El final del mandato de Trump y el inicio del gobierno de Joe Biden tienen como marco la profunda crisis económico-social y sanitaria que vive EEUU, y que golpea muy duramente a la clase trabajadora y a las masas.

Por Alejandro Iturbe

Comencemos por la crisis sanitaria provocada por el coronavirus. EEUU es uno de los países del mundo que contaba con más recursos tecnológicos, farmacológicos y financieros para derrotar la pandemia. Pero tiene el triste privilegio de encabezar la lista mundial de contagios y muertes. A mediados de enero, la cifra total de personas que se han contagiado llegó a 24.000.000 y los decesos ya superaron las 400.000.

La pandemia sigue a un ritmo feroz: cada día se incrementan entre 250.000 y 300.000 nuevos contagios y un promedio de 4.000 muertes cotidianas. Los hospitales están sobrepasados y la propia TV se ve obligada a reflejar esta realidad: por ejemplo, la nueva temporada de la serie Chicago Med, que nos muestra la terrible presión en que deben trabajar los médicos y las enfermeras.

Es cierto que el gobierno de Trump agravó las cosas con su “negacionismo” y el pésimo manejo de la pandemia. Pero todo se vio acelerado por la siniestra política de la “nueva normalidad” (que tanto la burguesía republicana como la demócrata impulsan), que obliga a millones de trabajadores a trabajar con grandes riesgos de contagio.

Finalmente, pero no menos importante, se desnudó la profunda fragilidad e injusticia del sistema de salud pública del país, carísimo para un sector de trabajadores y que, además, excluye a toda una parte de ellos. Para ambos partidos, la salud es un negocio y no un derecho social de la clase trabajadora. Veamos algunos datos: se estima que 27.000.000 de adultos no tienen ningún seguro médico. Dentro de los que sí tienen: «Una encuesta de noviembre de 2020 realizada por la empresa de gestión financiera de pacientes VisitPay encontró que 35% de los estadounidenses retrasarían la atención del coronavirus por temor a las facturas médicas asociadas»[1].

En el marco de que ya se ha iniciado el proceso de vacunación, la distribución de la vacuna es lenta y caótica. El gobierno federal recibió 40 millones de dosis y distribuyó 31 millones a los Estados (muy lejos de los cien millones de dosis que Trump había prometido para fines de 2020). Hasta el 17 de enero, entre 10 y 12 millones de personas habían recibido una dosis y solo 1.400.000 las dos. Es decir que apenas 1/3 de las vacunas recibidas habían sido aplicadas.

El peligro grave es que puede vencer su validez: “Aunque la capacidad de refrigeración varía de un lugar a otro, las vacunas solo se autorizan durante 30 días de almacenamiento en las unidades más comunes (incluidas aquellas en las que se han enviado). Los Estados se han apresurado a aumentar su capacidad de almacenamiento, pero se les advirtió sobre largas esperas de congeladores ultrafríos que podrían extender la vida útil a unos seis meses. Eso significa que, en muchos lugares, este primer lote de vacuna expirará a finales de enero”. Algunas vacunas, como la de Moderna y la de Pfizer-BioTech deben ser usadas en las seis horas siguientes de ser sacadas del ultrafrío [2].

Ahora, como señalamos en el segundo artículo de esta serie, el gobierno de Joe Biden impulsa un gran paquete de incentivos financieros dentro del cual 400.000 millones de dólares estarán destinados a la compra de vacunas y al proceso de vacunación [3]. Esto ha acelerado el ritmo (se dice que se habrían aplicado 100 millones de dosis), pero no es muy claro que resuelva el caos y la desorganización.

Algunos medios analizan que este caos se debe a la falta de un sistema nacional centralizado de salud. Pero eso es solo un “síntoma”, porque acá se expresan todas las contradicciones del sistema capitalista. Por ejemplo, su capacidad técnica de producir vacunas en forma masiva, la de producir equipos médicos de alta tecnología o la de formar científicos y profesionales de la salud altamente especializados, pero todo está intermediado por la propiedad privada y la búsqueda de ganancia de los capitalistas. Como hemos dicho, la salud pública es hoy tratada como negocio y no como derecho social, aunque millones de trabajadores se enfermen y mueran por ello [4].

La profundísima crisis económico-social

La crisis económica y su dinámica, que analizamos en el segundo artículo de esta serie, impactaron con dureza sobre la clase trabajadora y las masas.

Estas son cifras macroeconómicas. Detrás de ellas está el padecimiento de la clase trabajadora y las masas en las crisis capitalistas. Nuevamente, veamos algunos datos dolorosos. Hay un marcado aumento de la pobreza y de la «insuficiencia alimentaria» (es decir, el hambre). Casi ocho millones de estadounidenses se han unido a las filas de los pobres desde junio. Un informe de la Universidad de Chicago y la Universidad de Notre Dame muestra que “la tasa de pobreza saltó a 11,7% en noviembre, frente a 9,3% de junio. Eso es casi el doble del mayor aumento anual de la pobreza desde la década de 1960″ [5].

Además, “unos 29 millones de adultos, 14% de todos los adultos del país, informaron que su hogar a veces o con frecuencia no tenía suficiente para comer en los últimos siete días [de cada mes], según los datos de la Encuesta de Pulso Hogares recopilados del 9 al 21 de diciembre”. Esto estaba muy por encima de las tasas previas a la pandemia: una encuesta publicada por el Departamento de Agricultura había informado que 3,4% de los adultos informaron que su hogar «no tenía suficiente para comer» en algún momento de 2019. El peor cuadro actual se da en las familias con hijos: entre 8 y 12 millones de niños pasan hambre [5].

En otro orden de necesidades, hay un aumento de inquilinos atrasados ​​en sus pagos de alquiler e hipoteca. “Se estima que 14 millones de adultos que viven en viviendas de alquiler tienen ese problema, casi 1 de cada 5 inquilinos adultos”. Los trabajadores negros, latinos y asiáticos son los que más sufren esta situación: 28% de los inquilinos negros, 24%  de los inquilinos latinos y 23% de los inquilinos asiáticos “dijeron que no estaban al día con el alquiler, en comparación con el 12% de inquilinos blancos» [7].

Los problemas golpean a sectores más amplios, incluso capas más altas de la clase trabajadora: «Casi 90 millones de adultos, 38% de todos los adultos en el país, informaron que fue ‘difícil’ o ‘muy difícil’ para su hogar cubrir los gastos habituales en los últimos siete días» [del mes][8].

El desempleo oficial y el real

En abril del año pasado hubo un récord de casi 30 millones de personas solicitando el subsidio de desempleo. La cifra disminuyó en la segunda parte del año pero solo parcialmente. La tasa oficial era de 6,7% en diciembre de 2020 pero subía a 9,9% para los negros y 9,3% para los latinos.

La pérdida de puestos de trabajo afectó más a los trabajadores con los salarios bajos: “La mayoría de los puestos de trabajo perdidos en la crisis se ha producido en industrias que pagan salarios medios bajos. Estas industrias representan 30% de todos los puestos de trabajo, pero 58% de los empleos perdidos de febrero a diciembre, el último mes de los datos de empleo del Departamento de Trabajo”. Fue más del doble que la pérdida de puestos de trabajo de las industrias de salarios medios y casi cuatro veces mayor que en las industrias de salarios altos[9].

Pero las cifras oficiales, con su definición de “desempleado”, excluyen a aquellos que ya han desistido de buscar trabajo en las últimas cuatro semanas o no tienen condiciones para hacerlo, aunque quisieran obtener uno; a los trabajadores licenciados sin pago y también a los propietarios de pequeñas empresas que tuvieron que cerrar durante la pandemia, por distintas razones. Si incluimos a todos estos «trabajadores marginados», hay «tantos como 48 millones de personas, o 1 de cada 7 personas en el país, que viven en familias con un trabajador marginado”[10].

Esta situación es muy grave y llegó para quedarse en un futuro cercano. La pandemia ha producido cicatrices permanentes en la economía: “Durante los bloqueos de 2020, muchas empresas, especialmente las más pequeñas del sector servicios, no regresarán y los trabajos que las acompañan desaparecerán. Además, es posible que muchos trabajadores que han sido despedidos o licencias o no recuperen sus puestos de trabajo, ya que las empresas buscan reducir el personal y no volver a emplear a trabajadores mayores y más costosos”[11].

El paquete impulsado por el gobierno de Joe Biden dedica más de la mitad de su monto a la ayuda a “individuos y familias” y es muy posible que atenúe este cuadro. Pero, hasta ahora, solo será aplicado en 2021.

El “sueño americano” ha muerto

El “sueño americano” era la ideología sobre que EEUU era la “tierra de la mil oportunidades”. Que cualquiera fuera el origen social de una persona o de una familia, con trabajo duro y cierta capacidad era posible tener éxito y ascender socialmente.

Si bien en el país siempre hubo profundas desigualdades y discriminaciones racistas, lo cierto es que para sectores importantes de la clase trabajadora, durante varias décadas, este sueño parecía real: los salarios alcanzaban para ir pagando la hipoteca de la casa propia, comprar un automóvil y electrodomésticos, e ir ahorrando para pagar los estudios universitarios de los hijos que, así, comenzaban su vida laboral en un escalón superior al de sus padres.

Este “sueño” comenzó a ser destruido en 1981, cuando el gobierno republicano de Ronald Reagan derrotó la huelga de los controladores aéreos y comenzó una ofensiva sobre los salarios y las condiciones laborales[12]. Desde entonces hasta hoy, el deterioro del nivel de vida de los trabajadores ha sido constante, ya que tanto los gobiernos republicanos como los demócratas avanzaron en ese camino, sea de modo más lento o más acelerado.

Se cerraban empleos industriales y se reemplazaban por otros cuyo nivel salarial apenas llegaba a la mitad del anterior, como fue el caso de la reestructuración de la General Motors, en 2009[13]. Los nuevos empleos que se creaban en el sector servicios pagaban mucho menos y tenían jornadas y condiciones laborales muy empeoradas. Eso hace que actualmente, para muchos trabajadores, tener empleo fijo no garantiza no ser pobre, ya que el salario mínimo promedio nacional de alrededor de 1.200 dólares mensuales y superar la línea de pobreza exige no menos de 2.000 por familia[14]. Por eso, el porcentaje de pobres es mayor al de desempleados.

Todo este proceso de deterioro del nivel de vida los trabajadores y las masas se aceleró a partir de la crisis de 2007-2008 (y la política de Obama para enfrentarla) y dio un gran salto con la pandemia en 2020, como ya hemos analizado en este artículo. El “sueño americano” hoy está muerto y para millones de habitantes de ese país se ha transformado en una pesadilla. Especialmente para los sectores explotados y marginados, como la población negra y los inmigrantes latinos. Es la realidad objetiva y estructural que alimenta las luchas del movimiento de masas.

La situación del movimiento de masas

Todo este cuadro generó una respuesta creciente del movimiento de masas. Su manifestación más notoria han sido las rebeliones antirracistas que respondían a los casos de asesinatos y/o lesiones provocadas por la policía, como ocurrió con George Floyd en mayo de 2020. La juventud negra fue la vanguardia de estas luchas que, como una chispa que enciende pasto seco, se extendió a toda la población negra, los latinos y también a la juventud y sectores blancos empobrecidos.

Expresaban la bronca y el hartazgo con la dura realidad que vivían, agravada al extremo por el impacto de la pandemia. Por eso, las movilizaciones se extendieron por todo el país y hubo fuertes choques con las fuerzas represivas. Su impacto fue tan grande que consideramos que provocaron una crisis en el régimen político y abrieron una nueva situación en el país. Fue un salto sobre los elementos de crisis ya preexistentes, en el marco del deterioro constante del nivel de vida y del escepticismo cada vez mayor de las masas para con el “sistema”[15].

De modo simultáneo, se daban otros procesos de lucha: desde el inicio de la pandemia se registró un récord de conflictos y de huelgas en el país, especialmente en el sector de la educación y de los servicios y el comercio. Luchas que surgen desde abajo y reflejan el hartazgo de los trabajadores por la actual situación. “La frustración con los bajos salarios en la industria de servicios y la debilidad de las protecciones a los empleados… en medio del aumento de las muertes por coronavirus” […]. «En esta ola de huelgas, el impulso viene de las bases. Los trabajadores han decidido que han tenido suficiente y están preparados para presionar por el cambio», expresó Dean Baker, economista del Centre for Economic and Policy Research[16].

Frente a este “incendio” que se estaba produciendo en el país, la burguesía estadounidense buscó aprovechar la campaña y las propias elecciones presidenciales de noviembre para intentar frenarlo y llevarlo a la vía muerta del sistema electoral democrático burgués[17]. En cierta forma, ese objetivo fue conseguido, al menos temporalmente: la oleada de rebeliones antirracistas refluyó y hubo un récord histórico en el número de votantes por uno u otro candidato. Es posible también que, luego de haber derrotado el intento de reelección de Trump, las expectativas de los trabajadores y las masas en el nuevo gobierno de Biden extiendan un poco este “respiro” para la burguesía y su régimen político.

Pero las causas profundas y estructurales que generaron un 2020 “caliente” siguen ahí y no serán resueltas. Es posible entonces que, frente a esa frustración, esas rebeliones y la oleada de huelgas de 2020 retomen ese nivel e incluso lo superen.

Dos hechos recientes muestran esa posibilidad. En el primero de ellos, el Sindicato de Maestros de Chicago votó el rechazo a la reanudación de las clases presenciales, mientras continúe la pandemia, y de esa forma desafía el plan de reapertura de las escuelas públicas de la ciudad impulsado por la Alcaldía[18]. En el otro, los 1.400 trabajadores de un frigorífico procesador de carne del Bronx (Nueva York) realizaron una dura huelga de varios días y consiguieron un aumento salarial muy superior al que ofrecía la empresa[19].

Otro dato importante: los trabajadores de dos gigantes de las nuevas tecnologías, como Amazon y Alphabet-Google, han comenzado a sindicalizarse. Ambas son empresas que se oponen a la sindicalización de sus trabajadores. Alphabet-Google paga salarios más altos y tiene condiciones laborales más flexibles pero argumenta que resuelve los temas laborales en relación directa con sus trabajadores; Amazon, que paga salarios mucho más bajos y tiene condiciones laborales muy duras, da las mismas razones que la tradicional burguesía comercial.

En el caso de Amazon, 1.500 trabajadores de primera línea en el almacén de Bessemer, Alabama  (la unidad tiene 5.700) ya se organizaron y, de acuerdo con la legislación estadounidense, solicitaron que se realice la votación entre todos los trabajadores de la unidad para obtener reconocimiento oficial y representar el conjunto de la unidad. La empresa intentó judicialmente impedir la votación[20]. En otra unidad de Amazon, en las afueras de Detroit, también se está organizando un sindicato y la lucha ha tenido impulso por el aumento de los contagios de Covid-19, incluso han habido huelgas parciales, con abandono de lugares de trabajo de una parte de los trabajadores[21].

En el caso de Alphabet-Google, algunos cientos de trabajadores de su sede central han formado el primer sindicato de esa empresa (en realidad el primero de trabajadores directos de las diferentes compañías del Valle del Silicio ya que sí existían sindicatos de trabajadores de servicios tercerizados como la limpieza). El sindicato se llama Alphabet Workers Union y se integra a Communications Workers of America[22].

Notas:

[1] https://www.theguardian.com/us-news/2021/jan/12/health-insurance-food-americans-face-difficult-choices-amid-pandemic?CMP=Share_iOSApp_Other

[2] https://nymag.com/intelligencer/article/americas-vaccine-rollout-disaster.html

[3] https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2021-01-14/biden-propone-un-plan-de-1-9-billones-de-dolares-para-enfrentar-la-pandemia-y-la-crisis-economica

[4] Sobre este tema, recomendamos el artículo “Vacunas para todos y todas” en https://litci.org/es/64263-2/

[4] Sobre este tema, recomendamos el artículo “¿Hacia dónde va la economía mundial?” en https://litci.org/es/hacia-donde-va-la-economia-mundial/.

[5] https://www.cbpp.org/research/poverty-and-inequality/tracking-the-covid-19-recessions-effects-on-food-housing-and

[6] Ídem.

[7] Ídem.

[8] Ídem.

[9] Ídem.

[10] Ídem.

[11] https://thenextrecession.wordpress.com/2021/01/02/forecast-for-2021/

[12] https://www.abc.es/historia/momento-reagan-convirtio-reagan-201012040000_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

[13] https://www.reuters.com/article/oestp-generalmotors-despidos-idESMAE5190JK20090210

[14] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-42315879#:~:text=UU.%2C%20el%20ingreso%20medio%20en,300%20al%20a%C3%B1o.

[15] Sobre este tema, sugerimos leer la declaración de la LIT-CI en: https://litci.org/es/un-proceso-revolucionario-sacude-estados-unidos/

[16] https://www.smh.com.au/world/north-america/wave-of-1000-strikes-ripples-across-the-us-as-crisis-bites-20200929-p5606t.html?fbclid=IwAR18IEkXZYTySoMSe09REwoKMrokXws-tEgqdPyF7ap4yA8sHkHLDb5GUEM

[17] Ver: https://litci.org/es/estados-unidos-entre-la-rebelion-negra-y-las-elecciones/

https://thenextrecession.wordpress.com/2021/01/02/forecast-for-2021/

[18] https://chicago.suntimes.com/education/2021/1/24/22247280/chicago-teachers-union-votes-in-person-work-defy-chicago-public-schools-reopening-plan-strike?fbclid=IwAR1wqvGP59KiJnuSRgyVTkuq4t8xOwTtEhQnh8D39z7BsIjSIhPi_nSM6R4

[19] https://www.jacobinmag.com/2021/01/the-bronx-strike-produce-market-workers-wages?fbclid=IwAR3LMa2ZpSmyv0F0x7x9E6Z5poAs8xOATB0atUocqC3oyNYQrL6GANw8TO8

[20] https://mundocontact.com/trabajadores-de-amazon-buscan-sindicalizarse/

[21] https://www.elfinanciero.com.mx/bloomberg-businessweek/hola-amazon-aqui-esta-el-sindicato-de-trabajadores-que-nunca-pediste

[22] https://www.tecmundo.com.br/mercado/208881-google-trabalhadores-anunciam-sindicato-inedito-vale-silicio.htm