Mié May 29, 2024
29 mayo, 2024

Lista “Forbes” de multimillonarios: deplorable ejemplo de cómo los buitres se llenan con la barbarie

Por: Wilson Honório da Silva, de la Secretaría Nacional de Formación del PSTU

Cuando vi la versión 2024 de la lista de la revista “Forbes”, que celebra a quienes tienen fortunas superiores a mil millones de dólares, recordé una entrevista con el líder negro norteamericano Malcolm X, en enero de 1965, en la que dice que el capitalismo, después de actuar como un águila, rapiñando el mundo durante las expansiones colonial e imperialista, se había vuelto “más cobarde”, pasando a actuar “como un buitre” que, para garantizar sus privilegios, “chupa la sangre de los desamparados”.

En la época, Malcolm X se refería a la reacción del sistema ante las numerosas revoluciones, rebeliones y luchas que arrasaban el mundo y a diversos sectores de la sociedad. No por casualidad, fue entonces cuando también concluyó que “no hay capitalismo sin racismo”, entendiendo que, como todas las demás ideologías opresivas, la discriminación racial desempeña un papel concreto al convertir a millones de personas en las más desamparadas entre las que ya están terriblemente desamparadas.

Hoy, la inestabilidad del sistema tiene como telón de fondo la mayor crisis económica desde los años 1930 y la creciente polarización sociopolítica que aflora de las disputas interburguesas e interimperialistas; de los conflictos regionales que se globalizan, como en Ucrania y en Palestina; de la imposición de niveles bárbaros de explotación, trabajo precario y confiscación de derechos; de las catástrofes sociales y ambientales; de los ataques a sectores históricamente marginados, etc. etc. Pero, también, de las luchas contra todo esto.

Diferencias aparte, la lista de “Forbes” es un lamentable recordatorio de que son momentos como estos los que revelan, aún más, el careacter ultra hinumano de las aves carroñeras de la burguesía, que ven las tragedias causadas por las crisis que ellos mismos crearon como un incremento para su macabro banquete y, ya repletos de enormes sumas de dinero, pero temiendo “pérdidas”, no escatiman esfuerzos para arrancar hasta la última gota de sangre de los hombres y mujeres que producen toda la riqueza.

Esto es lo que explica que, en un momento en que grandes porciones de los 8,2 mil millones de personas que habitan el planeta sobreviven con grandes dificultades (si no rayando la barbarie), la publicación norteamericana abra su infame lista con la siguiente constatación:

Ahora hay más multimillonarios que nunca: 2.781 en total, 141 más que el año pasado y 26 más que el récord establecido en 2021. Son más ricos que nunca, con un valor de 14,2 billones de dólares en total, un aumento de 2 billones de dólares con respecto a 2023, y 1,1 billones de dólares por encima del récord anterior, también establecido en 2021 ”, constató “Forbes”.

Más ricos y parásitos que nunca

De inmediato, es necesario recordar que los superricos vienen batiendo récords mientras la humanidad atraviesa uno de sus períodos más oscuros y trágicos, particularmente después de la pandemia de Covid-19, cuya principal consecuencia, además de los aproximadamente 7 millones de vidas perdidas, fue la brutal (y nunca recuperada…) caída de las condiciones de vida, de los ingresos, de la salud, de la educación, etc. de la gran mayoría de la población mundial.

De hecho, las aves carroñeras han ido engordando sin parar a pesar de la crisis de 2008, siempre utilizada como justificación para intentar convencer a “los de abajo” de que hay que “apretarse el cinturón” y resignarse con los recortes en los servicios públicos. derechos sociales y laborales, etc.

El hecho es que, mientras tanto, en números redondos, los buitres han triplicado su peso: hace 16 años, había 946 multimillonarios, con un total de 4,4 billones de dólares. Además, los 14 más ricos de los 2.781 actuales (que Forbes llama el “Club de los 100.000 millones de dólares”) han visto aumentar sus fortunas en 255% en los últimos 10 años.

Por si esto fuera poco, la gran mayoría de las fortunas está ligada a sectores de la economía que están a años luz de la búsqueda por satisfacer las necesidades reales y urgentes de la humanidad. Además de un montón de herederos y herederas inútiles, que viven de “rentas”, los asquerosamente ricos ganan dinero con las llamadas “Big Techs” (empresas de alta tecnología, la mayoría volcada al mundo digital); productos de lujo; manipulación del mercado financiero; o (en menor escala y con fortunas en el “modesto” rango de entre mil y cinco mil millones de dólares), actuando en los medios, en el entretenimiento y en los deportes.

El más rico de todos, el francés Bernard Artaud, por ejemplo, es dueño de la LVMH, que sólo produce artículos de superlujo (joyas, vinos, moda, cosméticos y perfumes) de marcas como Louis Vitton, Christian Dior, Tiffany y Dom Pérignon, lo que le permitió acumular 233 mil millones de dólares. Luego vienen los infames Elon Musk (“X”, ex-Twitter, Space X y Tesla) y Jeff Bezos (Amazon), con 195 y 194 mil millones de dólares, respectivamente.

La lista del “top ten” continúa con otros nombres de las “Big Techs”, como Mark Zuckerberg (Meta, que controla Facebook, Instagram y WhatsApp), Larry Ellison (Oracle), Bill Gates y Steve Balmmer (Microsoft), y Larry Page ( Google), acompañados de gente que sólo sabe “producir” dinero, viviendo de acciones y negociados, como Warren Buffet, en el Brasil, propietario del Nubank y socio de la banda formada por 3G Capital (sobre la que volveremos más adelante), con fortunas que oscilan entre 114 y 177 mil millones de dólares.

Mientras algunos tienen de más, el desamparo roza la barbarie

En comparación con el “resto” de la humanidad, las cifras que rodean a estos buitres son escandalosas. Basta recordar, por ejemplo, que según el informe “Desigualdade SA ”, lanzado por la ONG Oxfam, también en enero de 2024; hoy, “el 1% más rico del mundo posee el 43% de todos los activos financieros globales”. En otras palabras, poseen casi la mitad de todo lo que se puede convertir en dinero en el mundo. Es más: sus ingresos respetan una “lógica” inversa a la de la humanidad.

La riqueza combinada de las cinco personas más ricas del mundo –Bernard Arnault, Elon Musk, Jeff Bezos, Larry Ellison y Mark Zuckerberg– aumentó en 464.000 millones de dólares, o 114%. En el mismo período, la riqueza total de los 4.770 millones de personas más pobres –que representan 60% de la población mundial– disminuyó 0,2% en términos reales, constató el periódico The Guardian el 15 de enero, cruzando los datos de Oxfam y Forbes.

Como resultado de esto, investigaciones como la del Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA), publicada en marzo de 2024, revelan que hay 783 millones de personas que simplemente pasan hambre, cerca de 150 millones más que en 2019, al inicio de la pandemia. Además, nada menos que un tercio de la humanidad vive en algún estadio de inseguridad alimentaria (es decir, no se alimenta en la forma ni en la cantidad correctas).

Volviendo a 2022, mientras el mundo agonizaba con el Covid, el Banco Mundial constató que había alrededor de 700 millones de personas (9,2% de la población mundial) viviendo en niveles de “pobreza extrema”; es decir, con ingresos inferiores a 1,92 dólares estadounidenses por día. Y como para los buitres miseria poca es una tontería, otros 1.300 millones (26% de la humanidad) vivían en “pobreza moderada”, con un ingreso diario de entre 1,90 y 3,20 dólares, y otro 50% de los habitantes del planeta sobrevivía con 6,85 dólares al día.

Para tener una idea de lo que esto significa, vale la pena mencionar un cálculo realizado en febrero de 2024 por el portal “Findbold”, tomando como ejemplo a uno de los miembros más odiosos de la lista Forbes: “El multimillonario del sector de tecnología Elon Musk gana alrededor de 6.887 dólares por minuto; 413.220 por hora; 9.917.280 dólares diarios; y US$ 69.420.960, por semana”. En pocas palabras, Musk, que, además, utiliza su fortuna para patrocinar y apoyar a la extrema derecha, gana 36.000 reales por minuto; R$ 2.169 millones, por hora; R$ 52 millones por día y R$ 364,5 millones por semana.

La gran mayoría de los 2.781 multimillonarios vive en el hemisferio norte y se concentra en países que están a la vanguardia de la explotación imperialista y de la recolonización del mundo. A la cabeza, Estados Unidos, con 813 multimillonarios, que acumulan 5,7 billones de dólares; seguido por la incuestionablemente China capitalista, con 473 superricos, con una fortuna conjunta de 1,7 billones de dólares.

Entre los 54 países de África, sólo siete tienen multimillonarios, en un total de veinte personas, diez de ellas localizadas en Sudáfrica (6) y Nigeria (4). Con un detalle: de los 20, sólo cinco son negros. Sobre América del Sur, cada vez más subalterna y recolonizada, sólo sobrevuelan 87 buitres, la inmensa mayoría de los cuales, 69, son brasileños; 27 más que la lista antes a la pandemia, en 2018.

Buitres con plumaje verde y amarillo

En el Brasil, juntos, los buitres tienen un patrimonio neto de 230.900 millones de dólares. El primero es también de una “Big Tech”: Eduardo Saverin, de la Meta, con 28 mil millones de dólares. Luego viene la banquera-heredera Vicky Safra, con 20.600 millones de dólares, y después João Paulo Lemann, al frente de la cervecería AB InBev, de Kraft Heinz, del Burger King y una lista interminable de maracutaias [negocios de origen oscuro], como en las Lojas Americanas, incluso en procesos de privatización, como de la Eletrobras, y acuerdos con el gobierno Lula, como en el Ministerio de Educación, que le rindieron US$ 16,4 mil millones.

Con una fortuna conjunta de 42,5 mil millones de dólares, Lemann y sus compinches de 3G Capital (Marcel Herrmann Telles, Carlos Alberto Sicupira y Alex Behring), se encuentran entre los “10 más brasileños”, entre los que también se encuentran banqueros como André Esteves (BTG Pactual, con 6,6 mil millones de dólares) y la familia Moreira Salles (Itaú-Unibanco y minería, con 25,3 mil millones de dólares, divididos entre cuatro herederos).

Otro grupo que se destaca en el Brasil está formado por dueños de cadenas hospitalarias y farmacéuticas, que vieron multiplicarse sus fortunas durante la pandemia, como Jorge Moll, de la Red D’Or São Luiz, que tenía US$ 2,2 mil millones en 2019; alcanzó los 11 mil millones de dólares en 2021; y ahora tiene 4.500 millones de dólares; y Maurizio Billi, de Eurofarma, cuya fortuna saltó de 1,1 mil millones de dólares (2019) a 3,6 mil millones de dólares (2024).

Hubo quienes celebraron que la multimillonaria más joven del planeta sea la brasileña Lívia Voigt, heredera, de 19 años, de la WEG, la industria de motores y autopartes, con una fortuna de 1,1 mil millones de dólares. Para nosotros no hay nada que celebrar.

Voigt es un lamentable ejemplo de farsas como la “meritocracia” y el “esfuerzo personal”, predicados por los capitalistas, ya que, sin siquiera derramar una gota de sudor trabajando, “ganó” algo como R$ 763 mil por día. Eso, mientras el salario promedio de los trabajadores de la WEG oscila entre R$ 1.900 y R$ 2.500 por mes. Es más: según plantearon los compañeros de Rebeldia, con la fortuna de la joven heredera sería posible construir 65.000 viviendas populares, 3.700 colegios, 7.000 escuelas o crear 1,8 millones de empleos.

No obstante, según Forbes, lo que muchos multimillonarios brasileños tienen en común es el hecho de que “sus fortunas están ligadas al agronegocio y sus cadenas alimentarias”. Este grupo está formado por 18 adinerados, con un patrimonio neto de US$ 67,5 mil millones –de los cuales los estafadores de 3G Capital poseen 62,9% de ese total–, lo que, también, corresponde a alrededor de 30% de la fortuna de los 69 brasileños de la lista.

Mientras el “agro que es podrido” está satisfecho en su banquete obsceno, datos del Instituto Fome Zero [Instituto Hambre Cero], referidos al cuarto trimestre de 2023, revelan que nada menos que 45 millones de brasileños apenas sobreviven, estando en una situación de inseguridad alimentaria “moderada” (20,7% de la población total) o «grave» (9,2%, o 20 millones, de los habitantes). En otras palabras, apenas comen o literalmente pasan hambre.

Y como el hambre y la miseria van de la mano; mientras 69 buitres acumulan más de R$ 1 billón, según el Centro de Políticas Sociales de la Fundación Getúlio Vargas, con base en datos del IBGE [Instituto Brasileño de Geografía y Estadística], en 2023 alrededor de 8,9% de la población brasileña (es decir, 17 millones de personas), vivía en la pobreza extrema (con ingresos mensuales promedio inferiores a R$ 300). Los datos del IBGE de finales de 2022 indican que, en ese año, alrededor de 30% de los habitantes, o 60 millones de personas, vivía en la pobreza (con un ingreso mensual de alrededor de R$ 670).

Si es un hecho que, entre 2022 y 2023, hubo una reducción en el número de personas extremadamente pobres y hambrientas, lo que tiene que ver tanto con el fin de la pandemia como con la recomposición de las políticas de complementación de ingresos, también lo es que el Brasil está muy lejos de “eliminar” el hambre o acabar con la pobreza para 2030, como promete el gobierno de Lula. Algo evidente tanto por la dinámica nacional como mundial.

Más que nunca, socialismo o barbarie

La certeza de esto es dada por la propia existencia de la lista, como señala Oxfam: “Si las tendencias actuales se mantuvieran, el mundo tendrá su primer billonario dentro de una década, pero la pobreza sólo será erradicada en 229 años”. Cifras que, en primer lugar, indican la imposibilidad de que la humanidad tenga perspectivas de un futuro digno mientras estos buitres sigan devorando las riquezas del mundo a costa del sufrimiento de miles de millones.

Es más: también dan testimonio del verdadero crimen que es vender la ilusión de que es posible construir un “capitalismo con rostro humano” o hacer “reformas” en este sistema, como defienden quienes predican la conciliación de clases, como el PT de Lula, sus aliados y similares en todo el mundo.

Después de todo, ¿qué “conciliación” es posible con estos buitres? ¿Quién cree que algún día estarán dispuestos a renunciar a sus privilegios? Ninguna y nunca son las únicas respuestas realistas y honestas. Por eso, la única salida para la humanidad comienza con la confiscación de estas fortunas, la nacionalización y el control obrero de los medios de producción que las garantizan y, en consecuencia, la construcción de una sociedad que haga valer una importante enseñanza de Rosa Luxemburgo: “un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

Artículo publicado en www.opiniaosocialista.com.br, 6/5/2024.- Traducción: Natalia Estrada.

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