El aumento diario de casos alcanzó ahora un nuevo pico, quebrando los récords, ¡con más de 350.000 en un día!

Muchos factores pueden ayudar a explicar el fracaso abyecto del gobierno en contener la pandemia en la India. El principal entre ellos fue el hecho de que este gobierno no se preparó previamente para la segunda ola, aunque fuese bien conocido que el virus se extiende en dos olas; ni había ninguna preparación para las mutaciones que aparecen en la India, principalmente las cepas surgidas en el Reino Unido y en el África del Sur. En un movimiento para reforzar su imagen internacional y encajar en la “diplomacia de la vacuna”, el gobierno Modi permitió la exportación gratuita de vacunas, llevando a una escasez crítica en todo el país. No hubo stock de oxígeno en los hospitales, dejando la infraestructura de salud extremadamente vulnerable a la otra ola. Además, con elecciones en cinco Estados claves, el gobierno había establecido la campaña electoral como prioridad. Ellos no estaban atentos a la posibilidad de una segunda ola, pues el público fue llevado a pensar que la pandemia ya había pasado e, incluso si volviese, no tendría la letalidad de la primera ola.

El hecho es que el gobierno de derecha del BJP[1] se caracteriza por una combinación de elitismo e irracionalidad. Ellos permiten que los “hackers” y los fanáticos religiosos controlen la narrativa. El recién nombrado ministro jefe de Uttarakhand alegó, por ejemplo, que bañarse en las aguas del río Ganges curaría el Covid y que, por algún motivo desconocido, el Kumbh Mela, un festival anual para peregrinos hindúes en el Estado del norte del Himalaya, no causaría una propagación del virus. Ahora, sabemos que el Kumbh Mela se tornó un evento súper propagador, con cinco mil afectados en tres días y, no oficialmente, el número podría ser mucho mayor. Nunca lo sabremos verdaderamente, porque la ya baja tasa de testes en la India tocó el fondo del pozo en esta segunda ola. Las personas simplemente no están siendo testadas, y muchos parecen no incomodarse con la falta de testes, en parte debido a las elecciones y, en parte, debido a los mitos comunes sobre virus en la India, siendo uno de los más populares que el virus no se propaga tanto en climas cálidos. Es verano en la India y el virus está alcanzado su auge.

La primera ola

Al contrario de los Estados Unidos y del Brasil, el gobierno de la India no negó categóricamente la pandemia ni menospreció el virus y la pandemia, pero reaccionó sin ningún interés a los primeros casos. Los vuelos extranjeros continuaron, y los indianos en el exterior, que vivían en países severamente afectados por el Covid, fueron autorizados a retornar, especialmente los del Reino Unido. Casi no hubo inversión en rastreo y testes desde entonces, y cuando la enfermedad se extendió, ya era demasiado tarde.

El aumento de casos en la primera ola llevó al gobierno a imponer su ahora famoso lockdown, enseguida después de declarar un toque de queda para todo el pueblo el 22 de marzo de 2020, cuando el primer ministro cómicamente envalentonó a la población a golpear cacerolas para observar el “toque de queda”. Incluso así, hubo muchos casos en que las personas insensatamente despreciaron las restricciones y se reunieron en las calles, a veces para marchar en apoyo al gobierno. La exhibición cómica fue seguida por el mayor lockdown del mundo, que comenzó el 24 de marzo y duró hasta el 31 de mayo de 2020. El gobierno no estaba preparado para este confinamiento y cómo afectaría la vida y la subsistencia de las personas, no dando a las empresas y a los trabajadores tiempo para prepararse. Incluso servicios esenciales, como el transporte público, fueron cerrados, privando a muchos trabajadores migrantes de los medios para salir de los Estados en que trabajan y volver a sus casas.

Con el cierre de las empresas, los asalariados diarios, que forman el grupo más vulnerable de trabajadores en la India, perdieron su ingreso. Esto, combinado con interrupciones en el abastecimiento, significaba que muchos simplemente morían de hambre en sus casas por falta de alimento. Los trabajadores migrantes fueron obviamente los más afectados, y en las calles de la capital de la India podían verse escenas desoladoras, donde ellos bebían leche derramada en las calles o mendigaban por comida. Mientras los ricos eran tratados con un mínimo de coacción por las autoridades, los trabajadores y los pobres en las calles eran sometidos diariamente a golpizas y asedios. Hubo incluso hasta algunos relatos sobre la policía golpeando a personas por no usar correctamente una máscara, o incluso por salir en público. El carácter de clase del Estado indiano nunca fue tan claro como durante el lockdown.

Centenas de trabajadores migrantes murieron en el largo camino a casa, sea debido a accidentes, cansancio, o incluso hasta suicidio de aquellos que no pudieron soportar la indignidad de vivir como refugiados en su propio país. El gobierno nunca reveló los números reales de muertos porque nunca se preocupó por mantener los datos. Fue preciso una ONG para intentar compilar esta estadística mórbida, e incluso así, los números están casi ciertamente subestimados, porque ellos tenían medios muy limitados a su disposición para contar el número de trabajadores migrantes que se desplazaban. En total, casi veinte millones de personas quedaron desempleadas de la noche a la mañana y muchas de ellas se vieron forzadas a volver para sus casas. La mayoría de los trabajadores migrantes vienen de los Estados del norte, como Uttar Pradesh y Bihar, e hicieron un viaje de más de 1.500 kilómetros a partir del Noroeste y el Oeste de la India. El gobierno no suministró ni siquiera una ayuda mínima a los migrantes afectados en esta crisis.

Cerca de tres semanas después, el impasse terminó cuando los trabajadores en Surat y Mumbai casi explotaron en revuelta contra este aislamiento impuesto por el gobierno. El lockdown comenzó a ser levantado desde entonces, con trenes y ómnibus siendo providenciados para que los trabajadores retornasen a sus Estados de origen. La medida vino después que más de mil personas murieran durante el desplazamiento. Lamentablemente, con la falta de instalaciones y de cuidado dado a los migrantes, muchos fueron forzados a quedarse en aposentos apretados o a permanecer en favelas o en aglomeraciones alrededor de estaciones de trenes y de ómnibus, lo que facilitó la propagación del virus entre ellos, y al retornar a sus casas, y con el debilitamiento del lockdown, el virus se propagó rápidamente. El período de lockdown, no obstante, permitió un achatamiento de la curva de infecciones, pero solo para ver la pandemia explotar fuera de control después. No demoró mucho para que los hospitales quedasen sobrecargados y la infraestructura de salud llegase al punto de colapso y, en algunos casos, desmoronase.

Entre abril y octubre de 2020, cuando la ola de la pandemia alcanzó a la India con mucha fuerza, el país se tornó uno de los más afectados por el virus en el mundo, con un número de muertes superior al del Reino Unido (en números absolutos de muertes). La culpa por este desastre puede ser atribuida justamente al gobierno que no tenía ningún plan sobre cómo lidiar con la pandemia, así como la mayoría de los gobiernos anteriores, tanto los centrales como los de los Estados, que no consiguieron construir la infraestructura de salud en la India o invertir en educación médica sólida para la población. El único “ejemplo brillante” del Estado de Kerala, que fue uno de los únicos a lidiar adecuadamente con la primera ola de la pandemia, vacilaría cuando la segunda ola llegó. Kerala es conocido por su alto índice de desarrollo humano y tiene una de las mejores infraestructuras de salud. Durante la pandemia, el gobierno embarcó en un abordaje comunitario para tratar la enfermedad, y consiguió contener la pandemia efectivamente.

La ola disminuyó alrededor de diciembre del año pasado. Fueron necesarios los esfuerzos combinados de los médicos y trabajadores de la salud de la India, que trabajaron con muchas limitaciones, muchas veces 24 horas por día, para controlar la pandemia. El caso de los trabajadores de la ASHA es revelador al respecto. A pesar de ser trabajadores de la línea de frente en el área de la salud, muchas veces tuvieron que trabajar sin ropas o equipamiento de protección adecuados. Muchos ni siquiera fueron pagos durante el período de lockdown. Los trabajadores de la salud de la India, sus científicos y ciudadanos conscientes, que se presentaron para ayudar en momentos de necesidad, merecen todo el crédito por contener el virus durante la primera fase. No obstante, la pandemia estaba lejos de haberse “acabado”.

Incluso durante la fase de descenso de la primera ola de la pandemia, se registraban millares de casos en todo el país, la mayoría proveniente de los Estados indianos occidentales de Maharashtra y Kerala. Estos dos Estados fueron responsables por el grueso de los nuevos casos cuando la segunda ola de la pandemia alcanzó la India. A pesar de eso, había un aire de triunfalismo, como si el virus hubiese desaparecido. Las personas volvieron a su rutina, muchos dejaron de usar máscaras o tomar precauciones, el gobierno también comenzó a concentrarse más en las elecciones que en la pandemia. Durante los meses de descenso de la primera ola fuimos testigos de algunas de las mayores movilizaciones de masa vistas en el país desde la independencia. Una huelga general en noviembre de 2020, protestando contra la reforma laboral, seguida por movilizaciones de protesta de campesinos contra las leyes agrícolas. Al mismo tiempo, se realizaron las elecciones en Bihar. Con estos dos eventos en curso, el gobierno volvió todo su foco para garantizar una victoria electoral en Bihar y hacer lo que podía para destruir las protestas de los campesinos, que continúan después de 138 días.

Muchos temían que las elecciones de Bihar desencadenasen otra crisis, la misma preocupación estaba presente en las protestas de los campesinos. Mientras tanto, el gobierno tomó en serio solo una de estas amenazas potenciales e intentó imponer restricciones a las protestas de los campesinos, impidiéndoles entrar en Delhi o realizar comicios citando los protocolos del Covid. Durante todo ese tiempo, el gobierno despreció las mismas normas en el Estado de Bihar. La verdadera extensión de la pandemia en la India nunca fue conocida, y aún no se sabe realmente cuántas muertes pueden haber ocurrido en la primera ola o cuántas fueron infectadas por ella, porque el rastreo en la India fue ineficaz, sus tasas de testes fueron bajas y su burocracia notoriamente ineficiente. Todos estos factores se combinaron para dar credibilidad a una falsa narrativa sobre la pandemia bajo control. La verdad era que la pandemia aún estaba expandiéndose, pero a un ritmo más lento y con reducida letalidad. Eso cambiaría drásticamente cuando la segunda ola llegó, y no podría haber venido en peor hora.

La segunda ola

La primera ola de la pandemia afectó a la India alrededor de febrero de 2020. Su pico ocurrió alrededor de setiembre de 2020, con un aumento diario de casi 100.000 casos. A partir de ese pico, el 17 de setiembre, la intensidad y la propagación de virus parecieron disminuir hasta llegar a un mínimo de cerca de 9.000 nuevos casos en febrero de 2021. Como el virus disminuyó de intensidad, las personas comenzaron a relajarse, era común oírles decir que el virus no eran tan peligroso, por causa de la baja tasa de mortalidad relatada, o que se había hecho polvo en la India y no habría una segunda ola. La actitud complaciente fue aún más reforzada por la creencia de que el virus desacelera naturalmente durante los meses de verano. Nada paró el período de festividades entre setiembre y noviembre, aunque muchos organizadores aún tomasen precauciones, como fue el caso de las muy silenciosas celebraciones de Durga Puja en Bengala Occidental, y en otras partes del Este de la India.

El mayor evento de masas durante el final de la primera ola, no obstante, fueron las elecciones de Bihar, donde millones de personas de aquel populoso Estado oriental comparecieron para votar. A pesar de todas las fallas del gobierno central de BJP, el pueblo de Bihar votó en masa para reelegir el gobierno de coalición apoyado por el BJP. Entre las principales cuestiones en la mente de las personas estaba la falta de empleo y los efectos de la crisis migratoria causada por el lockdown del gobierno central. Pero, gran parte de la ira fue dirigida contra el gobierno estadual local, liderado por la ministro jefe Nitish Kumar, en lugar del BJP. Los resultados de Bihar mostraron que tanto la oposición como las alianzas gubernamentales permanecieron en la misma posición que estaban en las elecciones anteriores, con la excepción de que numerosos partidos de izquierda, notoriamente el CPI (ML) maoísta y el CPI (M) estalinista, habían conseguido ganar muchos asientos en la asamblea estadual. Las normas del Covid fueron descaradamente irrespetadas, pues los comicios ocurrieron sin ninguna preocupación con el virus, y el distanciamiento social pareció más la excepción que la regla. Muchos deambulaban por las calles sin máscara. A pesar de eso, el Estado no registró un aumento dramático en los casos, probablemente debido a la desaceleración de los testes que se continuaron al final de la primera ola.

El virus, no obstante, no había desaparecido. Nuevos casos aún estaban siendo relatados y por millares. Hacia finales de febrero y mediados de marzo, las infecciones diarias subieron de cerca de 18.000 para 25.000. Hasta ahora, el epicentro del virus había sido Maharashtra Occidental, Karnataka, Tamil Nadu y Kerala. El caso de Kerala es especialmente importante, pues fue allá que fue informado el primer paciente de Covid-19. El Estado fue elogiado por su manejo de la primera ola, donde después de un ascenso inicial se consiguió achatar la curva efectivamente, usando una combinación de iniciativas comunitarias y un abordaje científico para rastrear y contener la propagación del virus. El Estado también es conocido por su excelente calidad de salud pública, ciertamente mejor que en el resto de la india. Este Estado es ahora uno de los dos más afectados por la segunda ola, un precio que tuvieron que pagar por bajar la guardia y caer en la trampa de la complacencia que afectaba al resto del país. La situación solo empeoró con la realización de la campaña electoral. Los comicios hicieron más difícil contener el virus, y el foco del gobierno estadual había cambiado, para mantener el poder. A pesar del elevado número de casos, el Estado informó una de las más bajas tasas de mortalidad en el país, menos de un décimo del Estado más afectado, Maharashtra.

Hacia finales de marzo, la segunda ola estaba en pleno andamiento, con nuevos casos acumulándose de forma constante. Entre el 3 de marzo y el 1 de abril, los números diarios de casos pasaron de cerca de 18.000 para 81.000. Entre el 1 y el 21 de abril, el número de casos aumentó de 81.000 a 315.000 por día. Este fue un récord mundial, pero los números continúan aumentando. Tenga en cuenta que la India aún tiene una baja tasa de testes; entre los principales países ella está posiblemente entre los últimos. Los datos reales pueden muy bien ser más que eso y, no obstante, incluso con testes limitados, estamos viendo un aumento dramático de casos. Junto con los nuevos casos, los números de muertes diarias también han mostrado un aumento constante. El resultado de todo esto es el colapso de la infraestructura de salud de la India. Entre las carencias observadas están la falta de vacunas, de tubos de oxígeno, de unidades de terapia intensiva y, finalmente, la falta de medicamentos esenciales como el Remdesivir. El gobierno había creado un esquema para aumentar la capacidad de salud de la India durante la pandemia bajo el llamado esquema del primer ministro de Asistencia al Ciudadano y Alivio en Situaciones de Emergencia (o CARES). Entre tanto, la falta de transparencia en el esquema ya había comenzado a levantar sospechas. Ahora se descubrió que casi mil millones de dólares fue acumulado por el fondo CARES, pero aún no está claro cómo se gastó ese dinero. No es una exageración imaginar que este fondo fuese simplemente una forma de engañar al público para la utilización de su dinero. Fue informado que muchos de los respiradores adquiridos por el fondo eran de calidad inferior y que había discriminación contra los Estados que enfrentaban el aumento más acentuado de los casos. El fondo no ayudó a superar la escasez de infraestructura crítica de salud.

La discriminación no paró aquí, por el contrario, la distribución de vacunas y el suministro de oxígeno fueron igualmente perjudicados por la discriminación, enteramente en manos del gobierno central. Entre marzo y inicios de abril de este año, cuando la segunda ola alcanzó en gran parte a los Estados de la India Occidental, quedó claro que Maharashtra sería el Estado más afectado el país, y el que tenía la mayor demanda de vacunas. Del total de vacunas distribuidas, cerca de cuatro millones de dosis fueron puestas a disposición para el Estado de Andhra Pradesh, tres millones de dosis para el Estado de Gujarat, y solo 1,7 millones para Maharashtra. El Estado con la segunda mayor población del país recibió menos de la mitad de las dosis que el otro Estado peninsular (Andhra Pradesh) que tenía una fracción de los casos de Covid. Esta discriminación fue puramente basada en consideraciones políticas, ya que Maharashtra tenía en el poder un gobierno de coalición del Congreso con el Shiv Sena, ambos partidos opositores. Eso no es todo lo que hay de errado con la vacunas en la India. El país, que había sido aclamado por su éxito en la eliminación de la poliomielitis y por su programa de vacunación en masa, está ahora vacilando, ya que los principales productores de vacunas están cobrando por las dosis. Otra discriminación fue revelada cuando el presidente del Instituto Serum, el mayor fabricante mundial de vacunas, relató que ellos estaban vendiendo vacunas a los Estados por un precio tres veces mayor que el cobrado por el gobierno central.

Ahora, el virus se extendió y continúa extendiéndose a un ritmo alarmante, y la situación se puede decir que está más allá de sombría, y casi sin esperanza. El arrogante gobierno Modi fue forzado a tomar un amargo remedio y aceptar ayuda de afuera. En una situación animadora, el pueblo del Pakistán expresó su apoyo y simpatía por los indianos del otro lado de la frontera; en Twitter comenzó a viralizar el #pakistanstandswithindia (Pakistán apoya a la India), algunas organizaciones ofrecieron ambulancias para ayudar en el tratamiento de pacientes. Por un momento, por lo menos, parecía que el virus había reunido a indianos y pakistaníes. Las muertes por el virus habían calmado las divisiones y probado ser un ecualizador, incluso hasta cuando Pakistán estaba preocupándose en contener la pandemia en su propio país. Irónicamente, los ciudadanos pakistaníes habían demostrado más sensibilidad por las vidas de los indianos que los dirigentes políticos del país, incluyendo a personalidades como el ministro jefe de Haryana, Manohar Lal Khattar, que fue grabado diciendo que no valía la pena reunir datos de muertes por Covid porque “eso no los traería de vuelta”.

El más insensible de los ministros jefes del BJP, entre tanto, es el ministro jefe de Uttar Pradesh, Yogi Adityanath, que concentró la máquina del Estado en el asedio y la prisión de personas que postaron sobre la falta de oxígeno en el Estado. El gobierno ha afirmado repetidamente que no hay escasez de oxígeno en Uttar Pradesh, pero la afirmación es siempre desenmascarada. Eso no impidió al gobierno estadual reprimir los hospitales que relataron escasez de oxígeno, o a individuos que fueron a los medios sociales para buscar ayuda en la obtención de insumos esenciales, especialmente tubos de oxígeno en Remdesivir. En este tipo de crisis, el gobierno no tomó ninguna medida para garantizar la divulgación de tales informaciones vitales, y dejó a los Estados e individuos el cuidado de cuidar de sí mismos. Mientras las personas claman por tubos de oxígeno y drogas esenciales, el gobierno continúa insistiendo en su proyecto de modernización del Central Vista[2] en Nueva Delhi. Sin duda, la salud y la seguridad de los trabajadores involucrados en su construcción están amenazadas debido al estado de la pandemia en Nueva Delhi.

La pandemia continúa mostrando la insensibilidad del gobierno de derecha que gobierna la India y el carácter reaccionario del BJP.

Conclusiones

Las lecciones de los fracasos de la primera ola claramente no fueron aprendidas por el gobierno. Desde el inicio de su segundo mandato, los errores del gobierno Modi ya habían exacerbado la crisis catastrófica, que el precario sistema de salud indiano estaba mal equipado para lidiar. La segunda ola del virus probó ser mucho más devastadora que la primera. Imágenes mórbidas de crematorios y cementerios sobrecargados llenan las noticias, destruyendo las falsas narrativas del gobierno que afirma tener la situación bajo control. Pero la situación está mucho más allá del control del gobierno. Con los dirigentes casi ausentes y enteramente enfocados en ganar elecciones, las personas se esforzaron para suministrar cualquier tipo de asistencia a aquellos que necesitan de ella, sea en la divulgación de informaciones vitales, sea en casos excepcionales de suministro de oxígeno gratuito. Instituciones religiosas como los gurdwaras y las mezquitas fueron convertidas en centros de atención de emergencia de Covid, voluntarios ayudaron en la prestación de servicios de ambulancias y camas.

El gobierno probó que no se preocupa con el sufrimiento del pueblo del país y está más interesado en tomar el poder en los cinco Estados en disputa, Bengal Occidental, Assam, Tamil Nadu, Kerala y Pondicherry. El más importante de estos, naturalmente, es Bengala Occidental, que tiene la mayor cuota de asientos en el parlamento y es un bastión de la oposición contra el gobierno central. Tamil Nadu, en el extremo sur, es gobernado por un aliado del BJP, mientras Assam permanece bajo el firme dominio del BJP. El partido no tiene casi ninguna perspectiva en Kerala, que permanece firmemente bajo el gobierno del frente de izquierda. Pondicherry, que era una antigua colonial francesa, es un territorio federal, cuya importancia es primordial entre los territorios federales. El gobierno dejó claro por sus acciones que prefería tener comicios electorales que tener cuidado con distanciamiento social o construcción de una infraestructura de salud. El BJP está dispuesto a llegar al poder sobre los cadáveres de decenas de millares de indianos. El número oficial de muertos por el Covid ya sobrepasó 200.000. No se sabe cuántos más morirán por su lujuria por el poder.

No obstante, sería miope poner toda la culpa en el BJP cuando sucesivos gobiernos desde la independencia hasta hoy ignoraron en gran parte el sistema de salud y permitieron la creación del que ha sido indiscutiblemente uno de los peores servicios de salud en el mundo, con privatización excesiva y escasez de insumos críticos. Incluso ahora, cuando las vacunas están disponibles, el Estado indiano está mostrando su ineficiencia y debilidad en su horrible sistema de distribución. La planificación central y la aplicación de la ley son prácticamente inexistentes; el mercado negro y el caos están a la orden del día. Este es un caso clásico del sistema de salud capitalista, incluso en un país con cobertura de salud universal. Las ventajas de la salud universal fueron anuladas al minar la cobertura de salud pública con la falta de financiamiento y la competencia de proveedores privados de salud, notorios por cobranzas excesivas y prácticas explotadoras. El Estado indiano continúa tratando a sus trabajadores de la línea de frente de la salud con desdén, incluso en época de pandemia. En lugar de eso, el dinero es gastado en proyectos como el Central Vista.

A estas crisis, los revolucionarios debemos proponer las siguientes soluciones de emergencia:

¡Nacionalizar la salud!

La pandemia expuso la fragilidad y las iniquidades del sistema de salud de la India. Debemos acabar con la salud privatizada y sustituirla por un servicio de salud nacionalizado, con cobertura adecuada desde los centros urbanos hasta las villas rurales. ¡Eso debe ser desarrollado como parte de un plan nacional con trabajadores de la salud, médicos y científicos a la vanguardia! ¡Debemos construir esto en una base de emergencia lo más rápido posible, pues vidas están en juego!

¡Vacunación libre e igual para todos!

Como mínimo, debemos exigir que las vacunas sean distribuidas gratuita y equitativamente entre los Estados, mayor atención debe ser dada a las regiones que son epicentro del virus, en Estados como Maharashtra, Uttar Pradesh y Kerala, donde los números diarios son mucho más altos, y la alta densidad poblacional torna más difícil mantener el distanciamiento social.

¡Priorizar a los profesionales de la salud!

Los profesionales de la salud, especialmente los que están en la línea de frente de los esfuerzos de vacunación y testes, deben tener prioridad. Sus salarios deben ser pagos puntualmente y con bonos, y complementados con seguro de salud para protegerlos del impacto adverso de los lockdowns y riesgos para sus vidas al servicio del pueblo. ¡Los médicos, enfermeros y trabajadores de ASHA deben ser puestos en primer plano!

¡Hospitales, no templos!

En una época en que la India está luchando contra la peor pandemia de la historia reciente, el gobierno implementa los proyectos de construcción de la Central Vista en Nueva Delhi y del templo Ram en Ayodhya. ¡El pueblo de la India precisa hospitales e infraestructura médica, no templos y proyectos faraónicos! Debemos exigir el congelamiento de los fondos y un basta en todas esas construcciones no esenciales, y desviar recursos y dinero para la construcción de hospitales en todo el país.

¡Por un esfuerzo mundial unido para combatir la pandemia!

Mientras naciones ricas y poderosas tiene stock de vacunas e impiden que las patentes sean compartidas, los países más pobres son arrojados a los leones y luchan contra la escasez de vacunas. El virus del Covid-19 no se importa con este tipo de nacionalismos ni con las fronteras nacionales. No podremos derrotarlo hasta que todos estemos protegidos, tanto en los países ricos como en los pobres. Los trabajadores del mundo deben unirse para asegurar una distribución uniforme de vacunas y medicamentos críticos en el combate a la pandemia.

Finalmente, debemos recordar que la causa raíz de este desastre en la India y en todo el mundo es el capitalismo desenfrenado en la era imperialista. No puede haber un futuro para la humanidad bajo el capitalismo.

¡Viva el socialismo!

[1] BJP: Bharatiya Janata Party, es decir, Partido del Pueblo de la India.
[2] Central Vista es el área de administración del gobierno nacional, que reúne ministerios y las instalaciones del Parlamento.

Traducción del inglés: Marcos Margarido.
Traducción del portugués: Natalia Estrada.