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Charla Abelardo de la Espriella ha declarado la guerra a los trabajadores, a los oprimidos y a la naturaleza

PST Colombia

octubre 5, 2026

Ponencia presentada por María en actividad de Zoom del 16 de septiembre

Este gobierno llega a Colombia en el marco del nuevo auge de la ultraderecha en el mundo, Bukele, Milei, Trump y recientemente el triunfo regional en Alemania. El auge de la ultraderecha es una realidad y representa la decadencia del capitalismo imperialista, y la expresión de sectores ante la imposibilidad de que las alternativas de reformar el capitalismo funcionen, intentan buscar salida apoyando a estos supuestos nuncas, outsiders que se presentan como anti sistema, diferentes, que a la final terminan siendo los de siempre.

El Gobierno es ilegítimo

ADLE es aliado y lacayo de Trump, de Marco Rubio y Netanyahu, impulsa un proyecto autoritario, neoliberal y entreguista y tal como hemos dicho desde el primer día: su gobierno es ilegítimo.

Hubo denuncias serias de fraude y de irregularidades en el proceso electoral, no tenemos confianza en la burguesía y sus instituciones, sin embargo, nos parece que el mayor fraude está fuera de las urnas, y se efectuó mediante el engaño, la desinformación, el uso de la IA y la injerencia del imperialismo y el sionismo. Ante esto, miles de activistas salieron a las calles a rechazar el triunfo de la ultraderecha. Pero el Pacto Histórico, con Cepeda a la cabeza, reconoció rápidamente la derrota, llamó a la calma y se preparó para el empalme, llamando a la gente a no movilizarse y a poner sus ilusiones en mecanismos de la democracia burguesa como la demanda de nulidad ante del Consejo de Estado, y a la desobediencia civil que en realidad es la resistencia individual pacífica. Esa decisión fue un balde de agua fría sobre la movilización y una renuncia a pelear hasta el final.

La responsabilidad del progresismo

Pero más allá del fraude en sus distintos tipos, hay que mirar de frente la responsabilidad política del propio Pacto, y la relación innegable que hay entre la llegada de la ultraderecha a muchos países seguida de un gobierno progresista.

El gobierno de Petro puso muchos de nuestros derechos en tinta borrable: reformas a medias, concertaciones con sectores burgueses, ilusiones institucionales que desmovilizaron, defensa de personajes como Laura Sarabia que torturó a la empleada doméstica, etc. El descontento social profundo que explotó en el Paro Nacional de 2019 y 2021 no se resolvió. El desempleo real, la precarización, la falta de tierra, la violencia y la miseria siguieron ahí aunque con paliativos. Ese vacío de respuestas reales es lo que la ultraderecha aprovechó.

Sin embargo, hemos dicho también que la derrota electoral del Pacto Histórico no es la derrota de la lucha de clases, medio país vota a Cepeda y luego de las elecciones miles se movilizaron demostrando que hay reservas y voluntad de lucha. Es la derrota de una estrategia reformista y de conciliación. Ahora enfrentamos a un gobierno que viene por todo, y lo acaba de dejar claro en los llamados Acuerdos de Barranquilla con Marco Rubio.

La ofensiva contra la clase obrera es directa y sistemática. 

ADLE ya derogó 11 circulares laborales que buscaban proteger jornadas, horas extras y la estabilidad laboral reforzada. Impulsa un Estatuto del Trabajo a espaldas de las centrales sindicales, sin ninguna concertación real.  Su plan propone reducir el tamaño del Estado hasta en un 40 %, lo que significa despidos masivos, privatizaciones y más precarización.

No hay plan de empleo digno: hay más explotación.  Mientras tanto las reivindicaciones más urgentes de la clase siguen aplazadas como estabilidad laboral real, jornada de 36 horas sin pérdida salarial, estatuto del trabajo bajo control de los trabajadores y estatización de los servicios públicos.

Sus promesas de “proempresa” y formalización “inteligente”, son más tercerización y mano de obra barata.  En la reconstrucción del terremoto —uno de los ejes de los Acuerdos de Barranquilla—, el Fondo Milagro y las obras por impuestos entregan el negocio a constructores y banqueros, mientras los trabajadores de las zonas afectadas quedan como espectadores.

Avanza el bonapartismo

El proyecto de Abelardo es autoritario, machista, xenófobo, homofóbico y reaccionario. Muchos los llaman fascista, nosotros consideramos que se trata de una profundización del régimen político bonapartista. El bonapartismo es un concepto que surge a partir del análisis de la lucha de clases en Francia que hace Marx, en particular del gobierno dictatorial de Luis Bonaparte. En esencia, plantea que, en ciertos momentos históricos, surgen personajes (como Bonaparte) que asumen como árbitros, por encima de las clases mismas y de las instituciones tradicionales de la democracia burguesa. Suelen ser gobiernos muy autoritarios que se apoyan en las instituciones represivas del régimen y colocan el poder ejecutivo por encima de las otras ramas del poder, incluso al punto de disolverlas.

En concreto, promueve mano dura, megacárceles estilo Bukele, militarización y el fin de cualquier proceso de paz. ADLE fue capaz de empezar a bombardear el Catatumbo mientras en el suroccidente la gente estaba bajo escombros, lo cual ha generado no solo las conocidas muertes de menores, desplazamiento, sino aumento de las bajas de militares. En un evidente recrudecimiento del conflicto armado.

Política exterior para el saqueo

En alianza con Trump refuerza la intervención imperialista y la criminalización de migrantes. Uno de los tres ejes de los Acuerdos de Barranquilla es “blindar el hemisferio”: seguridad, lucha contra el “narcoterrorismo” y modernización de las Fuerzas Armadas con apoyo estadounidense. Es la continuidad del régimen que ha asesinado dirigentes sindicales, sociales e indígenas, ahora reforzada con la tutela de Washington.

Esto se suma a la incorporación en el infame escudo de las Américas, que es realmente un proyecto de recolonización, que incluye cosas directamente inconstitucionales como bases y operaciones militares conjuntas.  Hay que insistir en la nacionalización de los recursos naturales bajo control de trabajadores y comunidades, y el rechazo frontal al extractivismo imperialista.

Además, se declara aliado del Estado de Israel. Prometió restaurar las relaciones “como nunca antes”, trasladar la embajada a Jerusalén y convertirse en socio armamentístico. Es cómplice del genocidio en Gaza.  También se anuncia la implementación de la definición IHRA de antisemitismo, con la cual tienen procesado a Zé María en Brasil, haciendo que decir palestina libre del rio al mar sea delito.

Guerra contra los oprimidos

Pero la guerra contra los oprimidos también se dirige con especial saña contra las mujeres y las personas LGBTI+. Su discurso de “familia, fe y patria” no es inocente: es la bandera de la ultraderecha internacional para atacar derechos sexuales y reproductivos, para obstaculizar el acceso al aborto, para recortar programas de género y para sembrar odio contra las disidencias sexuales.   En el PGN el presupuesto de salud sexual y reproductiva se redujo en 97% según denuncian algunos grupos feministas.

Es un gobierno que reivindica el orden hetero normativo y religioso como modelo de sociedad. En ese marco, las mujeres trabajadoras, las madres cabeza de familia, las víctimas de violencia de género y las compañeras LGBTI+ quedan en la primera línea de fuego: más precarización laboral, más desprotección estatal y un clima de hostigamiento que legitima la discriminación y la violencia.

La llegada de Abelardo representa una amenaza concreta para las conquistas democráticas de las mujeres y de la comunidad LGBTI+. No es solo retórica: es la preparación de un retroceso en derechos que ya estamos viendo en otros gobiernos de la misma ola reaccionaria; y es la legitimación de los feminicidios y los crímenes de odio, basta ver las redes sociales para darse cuenta lo envalentonados que están los abelardistas y la forma en que justifican la violencia

Por eso es urgente la unidad de los de abajo —trabajadores, campesinos, indígenas, afrodescendientes, mujeres y disidencias sexuales—, no de conciliación.

El ataque a la naturaleza también es abierto y entreguista. 

ADLE Propone reiniciar la exploración petrolera en zonas antes protegidas, impulsar el fracking y convertir la “minería organizada” en motor de la economía.  Los Acuerdos de Barranquilla lo confirman:

Reconstruir la patria (reconstrucción post-terremoto con inversión privada y estadounidense).

Recuperar la economía (atraer capital extranjero, infraestructura, energía).

Blindar el hemisferio (seguridad militarizada).

Además, se firmaron dos memorandos: uno sobre minerales críticos y tierras raras y otro sobre cooperación nuclear civil. Es la entrega abierta de nuestros recursos naturales a Estados Unidos. El Plan Milagro y el “Plan Marshall” para el Chocó son la cara local de este saqueo: negocio para mineros y petroleros, más desplazamiento, contaminación y deforestación para las comunidades.

Todos a las calles a derrotar a Abelardo y su plan

No basta con denunciar o quejarse en redes sociales. Sabemos que la movilización actualmente enfrenta mayores riesgos, pero para eso la solución es la masividad y la organización. No creemos que haya que resignarse y prepararse para cuatro años de ataques incesantes, que no solo nos van a dejar con muchos muertos, menos derechos y daños irreversibles al medio ambiente. Lo que se necesita es retomar el camino del paro nacional, por eso hemos insistido en que se realizara un encuentro nacional de emergencia para votar el plan de acción.

Gracias a la presión de las bases y regiones las centrales y el pacto han terminado llamando al encuentro que fue 11 y 12 de septiembre, este no es exactamente el encuentro que propusimos, su convocatoria y preparación lo hacen menos democrático, pero aun así allá se expresó esta necesidad del paro y del plan de lucha (ver informe de los delegados del PST en https://magazine.pstcolombia.org/2026/09/encuentro-nacional-de-organizaciones-sindicales-y-sociales-frente-amplio-para-elecciones-o-movilizacion-para-derrotar-al-gobierno/).

El encuentro se encontró ante una disyuntiva, una la política del pacto que se resume en la decisión que ya traían tomada, para hacerla pasar como una conclusión del encuentro de constituir un frente amplio por la vida en clave electoral; y la presión de las bases y los dirigentes regionales de construir la más amplia unidad de acción por abajo en clave de derrotar el plan de ADLE. La política que nosotros proponemos es independencia de clase y movilización permanente: ni un día de tregua. Frente de los de abajo, unidad de acción contra todos los que se opongan a ADLE, pero no frentes con los de arriba, en clave electoral.

La línea del PH es reorganizarse como oposición parlamentaria, “acumular fuerzas” para las elecciones territoriales de 2027 y eventualmente un nuevo ciclo electoral, manteniendo la lógica de concertación y de subordinar la movilización a los tiempos institucionales. Eso desvía la bronca popular hacia el terreno donde la burguesía y el imperialismo tienen todas las de ganar.

La dificultad de imponer esa política, expresa el fracaso de la conciliación de clases que gobernó dentro del Estado capitalista y no resolvió los problemas de los trabajadores. Canalizó el potencial del Paro de 2021 hacia las urnas y desmovilizó.

El encuentro termina votando ambas cosas, el frente amplio y el paro. En concreto para el 14 de octubre jornada de un día, y para noviembre paro el 12 o el 20. La burocracia va a intentar aplicar solo lo primero, y diluir el paro en jornadas nacionales de protesta.   Nuestro trabajo es insistir en que el paro nacional debe prepararse en serio: asambleas de base, comités de paro democráticos e independientes, pliego unificado, propaganda, y medidas de protección del movimiento.

Pero también tenemos la tarea de construir una alternativa de dirección, tanto en el terreno político como sindical y social, nosotros impulsamos la construcción del PST como alternativa política de la clase trabajadora, y llamamos a pensarnos formas organizativas que nos permitan superar la talanquera que hoy son para las luchas el pacto y las direcciones burocráticas.

Tenemos que unificar la lucha con los pueblos de LA y el mundo, en Bolivia la política traidora de la burocracia llevó a levantar el paro sin lograr casi nada, y hoy el país está en tremenda crisis. Por eso proponemos construir la Liga Internacional de los Trabajadores y la Red Sindical Internacional como alternativas política y sindical/social.

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