Intervencionismo norteamericano en Venezuela, control político y sed de petróleo.
El imperialismo norteamericano ha concretado un bombardeo a Venezuela, secuestrando además al dictador Nicolas Maduro, presidente del país. Este gravísimo hecho constituye un acto de guerra, que amenaza y afecta no sólo a Venezuela sino al resto de Latinoamérica, y que nada tiene que ver con la razón esgrimida por el ultraderechista presidente de los EE.UU. Donald Trump de “combate al narcotráfico”.
Cuáles son las verdaderas razones de esta ofensiva intervencionista en Venezuela?, cuál ha sido el marco previo?, cómo evolucionaron los hechos?, cuáles son sus implicaciones y consecuencias?, cuál es la estrategia de conjunto del imperialismo norteamericano para Venezuela y el resto de la región?, qué perspectivas se abren?, cuál es la dinámica del régimen chavista a partir de estos hechos?, qué programa, política y cómo debemos actuar los revolucionarios para enfrentar la estrategia del imperialismo norteamericano?; son cuestiones que intentaremos abordar en el presente artículo.
Presión política y despliegue militar
Consideramos que es pertinente describir y analizar el contexto político y los acontecimientos que antecedieron los eventos suscitados en los primeros días del mes de enero de 2026.
Desde la primera quincena de agosto de 2025, los EE.UU., bajo el argumento de la supuesta “lucha contra el narcotráfico”, inició un desproporcionado despliegue armamentístico en las costas del caribe y Latinoamérica, con especial cercanía a las costas venezolanas. Previo a esto, el jefe de Estado norteamericano, Donald Trump, emitió una orden autorizando el uso de las fuerzas armadas para la “lucha contra carteles de drogas extranjeros, con el objetivo de defender a su nación”, de la misma manera, el gobierno norteamericano duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por información que condujese al arresto de Nicolás Maduro, acusado de liderar una presunta organización criminal denominada “El Cártel de los Soles”, dedicada al narcotráfico y al terrorismo. De manera simultánea fueron decomisados dinero, joyas, bienes y propiedades atribuidas a Maduro como producto de su actividad criminal.
En semanas anteriores, la administración Trump había desarrollado un proceso de negociación con el gobierno de Maduro, el cual incluyó el canje de prisioneros norteamericanos por migrantes venezolanos retenidos por el gobierno de Bukele en cárceles de El Salvador, la liberación de algunos presos políticos en territorio venezolano y el otorgamiento de una nueva licencia que autorizaba a Chevron para operar en el país, extraer y comercializar petróleo venezolano.
Desde entonces, se inició por parte de los Estados Unidos, un inusitado despliegue militar, el cual incluyó en principio, tres buques de guerra (destructores dotados del sistema de defensa aérea Aegis, armados con misiles guiados Tomahawk para atacar objetivos en tierra, de última tecnología en la Marina de EE.UU.), un submarino nuclear con capacidad misilística y operaciones de inteligencia, además de aeronaves de patrulla marítima P-8 Poseidón y un personal militar que sobrepasaría los 4000 efectivos marines. Tal maniobra fue incrementándose con el paso de los meses, adicionándose cada vez más buques de guerra, aviones F-35 y bombarderos estratégicos B-52, junto al envío al Caribe del portaaviones, más grande de las fuerzas armadas norteamericanas, el USS Gerald Ford, además del aumento a aproximadamente 10.000 del número efectivos militares, incluyendo tropas de asalto. En resumen, todo un despliegue fuerzas y recursos bélicos que, desde el principio se mostró más característico de guerras y/o invasiones militares que de acciones de combate al narcotráfico.
El imperialismo norteamericano, durante meses (desde septiembre 2025), llevó adelante una ofensiva militar, expresada en acciones de guerra, como más de 25 ataques a pequeñas embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, dejando un saldo de más de una centena de muertos, pescadores de varias nacionalidades (venezolanos, colombianos, trinitarios, entre otros), incautación de cargueros petroleros provenientes de Venezuela, con el robo de las toneladas de petróleo que contenían, además de un ataque cibernético contra Pdvsa, afectando las operaciones de la empresa y poniendo en peligro a las trabajadoras y trabajadores petroleros y un supuesto ataque con drones a “una gran instalación en la costa venezolana” (presuntamente en los muelles de Maracaibo, estado Zulia), esto último no confirmado, pero que el mismo Donald Trump asegura haber llevado a cabo. «No sé si lo has leído o visto, pero tienen una gran planta, unas instalaciones grandes de las que salen los barcos, y hace dos noches las destruimos» (BBC News Mundo 29/12/2025), afirmó Trump en una llamada telefónica que hizo a la emisora radial WABC para hablar con el multimillonario John Catsimatidis.
A esto hay que agregar la declaración de un bloqueo naval total a los petroleros que entrasen o saliesen del país, con el claro propósito de asfixiar la economía venezolana, cortando el comercio del principal recurso de la misma, y con ello el ingreso de dólares; y la orientación de un bloqueo aéreo contra el país que fue parcialmente acatado por diversas aerolíneas a nivel internacional.
Luego de los bombardeos contra territorio venezolano del pasado 03/01/2026, toda esta fuerza bélica continúa apostada en las costas del Caribe, en las cercanías de Venezuela, como mecanismo de amenaza y coacción.
Una agresión bélica criminal contra un país oprimido
Como es sabido, aproximadamente a la 1:50 am del sábado 03 de enero de 2026, se inició un bombardeo con helicópteros y drones por parte del gobierno del ultraderechista Donald Trump, las fuerzas militares norteamericanas bombardearon varios puntos de la ciudad de Caracas, a saber, Fuerte Tiuna, la Base Aérea de la Carlota, el Cuartel de la Montaña (donde reposan los restos de Chávez), la Comandancia General de la Milicia y la Academia de la Armada (Escuela Naval en la Meseta de Mamo, estado La Guaira). Además de esto también fueron atacados aeropuertos civiles como el de Higuerote (estado Miranda), el puerto de La Guaira (el principal del país) y se reportan ataques en instalaciones militares del vecino estado Aragua. Todos estos objetivos, se encuentran o en la ciudad de Caracas (capital del país) o en estados cercanos a la capital, en zonas con alta densidad poblacional, algunos rodeados de edificios y áreas residenciales.
Así pues, mientras aeronaves sobrevolaban y bombardeaban sostenidamente la ciudad de Caracas y otros puntos del territorio venezolano, mientras se registraban explosiones en las inmediaciones de objetivos militares, puertos, aeropuertos y zonas urbanas; fuerzas especiales llevaban a cabo la operación de secuestro del dictador Nicolás Maduro y su esposa y primera dama Cilia Flores; hecho que pocas horas más tarde fue anunciado por Donald Trump en su red social Truth Social y ratificado luego en una conferencia de prensa en Mar-a-Lago. Lo mismo fue también confirmado por voceros oficiales del gobierno venezolano, quienes exigieron al gobierno norteamericano fe de vida del jefe de Estado secuestrado y su esposa.
Tales hechos constituyen una agresión bélica criminal, contra la soberanía de un país oprimido, siendo una intromisión imperialista inaceptable por parte del gobierno norteamericano, con el ultraderechista Donald Trump a la cabeza, y que lejos de representar ninguna lucha contra el narcotráfico y/o el terrorismo, se enmarca en la estrategia del imperialismo estadounidense, de aplicar la conocida Doctrina Monroe, acrecentada con el denominado “Corolario Trump”, en el contexto de las disputas y negociaciones por territorios, mercados y áreas de influencia entre las potencias imperialistas.
Se trata de un ataque sin precedentes contra Venezuela perpetrado por Estados Unidos, la principal potencia imperialista del mundo. El mismo constituye una amenaza no sólo para este país, sino para el conjunto de Latinoamérica; siendo la primera intervención militar directa, es decir, haciendo uso de sus propias fuerzas armadas, del imperialismo norteamericano en los últimos 36 años en el continente[1] y la primera en toda la historia contra un país sudamericano. De esta manera, EE.UU., reinaugura en el continente la modalidad de llevar a cabo intromisiones en los asuntos políticos internos de los países vía la intervención militar directa, retomando abiertamente la diplomacia de las cañoneras, el chantaje y la militarización.
El objetivo estratégico es profundizar brutalmente la condición semicolonial de Venezuela, subordinando su régimen político, su economía y sus recursos estratégicos a los dictados de la Casa Blanca, al tiempo que se intenta disciplinar al conjunto de los pueblos de América Latina. Este operativo bélico, con características similares a la intervención de 1989 – 1990, en Panamá, forma parte de una política global de Donald Trump que persigue revertir la crisis de dominación de Estados Unidos, como principal potencia imperialista, en un contexto más general de crisis económica global del capitalismo, la más grande de la historia.
Estrategia de recolonización. Documento sobre Estrategia de Seguridad Nacional
Resulta evidente que en medio de la crisis económica global del capitalismo y la disputa interimperialista con potencias emergentes como China y Rusia, el imperialismo norteamericano pretende recuperar su dominio hegemónico en un continente que siempre ha considerado su patio trasero, “revivificando” la Doctrina Monroe y extendiéndola al hemisferio occidental de conjunto.
Esto ha sido anunciado formalmente en su nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2025. Documento publicado por la administración Trump, el 05/12/2025, donde se presenta este objetivo como prioridad central de la política exterior estadounidense, afirmando que el hemisferio occidental es la principal área de interés estratégico de Washington.
No se trata apenas de un plan gubernamental, ni de un documento de perspectivas políticas más, sino del anuncio formal de todo un cambio radical en la intervención estadounidense en la contienda interimperialista, una elevación del nivel de agresividad y proteccionismo del imperialismo norteamericano para recuperar el terreno perdido, basándose en un control más férreo y directo de Latinoamérica, un área geográfica que consideran históricamente como su colonia y su expansión al resto del hemisferio occidental (Europa, Groenlandia), tal como lo señala el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe.
“Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro Hemisferio.
Este “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, en consonancia con los intereses de seguridad estadounidenses. “Nuestros objetivos para el Hemisferio Occidental se pueden resumir en “Reclutar y Expandir”.
Reclutaremos a aliados consolidados en el Hemisferio para controlar la migración, detener el flujo de drogas y fortalecer la estabilidad y la seguridad en tierra y mar. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, al tiempo que reforzamos el atractivo de nuestra propia nación como socio económico y de seguridad predilecto del hemisferio” (La Estrella de Panamá, 26/12/2025)[2].
Posterior a la publicación del mencionado documento, el Secretario de Guerra Pete Hegseth declaró:
“Las actividades del departamento en todo el hemisferio occidental no se limitan a eliminar a los narcoterroristas, sino que también incluyen la disuasión y la defensa de los intereses de nuestra nación contra otras amenazas en el hemisferio. […] Esto incluye garantizar el acceso militar y comercial de EE. UU. a zonas estratégicas como el Canal de Panamá, el Caribe, el Golfo de América, el Ártico y Groenlandia” (Revista Opera, 19/12/2025)[3]. Una declaración que reafirma los objetivos estratégicos del imperialismo norteamericano, con el ultraderechista Trump a la cabeza.
Así pues, es este el marco estratégico, político, geopolítico y militar en el que el imperialismo norteamericano desarrolla el ataque a Venezuela y amenaza al resto del continente, dejando explícito el objetivo del gobierno Trump de tener gobiernos títeres en toda Latino América; no bastando para sus intereses hegemónicos y colonizadores gobiernos pró imperialistas, que apliquen los planes neoliberales; sino que pretenden gobiernos de ultraderecha, completamente sometidos a Trump y sus intereses.
Para esto realizan presiones económicas, políticas y militares, buscando imponer este tipo de gobiernos en el continente. En este sentido mediante presiones económicas y políticas, y ayudados por los desastres cometidos por los gobiernos de conciliación de clases han logrado imponer vía elecciones, gobiernos como el de Milei en Argentina, Kast en Chile, Bukele en El Salvador, Asfura en Honduras y persiguen continuar ese avance con el uribismo en Colombia (de ahí las amenazas y presiones a Petro).
Ahora, mediante la invasión militar, depusieron a Maduro, pese a que, este venía entregando la soberanía del país y haciéndole grandes concesiones tanto en la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), como en el Arco Minero del Orinoco (AMO).
El objetivo es robar el petróleo venezolano e imponer un gobierno títere del imperialismo, por ahora a través de la hasta entonces Vicepresidente Ejecutiva en funciones Delcy Rodríguez, ahora investida como Presidente de la República, mientras Trump afirma que gobernará directamente a Venezuela, que llevará adelante una nueva incursión militar si el reciclado “nuevo gobierno” venezolano no hace lo que ellos dicen, impone condiciones y mantiene a María Corina Machado a la reserva para un eventual gobierno títere si la formula Delcy no les resulta adecuada.
Sin embargo, las acciones ejecutadas hasta ahora por el gobierno Delcy, sus anuncios, los compromisos adquiridos y acuerdos suscritos dejan en evidencia un colaboracionismo propio de los gobiernos títeres que pretende Trump.
Toda esta estrategia de Trump y el imperialismo norteamericano, en el contexto de la crisis capitalista mundial y la disputa interimperialista, el ataque contra Venezuela, la pretensión explicita de colonizar este país y saquear sus recursos para posicionarse mejor en esta crisis y disputa, hacen prever también ataques más duros contra los trabajadores inmigrantes, venezolanos, latinoamericanos y de otras latitudes en EE.UU., así como a la clase trabajadora de conjunto, además de nuevas presiones, amenazas e intervenciones en otros países de la región y del mundo. Por lo cual es necesario construir estrategias unificadas para enfrentar y derrotarlas las pretensiones y los ataques del imperialismo norteamericano y de sus rivales en sus respectivas áreas de influencia.
Complicidad interna elemento clave de la operación norteamericana
El operativo desplegado contra Venezuela la madrugada del 03 de enero del año en curso, encontró una casi nula resistencia por parte de las fuerzas armadas y los organismos de defensa venezolanos, alrededor de un centenar de aeronaves (entre aviones, drones y helicópteros) sobrevolaron el cielo caraqueño, mientras que aproximadamente doce helicópteros artillados cruzaron la frontera desde La Guaira a Caracas, burlaron los radares sin un sólo disparo de advertencia, bombardearon Fuerte Tiuna, sede de la comandancia general y del Ministerio de la Defensa y otros tres centros militares, además del parlamento. Uno de esos helicópteros se posó sobre el palacio, capturando a Nicolás Maduro y a Cilia Flores sin grandes aspavientos y los sacaron del país. Apenas en el nivel de seguridad más cercano a Maduro se reportaron enfrentamientos, dejando un saldo de al menos treinta y dos efectivos cubanos que hacían parte de la guardia de seguridad personal de este, fallecidos.
Nada de esto puede ocurrir sin colaboración de los aparatos militares y de seguridad interior, menos en un país cuyo gobierno ha afirmado poseer defensas antiaéreas que incluye radares, sistemas de misiles, cohetes y cañones comprados a China y Rusia. Esto, aunado a declaraciones posteriores por parte de Donald Trump, Marco Rubio y otros voceros del gobierno norteamericano, así como actitudes y medidas de Delcy Rodríguez, dejan en evidencia la complicidad interna para que la operación yankee consiguiese sus objetivos, y que Maduro ha sido traicionado y entregado por el mismo chavismo para su captura.
Esta complicidad interna, junto a la evidente superioridad militar estadounidense, que destruyó el 90% de las señaladas defensas antiaéreas del país y la incompetencia de los militares venezolanos responsables de la defensa del país, explican la relativa facilidad con la que las fuerzas norteamericanas llevaron a cabo de manera exitosa su operativo de incursión en Venezuela[4].
¿Delcy Rodríguez fue partícipe de la traición?
Resulta obvio, que la complicidad interna basada en una negociación previa, devino en la entrega – captura de Nicolás Maduro (entrega por parte del chavismo, captura por parte de las fuerzas norteamericanas), vale citar las declaraciones de Eric Rojo general retirado del ejército norteamericano y asesor de Marco Rubio en América latina; quien afirmó “…a Maduro lo entregaron los venezolanos a las fuerzas armadas de EE.UU….”[5], ahora bien, ¿Qué dirigentes y sectores del chavismo negociaron la entrega y salida de Maduro del poder?
Las claras respuestas de Trump, cuando se le preguntó acerca de qué personaje habría sido el facilitador desde Caracas, afirmando: “…las negociaciones se realizaron con Delcy Rodríguez…”[6] , y agregando: “Marco Rubio está negociando con Delcy Rodríguez la transición. La vice habló con Rubio y dijo que hará lo que nosotros digamos”; dejan clara la participación de esta en las negociaciones para la entrega del depuesto presidente y aparte de su colaboracionismo con el imperialismo norteamericano.
Todo esto lo refuerza su reconocimiento, finalmente y sin ninguna objeción inmediata por parte de EEUU, por el Tribunal Supremo de justicia venezolano como sucesora legal de Maduro, además de su investidura ante la Asamblea Nacional ( AN, parlamento venezolano), presidida desde 2021 por su hermano Jorge Rodríguez.
El reconocimiento de Delcy Rodríguez se produjo a costa de las ambiciones de protagonismo de la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado y de la reivindicación de poder de Edmundo González Urrutia, quienes hasta entonces parecían los favoritos de Trump para encabezar la transición.
Así pues, el tándem Delcy – Jorge, ahora conocido como “Los Rodríguez”, sería el sector chavista que habría negociado con el gobierno de EE.UU. los términos y condiciones de colaboración que este último impondría para la continuidad del régimen chavista al frente del Estado tutelado por el gobierno de EE.UU. Este sector habría arrastrado hacia sus objetivos a otro liderado por el Ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, quién se habría replegado ante el acoso de la CIA. Un tercer sector, liderado por Diosdado Cabello, sería el menos potable y más resistido por los estadounidenses[7].
Delcy Rodríguez ha construido una reputación de astuta operadora en el manejo de los asuntos de política y económica del país, así como en aspectos administrativos, pero carece de la suficiente ascendencia en el partido para garantizar la unidad del chavismo. Por tal razón busca rodearse de un sector duro en lo político, mientras se pliega al tutelaje de Washington en lo económico. En el discurso al país, recurre a alusiones a Bolívar y a Chávez, así como a referencias a Maduro como Presidente de Venezuela, para conformar a la base chavista (aunque tienden a ser cada vez menos), mientras que con la administración Trump, habla de trabajar “de manera conjunta” con Estados Unidos, calla ante la decisión de Washington de controlar los recursos energéticos y obligar a comprar solo productos estadounidenses con ese dinero.
Entonces al interior del país, el poder ejecutivo y legislativo se concentra en los Rodríguez, con el auxilio de Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, ministros de interior y justicia y de defensa respectivamente, es decir, garantes del poder militar y policial, para acentuar el modelo represivo que sigue vigente, mientras que el imperialismo norteamericano con Donald Trump, Marco Rubio y Pete Hegseth, dictan, controlan y regulan las decisiones económicas y políticas trascendentales para los destinos del país, en una relación colonial sin precedentes en la historia reciente del país.
La dinámica del régimen chavista, un régimen colaboracionista y un gobierno títere. Los acuerdos en materia petrolera.
El régimen chavista conserva parte importante de sus características, sobre todo en lo que respecta a su carácter represivo contra el movimiento obrero y de masas, en la centralidad del poder ejecutivo apoyado fundamentalmente en las fuerzas armadas y los cuerpos represivos policiales y parapoliciales, en el carácter ajustador contra la clase trabajadora y el pueblo humilde; así como también preserva la continuidad administrativa en la gestión del Estado. Sin embargo, lo que ha cambiado esencialmente es su relación con el imperialismo norteamericano, pasando de estar encabezado, en los últimos veinticinco años, por gobiernos (el de Chávez antes y el de Maduro luego) entreguistas y dependientes, pero con roces con los distintos gobiernos estadounidenses a estar comandado por uno totalmente colaboracionista, potencial títere del imperialismo norteamericano y el gobierno de Donald Trump y que consiente una relación de tipo colonial entre dicho imperialismo y Venezuela.
Una contundente evidencia son las declaraciones emitidas por Trump y reseñadas por diversos medios internacionales, afirmando ser el quien está al mando de Venezuela y que el gobierno norteamericano dirigirá el país sudamericano en lo inmediato, aceptando y aprobando tratar con Delcy Rodríguez como nueva presidenta en funciones y bajo una combinación de aval y presión.
El de Rodríguez, es a todas luces un gobierno inestable y de crisis, sin apoyo popular a quien solo lo sostiene el apoyo imperialista gringo en la medida que cumpla a cabalidad (según los criterios de Trump y cia.), con su rol colaboracionista y su papel títere.
La mayor prueba de esta relación de colaboracionismo (por parte del gobierno Delcy) y tutelaje (por parte de Donald Trump y el imperialismo yankee), son los acuerdos suscritos en materia petrolera luego de que el presidente norteamericano anunciase que el administraría los recursos petroleros venezolanos.
Dichos acuerdos, que fueron anunciados por Donald Trump[8] y confirmados luego por el propio gobierno venezolano y la directiva de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) a través de un comunicado oficial[9], consisten en que el gobierno de Delcy entregará a EE.UU. entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo.
Tal comunicado de PDVSA, explícita que, tal negociación con las transnacionales petroleras estadounidenses se dará en los términos ya establecidos con la Chevron – Texaco, es decir, sin obligación por parte de la transnacional de pagar impuestos y/o regalías al Estado venezolano por las ganancias obtenidas y pagando salarios a discreción.
Pero el Departamento de Energía de EE.UU., explica más detalladamente el acuerdo petrolero anunciado por Trump:
“El petróleo se venderá en el mercado global para beneficio de Estados Unidos, Venezuela y los aliados; todo el dinero de la venta del petróleo llegará primero a una cuenta estadounidense en bancos reconocidos para garantizar la integridad y la legitimidad de la última distribución; los fondos serán destinados al beneficio de los estadounidenses y de los venezolanos bajo la dirección del gobierno de EEUU, la venta de este petróleo empieza de inmediato y continuará de manera indefinida, el petróleo que se transporte hacia y de Venezuela ser hará únicamente a través de canales legítimos y autorizados consistentes con la seguridad nacional de EEUU, EEUU está selectivamente retirando sanciones para permitir el transporte y la venta de este petróleo, venezolano en el mercado global, El petróleo ligero estadounidense irá a Venezuela, según lo requerido, para optimizar la producción y el transporte del muy pesado petróleo venezolano, como parte de la modernización, expansión y desarrollo, EEUU autorizará la importación a Venezuela de equipamiento petrolero y servicios para subsanar décadas de malos manejos y corrupción, esto involucrará tecnología, expertos e inversión, EEUU trabajará en la red eléctrica venezolana, para también corregir la destrucción que ha sufrido” (Departamento de Energía EE.UU. 06/01/2026)[10] [11] [12].
Aparte de esto el gobierno de Estados Unidos establece condiciones tales como prohibir la venta de petróleo venezolano a potencias imperialistas rivales, como China y Rusia, suspender los envíos de petróleo a Cuba y exige que la compra de insumos y productos realizada con el dinero de la venta petrolera sea exclusivamente a EE.UU.
Habría que remontarse a los tiempos del dictador Juan Vicente Gómez para encontrar condiciones de tutelaje y colonialismo tan aberrantes en los cien años de historia de la explotación petrolera venezolana.
Otros ejemplos del colaboracionismo de Delcy y el carácter potencialmente títere de su gobierno son los pasos en función de reabrir la embajada norteamericana en el país, así como el hecho de que ya se anuncia que las cuatro principales corporaciones bancarias estadounidenses JP Morgan Chase & Co., Bank of América (BofA), Wells Fargo y Citigroup (Citi) planean iniciar operaciones a partir de la semana del 12/01/2026 en Caracas, bajo el control del Departamento del Tesoro de los EE.UU., y que sería a través de estos bancos que los EE.UU. maneje todas las transacciones en Venezuela. Adicionalmente se especula que los empleados públicos cobrarían los salarios a través de estos bancos, según reseña la cuenta de X, ElObservadorBinario, además de portales web como Forbes.com.mx y Bancaynegocios.com que lo plantean como una posibilidad. Y así otro conjunto de anuncios que se han realizado en los últimos días.
La situación de las masas venezolanas
En medio de toda esta vorágine colonialista y este empeño colaboracionista del gobierno venezolano, surge la interrogante cuál es la situación de la clase trabajadora y las masas venezolanas.
Estas siguen padeciendo los rigores del ajuste propatronal y antiobrero, que el gobierno de Maduro, al menos formalmente desde 2018 (porque en los hechos ya se aplicaba desde antes), descarga sobre sus hombros, el salario mínimo devengado por los trabajadores apenas es de 0.39$ mensuales, y los bonos que otorga el gobierno, sin incidencia salarial, como el de alimentación y el denominado son de 40 y 120$ mensuales respectivamente (aunque nunca alcanzan tales cantidades debido a la devaluación), lo que hace un ingreso mínimo mensual de 160,39 $ (ingreso no salario, debido a que de esto solo es salario 0.39$), frente a una canasta básica familiar que según datos del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas – FVM) y la Cámara de Comercio de Maracaibo (CCM), supera los 630$ mensuales.
La inflación golpea duramente los bolsillos de los trabajadores venezolanos, según el portal BloombergLinea, la tasa de inflación se ubicó en 556% en los 12 meses del año 2025, haciendo palidecer el 45% del año 2024.[13]
Las masas y los trabajadores venezolanos siguen padeciendo hambre y miseria sobreviviendo en gran parte gracias a las remesas de familiares en el exterior, mismas que se ven cada vez más mermadas por efectos de la devaluación y la inflación. Aunado a esto servicios básicos como la electricidad, el gas, el agua, la telefonía y el internet, avanzan en un proceso de privatización o de encarecimiento y son una calamidad permanente.
Aunado a esto los derechos laborales, contractuales y sindicales han sido conculcados a través de mecanismos como el Memorándum 2792 y el instructivo Onapre[14], que hacen parte del programa de ajuste aplicado por el gobierno de Maduro, bautizado con el pomposo nombre de “Programa de Recuperación y Reactivación Económica”, nada de esto ha cambiado y se prevé siga así durante el gobierno de Delcy Rodríguez tutelado por Donald Trump.
Otro aspecto que siguen padeciendo los trabajadores venezolanos, es la sistemática violación de las libertades democráticas, cientos de presos políticos abundan en las prisiones venezolanas padeciendo aislamiento, torturas y violaciones a los derechos más elementales, así como a todas las normas y procedimientos jurídicos establecidos en la legislación. También cientos de dirigentes sindicales, delegados de prevención o trabajadores sin cargos de representación se encuentran detenidos o con procesos judiciales abiertos solo por protestar en defensa de derechos laborales que les han sido transgredidos o por expresar alguna opinión política. Además, la mayoría de los partidos de oposición se encuentran ilegalizados o arrebatados a sus legítimas direcciones, imponiendo el gobierno otras afectas a sus intereses.
Los recientes anuncios de excarcelaciones de presos políticos realizados por el presidente de la AN, Jorge Rodríguez se han limitado a presos emblemáticos y dirigentes políticos reconocidos, mientras que una gran cantidad de personas de a pie, detenidas durante las protestas contra el fraude electoral del 28 de octubre de 2024, permanecen tras las rejas.
Las reacciones del movimiento obrero y de masas
La brutal crisis económica que golpea a la economía venezolana desde al menos 2013 y que es descargada sobre los hombros de los trabajadores y las masas populares a través del ajuste antiobrero y antipopular aplicado por el gobierno del depuesto dictador Nicolás Maduro, mantiene a los trabajadores y al pueblo humilde del país en condiciones de pobreza y miseria; esto aunado al deterioro de los servicios básicos como salud, educación, electricidad, agua, entre otros aumentan la desesperación y la desesperanza del pueblo trabajador venezolano.
Adicionalmente la política entreguista de los recursos minerales y energéticos a transnacionales norteamericanas, chinas y rusas principalmente, entre otras (en menor medida), la grosera corrupción del régimen chavista, factor clave para el surgimiento y enriquecimiento abyecto de la boliburguesía, la desigualdad social (también se ha incrementado el enriquecimiento de la burguesía tradicional), los salarios miserables, el despotismo de los jerarcas y burócratas gubernamentales, además de las continuas violaciones de las libertades democráticas y los derechos humanos, sociales, sindicales y políticos más básicos, propio esto del carácter dictatorial del régimen, a lo que se le agrega la brutal represión contra el movimiento obrero y de masas. Son todos elementos que han contribuido para que los trabajadores y las masas venezolanas mayoritariamente llegasen a la conclusión que en Venezuela nada tenían o tienen que defender y celebren la intervención imperialista, viendo la misma con expectativas de democratización y reivindicación social.
El justificado desprecio al régimen dictatorial chavista y a su política hambreadora, corrupta y represiva, hace que los planteamientos de rechazo a los ataques del gobierno norteamericano contra el país y contra la injerencia del imperialismo en los asuntos políticos internos de Venezuela sean vistos como una defensa al odiado régimen chavista y esto se expresa tanto en la mayoría de la población, como en sectores sindicales y políticos que se reivindican de izquierda e incluso revolucionarios.
El hecho cierto es que la política de ajuste, empobrecedora, corrupta y represiva del gobierno de Maduro y el chavismo, no ha hecho más que cumplir un papel facilitador para los planes injerencistas y la intromisión imperialista que se han desarrollado con una nula resistencia de masas e incluso con una reivindicación mayoritaria por parte de estas.
Desde la madrugada del sábado 03/01/2026, no se tienen registros de manifestaciones de masas en la calle de manera espontánea e independiente para rechazar los ataques militares yanquis, aunque tampoco para reivindicarlos (creemos que esto último por miedo a la represión y/o a ser detenidos), sin embargo, las redes sociales de la mayoría de los ciudadanos venezolanos, tanto dentro como fuera del país, abundaron en expresiones de celebración.
A primeras horas de la mañana del día del ataque, sectores del oficialismo intentaron movilizar a los denominados “colectivos” armados, así como a parte de su aparato, tanto en la ciudad capital, como en las principales ciudades del país, sin embargo, en todos los lugares, esto no pasó de algunos centenares de militantes y milicianos (grupos de reserva militar), en su mayoría asalariados de organismos públicos centrales, así como de gobernaciones y alcaldías, que son regularmente utilizados para nutrir las movilizaciones gubernamentales.
En el estado Aragua, a una hora de Caracas, la gobernadora convocó a las milicias, barrios y a militares frente a la base aérea de Maracay que fue bastión anti golpista en 2002. Pasadas las horas y en los días subsiguientes gobernadores de estados y alcaldes de los varios municipios del país convocaron algunas movilizaciones que no pasaron de lo antes descrito.
Ninguna de estas acciones fue acompañada masivamente por trabajadores o habitantes de los sectores populares, ni ha habido manifestaciones de importancia social y ni tan siquiera los disminuidos sectores de base del chavismo salieron de manera significativa.
Sectores de la burocracia chavista han intentado, mediante su discurso y con las acciones antes descritas emular la situación actual con la acontecida en el año 2002, en ocasión del golpe contra el fallecido presidente Hugo Chávez, sin embargo, la situación es completamente diferente.
Una comparación necesaria
Como es sabido en 2002, un sector de las fuerzas armadas venezolanas, aliado con casi la totalidad de los partidos de la oposición burguesa, ONG’s como SUMATE, dirigida por María Corina Machado ( con el apoyo financiero y político de George Bush), sectores gerenciales de PDVSA, la mayoría de los medios de los grandes medios de comunicación (principalmente los grandes canales de TV y emisoras de radio), Fedecamaras (principal miembro empresarial del país), otros gremios empresariales y la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV – la burocrática principal central sindical del país, dirigida para entonces por el partido Acción Democrática, en la persona de Carlos Ortega) entre otras fuerzas políticas y sociales, llevaron adelante un golpe de estado contra el entonces presidente de Venezuela Hugo Rafael Chávez Frías. Todo esto impulsado y respaldado política, logística y financieramente por el imperialismo norteamericano, bajo el gobierno de George W. Bush, presidente de los Estados Unidos para aquel momento.
Luego de semanas de presiones, marchas, masivas movilizaciones y concentraciones en las calles, principalmente de Caracas, aunque también de otras importantes ciudades del país, finalmente el día once de abril, una masiva marcha opositora fue dirigida al Palacio de Miraflores con la pretensión de ocuparlo, esto produjo enfrentamientos, a la altura de Puente Llaguno, entre sectores de la policía metropolitana y grupos armados aliados al golpe de Estado en curso, con sectores afectos al gobierno que defendían el palacio, dejando como resultado un saldo importante de heridos y fallecidos. Mientras esto ocurría sectores de las fuerzas armadas, vinculados a la intentona golpista secuestraron a Chávez, trasladándolo a la isla de la Orchila, horas después, ya en la madrugada del día doce de abril, el para entonces General en Jefe del Ejército, Lucas Rincón Romero, aparecía en los medios televisivos anunciando que, en nombre del Alto Mando Militar venezolano, habían solicitado la renuncia a Chávez y que éste había aceptado.
«Los miembros del Alto Mando Militar de la República Bolivariana de Venezuela deploran los lamentables acontecimientos sucedidos en la ciudad capital en el día de ayer. Ante tales hechos, se le solicitó al señor Presidente de la República la renuncia de su cargo, la cual aceptó. Los integrantes del Alto Mando ponen sus cargos a la orden los cuales entregaremos a los oficiales que sean designados por las nuevas autoridades». (12-04-2002 hs. 03:20 a. m. Inspector General del Ejército Lucas Rincón Romero)[15]
El golpe se había concretado, Pedro Carmona Estanga, para entonces presidente del gremio patronal Fedecámaras, fue investido y juramentado como presidente de la República ante el parlamento nacional donde realizó una serie de anuncios al país.
Luego de unas primeras horas de desconcierto las masas trabajadoras y populares del país comenzaron a reaccionar, sectores sindicales, barriales, populares, estudiantiles, entre otros comenzaron a ocupar las calles de las principales ciudades del país y a recorrer los barrios y localidades para explicar la invalidez de la supuesta renuncia de Chávez y llamar a la gente a las calles para exigir fuese traído de vuelta. Tales llamados resultaron en masivas movilizaciones en las principales ciudades del país, en Caracas la población de los barrios más populosos ocupó el centro de la ciudad y rodeó las inmediaciones del Palacio de Miraflores exigiendo el regreso de Chávez, ante esto la dirigencia chavista comenzó a reaparecer y a ocupar sus puestos de gobierno, la tropa y la media y baja oficialidad se puso de lado de las masas, no reprimió, aplaudía y alentaba las movilizaciones alrededor del palacio, los altos oficiales afectos al gobierno reaparecieron y asumieron el mando de las tropas, la presión popular hizo huir en estampida del Palacio de Miraflores a la dirigencia golpista y factores aliados, el para entonces presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello fue investido presidente a finales del día doce de abril y ya en la madrugada del día trece de abril, Chávez fue traído de vuelta y reinstalado en su cargo de presidente de la República.
Enormes diferencias existen entre aquel momento y el actual, fundamentalmente, para entonces Chávez, más allá de las diferencias que, desde su elección en 1998, tuvimos tenido con él y su gobierno, era un presidente legítimamente electo y así era percibido por las masas, contaba además, y en consecuencia de esto con un enorme prestigio y respaldo del movimiento de masas, mayoritariamente de los sectores populares, pero también de sectores de considerable peso en el movimiento sindical y estudiantil. Esto explica las masivas movilizaciones para derrotar el golpe y traerlo de vuelta a la presidencia.
Nada de esto ocurre con Maduro hoy, al contrario, este es un presidente fraudulento, que fue derrotado en el último proceso electoral presidencial y ocupó el cargo desconociendo la voluntad de las masas, esto una amplísima mayoría de la población venezolana y de factores políticos en el país, Maduro no cuenta con ningún respaldo popular y de ahí que las masas y la clase trabajadora no se movilicen en su defensa.
Total el rechazo a la intervención imperialista, ningún respaldo político a Maduro y al régimen chavista
El rechazo que sectores de vanguardia, en su mayoría organizaciones de izquierda y revolucionarias, expresamos contra la intervención imperialista en Venezuela e incluso contra el secuestro de Maduro y su esposa Cilia Flores, no puede ser confundido con un respaldo político a este. Al contrario, denunciamos su carácter propatronal, enemigo de los trabajadores, dictatorial, corrupto y entreguista.
Lo que defendemos es la soberanía venezolana, que está siendo atacada por el imperialismo norteamericano en un nivel de colonialismo infinitamente superior al entreguismo de Maduro a la misma. Denunciamos el secuestro de Maduro como un acto de injerencismo por parte de los EE.UU. que se abroga el derecho a decidir sobre los destinos políticos de Venezuela y a imponer gobiernos en este país, estamos en contra de eso en este y en cualquier país del mundo, los destinos políticos de los países y sus gobiernos los deben decidir sus propios pueblos no tiene Estados Unidos ningún derecho ni autoridad política ni moral para inmiscuirse en esto y menos por la vía de las armas. En consecuencia, rechazamos y denunciamos también el pacto colaboracionista para imponer el gobierno de Delcy Rodríguez y el tutelaje impuesto por el gobierno de Trump en la dirección política y económica del país.
Rechazamos la estrategia del imperialismo norteamericano de reinaugurar la “diplomacia de las cañoneras”, así como sus pretensiones coloniales continentales y hemisféricas expuestas en el Documento de Seguridad Nacional de EE.UU. 2025.
Una política y un programa para enfrentar los planes imperialistas y el colaboracionismo gubernamental
Como hemos dicho a lo largo de este artículo, existe un pacto de tutelaje – colaboracionismo, entre el imperialismo norteamericano y el régimen chavista, ahora con Delcy Rodríguez a la cabeza, que, ha convertido al chavismo pasó de un régimen entreguista, con roces con el imperialismo norteamericano a uno totalmente colaboracionista con este último. Esto hace impensable e imposible cualquier tipo de unidad política con dicho régimen para enfrentar los planes del imperialismo estadounidense.
Este pacto arranca del objetivo de profundizar el saqueo de nuestro petróleo y recursos, que ha sido desde siempre el objetivo de Donald Trump como máximo representante del principal imperialismo del planeta, además de esto dicho pacto se enmarca en una estrategia más general de profundizar el control político, geopolítico, económico y militar de todo el continente latinoamericano y del hemisferio occidental.
La tarea entonces, que se nos impone en Venezuela es la de construir una amplia unidad de acción con los sectores que se oponen al intervencionismo yankee, a sus pretensiones coloniales en el país y adversamos al régimen chavista, que no damos ningún apoyo político a este régimen ni cuando estuvo encabezado por Maduro ni ahora por Rodríguez, para derrotar dichas pretensiones coloniales en el país, pero también a nivel continental y hemisférico.
Consideramos que un programa para derrotar este pacto y esta política del imperialismo norteamericano pasa por rechazar categóricamente los ataques imperialistas contra Venezuela y la intromisión en los asuntos políticos del país, defender el derecho soberano de Venezuela a darse su propio gobierno.
Igualmente se deben rechazar los recientes acuerdos petroleros que profundizan la entrega de nuestro petróleo y recursos energéticos, por parte del chavismo a EE.UU. y el saqueo y la rapiña del gobierno de este país imperialista sobre los mismos, rechazar desde ya la posible extensión de estos acuerdos a otros sectores como el de minerales.
Es preciso, nacionalizar la industria petrolera en un 100%, poniendo fin a los acuerdos de empresas mixtas con las transnacionales y expulsando a las mismas del negocio petrolero, fuera Trump y las transnacionales del negocio petrolero.
El no pago de la deuda externa debe ser una consigna central también de este programa, al igual que rechazar la intervención de la banca privada norteamericana en el manejo de los recursos y operaciones financieras de la nación.
Aunado a esto se debe exigir aumento del salario mínimo y las pensiones al nivel de la canasta básica, indexado al aumento de esta y de la inflación, fin de la bonificación del salario, así como exigir la derogación del memorándum 2792 y el instructivo Onapre, la restitución de todos los derechos, laborales, contractuales, sindicales y sociales conculcados.
Por la restitución y respeto de la libertades democráticas, políticas y sindicales, cese a la represión, no a la criminalización de la protesta laboral y social, por el respeto al derecho a manifestarse políticamente, legalización de los partidos y organizaciones políticas hoy proscritas por la dictadura.
Libertad inmediata y plena de todos los presos políticos y todos los activistas sindicales, sociales y populares detenidos por luchar en defensa de sus derechos, libertad para todos los detenidos por las protestas del 28,29 y 30 de octubre de 2024. No a las excarcelaciones por goteo ni a los mecanismos de puerta giratoria[16].
Armas para los trabajadores para enfrentar la agresión bélica imperialista.
No a la colonización de Venezuela, derrotemos las pretensiones colonizadoras de Donald Trump y el imperialismo yankee en el país, en América Latina y el hemisferio occidental.
Fuera Trump y el imperialismo yankee de Venezuela y Latinoamérica.
[1] La última había sido a finales de 1989, exactamente a partir del 17 de diciembre de 1989, cuando tropas norteamericanas ocuparon Panamá, luego de trece días de ocupación el para entonces Presidente del país Manuel Noriega fue capturado, trasladado a EE.UU. y juzgado bajo cargos de narcotráfico.
[2] https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/ee-uu-declara-el-regreso-de-la-doctrina-monroe-IL18643694
[3] https://revistaopera.operamundi.uol.com.br/2025/12/19/a-nova-estrategia-nacional-de-seguranca-de-trump/
[4] La incompetencia y la traición explican la falta de resistencia de Venezuela ante EEUU.
[5] ¿Quién entregó a Maduro? https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/quien-entrego-a-maduro/
[6] Idem
[7] La incompetencia y la traición explican la falta de resistencia de Venezuela ante EEUU.
[8] Venezuela transferirá 50 millones de barriles de petróleo a EEUU.
[9] PDVSA confirma la negociación con Estados Unidos.
[10] https://www.politico.com/news/2026/01/05/trump-venezuela-oil-fields-00710893
[11] https://t.me/jhormancruznoticias/72751
[12] https://serviciodeinformacionpublica.com/
[13]Inflación en Venezuela supera 500% ante mayor presión de Donald Trump https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/venezuela/inflacion-en-venezuela-supera-500-ante-mayor-presion-de-donald-trump/
[14] El memorándum 2792, deja las manos libres a los patronos públicos y privados para modificar condiciones laborales y eliminar beneficios establecidos a discreción y según su conveniencia, por su parte el instructivo Onapre, elaborado por la Oficina Nacional de Presupuesto, rebajó la base de cálculo para primas y bonificaciones, la cual pasó de ser el salario efectivamente percibido por los trabajadores de acuerdo a la escala salarial, al salario mínimo; igualmente estableció tablas salariales que tienden igualar hacia abajo los salarios de los trabajadores de la administración pública.
[15] https://es.wikipedia.org/wiki/Lucas_Rinc%C3%B3n_Romero
[16] Nombre dado a la práctica de que conforme se libera a unos presos políticos se detiene a otros.




