¿Qué pasó hace dos años en Senegal que provocó la caída del gobierno?



Tras 12 años de reinar en la cúspide del Estado de Senegal, la caída de Me Abdoulaye Wade en 2012 fue resultado de una combinación de varios factores (promesas electorales no cumplidas, corrupción, nepotismo, desvíos de dinero público, represión policial repetida sobre la población, fractura social creciente…), de los cuales el elemento detonante fue su controvertida candidatura para un tercer mandato, doblado de su “sucesión monárquica”.

Durante más de 2 años, Wade dio una batalla jurídico-mediática por su candidatura a un tercer mandato, juzgada anti-constitucional según la ley fundamental que él mismo hizo votar en 2001 mediante referéndum. Cuando la opinión de los especialistas en derecho constitucional del país, con los cuales había redactado esta constitución, le fue desfavorable, Wade no dudó en hacer venir desde fuera, principalmente de Francia, expertos en derecho constitucional, que él mismo pagó, para defender esa candidatura ilegal.

A pesar de esta oposición casi unánime, Abdoulaye Wade, se empeñó ciegamente en la misma política, incluso hasta desdecirse de su propia interpretación de la ley. Volvió, unos años más tarde, sobre su famosa frase: “si lo dije, ahora retiro lo que dije”, que los medios privados habían divulgado ampliamente en aquel entonces.

Para sorpresa general, al momento de anunciar la lista final de los candidatos, el Consejo Constitucional, instancia jurídica suprema del país, validó esta candidatura ilegal, lo cual, por supuesto, influyó sobre el conjunto de la campaña electoral. En lugar de informar sobre sus propuestas y programa, los candidatos gastaron su tiempo en denunciar la candidatura del Presidente Wade.

El presidente Wade siempre quiso que su hijo tomase su sucesión y nunca lo ocultó. Además, este proyecto fue pacientemente construido a lo largo del tiempo, nombrando sucesivamente a Karim Wade jefe de agencia, ministro y finalmente ministro de Estado encargado de varios departamentos estratégicos. Pero la gota de agua que hizo rebalsar la copa fue cuando el 23 de junio de 2011, Wade quiso hacer votar una ley que le permitía ser electo junto a su vice-presidente, con solo 25% de los sufragios, al primer turno. [Esto] fue conocido como el ‘ticket presidencial’.

Mientras los diputados de su mayoría electoral estaban ya dispuestos a validar este ‘ticket’, Abdoulaye Wade encontró una oposición firme de toda la población senegalesa protestando delante de la Asamblea Nacional y amenazando a los diputados de represalias por su colaboración con el déspota. Fue una insurrección espontánea de la población, harta del engaño de su elite política. El episodio instaló un clima de tensión permanente en el país durante toda la campaña electoral, con manifestaciones a veces muy violentas en la capital, Dakar, pero también en el interior del país. Como de costumbre, la policía jugó su papel anti-democrático de represión contra la población vulnerable y sin defensa. Esta última pagó el mayor tributo, con 11 muertos, heridos, arrestos y detenciones arbitrarias, así como daños materiales importantes.

Abdoulaye Wade logró ponerse a casi todos en su contra. Al inicio, había suscitado esperanza y simpatía de la población adolorida por 40 años de reino catastrófico de un supuesto régimen socialista. La herida era profunda entre una población a quien faltaba todo y los escándalos financieros a repetición.

Finalmente, ganó Macky Sall, que había sido una de las víctimas de Wade, quien lo había retirado de la Presidencia de la Asamblea Nacional por haber tenido la osadía de convocar a su hijo –cuando era ministro– para una audiencia, con el fin de que diera explicaciones sobre la gestión de fondos que había administrado para los preparativos de la organización de la Conferencia Islámica (OCI).

¿Cómo ven el actual gobierno de Macky Sall y su política económica?

Cuando llegó el Sr. Macky Sall a la Presidencia de Senegal, el pueblo tenía mucha esperanza con su arribo a la magistratura suprema. Todo el mundo decía que ya tenía gran experiencia en el Estado, puesto que había sido anteriormente ministro de las colectividades locales, ministro del Interior, Primer Ministro y finalmente Presidente de la Asamblea Nacional, bajo el reino de Wade. Fue el Presidente senegalés más votado, con más de 65% de sufragios, y llegó al poder apoyado en una amplia coalición de varios partidos, de ideología surtida (partidos de derecha, izquierda, ecologistas y sociedad civil).

Al finalizar un año de gobierno, la primera constatación es su tanteo permanente, porque el programa del Presidente considerado el “Yonnu Yokouté”, lo que quiere decir “la voz del progreso”, no es lo que se podía esperar para recolocar el país, en marcha hacia un mayor desarrollo. En verdad, el programa se limitó a una lista de recomendaciones y de medidas para reorientar el modo de funcionamiento del Estado. (Por ejemplo, medidas de reducción [en el tamaño] del gobierno, creación de la Comisión de represión por enriquecimiento ilícito, que es un tribunal contra las personalidades del antiguo régimen de Wade acusados de desviar fondos públicos).

Por tanto, después de año y medio de gobierno, el pueblo empieza a constatar las dificultades de este gobierno para dirigir el país y ve sus expectativas defraudadas por la ausencia de un verdadero programa para estimular la economía nacional. Ahora, el Jefe de Estado acaba de reorientar su programa con un nuevo plan denominado “Plan estratégico del Senegal emergente” (PSE), copiado del modelo ‘PSE Gabon’ del país vecino.

La coalición actual alrededor de Macky Sall simboliza el reparto de la torta. En las elecciones de febrero de 2012, Macky Sall llegó segundo después del primer turno y los otros 14 candidatos presidenciales así como los movimientos de la sociedad civil lo sostuvieron en el segundo turno, contra Wade. Pero todos esos partidos y movimientos tenían que recibir, en contrapartida, puestos de responsabilidad en el carruaje gubernamental. En la coalición, se encuentran el APR (Alianza por la República), partido liberal del presidente Sall; el PS (Partido Socialista), fundado por el primer presidente de Senegal, llamado Senghor; el PIT (Partido Independiente del Trabajo), que era de obediencia comunista; el LDMPT (Liga Democrática – Movimiento por un Partido de los Trabajadores), también de obediencia comunista; el AFP (Alianza de las Fuerzas del Progreso), que son socialistas progresistas; el AJ-PADS, partido comunista también; además de representantes independientes de la sociedad civil.

Esos partidos de izquierda, al estar actualmente en la coalición presidencial, perdieron toda su identidad. Se volvieron partidos hambrientos de riquezas y, habiendo probado las delicias del poder, están en plena pérdida de credibilidad a nivel nacional, porque sus principales cuadros se mudaron hacia partidos capitalistas, defendiendo otras ideologías. Es también el caso del partido de Macky Sall, puesto que sus cuadros y él mismo salieron de partidos comunistas.

Hay que notar que fue esta misma coalición la que había llevado, en el año 2000, al presidente Wade al poder, salvo el partido socialista que estaba entonces en el poder desde hacía 40 años y contra quien Wade había sido una primera alternancia, en aquel momento. La falsa conciencia sobre los partidos comunistas, vistos como partidos dictatoriales y sangrientos, ayudó a que esos partidos –en lugar de hacer surgir una verdadera conciencia en la masa de trabajadores– prefirieron la solución fácil de aliarse a los partidos capitalistas en las elecciones, buscando provecho personal y traicionando al pueblo.

Si vemos la historia de Senegal antes y justo después de las independencias, había grandes partidos comunistas muy fuertes y dinámicos como el PAI (Partido Africano de la Independencia), el RND (Reagrupamiento Nacional Democrático), que son los primeros partidos comunistas de las independencias. Pero esos partidos comunistas no juegan más ese papel. Hoy los partidos de izquierda están al servicio de los partidos capitalistas que les manipulan, en contra de los intereses del pueblo. Si miramos el tablero político del Senegal, no son más una oposición creíble y menos aún una oposición de izquierda revolucionaria.

Para su nuevo plan estratégico de “Senegal Emergente”, Macky Sall pide fondos al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Club de París por la suma de 2.964.000 millones de francos CFA. Aparte, ya tiene garantizado un crédito de China de 5.000.000 millones de francos CFA, ya depositados en los bancos. Sobre la suma que el jefe del Estado estaba negociando en el Club de París  (24 y 25 de febrero de 2014), va solicitar 1.853.000 millones CFA a las instituciones financieras y 1.111.000 millones a contrapartes privadas internacionales, para financiar su proyecto.  Todo eso va llevar a un sobre-endeudamiento del país que ya se endeudó mucho entre 2000 y 2014, pero va a llevar también a una invasión de empresas multinacionales que van a apropiarse de lo que queda como recursos importantes del país.

En este plan, la construcción de una autopista con peaje, desde Dakar hacia el interior del país y la construcción de vías férreas desde las zonas mineras hacia una terminal portuaria de minerales, que se proyecta construir en la periferia de Dakar, ocupan un lugar preponderante, así como la repartición de las tierras del interior cercanas a los ríos, para favorecer las inversiones del agro-negocio. Como para confirmar todo esto, el 13 de febrero de 2014, durante la inauguración de una ruta en el norte del país, el jefe de Estado decía: “no sirve de nada tener tierras que no se pueden poner en explotación, hay que llamar a los capitales extranjeros para que vengan a invertir en la agricultura para que el país llegué a la autosuficiencia alimentaria en el horizonte de 2018.” Eso significa que hay que esperar nuevas expropiaciones de tierras de los campesinos pobres de Senegal en favor de las multinacionales. Y eso es válido también por otros sectores económicos que el país no logró desarrollar. En lugar de dotar a los campesinos con medios y créditos apropiados para permitirles desarrollar sus capacidades para explotar las tierras, el presidente obedece a la política imperialista de favorecer a las multinacionales.

¿Cuál es el panorama sindical?

Desde el año 2000, con la llegada de la primera alternancia en Senegal, las centrales sindicales se han esmerado en permitir a las nuevas autoridades políticas y a las empresas a sacar lo máximo de las nuevas políticas económicas ‘para promover un crecimiento económico fuerte y duradero’.

En el panorama sindical actual, a pesar de los problemas, las centrales sindicales –sobre todo las de educación y las de salud– llevan combates sin cesar por el respeto de los acuerdos firmados hace tiempo, bajo el régimen liberal de Wade. Lograron pequeñas victorias parciales a pesar de las tentativas de división, de corrupción, y las negociaciones paralelas que se alargan por ambas partes, dejando pasar el tiempo en espera de un clima social más apaciguado. Hay que mencionar que actualmente no hay centrales sindicales unificadas (integrando diferentes sectores) que permitan impulsar un marco de luchas más importante, que podrían obligar el Estado a mejorar las condiciones de trabajo y de existencia de las masas. Las centrales existentes son todas corruptas, con designaciones para puestos en los consejos de administración de las más grandes empresas del país y postulaciones a diputados en las próximas listas electorales para las legislativas.

Desde la independencia hasta hoy, todos los dirigentes de las centrales sindicales fueron cortejados por los políticos. Como resultado, esos dirigentes, en connivencia con el poder vigente, se quedaron a la cabeza de las centrales durante más de 15 años y se volvieron inamovibles y anti-democráticos. Esos dirigentes se preocupan en primer lugar por sus negocios privados y sus privilegios y prestan atención a sus dirigentes políticos que están en la coalición de gobierno; por su parte, el jefe del Estado obliga a los partidos que controlan los sindicatos a contribuir para apaciguar el clima social.

La política de división de los sindicatos responde a la táctica conocida de “dividir para reinar”. El fondo del problema es que desde la época socialista posterior a la independencia hasta el periodo liberal de Macky Sall, las lógicas sindicales no cambiaron ni evolucionaron, manteniendo estrategias de carreras personales e individuales de dirigentes que no se preocupan por la promoción del empleo ni por el progreso social ni el trabajo. Ser dirigente sindical hoy es un medio para ascender socialmente, sobre la espalda de los trabajadores que le eligieron. Eso explica la cantidad impresionante de sindicatos que vemos en la clase obrera hoy, cuyos dirigentes tienen orientaciones políticas diferentes, lo que provoca los conflictos de intereses y divisiones internas de los sectores y bloquean toda acción sindical de lucha.

¿Cuál es actualmente el papel del imperialismo francés en Senegal?

En cuanto a los acuerdos militares firmados entre Francia y Senegal, hay que recordar primero un poco la historia del país después de la independencia. En 1974, el Presidente Senghor había firmado un acuerdo de defensa entre Senegal y Francia contra una eventual agresión interna o externa de los dos países; Francia instaló bases militares a fin de continuar administrando sus intereses en el país y en la subregión. Hay que saber que tales bases existían también en varios países de África, como Costa de Marfil, Gabón, Centroáfrica, y otros. Cuando el presidente Wade llegó al poder en 2008, quiso romper esos acuerdos y, en 2010, llegó a cerrar las bases militares francesas presentes en el país; fue también el caso en Costa de Marfil.

Cuando Macky Sall tomó la presidencia, el 23 de marzo de 2012, su primer viaje al exterior, después de su juramento el 3 de abril, fue para Francia. En ese entonces, Sarkozy era presidente de Francia. Volvió de su viaje con nuevos acuerdos de defensa militar –firmados el 18 de abril de 2012– que permitían el retorno de las bases militares francesas. En aquel momento, Francia estaba en plena campaña electoral y fue finalmente François Hollande quien ganó las elecciones.

 El 25 de enero de 2014, nuevos acuerdos fueron firmados entre los dos estados; son acuerdos de asociación y de cooperación militar: acuerdos para la instalación de nuevas bases militares pero también intercambio de informaciones sobre las amenazas terroristas, sobre desarrollo de la cooperación subregional, sobre el apoyo eventual que Francia podría aportar al mecanismo de seguridad regional y colectiva en el cual Senegal estaría implicado. Hay que tomar en cuenta que Francia tiene la intención de hacer firmar estos acuerdos en 8 países africanos francófonos (entre ellos, Bamako, capital de Malí), para así justificar una presencia permanente de 3.000 soldados franceses en la región.

Ese es el tenor de los acuerdos militares, que demuestran el gran retorno de Francia al continente, para salvaguardar sus intereses, y el caso de Malí es un claro ejemplo de la intervención de Francia, en este caso para defender la explotación del uranio por la sociedad AREVA.

Francia cuenta con varias multinacionales, las cuales controlan los puntos estratégicos de la economía del país, en distintos sectores como las telecomunicaciones, con la sociedad Telecom, accionaria mayoritaria de la Sonatel, que es la más grande empresa de telefonía en Senegal y que administra la telefonía de países vecinos, como Guinea Bissau, Malí, Mauritania. Se debe mencionar también la empresa Bolloré, que administra los puertos de Dakar (Senegal), Abidjan (Costa de Marfil), Conakry (Guinea), Lomé (Togo) y Nouakchott (Mauritania), etc.
En cuanto a los acuerdos de pesca entre Senegal y la Unión Europea, concesiones de permisos de pesca a los barcos europeos fueron entregadas por ridículas sumas, bien por debajo del valor de la pesca misma, lo que además conlleva a una sobreexplotación de los recursos que tiene como consecuencia directa la escasez de peces pero también deja a jóvenes pescadores senegaleses sin trabajo, lo que a su vez provoca que muchos jóvenes utilizan barcos de fortuna para emigrar hacia España, arriesgando sus vidas. Los intereses de Francia en la subregión son numerosos y variados, con la explotación de los recursos minerales en varios países como Malí, Mauritania, Gabón, Togo, República Democrática del Congo, Costa de Marfil y muchos otros países. La colonización continúa bajo otra forma, con la complicidad de nuestros jefes de Estado.

¿Qué pasa con las luchas sociales en el país?

Hay luchas sociales en los sectores de la educación y de la salud. Estos sectores exigen del Estado el respeto de los acuerdos firmados por el ex presidente Wade, antecesor de Macky Sall.

En el sector de la educación, las reivindicaciones se centran sobre una revalorización de la profesión, exigiendo mejorías en las condiciones de trabajo y cuestiones pedagógicas (formación del docente) o problemas sociales, como la entrega de parcelas de terrenos para habitaciones de los maestros y, en el plano financiero, la valorización de 2/3 de los años sin trabajo.

En el sector de la salud, luego de varios episodios de negociaciones, la SUTSAS, una intersindical de los enfermeros y agentes comunitarios de salud, llegó a firmar con el Estado un acuerdo sobre la base de una plataforma de reivindicaciones de 57 puntos.

Pero, aún si el Estado ha logrado desactivar la bomba social firmando los protocolos de acuerdo con los sindicatos de la educación y de la salud, su puesta en aplicación está difícil.  Efectivamente, en el sector salud, el protocolo solo concierne a los enfermeros, con la integración de los formados (con brevetes), de contractuales de la función pública y agentes comunitarios de la función pública local, en el marco del acto 3 de la descentralización. Pero los médicos quedan en pie de guerra, exigiendo mejores condiciones de trabajo, el respeto de los acuerdos firmados y la entrega de parcelas para habitaciones. El SAMES, sindicato de los médicos, reclama también la titularización de los médicos en el cuerpo de funcionarios, a los 40 años, y el relevo de la edad de la pensión a 65 años, por motivo del largo tiempo de sus estudios.

Podemos concluir diciendo que, a pesar de que el gobierno logró desactivar la bomba social firmando, en apenas 24 horas, dichos acuerdos con las centrales sindicales más visibles, nada garantiza la calma social. Sólo la puesta en aplicación efectiva de los acuerdos puede enfriar el frente social, sabiendo que el gobierno de Macky Sall ya [se] ha beneficiado de un “estado de gracia” de dos años, ahora los sindicatos se ponen en pie de guerra, a la espera de ver la concretización “para enterrar el hacha de guerra”.

Si Macky Sall y su gobierno consiguen aplicar los acuerdos, habrán dado un salto adelante hacia la pacificación del frente social antes de las próximas elecciones presidenciales, en vista de que salud y educación son los dos sectores más calientes desde dos años.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, cuando la situación lo exige, el Estado consigue entregar unos puntos no fundamentales para mantener lo esencial y, después, lograr dividir la intersindical con cisiones internas para debilitarlos (corrupción). Por ejemplo, pasó en el caso de la CNTS, que era una central muy fuerte, hoy en pedazos, y lo mismo con la intersindical de la educación, que se encuentra dividida en más de 15 sindicatos. En Senegal, se utiliza mucho el dicho popular: “dividir para reinar”.

Para concluir, reafirmamos que somos totalmente opuestos a las decisiones y actos del gobierno de Macky Sall, que van en contra de los intereses de nuestra clase, que es la clase proletaria.

• Rechazamos el endeudamiento público y el pago de la deuda pública que aumenta la fuga de capitales en provecho de la burguesía internacional.

• Rechazamos la expropiación de tierras de los campesinos para ser redistribuidas a empresas de agro-negocio y a las multinacionales que sólo vienen a exportar la producción hacia el exterior y no a alimentar a la población local.

• Contra la privatización de los sectores estratégicos de la economía. Estas empresas tienen que quedar en manos del Estado. Nacionalización de todas las grandes empresas.

• Contra la corrupción en el medio sindical que, a fin de cuentas, solo sirve al gobierno en lugar de estar al servicio de los trabajadores.

• Contra la privatización de la salud y la educación.

• Acabar con los acuerdos de pesca con la Unión Europea, para valorizar la pesca local.


Febrero de 2014.


Traducción: Candi Vargas.