Jue Feb 29, 2024
29 febrero, 2024

Invasión terrestre en Yemen

La agresión militar de la coalición liderada por Arabia Saudita –que cuenta con el apoyo de EEUU e Israel– contra Yemen continúa y escala en devastación. Después de cinco meses de criminales bombardeos contra los yemeníes, las petromonarquías pasaron a la invasión terrestre.

Por Daniel Sugasti

El conflicto comenzó en setiembre de 2014, cuando una ola de movilizaciones populares, encabezada principalmente por las milicias chiíes denominadas huthíes, tomó Saná, la capital del país. En marzo de este año, el aumento de las protestas y el avance de los huthíes derrocaron al entonces presidente Abdo Rabu Mansur Hadi, que, viéndose perdido, huyó rumbo a Arabia Saudita. En medio a este proceso, el ejército se dividió: una parte pasó a apoyar a los huthíes; la otra pasó a reivindicar el retorno de Hadi como “presidente legítimo”.

Los huthíes, como explicamos en notas anteriores, son una expresión político-militar burguesa de la minoría chií en Yemen[1]. Constituyen un “partido-ejército” que promueve un programa teocrático derivado de una vertiente del chiísmo –el credo zaidí–, que, aunque “minoritaria”, representa un tercio de la población en Yemen, principalmente en el norte.

Hadi fue durante muchos años el vicepresidente del ex dictador Ali Abdullah Saleh. De tal suerte, entre 2011 y 2012, cuando las protestas estallaron en Yemen, reflejando con sus particularidades el proceso revolucionario más general en toda la región, y forzaron la renuncia de Saleh –aunque de forma “negociada”–, quien asumió el poder fue Hadi. Esta medida, que pretendía “cambiar algo para que todo siga igual”, contó con el respaldo del imperialismo y, sobre todo, de los saudíes. Sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que las irresolubles contradicciones sociales, atizadas por las pésimas condiciones de vida y los anhelos democráticos, volvieran a explotar. Una nueva ola de movilizaciones era esperable y ocurrió.

El derrocamiento de Hadi, heredero de Saleh y agente de los saudíes, por lo tanto, constituyó una nueva victoria y abrió un nuevo momento de la revolución yemení, en el marco, por supuesto, del curso desigual de las revoluciones en Medio Oriente.

La actual agresión saudí, denominada cínicamente Operación Restaurar la Esperanza, tiene como objetivo declarado volver a poner a Hadi en el poder; vale decir, es una respuesta contrarrevolucionaria ante una victoria del pueblo yemení que expulsó del país a su hombre de confianza. No olvidemos qué papel cumple Arabia Saudita en la región: un “reino” gobernado por una monarquía teocrática profundamente reaccionaria, que se erige, después del Estado sionista de Israel, como el principal gendarme de los intereses del imperialismo.

Según la ONU, los incesantes bombardeos sobre Saná y otras ciudades controladas por los huthíes han causado, al menos, cuatro mil víctimas, la mitad de ellas civiles. Aproximadamente, 23.000 personas están heridas. Casi un millón y medio debieron huir de sus hogares. El embargo al que está sometido el país lleva a una escasez alarmante de alimentos, combustibles y medicinas. La maltrecha infraestructura (centrales eléctricas, hospitales, escuelas, etc.) de Yemen –que es el país más pobre de Medio Oriente– está casi destruida.

Invasión terrestre

En julio, la agresión militar dio un salto y, además de los ataques aéreos, pasó a involucrar tropas sobre el terreno. Tropas saudíes y emiratíes desembarcaron en Adén, la segunda ciudad más poblada y considerada la capital del sur. Con auxilio de artillería pesada y blindados, el 17 de julio retomaron aquella ciudad, que además posee el principal puerto yemení.

Soldados saudíes
Soldados saudíes

A partir de este hecho, en las primeras semanas de agosto, las fuerzas invasoras y los leales a Hadi dentro de Yemen fueron avanzando y han conquistado tres capitales de provincia sureñas. La ofensiva se mantiene y, a principios de setiembre, Catar despachó 1.500 soldados hacia Yemen, apoyados por 200 tanques y 30 helicópteros de combate Apache, según informó la cadena de televisión catarí Al Jazeera. Cabe señalar que la aviación catarí ya participaba de la agresión a Yemen.

Esto ha sido, sin duda, un golpe a la revolución, pero todo indica que, a medida que las tropas contrarrevolucionarias avancen hacia el norte, la resistencia será mucho más cruenta.

Muestra de esto es la reciente muerte, a manos de los huthíes, de más de 60 soldados de la coalición de petromonarquías, 45 de ellos procedentes de Emiratos Árabes Unidos (EAU), según reconocimiento oficial. Otras fuentes hablan de 210 muertos, entre ellos 97 soldados saudíes y 83 emiratíes[2]. El hecho sucedió el 4 de setiembre en un cuartel en Safer, en la provincia de Marib, distante unos 250 kilómetros de Saná. Un cohete tipo Toshka hizo volar el recinto destruyendo también varios helicópteros Apache y vehículos blindados.

El ataque impactó a la coalición que ataca Yemen, especialmente a los emiratíes, que según analistas, lideran las acciones sobre el terreno. Los soldados de EAU representan aproximadamente 30% de los 10.000 invasores (el resto son saudíes y cataríes) que están en suelo yemení. Son ellos quienes se encargan, además, de la seguridad del puerto y el aeropuerto en Adén.

La coalición dice ahora que prepara la “batalla decisiva” para retomar Saná. De hecho, desde el sábado 5 de setiembre se han intensificado los bombardeos sobre la capital. Ese día murieron 24 civiles, según informes de los huthíes, que siguen controlando la ciudad y continúan fuertes en el norte.

A pesar de los rimbombantes anuncios de Riad y sus aliados, lo más probable es que estemos frente a una guerra prolongada, que aún está en sus inicios y que depara resultados insospechados.

Nuestro lado en este enfrentamiento, no obstante, es categórico: estamos en la misma trinchera que el pueblo yemení y por la derrota de los invasores a su suelo. Ante la agresión militar de un país más fuerte y opresor en contra de otro más pobre y oprimido, los revolucionarios tenemos una primera obligación: ubicarnos militarmente del lado del país oprimido (Yemen) y por la derrota del país opresor (Arabia Saudita y sus amos imperialistas). Esto no significa, evidentemente, manifestar apoyo político alguno al partido huthi.

La lucha encarnizada en Yemen muestra que estamos frente a un nuevo episodio de la revolución, que abarca no solo ese país sino a todo el Magreb y Medio Oriente. Este hecho se une a la resistencia siria contra el dictador Al Assad y el Estado Islámico; a la lucha de toda la nación kurda por su independencia; a las enormes movilizaciones del pueblo libanés; al combate que libra el pueblo iraquí contra el EI y contra el represor gobierno de Bagdad.

Expresamos, una vez más, nuestra solidaridad incondicional con el pueblo yemení y, al mismo tiempo, llamamos a todas las fuerzas revolucionarias y democráticas a cerrar filas en torno a la resistencia armada de este valiente pueblo. Esta es una tarea antiimperialista de primer orden e ineludible.

[1] http://litci.org/es/archive/rechacemos-los-bombardeos-sauditas-a-yemen-viva-la-revolucion-del-pueblo-yemeni/

[2] http://hispantv.com/newsdetail/Yemen/55827/yemen-marib-soldados-extranjeros-ejercito-misiles-211

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