Hace pocos días, en Gran Bretaña, un hombre recibió la primera dosis “oficial” de una vacuna contra el Covid-19. Muchos gobiernos ya han presentado planes de campañas de vacunación. Sin embargo, hay muchos debates con posiciones diferentes sobre estos planes, sobre las propias vacunas y sobre si vacunarse o no.

Por Alejandro Iturbe

Hoy vivimos una segunda oleada de la pandemia de coronavirus en el mundo, con cifras de contagios y muertes peores que las de la primera. Numerosos especialistas advierten que “se viene los meses más duros”. En varios artículos, a lo largo de este año, hemos denunciado que esto es el resultado combinado de la forma limitada e insuficiente con que el capitalismo y los gobiernos burgueses encararon el combate a la pandemia y de la criminal política de la “nueva normalidad”. Es decir, la apertura completa de las actividades económicas sin haberla derrotado, priorizando el intento de retomar los niveles “normales” de explotación y ganancias por sobre la salud y la vida de los trabajadores y las masas[1].

Para agravar el cuadro, están apareciendo nuevas cepas de coronavirus, con una mayor velocidad de contagio, como sucede en Gran Bretaña, donde el brote “está fuera de control”[2]. Ante este panorama, muchos gobiernos vuelven a aplicar convulsivamente medidas restrictivas como la prohibición de reuniones navideñas de grupos que vivan en casa diferentes, decretada por el gobierno británico[3] o la prohibición de ingreso a los viajeros provenientes del Reino Unido, determinada por varios países europeos[4]. Nuevamente, estas medidas serán insuficientes al ser aún más parciales que las adoptadas ante la primera oleada.

En ese marco, desde la LIT-CI y sus organizaciones levantamos la exigencia de “vacunas para todos”. Es decir, una gigantesca campaña de vacunación gratuita y obligatoria, garantizada por los Estados y gobiernos, con todos los fondos que sean necesarios para ello. Porque sería necesario un operativo internacional de vacunación inédito en la historia de la humanidad para alcanzar 70% de la población mundial que la OMS (Organización Mundial de la Salud) considera necesario para lograr la llamada “inmunidad de rebaño”[5].

¿Cómo lograr vacunas para todos?

Pero no es esto lo que están haciendo la mayoría de los gobiernos en sus países ni mucho menos en nivel internacional. En Estados Unidos, el gobierno de Trump ya había asegurado la compra de dosis necesarias. Es muy posible que China, Rusia y Gran Bretaña, países que están fabricando sus propias vacunas, lleguen nacionalmente a las cifras requeridas por la OMS.

Pero no es este el panorama en el conjunto del mundo. Frente a esta necesidad perentoria, algunos gobiernos, como el de Jair Bolsonaro en el Brasil, tienen la actitud criminal de no apoyar la vacunación. Mientras tanto, otros gobiernos favorables muestran nuevamente su mezquindad con planes para una vacunación nacional en 2021 muy inferior a la requerida. En España y Argentina, por ejemplo, con poblaciones superiores a los 40 millones de habitantes, los gobiernos planifican una campaña de 10 y 12 millones de vacunas, respectivamente. Además, esta vacunación insuficiente se realizará a lo largo de varios meses, con determinados criterios de prioridades. Millones de trabajadores y sectores populares quedarán afuera de esos planes y en “zona de riesgo”.

Esto que ocurre dentro de los países se repite entre naciones en nivel mundial. Una noticia reciente informa que los “países ricos”, con 14% de la población mundial, ya se han asegurado 51% de las vacunas que serán fabricadas el próximo año y que parte importante de la población mundial no tendrá acceso a ella[6]. Mientras los países imperialistas “se cubren la espalda”, el resto del mundo “que se arregle como pueda”. Algunos, como vimos, harán campañas parciales de vacunación; otros, los más pobres, directamente quedarán afuera. Es una nueva y cruel muestra de que para el capitalismo la salud pública para los trabajadores y las masas es secundaria frente a los costos y las ganancias.

Una parte del problema para lograr vacunas para todos y un gigantesco operativo mundial de vacunación es que, además de no hacerse con un plan internacional cooperativo sino con una feroz competencia entre empresas y gobiernos, el precio de las vacunas incluye los derechos de patente propios de considerar la salud pública como negocio y no como un derecho de primera necesidad de la humanidad, como lo son por ejemplo, la alimentación o una vivienda digna.

Por eso, de modo inmediato, hay que quebrar el derecho de patente. Pero esto solo no es suficiente. Todo el proceso de fabricación y vacunación (la acción de la OMS y de los gobiernos) debe ser controlado y gestionado por las organizaciones de los trabajadores, en particular por representantes del sector de salud pública: médicos/as, enfermeros/as y especialistas en epidemiología. Es preciso avanzar más aún: para que haya vacunación para todos y para que la salud pública sea considerada como un derecho de la humanidad, es necesario expropiar y estatizar bajo control obrero todos los grandes conglomerados privados farmacéuticos que están inmersos en esta “carrera por la vacuna”.

Estas propuestas no pueden limitarse a esta pandemia. Son necesarios verdaderos planes de salud pública para el presente y para el futuro: no podemos descartar nuevas pandemias ni desconocer el hecho que hay otras enfermedades que son endémicas. Hay que exigir que ese criterio se aplique a todos los medicamentos y que se garantice el financiamiento y los fondos de inversión pública necesarios para ello. Es decir, lo opuesto de lo que hacen el capitalismo y los gobiernos burgueses.

Los debates sobre la vacunación  

Veamos ahora los debates con aquellos que, con distintos argumentos, se oponen a tomar la vacuna. Nos parece que, en trazos generales, aquí confluyen tres sectores diferentes.

El primero son los negacionistas, que consideran la ciencia como una “conspiración secreta para dominar la humanidad”. Son los mismos que defienden que la Tierra es plana o, en su versión religiosa, el creacionismo (el mundo tal cual es hoy habría sido creado por un Ser Superior) y sostienen que eso es lo que debería enseñarse en las escuelas. Son los que hablan de un “virus comunista” creado artificialmente por China o utilizan argumentos tan absurdos como el que las vacunas (en especial la producida en este país) provocarían cambios en el ADN de la persona que la reciba. Es imposible hacer un debate serio con este sector porque sus ideas son irracionales y llevarían a la humanidad a retroceder siglos en su combate contra las enfermedades.

El segundo es un sector de la clase obrera que, con razones fundadas, desconfía de todo lo que provenga del capitalismo. Son trabajadores que ven que las vacunas son un negocio y que las del coronavirus, en particular, serán aplicadas sin plena seguridad sobre sus efectos colaterales negativos. Entonces dicen: “nos quieren usar de conejillos de Indias” y rechazan la alternativa de vacunarse.

Comprendemos su desconfianza. En varios artículos hemos denunciado este carácter de negocio y los riesgos que implica el apresuramiento en las diferentes fases de testeo[7].

Sin embargo, en este contexto de persistencia y crecimiento de la pandemia, incluso vacunas de efectividad parcial y sin absoluta seguridad sobre sus efectos colaterales son mejores que ninguna. Creemos que la clase trabajadora las necesita para correr menos riesgos en su obligación diaria de trabajar y también para poder retomar sin restricciones las pocas actividades de esparcimiento que tienen en sus duras vidas de explotación cotidiana.

Frente a ese riesgo potencial, completamos la exigencia de vacunas para todos con otras demandas: un seguimiento sanitario también gratuito de quienes las han recibido y, finalmente, que deben ser los gobiernos y las empresas productoras los que se hagan cargo de la atención de los efectos secundarios que puedan tener. Es una exigencia muy necesaria ya que, por ejemplo, tanto Pfizer como Astra Zeneca han solicitado “inmunidad” sobre la responsabilidad por los efectos colaterales negativos para entregar sus vacunas y varios gobiernos ya han aceptado esa condición[8]. En el extremo de esta posición de defensa de los conglomerados privados farmacológicos se ubica el gobierno brasileño de Jair Bolsonaro, quien no solo se niega a impulsar la vacunación sino que además propone que quien se vacune firme una eximición de responsabilidad para las empresas fabricantes[9].

Un tercer sector esgrime un argumento supuestamente democrático de “defensa de la libertad individual”. Este sector se manifiesta a favor de exigir vacunación masiva y gratuita a cargo del Estado pero está en contra de que sea obligatoria y defiende el derecho individual de negarse a tomar la vacuna.

Para responder a este argumento es necesario abordar un punto muy profundo: la vacunación obligatoria entra en el campo de la salud pública, es decir, de los intereses y las necesidades del colectivo social. Y estos intereses y necesidades son superiores a la libertad de elección individual y se imponen a ella si entran en contradicción. Porque si un trabajador se niega a vacunarse, esa es una decisión que no solo lo afecta a él sino también a sus compañeros de trabajo, a su familia y a sus vecinos porque es una fuente potencial de transmisión y contagio. No es una posición de democracia obrera sino de una visión democratista propia de la ideología burguesa. Salvando las distancias, es un argumento muy similar a lo que dice el propio Jair Bolsonaro: “Nadie puede obligar a nadie a tomar la vacuna… Si alguien no quiere ser tratado que no lo sea…[si no me quiero vacunar] el problema es mío”[10]. 

Reiteramos entonces, nuestra reivindicación de vacunas para todos, gratuita y obligatoria, con todas las consideraciones que hemos agregado. Llamamos a la clase trabajadora y el pueblo a luchar por ella; es la propia vida la que está en juego.

Notas:

[1] Ver, entre otros artículos: https://litci.org/es/la-verdadera-cara-de-la-nueva-normalidad/

[2] https://www.pagina12.com.ar/312982-reino-unido-admiten-que-la-nueva-cepa-de-coronavirus-esta-fu

[3] https://elpais.com/sociedad/2020-12-19/johnson-prohibe-las-reuniones-navidenas-en-londres-para-frenar-la-nueva-variante-del-virus.html?ssm=FB_CM&fbclid=IwAR35y71ukX93-C79hix9-YFM9np_aTjx_-oUmKs9dATbjGCSPkwV6kjYrF0

[4] https://www.reuters.com/article/salud-coronavirus-runido-viajes-idESKBN28U0S6

[5] https://www.expansion.com/sociedad/2020/11/11/5fac2a9b468aeb903d8b4578.html

[6] https://www.elindependiente.com/vida-sana/salud/2020/12/15/los-paises-ricos-acaparan-la-mitad-de-la-reserva-mundial-de-vacunas-del-covid/

[7] Ver, entre otros artículos, “Pandemia, vacuna y crisis” en https://litci.org/es/63611-2/

[8] https://www.newtral.es/inmunidad-legal-vacunas-covid/20201119/

[9] Ver https://www.nexojornal.com.br/expresso/2020/12/13/O-plano-de-vacina%C3%A7%C3%A3o-em-xeque.-E-outros-atropelos-do-governo y https://br.investing.com/news/stock-market-news/bolsonaro-diz-que-ninguem-pode-obrigar-vacinacao-e-chama-de-imbecil-quem-o-considera-mau-exemplo-814278

[10] https://br.investing.com/news/stock-market-news/bolsonaro-diz-que-ninguem-pode-obrigar-vacinacao-e-chama-de-imbecil-quem-o-considera-mau-exemplo-814278 (traducción nuestra).