En la Palestina ocupada, limpieza étnica. En Colombia, militarización y masacre. Así ha sido la semana de ambos pueblos, que resisten como pueden. Las armas y técnicas sionistas que hacen nuevas víctimas en la continua Nakba –la catástrofe con la creación del Estado de Israel el 15 de mayo de 1948 mediante expulsión violenta de dos tercios de la población palestina– están en manos del gobierno de Iván Duque, en el país latinoamericano. Promueven el asesinato y la represión en Colombia, sostienen la colonización criminal en Palestina.

Por Soraya Misleh

Bajo la ocupación, el blanco prioritario en el momento es el barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén, en el cual una neblina de gas lacrimógeno arrojado por Israel tomó cuenta e invadió los hogares el 5 de mayo. “No podemos respirar en nuestra propia casa”, relató un morador, conforme reportaje publicado en el portal Middle East Eye. Los palestinos enfrentan represión brutal por resistirse a no dejar su tierra. Bajo órdenes del tribunal sionista de evacuación, hasta este jueves 6 de mayo, están bajo amenaza de limpieza étnica familias que reúnen a cuarenta personas, siendo treinta de ellas adultos y diez niños.

La situación ya dura décadas, con expulsiones frecuentes para la expansión colonial sionista. Solamente en febrero y marzo últimos, fueron siete familias palestinas. Ahora, el tribunal sionista llegó al escarnio de recomendar que los palestinos, para no ser expulsados por la fuerza, negocien pagar un alquiler por sus casas a los colonos israelíes que vengan a ocuparlas, los cuales detentan documentos falsificados alegando propiedad. Eso recuerda los grillajes de tierras en el Brasil –proceso histórico que consiste en envejecer documentos de posesión falsos– para expulsar a las comunidades tradicionales por parte de los latifundistas.

En artículo para el Monitor de Oriente, el Dr. Belal Yasin denuncia incluso la confiscación de 40% de las tierras del vecindario para construcción de un memorial a los militares sionistas muertos en 1967 –cuando Israel ocupó militarmente Gaza, Cisjordania y la parte oriental de Jerusalén (22% de la Palestina histórica restante después de la Nakba de 1948). “Eso desplazará por lo menos a 28 familias palestinas, totalizando cerca de 550 personas, la mayoría niños y mujeres, que quedarán sin casa”, escribe él. Y nuevas expulsiones están previstas para agosto en el barrio que reúne hoy a 2.800 moradores, entre ellos refugiados de la Nakba.

El gas que invadió las casas fue acompañado de disparos de cañones de agua con olor fétido para forzar a los palestinos a salir de ellas. En las calles, prisiones políticas, golpizas y balas de acero revestidas de goma hirieron a diez personas. También puede verse la imagen de un soldado de la ocupación arrodillado en el cuello de un joven palestino (foto principal del artículo), de la misma forma que hizo el policía blanco Derek Chauvin que mató a George Floyd el año pasado en Minneapolis, Estados Unidos.

La “plaza de guerra”, como definió otro habitante de Sheikh Jarrah en el reportaje del Middle East Eye, tenía como platea indeseada –y protegida por el ejército sionista que hacía la carnicería– a colonos israelíes que pedían la expulsión de todos los palestinos del barrio y hacían explícito su racismo, gritando “muerte a los árabes”.

Mientras tanto, en otra parte de Cisjordania, en la región de Nablus, la pequeña aldea de Aqraba enfrenta también la violencia israelí y punición colectiva en los últimos días. Bajo cerco militar, la rutina de los habitantes ha sido ver circular a centenas de soldados armados con fusiles y tanques ocupando las calles, invasión de casas, interrogatorios incluso de niños y mujeres, destrucción de propiedades de los palestinos y más prisiones políticas. La represión vergonzosamente llegó a contar con la colaboración de la policía de la gerente de la ocupación, la Autoridad Palestina. Cumplía, así, fielmente con la cooperación de seguridad con Israel, definida en los desastrosos Acuerdos de Oslo firmados entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Estado sionista, bajo la bendición del imperialismo estadounidense. Aqraba, una aldea rural de cerca de 8.000 habitantes, no es la única bajo ataque en la región, en la saña colonial. A cada respiro del apartheid, los palestinos se sofocan.

Pero declaran y demuestran: resistirán. En el reportaje del Middle East Eye, Abdel Fattah Iskafi, miembro de una de las familias amenazadas de expulsión en Sheikh Jarrah en este momento, fue categórico: “No vamos a salir de casa. Nos quedaremos hasta el último suspiro. Nadie puede sacar mis memorias y mi corazón de mi casa. No vamos a mudarnos para lugar alguno y a pesar del estrés y de las condiciones difíciles, estamos intentando seguir con nuestra rutina diaria, normal aquí”. La consigna es: “Salve Sheikh Jarrah”.

En Aqraba, vecinos se sumaban para reconstruir las propiedades destruidas. Un activista palestino llamó la atención para la imagen de un niño que expresaba sonrisa sarcástica mientras un soldado de la ocupación le apuntaba a él y otro menos con un fusil. La resistencia heroica y histórica se da bajo todas las formas y es transmitida de generación en generación.

Militarización made in Israel

En Colombia, en represión a masivas protestas en una huelga nacional a partir de finales de abril último, el gobierno asesino de Iván Duque ordenó la militarización de las ciudades, desencadenando una brutal represión. El 2 de mayo ya eran 35 muertos en la masacre perpetrada contra los manifestantes, además de 400 detenidos, más de diez heridos y dos mujeres violadas por la policía nacional. Además de disparos con armas de fuego a quemarropa, eran arrojados gases en las casas y conjuntos residenciales, que también sufrieron invasiones como parte del escenario de terror –mostrando que Duque ha hecho valer la alianza con el aliado sionista.

El BDS Colombia –movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones a Israel– revela en su sitio que en el país latinoamericano se han utilizado drones, vehículos y otras tecnologías militares sionistas para reprimir las movilizaciones y las “pinchaduras” –interceptaciones telefónicas– contra periodistas y activistas de derechos humanos.

En setiembre de 2020, como también denuncia el BDS local, militares de las fuerzas de ocupación israelíes realizaron un programa de entrenamiento para la División de Fuerzas Especiales del Ejército de Colombia en la base militar de Tolemaida, en el país. “La capacitación consistió en ‘técnicas antiterroristas’, métodos de observación y diagnóstico de la unidad, sistemas de defensa, tácticas de combate urbano, operaciones encubiertas, asalto aéreo y polígono”. No fue el primer entrenamiento en esa alianza criminal.

Israel exporta sus métodos de guerra, seguridad, represión y tortura que usa contra la población palestina, lo que también es perjudicial para el pueblo colombiano, el cual ha sido sometido a una guerra contrainsurgente por décadas […]”, apunta el BDS local.

Y agrega que “ante la complicidad de los Estados en la violación de derechos humanos del pueblo palestino, el movimiento BDS llama a impulsar campañas de embargo militar” a Israel. Solidaridad internacional que une las luchas de los oprimidos y explotados en todo el mundo. Para que todos sean libres.

Fuente: /www.monitordooriente.com
Traducción: Natalia Estrada.