La invasión rusa de Ucrania entra en su cuarto mes. La heroica resistencia ucraniana desbarató los planes iniciales de Putin: un ataque fulminante que en pocos días conquistase la capital, Kiev, y reemplazase el gobierno ucraniano por otro servil a los dictados del Kremlin.

Por Daniel Sugasti

En las primeras horas de la invasión, Putin instó públicamente a los militares ucranianos a que tomasen el poder para entablar negociaciones con Rusia. El ataque desde distintas direcciones a las principales ciudades ucranianas confirma, de modo irrefutable, que la naturaleza de esta guerra, por parte de Moscú, es de conquista. Es una brutal agresión de una nación opresora, la segunda potencia militar del planeta, contra una nación más débil e históricamente oprimida.

Pero se cumplen tres meses de la invasión y el plan original de Putin no se concretó. Contra todo pronóstico, ni Kiev fue tomada ni los ucranianos depusieron las armas. La resistencia ucraniana frenó el avance ruso sobre la capital. Este hecho implica una victoria parcial que, con razón, insufló moral a un pueblo que lucha por derecho a la existencia nacional.

El inusitado arrojo de los defensores, sumado a un empantanamiento por problemas de logística y organización, hicieron que Putin abortase el asedio de la capital ucraniana. Al completarse el primer mes de guerra, las tropas rusas del noroeste retrocedieron hasta Bielorrusia y las del norte hicieron lo propio hacia su propio país. Moscú anunció un giro de su estrategia para, a partir de entonces, centrar sus esfuerzos en “liberar” el Donbás.

Tras la retirada rusa de la periferia de Kiev, el mundo pudo conocer el rastro de destrucción y las atrocidades cometidas por los invasores. Todavía impactan las imágenes de los cuerpos de decenas de civiles ejecutados que yacían en las calles o en fosas comunes. Hasta ahora, las autoridades ucranianas registraron cerca de 400 civiles muertos en Bucha. La semana pasada, una investigación de The New York Times reveló la ejecución de al menos ocho hombres ucranianos a manos de paracaidistas rusos, en esa misma ciudad a inicios de marzo[1].  Ucrania asegura estar investigando más de 10.000 posibles crímenes de guerra. En estos días se anunció la condena a cadena perpetua a un soldado ruso que asesinó a un civil de 62 años con un disparo en la cabeza. La Fiscalía anunció nuevos juicios por crímenes de guerra contra al menos 48 soldados invasores más.

Civiles ejecutados en Bucha. REUTERS/Zohra Bensemra

En todas las ciudades ocupadas, las tropas rusas impusieron un régimen de terror contra los civiles. De los 6,4 millones de refugiados que generó la guerra hasta ahora, más un millón de civiles ha sido llevada a Rusia, en donde existen denuncias de campos de concentración de civiles y prisioneros de guerra.

El curso de la guerra indica un conflicto prolongado. El intento ruso de controlar la región de Donbás fue ralentizado por la resistencia ucrania. Se suponía que, en el Este de Ucrania, donde los rusos cuentan con el apoyo de grupos separatistas patrocinados por Putin desde 2014, el avance de los invasores sería mucho más contundente. Pero la realidad muestra un empantanamiento. Los ucranianos, con la moral alta y mucho más experimentados que antes, resisten como pueden, incluso al precio de entre 50 y 100 bajas diarias.

El drama de los civiles ucranianos

No obstante, Rusia ha podido cosechar triunfos. Luego de la entrega de los últimos soldados ucranianos atrincheraros durante semanas en la enorme planta siderúrgica de Azovstal, el Kremlin celebra la toma de Mariupol, en el sureste, aunque la ciudad está en ruinas. Conquistada esa posición, los rusos controlan toda la costa ucraniana en el mar de Azov y pueden conectar Crimea, anexada impunemente en 2014, con las autodenominadas “Repúblicas” de Donetsk y Lugansk. En otras palabras, a pesar de los reveses, se estima que Rusia controla una quinta parte del territorio ucraniano, una porción mucho más amplia que la que estaba bajo influencia rusa antes de la invasión.

Si, por un lado, Ucrania perdió Mariupol, por otro recuperó el control de Járkov, la segunda ciudad del país. Sucesivos contraataques hicieron retroceder a los rusos y, además, supusieron la embarazosa expulsión de los invasores hacia su propia frontera. Pero, a pesar de las cambiantes posiciones, nada indica una solución militar en el corto plazo. Rusia mantiene una superioridad militar abrumadora, sobre todo aérea. En ese contexto, extremadamente duro, el hecho de que la resistencia armada, que en estos meses incorporó a miles de combatientes agrupados en las Fuerzas de Defensa Territorial, haya impedido una rápida victoria militar de Putin, es toda una hazaña.

El éxodo de los civiles

La continuidad de la guerra, como se sabe, muestra sus consecuencias en todos los terrenos. Profundiza la crisis energética, acelera la inflación, crea condiciones de para una crisis alimentaria, en suma, exacerba la crisis económica mundial y, con ello, es previsible el estallido de crisis políticas de distintas magnitudes. La guerra en Ucrania es el centro de la lucha de clases mundial.

Ninguna confianza en el imperialismo ni en Zelenski

El imperialismo estadounidense y europeo aseguran que apoyarán a Ucrania “hasta el final”. Esto es puro cinismo. Ninguna medida de Biden, Scholz, Macron y de ningún otro líder imperialista está al servicio de garantizar la independencia ucraniana.

La guerra ha mostrado que la hipocresía del imperialismo no tiene límites. Ucrania recibe elogios y discursos de apoyo por parte de los gobiernos imperialistas, pero el hecho es que ese país no recibió ningún tipo de armamento pesado, ni un avión de combate.

Mientras el pueblo ucraniano se defiende como puede, los gobiernos y empresas imperialistas se frotan las manos ante los potenciales negocios que implican los préstamos, el abastecimiento de petróleo y gas, y la eventual reconstrucción del país invadido. Mientras tanto, las armas llegan al frente ucraniano con cuenta gotas. A pesar de los insistentes pedidos de armamento pesado, hasta ahora los combatientes ucranianos no recibieron ningún sistema moderno de defensa antiaérea, sistemas de lanzamiento de misiles múltiples, mucho menos cazas para contrarrestar la abrumadora superioridad aérea de los rusos.

En este contexto, dramático para la defensa de Ucrania, la exigencia de envío incondicional de armas pesadas para Ucrania, no de tropas imperialistas en el terreno, sigue siendo clave para una eventual derrota de Putin en esta guerra.

El pueblo ucraniano, que ha demostrado una fuerza social impresionante, no tiene razones para confiar su suerte al imperialismo ni a su fantoche, el gobierno burgués que preside Zelenski. Tarde o temprano, el gobierno de los oligarcas ucranianos saboteará la resistencia popular y capitulará ante Putin, probablemente cediendo territorio ucraniano, y negociando con el imperialismo un lugar como socio menor en la reconstrucción del país.

La izquierda que favorece al invasor

Una parte de la llamada izquierda, imbuida de pacifismo estéril, se opone la exigencia de armar a la resistencia ucraniana. El reformismo mantiene una actitud equidistante, planteando consignas tramposas, como el “no a la guerra”, una generalidad que iguala a agresores y agredidos, y es utilizada para negar el envío de armas para que Ucrania pueda defenderse.

Esta posición, en los hechos, solo favorece al invasor. Cualquiera puede entender que es imposible defenderse y, más aún, ganar la guerra sin armamento pesado y tecnología militar de punta. Este es un problema básico en cualquier enfrentamiento bélico. Negar armas para Ucrania es preparar el terreno para su derrota aplastante a manos de Putin.

Otro sector dicho de izquierda, en especial corrientes castrochavistas y filoestalinistas, sigue ubicándose en el bando militar ruso, con el argumento de que Putin cumple un papel “antiimperialista” y que su “operación militar especial” contra Ucrania es necesaria para frenar la expansión de la OTAN en el Este europeo.

Este relato no se sostiene. La OTAN es el brazo militar del imperialismo y cualquier revolucionario/a debe luchar por su disolución. De esa alianza militar no se debe esperar nada bueno para Ucrania ni para ningún otro pueblo. Pero los hechos muestran la falsedad del supuesto papel antiimperialista de Rusia. En realidad, la guerra de agresión a Ucrania ha fortalecido como nunca antes a la OTAN, una entidad que estaba muy desprestigiada, cuestionada en varios de sus países miembros.

Las atrocidades de los rusos en Ucrania hicieron que buena parte de los pueblos de Europa crean, equivocadamente, que formando parte o fortaleciendo a la OTAN, o a sus propias fuerzas armadas nacionales, estarían más seguras. La semana pasada, por ejemplo, Suecia y Finlandia dieron pasos importantes para incorporarse a la OTAN. En otros países, de los que destacamos a Alemania, la agresión rusa facilitó a los gobiernos europeos la justificación que necesitaban para aumentar cualitativamente sus gastos militares y exacerbar la carrera armamentista. No. Putin no tiene nada de antiimperialista. Todo lo contrario, como pocos ha fortalecido a la OTAN y el militarismo europeo.

Cortar el financiamiento de la máquina de guerra rusa

En los países imperialistas, la exigencia del envío incondicional de armas para Ucrania es fundamental. Es necesario explicar que esto no tiene nada que ver con la política de rearme que impulsan los gobiernos imperialistas. Son cosas distintas. Exigimos armas para Ucrania, no para fortalecer el poder militar de los Estados imperialistas.

Además, hay que exigir a todos los gobiernos, imperialistas o no, la ruptura total de relaciones diplomáticas y comerciales, esto es, el fin de las inversiones y de las exportaciones e importaciones con Rusia. Hay que parar el financiamiento externo a la máquina de guerra rusa que está masacrando el pueblo ucraniano.

Esto es especialmente importante en los países europeos que importan gas y petróleo de Rusia. La Unión Europea, enemiga de la clase trabajadora, paga cerca de 800 millones de euros diariamente a Putin por petróleo y gas. Esta inyección de recursos es fundamental para el esfuerzo de guerra de Moscú. Los activos de Gazprom y de los bancos rusos en el exterior deben ser expropiados. Los bienes de las empresas y de los oligarcas rusos en otros países deben ser expropiados. Todo esto debe ponerse al servicio, incondicionalmente, de la resistencia ucraniana y de la futura reconstrucción del país atacado.

En Rusia, el país opresor y agresor de Ucrania, la lucha contra la guerra adquiere importancia decisiva. En ese caso, sí está plenamente justificada la consiga de “No a la guerra”. En ese sentido, es importante visibilizar las acciones del movimiento antiguerra ruso y solidarizarse con los miles de activistas presos por la dictadura de Putin, que amparada en la “ley antiterrorista” puede imponer penas de 15 años de cárcel. Lo mismo sucede en Bielorrusia, donde el régimen de Lukashenko, colaboracionista de la invasión rusa, ha arrestado a varios activistas contra la guerra.

Redoblar la campaña de solidaridad con la resistencia ucraniana

Es urgente redoblar esfuerzos para garantizar la solidaridad hacia la resistencia ucraniana. En ese sentido, destacamos la iniciativa del Convoy Obrero de la Red Sindical Internacional de Solidaridad y Luchas, que estuvo en Ucrania para llevar ayuda humanitaria y fortalecer el contacto con la resistencia de clase en ese país. La delegación del Convoy Obrero, rescatando las mejores tradiciones del internacionalismo proletario, participó del acto del 1 de Mayo junto con activistas obreros de Ucrania.

En varios países, sectores de la clase trabajadora están organizando colectas para solidarizarse activamente con sus hermanos de clase ucranianos. Estas y otras iniciativas de la campaña de solidaridad con Ucrania merecen el apoyo de cualquier socialista, demócrata y defensor de los DDHH y el derecho a la autodeterminación nacional de los pueblos.

La LIT-CI, por su parte, seguirá en la primera línea de apoyo a la Ucrania ocupada por las tropas de Putin. Solo desde el apoyo a la resistencia ucraniana se puede combatir y desenmascarar a la OTAN, EEUU, la UE y al propio gobierno oligárquico de Zelenski, incapaz de encarar la lucha contra el agresor ruso hasta las últimas consecuencias.

¡Trabajadores del mundo, uníos en apoyo a la resistencia ucraniana! 

¡Por la derrota de las tropas de Rusia! 

¡Por el envío incondicional de armas para la resistencia ucraniana! 

¡Viva la resistencia ucraniana! 

¡Ninguna confianza en EEUU, UE, OTAN! 

¡Por la disolución de la OTAN!

Nota:

[1] Ver: <https://cnnespanol.cnn.com/2022/05/20/investigacion-new-york-times-crimen-guerra-bucha-trax/>.