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Colombia

La crisis del Pacto Histórico es la crisis de un proyecto utópico

Fernando Graco

noviembre 7, 2026

La crisis del Pacto Histórico, que se ha manifestado en el descontento de sus bases y en la polémica pública de sus dirigentes, va más allá de la derrota en las elecciones presidenciales, independiente de si hubo fraude y de que el gobierno de Abelardo sea ilegítimo.

Algunos síntomas de esa crisis son el acuerdo con el Centro Democrático para elegir como presidente del Senado a un uribista, y la votación de sus cinco congresistas a favor de la proposición para que a Uribe no lo investigue la Fiscalía. Esos hechos son solo los efectos de pretender construir un proyecto de partido con un programa de conciliación de clases, una política de concertación y pactos con los enemigos, así como de tener un régimen de partido conducido por caudillos y sin democracia interna.

¿Las clases sociales no existen?

El programa del Pacto Histórico (PH) desconoce que la sociedad está objetivamente dividida en clases sociales, con lucha de clases e intereses de clase antagónicos e irreconciliables. Desconoce que la ganancia de los capitalistas depende directamente de la explotación del trabajo asalariado de la clase trabajadora.

El Pacto Histórico pretende armonizar el capital y el trabajo a través de reformas y subsidios. Ni los capitalistas aceptarán de buena gana ceder su ganancia, ni los trabajadores que se normalice y eternice el desempleo, los salarios de hambre, la precarización y la explotación del trabajo asalariado.

Los males como la violencia, la corrupción, el saqueo de los recursos públicos, el racismo, el clasismo, la apropiación de la tierra, de los recursos de la salud y la educación, etc., no se eliminan con una revolución ética que convenza a los capitalistas de que cambien de moral.

Un “nuevo pacto social que garantice derechos y bienestar para las mayorías” no es posible sin una revolución.

El Pacto es una organización para las elecciones; para la lucha necesitamos otro partido

El Pacto Histórico es un movimiento conformado por varios partidos políticos, dirigido por algunos caudillos con un programa social liberal, y con una base de millones de simpatizantes obreros, campesinos y oprimidos que tienen la esperanza de un cambio.

Sin embargo, la estrategia del Pacto Histórico es la electoral: participar de la democracia burguesa para obtener votos con el fin de elegir gobiernos y congresistas. Pero, como ya comprobamos con el gobierno de Petro, en el terreno de la democracia burguesa lo poco que se logra en un periodo de cuatro años, se pierde en semanas cuando se impone otro gobierno.

No hay conquista histórica y duradera que se haya conseguido eligiendo gobiernos y congresistas respetando la democracia burguesa; por el contrario, las conquistas que se han impuesto mediante la movilización con paros, huelgas y revoluciones son duraderas. Los grandes cambios que necesitan la humanidad y la naturaleza solo serán posibles mediante revoluciones socialistas.

A nivel estratégico, necesitamos un partido político que dirija la revolución para que esta imponga la voluntad de suprimir la ganancia, distribuir la riqueza y acabar con la desigualdad, cambiando el sistema de explotación y opresión capitalista, para construir un sistema de producción sin plusvalía ni dictaduras: el socialismo.

No se trata de repetir caricaturas del socialismo como en Venezuela o Nicaragua, sino de luchar por una democracia que sea para el 99% de la población y a la vez dictadura obrera para el 1% de los explotadores.

En lo inmediato, para resistir a los planes de Abelardo de la Espriella, la clase trabajadora necesita con urgencia una organización independiente que no condicione la lucha a intereses electorales y alianzas con nuestros enemigos; y que, con sus alianzas con corruptos y sus escándalos, no prepare el terreno para el crecimiento de la derecha.

Pero el Pacto Histórico está demostrando que es inferior a esta tarea. Mientras la clase trabajadora, los sectores populares, la juventud y los oprimidos intentan organizarse para luchar y defenderse, el Pacto insiste en preparar nuevas alianzas para las elecciones.

El Pacto se degrada rápidamente producto de su propia política de intentar conciliar intereses antagónicos. Las prácticas políticas para definir las listas al Congreso fueron iguales que las de cualquier partido burgués, la forma en que se toman las decisiones, la defensa de personajes como Laura Sarabia, y los escándalos de corrupción, ayudaron a la derrota electoral. El Pacto demuestra su incapacidad de ser una alternativa de dirección para las masas colombianas, que pueda presentar una oposición consecuente al plan de tierra arrasada del nuevo gobierno.

Por eso se necesita un partido distinto al Pacto Histórico y a los partidos que lo conforman. Debe tener un programa revolucionario, una política de lucha directa y un funcionamiento democrático sin caudillos. Al servicio de esta tarea están el Partido Socialista de los Trabajadores y la Liga Internacional de los Trabajadores.

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