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El TUC llama a huelga para el día 30 de noviembre

octubre 6, 2011

En la semana del 12 al 14 de setiembre, se realizó en Londres el 143º Congreso Anual de las Trade Unions (sindicatos) de Gran Bretaña. Con58 sindicatos afiliados, representando a 6,2 millones de trabajadores y trabajadoras de los más diversos sectores, el TUC (Trade Unions Congress)

siempre es un gran acontecimiento. Sobre todo en este momento de crecimiento de las luchas en Europa contra los planes de ajuste, la expectativa en relación a ese congreso era enorme. Sin embargo, la poderosa burocracia sindical inglesa trató de canalizar la bronca de los trabajadores por los canales oficiales.



La decisión más importante de este Congreso, que contó con la presencia de 700 delegados de todo el país, fue el llamado a una huelga para el 30 de noviembre contra los ataques del gobierno al sector público, sobre todo contra los recortes en las jubilaciones. Si todo sale bien, más de 3 millones de trabajadores del sector público podrán parar el 30 noviembre en toda Gran Bretaña, en lo que promete ser la mayor huelga nacional desde 1926. Sin embargo, ante la gravedad de los ataques y de la urgencia que tiene la clase trabajadora en defenderse, la propuesta se muestra insuficiente. Será solo un día de huelga, que está siendo preparada para involucrar, sobre todo, a los sectores públicos, aislándolo de los trabajadores privados; al mismo tiempo, es un intento de la burocracia de desvincular a los trabajadores ingleses del conjunto de Europa, en el momento en que se prepara una gran manifestación para octubre. 



Crece la presión sobre los sindicatos

 

El gobierno conservador de David Cameron no admite ningún tipo de negociación en relación a los recortes en las jubilaciones. Para tener una idea del ataque que viene siendo orquestado por los Tories (Partido Conservador), las mujeres inglesas, que hoy se jubilan a los 60 años, pasarán a tener ese derecho solo a partir de los 67 años de edad.



La idea del gobierno es hacer pagar a la clase más por menos, o sea, pagar las contribuciones por más tiempo, a cambio de un menor tiempo de jubilación. Pero, la bronca entre los trabajadores viene creciendo cada día en Inglaterra.



El proceso de luchas contra ese paquete comenzará el 2 de octubre, con una marcha organizada por el TUC en Manchester. El NSSN (organismo que representa a los shop stewards -delegados de fábrica) defendió en el TUC la apertura de un proceso de acciones de masa que va a culminar en una huelga nacional contra los recortes.



El Congreso fue una muestra importante de que la presión de las masas sobre los líderes sindicales viene creciendo. Rob Williams, representante del NSSN en el Congreso, dijo que "los shop stewards están hombro a hombro con la lucha de todos los sectores públicos, en defensa de las jubilaciones. Lo que el gobierno más teme es que la clase trabajadora organizada luche de forma conjunta”. El instó a la juventud, incluyendo a las NEETs (entidades de los jóvenes sin empleo, sin escuela o formación profesional), con un millón de afiliados, a unirse a la lucha de los sindicatos. Ese mismo llamado fue hecho después por Suzanne Beishon, del movimiento Juventud en Lucha por Empleos. Ella habló sobre los terribles efectos de los recortes en los servicios públicos sobre los jóvenes y explicó cómo el cierre de los clubes de jóvenes y el recorte del 75% en los fondos destinados a los servicios de apoyo a los jóvenes fueron una de las causas de las rebeliones ocurridas en Londres en el mes pasado.



Bob Crow, secretario general del RMT (Sindicato de los Ferroviarios, marítimos y transportes), dijo: "¿Qué cambió en un año? ¡El capitalismo está en una enorme crisis!", y defendió una sociedad socialista para sacar a los trabajadores de esa crisis. Él exigió la reestatización de las industrias privatizadas, incluso transporte y electricidad, y dijo que las compañías de electricidad deberían pagar una compensación a los trabajadores cuando fuesen nacionalizadas.



Crow, también, alertó a Ed Miliband, líder del Partido Laboralista (Labour Party), de que tendría que decidir de qué lado está: “Un líder laborista que no se pone del lado de los trabajadores frente a los mayores ataques desde la II Guerra tiene un billete sólo de ida al olvido”. Aprovechó para dirigir algunas palabras a los líderes del TUC, diciendo que ellos están equivocados si creen que se puede conquistar justicia y mejores condiciones de vida en el capitalismo: “Los trabajadores necesitan controlar la política para asegurar la victoria”. Alex Gordon, presidente del RMT, también instó a luchar por la reestatización de toda la industria ferroviaria, incluyendo la producción de rodamientos y partes de uso continuo, para liquidar de una vez al transporte privado y dar inicio a un sistema planificado de transporte público en todo el país.



McParlin, presidente de la Asociación de Trabajadores de Penales (POA), explicó que es dudoso el papel de la POA en el movimiento de trabajadores y que ella se ha radicalizado por causa de los sucesivos ataques que vienen sufriendo. “La POA tuvo su derecho de huelga ilegalizado por el Partido Laborista; sin embargo, enviamos una resolución al TUC hace dos años alertando que era necesaria la huelga general”.



La POA viene enfrentando un acelerado proceso de privatización del servicio penitenciario que podrá llevar al “desastre”, según McParlin. Compañías privadas están haciendo fila para tener el derecho de controlar las prisiones; ese proceso comenzó con la colocación de gerentes en algunos de los servicios penitenciarios, cuyo salario inicial es mucho más grande que el salario que se paga a los empleados públicos.



Representando a los trabajadores de la industria de la construcción, Michael Dooley, del

UCATT (Sindicato de la Construcción Civil), explicó como esa política del gobierno es un enorme ataque a los trabajadores y llamó a los líderes sindicales a participar de las diversas protestas que están siendo organizadas, como el acto realizado en Londres en el Estadio Olímpico (el 14 de setiembre). Todos saben que Inglaterra se prepara para recibir los próximos Juegos Olímpicos, y los trabajadores de construcción están siendo superexplotados por la patronal.



Martin Powell-Davies, del NUT (Sindicato de Profesores de la Red Pública), dijo que todos los sindicatos de profesores deben hacer un lobby en el Parlamento el 26 de octubre, e hizo una alerta al gobierno: "Retrocedan o vamos a la huelga". April Ashley, miembro de Unison (Sindicato de Trabajadores de Servidores Públicos), explicó como cientos de miembros de Unison se encuentran bajo amenaza de despido, llaman a una conferencia de emergencia para organizar un plebiscito contra los recortes en las jubilaciones e instan al secretario general de Unison, Dave Prentis, a liderar la lucha.



Mark Serwotka, secretario general del PCS (Public and Commercial Services Union), dijo que más de 10 sindicatos, entre ellos Unison, Unite y GMB podrán entrar en huelga el 30 de noviembre, con la participación de millones de trabajadores, pero los activistas deben continuar presionando a sus sindicatos, porque muchos están usando el argumento de que un día de huelga no basta, como disculpa para no hacer nada: "un día puede ser un buen inicio", dijo Mark.

 

El Partido Laborista busca diluir el poder de los sindicatos

 

Ed Miliband, líder del Partido Laborista, aprovechó el TUC para hacer su discurso más importante este año, ya que se prepara para ser candidato del partido a las próximas elecciones parlamentarias.



En septiembre del año pasado, cuando venció la disputa para el liderazgo del Partido Laborista, Miliband demostró una actitud optimista ante la grave situación de Inglaterra y trató de distanciarse del “nuevo laborismo” de Tony Blair, criticándolo por defender la guerra de Irak, afirmando que “el partido debía ser humilde para admitir su fracaso en el pasado” y que “tenía de aceptar algunas verdades dolorosas sobre el colapso de sus ideas anticuadas. Al mismo tiempo, dijo que “no se opondría a todos los recortes que el gobierno de coalición (entre Conservadores y Liberales Demócratas, la llamada coalición ConDem) propusiera”, pues “hay algunas cosas que la Coalición hace y que no nos gustan como partido, pero tenemos que apoyarlas”. Al sector sindical, Ed Miliband, conocido como "Red Ed" (Ed, el Rojo) debido al apoyo determinante del sector sindical para su victoria, rechazó este calificativo y mandó un mensaje: “no tengo nada que ver con la retórica exagerada de olas de huelgas irresponsables”.



En el Congreso, Miliband confirmó las peores expectativas. Incluso frente a la lucha nacional de los empleados públicos contra los recortes del presupuesto y el ataque a las jubilaciones, dijo a los delegados que "yo creo firmemente que nosotros necesitamos reducir el déficit. Esto significa recortes. Haríamos algunos recortes en el presupuesto si estuviésemos en el gobierno", en un claro mensaje a los bancos y a los millonarios ingleses de que pueden confiar en él. Y, en clima de campaña electoral, defendió a los sindicatos como parte de una “nueva economía, de cooperación entre patrones y trabajadores, y no de conflicto” -por eso dejó en claro que no apoyó la huelga de junio de los empleados públicos contra los recortes en las jubilaciones, “en tanto las negociaciones estaban en curso”; defendió votar "sí" en un referéndum sobre la reforma electoral; un salario mínimo vital para los jóvenes y sugirió que el Partido Laborista, en un futuro gobierno, adopte medidas contra los salarios “excesivos” de los ejecutivos.


Por eso, al mismo tiempo que afirma que los sindicatos son imprescindibles a la existencia del Partido Laborista, Miliband también tiene un proyecto, considerado el de mayor impacto en la estructura partidaria en los últimos 20 años, para tratar de controlar o diluir el poder de los sindicatos dentro del Partido Laborista. El propone el registro de nuevos grupos de apoyo, cuyos miembros no necesitarían estar afiliados para votar en las elecciones internas para líder del partido (y, por lo tanto, virtual candidato a Primer Ministro). Estos grupos serían administrados por las regionales del partido, pero serían habilitados a votar en una sección electoral sindical, diluyendo así la influencia de los sindicatos en la elección.



Los sindicatos poseen un tercio de los votos en el colegio electoral que escoge al líder del partido, pero pocos entre los 3,5 millones de trabajadores sindicalizados y afiliados (que pagan una cuota sindical) votan. En la próxima elección, de aquí a cinco años, algunas decenas de miles de participantes en “grupos de apoyo” podrán contrabalancear el peso de los sindicatos, al agrandarse su colegio electoral con no sindicalizados y, por lo tanto, no sujetos a las orientaciones de los dirigentes sindicales. Irónicamente, Ed Miliband fue electo por los sindicalistas, pero él sabe que las cosas pueden cambiar en el futuro…  



Pero los planes de Miliband no quedan en eso. El también quiere cambiar el peso de los sindicalizados en la Conferencia del Partido Laborista, pero fue forzado a postergar este plan, dejando a los sindicatos con el 50% de los votos hasta una futura revisión. En la práctica, los sindicatos Unite, Unison y GMB controlan el 40% de los votos en la Conferencia, haciendo imposible a otros sectores derrotarlos. Una de las variantes propuestas es dar mayor peso a la burocracia partidaria y parlamentaria.



La burocracia sindical, por su parte, teme cualquier dilución de su poder en la conferencia, pues esto podría abrir el camino a un programa de largo plazo para desmantelar su influencia. Concordaron, sin embargo, en entregar la lista de los sindicalizados afiliados a las regionales del partido, frente al reclamo de que los sindicatos controlan a sus miembros y no permiten que éstos sean contactados por los candidatos, principalmente cuando son de oposición al candidato de los sindicatos. Todas estas medidas, si son implementadas, harán que el Partido Laborista, que hace mucho tiempo no defiende los intereses de los trabajadores, se libre de la influencia sindical en la determinación de su estructura interna y pase a ser un partido del “electorado en general”.



En resumen, Miliband fue al TUC para engañar a los trabajadores, diciendo que los ataques a su nivel de vida van a continuar, pero que eso será bueno para el país. Una lógica burguesa que la clase trabajadora ya no está más dispuesta a tragarse. Ahora los trabajadores también ya saben que en caso que el Labour llegue al gobierno, hará exactamente lo mismo que Cameron.



Por eso, Mark Serwotka afirmó que “el rechazo de Miliband a defender a sus colaboradores naturales es una bofetada en la cara y se le volverá en su contra, pero no irá a detener nuestra determinación de lucha para proteger la jubilación, el empleo, los salarios y los servicios públicos”.



Burocracia decepciona a los trabajadores



Bendan Barber, el todopoderoso secretario general del TUC, tiene exactamente la misma política de Miliband. Durante el Congreso, los delegados expresaron la presión de las bases para que los sindicatos luchen contra los planes de austeridad. Barber optó por echar un balde de agua fría para enfriar el clima, limitándose a decir que es necesario forzar al gobierno a adoptar una nueva política económica, sin explicar qué política sería esa y cómo los trabajadores deberían luchar por ella. No llamó a los trabajadores ingleses a unirse a las luchas del conjunto de Europa para fortalecer el internacionalismo obrero. Y también no dijo una palabra sobre la necesidad de luchar contra la draconiana legislación antisindical que rige en Gran Bretaña desde el gobierno de Thatcher.



Las huelgas aquí son ilegales, la votación en asamblea está prohibida y cuando un sindicato quiere convocar a una huelga, tiene que organizar un complicado proceso de ballots[1]. Cada trabajador recibe en su casa un ballot, o sea, una ficha para votar que es distribuida por el sindicato. El completa la ficha con su nombre, dirección, lugar de trabajo y vota sí o no. Después envía la ficha por el correo al sindicato, y la dirigencia cuenta los ballots para saber si va a haber o no huelga. Todo el proceso tiene que ser supervisado y aprobado por el gobierno. Si no se hacen por este sistema, las huelgas se declaran ilegales y el gobierno recorta el presupuesto de los sindicatos, lo que la burocracia quiere evitar a muerte. Esa legislación, totalmente contraria a los intereses de los trabajadores, fue mantenida por todos los gobiernos, incluso el de Tony Blair, del Partido Laborista. Durante el TUC, más de una vez, la burocracia sindical se calló ante la necesidad urgente de cambiar eso, y no aprovechó la presencia, en el plenario, del líder del Labour para exigir de él, cara a cara que, de llegar al gobierno, derogue esa legislación.



A pesar del papel nefasto de la burocracia, el TUC fue importante porque dejó en claro que existe una enorme presión de los trabajadores por medidas urgentes de lucha contra los recortes en las jubilaciones, en los salarios, en los empleos y en los servicios públicos. Ante la dureza del gobierno y de la patronal en mantener los recortes, los trabajadores quieren sentir la misma dureza da parte de sus dirigentes en defensa de sus derechos. Y eso es un importante indicativo para las luchas que están por venir: ¡los mayores batallones de la clase trabajadora inglesa están con el ánimo elevado!  




Traducción Laura Sánchez



[1] Ballot – Elección secreta por cédulas, o la propia cédula electoral, en inglés.

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