Desde hace varios años, aproximadamente desde 2017, cuando Venezuela entró de lleno en un proceso hiperinflacionario, se ha abierto el debate sobre la pertinencia o no de dolarizar la economía, como mecanismo de solución a la hiperinflación y a la brutal crisis económica que golpea al país.

Por: Leonardo Arantes – Unidad Socialista de los Trabajadores (UST), Venezuela

Economistas burgueses y dirigentes políticos de la oposición patronal, incluyendo ex candidatos presidenciales han propuesto dolarizar la economía nacional. Por su parte, los voceros y dirigentes del gobierno burgués y dictatorial de Nicolás Maduro habían venido y desestimando la propuesta, negándola como posibilidad.

Sin embargo, luego de años de controles de cambio, que fueron fuente de corrupción y que generaron la mayor fuga de capitales en la historia del país[1]; sanciones para las transacciones de $ en el mercado paralelo[2] (aunque a burgueses y boliburgueses se les permitía y estaban todos en el negocio del diferencial cambiario y la fuga de capitales) y retórica proscribiendo el uso del dólar, calificándolo como una moneda «criminal» que el «imperio» estadounidense utilizaba en su «guerra económica» contra Venezuela, el gobierno de Maduro fue cambiando su postura respecto de la dolarización. Una muestra de esto son las declaraciones de Maduro del 17/11/2019, afirmando que, el creciente papel que la divisa norteamericana juega en la economía de Venezuela sería como una «válvula de escape» frente a la crisis, contrastando esta aseveración con toda la línea discursiva oficialista anterior.

«No lo veo mal (…) ese proceso que llaman de dolarización puede servir para la recuperación y despliegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía (…) gracias a Dios existe» (Televen, Programa José Vicente Hoy 17/11/2019).

Así pues, la hiperinflación que desvaloriza permanente y constantemente el Bolívar (signo monetario nacional), ha venido imponiendo la divisa norteamericana como la moneda que, por la vía de los hechos, rige la economía real y cotidiana de los venezolanos.

Un informe de la consultora Ecoanalítica estimó que las transacciones en dólares para noviembre de 2019 representaban más de 53% del total; mientras que en ciudades como Maracaibo, una de las más importantes del país, llegarían por entonces a 86%. En la actualidad, las estimaciones varían desde quienes afirman que se ubicarían en 55% y quienes aseguran que alcanzan 70%.

Lo cierto es que la presencia e influencia de la divisa norteamericana en la economía venezolana es cada vez más creciente y decisiva, lo que no significa que la mayoría de la población tenga acceso a la misma. El estudio ya mencionado de Ecoanalítica, señala que solo un 35 o 40% de la población tiene acceso a dólares.

Cuáles son los efectos inmediatos de esta situación, qué medidas viene adoptando la dictadura madurista en torno a la dolarización, en que consiste la misma y cuáles son las consecuencias de la dolarización para la economía venezolana y principalmente para la clase trabajadora, son temas que queremos discutir en este texto.

El uso cada vez más extendido del dólar en Venezuela y el aumento de la desigualdad

El innegable cada vez mayor protagonismo de la divisa estadounidense en la economía venezolana, junto al hecho de que solo un porcentaje minoritario de la población tiene acceso a la misma, generalmente vía remesas, ahorros externos, exportaciones, contrabando, oro y operaciones ilegales, provoca que la vida se torne extremadamente dura para los que continúan manejándose en bolívares en una economía informalmente dolarizada. Principalmente para empleados públicos mal remunerados y trabajadores del sector informal con muy bajo poder adquisitivo; algunos trabajadores del sector privado formal, perciben extra nómina bonos en $ (pagados en bolívares, pero al cambio en $), por la necesidad de los patrones privados de preservar una parte indispensable de la fuerza laboral, que de lo contrario optaría por la emigración.

De manera tal que en el país se consolida una dualidad económica, expresada en la división de un segmento minoritario y dolarizado (los que tienen acceso a dólares por las vías antes señaladas) y otro segmento mayoritario primitivo, empobrecido y dependiente de subsidios. Situación similar a la vivida en Cuba con la introducción del Peso Cubano Convertible, de valor igual al del dólar, cuyo uso se generalizó entre los turistas que visitan la isla y benefició a los cubanos que trabajan en el sector turístico, que suelen tener una posición más cómoda que la de sus compatriotas que reciben sus ingresos en el peso cubano tradicional. En resumen, en Venezuela se está produciendo un incremento de las desigualdades y una segregación de hecho entre la población, en función de la moneda de la que disponen.

Un elemento adicional, surgido como consecuencia de esto es la economía de Bodegón[3], con su componente de discriminación geográfica que actúa como factor diferencial; así, mientras los bodegones iluminan las principales calles y zonas acomodadas de Caracas, las principales capitales y algunas ciudades importantes del país, en las provincias se padecen la escasez, las fallas de electricidad, agua, internet, es decir, el deterioro de los servicios en general y el completo abandono.

Los recientes avances hacia la dolarización

Después de años de retórica e hipócrita proscripción, el burgués y dictatorial gobierno de Maduro, en la actualidad lo tolera, lo liberaliza e incluso lo estimula. Recientemente ha venido realizando varios anuncios que, si bien por el momento no constituyen una dolarización formal de la economía, avanzan en ese sentido o al menos incrementan el uso de la divisa gringa en las transacciones económicas del país, formalizándolo y regularizándolo parcialmente.

Las razones de este giro en la postura oficialista están en el agravamiento de la brutal crisis económica; la completa destrucción de la producción petrolera, y, así, el descenso de las exportaciones de este rubro; la fuga de capitales; todo lo gastado en pagos de deuda externa[4]; todo esto agravado por las sanciones económicas. En este contexto, el de Maduro, como buen gobierno burgués, responde con la aplicación de un feroz plan de ajuste a la medida de empresarios, banqueros e inversionistas locales y extranjeros.

A la flexibilización y prácticamente eliminación de los controles de cambio y de precios (la falta de recursos le impide fijar artificialmente el valor de las divisas y le quita la capacidad para importar materias primas y mantener precios regulados), siguió el paquete de 2018[5], el cual entre otras cosas incluyó sucesivas devaluaciones que llevaron el dólar oficial a precios similares al dólar paralelo (otrora dólar “criminal”, agente de la “guerra económica” en el discurso oficialista y progubernamental), destruyendo aún más los salarios. A comienzos de mayo de 2019, una resolución del BCV [Banco Central] autorizó a los bancos privados a abrir mesas de cambio para facilitar las transacciones de divisas extranjeras entre particulares.

Luego se fue permitiendo en el comercio la fijación de precios en divisa norteamericana, así como la utilización extensiva de la misma y se decretó la venta de gasolina en $ (algunos otros servicios como el gas doméstico también se pagan en $). A posteriori, el gobierno, mediante la fraudulenta y extinta Asamblea Nacional Constituyente (ANC) hizo aprobar la llamada “Ley Antibloqueo”, para avanzar en la privatización de las empresas estatales y la entrega a las transnacionales de los recursos minerales e hidrocarburos y para las cuales la dolarización resulta un atractivo[6].

Ya a inicios del presente año, el gobierno continuó pisando el acelerador hacia la dolarización de hecho de la economía.

El primero de enero de 2021, la cadena de televisión Telesur difundió una entrevista a Maduro, donde declaraba: «Se está[n] autorizando las cuentas de ahorros, cuentas corrientes en divisas y la gente podrá pagar al precio de la moneda en bolívares». Luego, en oportunidad de su visita a la Asamblea Nacional, recién electa en los cuestionados comicios del pasado diciembre 2020 y controlada ahora por el chavismo, para la presentación de su Memoria y Cuenta, el informe anual de gestión, oficializó este anuncio, el cual vino acompañado por el de la intención de “avanzar 100% hacia un sistema de pagos digital en el país”[7]. Esto, junto con la apertura de cuentas en $, lo cual seguirá aumentando la creciente influencia de esta moneda en la golpeada economía nacional. En esa oportunidad también mencionó que estaba en estudio un mecanismo para implementar la tributación y el cobro de impuestos en $.

Algunos bancos privados y públicos ya han comenzado a abrir cuentas en $, a ajustar las llamadas “cuentas custodia”[8] a cuentas corrientes, y algunos han comenzado a ofertar la compra-venta de divisas norteamericanas a sus clientes; según la agencia Reuters también algunos estarían emitiendo tarjetas de débitos para las cuentas en dólares.

Lo cierto es que con el plan de ajuste y los avances en la liberalización (no formalizada aún totalmente) del uso del dólar, el desprestigiado gobierno de Maduro, busca continuar profundizando la entrega del país y hacer buena letra con el capital nacional y foráneo, banqueros y transnacionales.

Para usar las mismas palabras del mandatario venezolano, la dolarización es pues “una válvula de escape”… para los inversores que compran dólares y se benefician con el uso de una moneda fuerte y no devaluados bolívares, pero de ningún modo esto asegura prosperidad y bienestar para la clase trabajadora y el pueblo humilde en general.

Las consecuencias de la dolarización para la clase trabajadora

Consistiendo la dolarización fundamentalmente en la adopción por un país, en este caso Venezuela, del signo monetario (dólar) emitido por el gobierno de EEUU, algunas experiencias indican que dicha medida ha resultado eficaz para frenar la hiperinflación y que el país que adopta la moneda extranjera en cierto tiempo termina por exhibir índices inflacionarios similares a los del país emisor de la moneda.

No es el objetivo de este artículo relatar dichas experiencias históricas o entrar en detalle sobre el contexto económico en el cual esto sería posible, lo que sí es pertinente señalar es que esta posible experiencia histórica positiva, viene acompañada de altos costos y pesadas consecuencias para la economía del país en general y para la clase trabajadora, que no tardan en aparecer.

Un primer efecto es que, al adoptarse la dolarización, el país pierde cualquier potestad sobre su política monetaria y cambiaria, lo que le impide, dadas las circunstancias, financiar el déficit fiscal y el gasto público vía la devaluación de su moneda, que es el mecanismo que recurrentemente ha venido aplicando el gobierno venezolano ante la quiebra de la producción y la consecuente escasez de recursos.

De esta manera, el gobierno venezolano, cualquiera que sea, quedaría impedido de ajustar los desequilibrios fiscales y/o las consecuencias de las recurrentes crisis cíclicas de la economía capitalista mundial, como podría ser un escenario de descenso de los ingresos nacionales producto de la caída de los precios del petróleo, o, como en el caso venezolano, una combinación de caída de la producción petrolera, descenso de los precios del crudo y caída de las exportaciones petroleras. Así, pues, para sortear este escenario, el país queda amarrado a la vía del endeudamiento externo, aumentando la dependencia de las instituciones financieras y con la consecuente carga de ajustes macroeconómicos, que terminan descargándose sobre los hombros de los trabajadores.

Otro elemento que afecta directamente a los trabajadores venezolanos es el hecho de que, al producirse la dolarización, los precios de los servicios básicos tenderían a equipararse con los precios internacionales (cuestión que en algunos casos ya viene ocurriendo de facto). Así pues, los precios, por ejemplo de la gasolina, el gas, la electricidad, las telecomunicaciones, otros servicios básicos y muchos servicios profesionales como la medicina privada, necesariamente se incrementarían hasta niveles de precios internacionales, lo que junto con los bajos salarios agudizaría las penurias para los trabajadores y habitantes de los sectores populares y humildes de Venezuela.

Todo esto reviste una especial gravedad en un país como el nuestro, con las reservas internacionales en quiebra, los ingresos por concepto de exportaciones (principal y casi exclusivamente petroleras) en niveles bajísimos, con la producción petrolera en sus cotas más bajas desde 1947, cabría preguntarse en este contexto, de donde saldrán los recursos en divisa norteamericana para, adoptada la dolarización, pagar salarios, pensiones, ajustar cuentas fiscales y garantizar las hoy tan necesarias importaciones de bienes y servicios.

Una cuestión a la que un gobierno burgués como el de Venezuela respondería fácilmente con endeudamiento (caso tuviera acceso al mismo), con las consecuencias de incremento de dependencia y cargas macroeconómicas anteriormente señaladas.

La dolarización profundiza la entrega al imperialismo

La moneda nacional es uno de los elementos que componen la definición de nación, abdicar del uso de la misma, de su emisión y de una política monetaria independiente, profundiza la dependencia del país respecto del imperialismo, en este caso el norteamericano, debido a que el Estado venezolano renuncia a cualquier forma de control sobre su política monetaria, acatando la que decida el ente emisor del dólar estadounidense, es decir, la Junta de la Reserva Federal. Esta renuncia en administrar la política monetaria de la nación implica la imposibilidad de resolver de manera autónoma políticas de crédito y fijación de tasas de interés, así como de supervisar el sistema de pagos y la estabilidad del sistema financiero nacional, además de renunciar a la emisión autónoma de deuda pública, funciones todas que quedarían total o parcialmente supeditadas a las decisiones de las autoridades del país norteamericano. Todos estos factores de tipo económico-monetario llevan aparejados el elemento de la sumisión política, incorporando un elemento de relación de subordinación colonial al imperialismo norteamericano.

Ecuador, control de la inflación, persistencia de la crisis

La adopción formal por parte del gobierno ecuatoriano del dólar como medio de pago y unidad monetaria para el mercado interno logró, en general, resultados efectivos en la reducción de la inflación. En efecto, en 1999, último año de circulación del sucre, la tasa de inflación superó 53%, descendiendo hacia 2001 a cerca de 20%, pese a las dificultades inmediatas que generó el proceso de dolarización, y desde 2002 jamás ha vuelto a superar 7%.

Las razones de este resultado son muy simples: puesto que no hay más emisión de moneda que la que autoriza y efectúa la reserva federal norteamericana, la masa monetaria circulante en el país resultó reducida desde afuera, y su tamaño fijado y determinado sin posibilidad de variación. Con la masa monetaria así constreñida, los precios tendieron a ajustarse a esta; como la suma de los precios de todos los bienes y servicios ofrecidos en el país tienden a igualar el tamaño de la masa monetaria existente, y como esta no puede crecer si no lo autoriza el ente emisor extranjero (de inflación generalmente baja), los precios tampoco pueden aumentar significativamente, con lo que la inflación queda sofocada.

No obstante, eso no ha logrado detener las crisis recurrentes que vive el país, con sus consecuentes penurias para la clase trabajadora ecuatoriana. Las esperadas y prometidas inversiones extranjeras, ofrecidas como panacea de los problemas, no han tenido tal efecto, a la par que la productividad comparada con otras naciones similares ha decrecido. La ecuatoriana es una economía totalmente primarizada. Ecuador basa su economía en los recursos naturales, dependiente de los vaivenes de los precios del petróleo, y la clase trabajadora vive fundamentalmente de las remesas de los emigrantes ecuatorianos que fueron a Estados Unidos, España e Italia, principalmente.

Un ejemplo a tener en cuenta: el caso europeo

Como experiencia histórica es pertinente observar que cuando las economías más débiles de la Unión Europea (UE) que adoptaron el euro –una moneda y una política diseñadas a la medida de Alemania y de Francia, las economías más fuertes–, las primeras, con menos posibilidades de competir en el mercado mundial para compensar la caída de sus exportaciones, cubrir sus déficits fiscales y de balanza de pagos, se vieron obligadas a recurrir al endeudamiento.

De manera tal que países como Grecia vieron aumentar su deuda externa en 80% entre 2005 y 2010; España, por su parte, la duplicó entre los años 2007-2010; Portugal debió solicitar rescate financiero que aumentó su deuda en 74.000 millones de euros. Consecuencias similares sufrieron Chipre, Eslovenia e Irlanda.

Lo peor es que una vez agotadas sus posibilidades de endeudamiento, estos países se vieron obligados a acudir a la banca y los organismos financieros internacionales, quienes para recuperar sus empréstitos le impusieron todo tipo de recortes: programas de austeridad, privatizaciones, despidos masivos y eliminación de pensiones, que debieron aplicar y continúan aplicando.

Nuestro bajo desarrollo productivo, sumado a otros elementos ya mencionados, como la quiebra de las reservas y la caída de las exportaciones, hacen sonar las alarmas sobre los efectos que la dolarización tendría para Venezuela, los cuales podría ser similares o peores al de los países europeos de economías más débiles en ese continente, implicando más altos niveles de endeudamiento y grandes dificultades añadidas para reducir el déficit fiscal, lo que se traduciría en más penurias para los trabajadores venezolanos y el pueblo pobre del país.

Notas

[1] Estudios como el de Luis E. Gavazut, entre otros, afirman que se habrían fugado más de 500 mil millones de $ solo en los diez años de existencia de CADIVI, que van desde 2003 a 2013.

[2] Represalias contra los ciudadanos de a pie que cambiaran unos pocos dólares, extorsión y “matraqueo” por parte de funcionarios policiales y militares, acusaciones contra portales web que publicaban el precio del $ paralelo, entre otras prácticas.

[3] Tiendas que expenden mercancías importadas con precios en $.

[4] El gobierno, aunque sin admitirlo públicamente, ante la imposibilidad de seguir cumpliéndolos, suspendió los pagos de deuda externa, entrando en una situación de default (o al menos default selectivo). Recientemente, Maduro convocó a los tenedores de bonos de PDVSA para llegar a acuerdos de pago.

[5] Bautizado con el pomposo nombre de “Plan de Recuperación y Reactivación Económica”.

[6] En virtud de, entre otras cosas, los bajos salarios, que serían cancelados con una ínfima cantidad de $.

[7] Maduro/discurso ante la Asamblea Nacional/12-01-2021

[8] Mecanismo alternativo que algunos bancos privados ofrecieron a empresarios y comerciantes que manejan altos volúmenes de $, para resguardarlos, aunque no era posible operar con ellos.