Se puede oír a veces la opinión de que las grandes fábricas estatales en Belarus no son rentables y no tienen perspectivas. Esta versión también la expresa a su manera el dictador Lukashenko, cuando declara que él “mantiene” las fábricas y a sus obreros y que estos perecerían sin él.

Por: Iván Razin

Las fábricas tienen muchos problemas reales. Salarios bajos, equipos viejos, falta de condiciones de trabajo que a veces no solo no son decentes sino no corresponden a las mínimamente necesarias ni en lo físico ni en temperatura normal en taller, en medios de protección adecuados (las razones de dos recientes conflictos laborales en MTZ, la fábrica de tractores de Minsk), en techos que no dejen pasar el agua, etc. También una baja rentabilidad formal. Sin embargo, en el origen de todo esto no hay una especie de maldición que provenga del cielo sino razones muy concretas de la tierra.

  1. El dinero se saca de la producción a los bolsillos de los familiares y amigos de Lukashenko a través de la red de exportación. Tractores de MTZ o camiones BELAZ van de la fábrica estatal a una red de exportación a precio reducido, y de esta red se revenden a precio normal. Por ejemplo, esto lo hace el Grupo Sohra de Alexander Zaitsev (ex asistente de Lukashenko y amigo de su hijo Viktor), que exporta tractores MTZ, camiones BELAZ, camiones MAZ (fábrica automotriz de Minsk), y técnica especial de la fábrica Amkodor. O Alexey Lyamin, próximo al dictador, que en sociedad con el hijo de Lukashenko, Dmitry, vende camiones al extranjero a través de Casa de Ventas de BELAZ. Como resultado, la ganancia creada por el trabajo de los obreros termina en los bolsillos de los «confidentes» vendedores. Y la fábrica resulta «no rentable». Se trata de «chupar» los recursos de la planta y despilfarrar la propiedad nacional en favor de la familia y el séquito de Lukashenko.

En verdad, esto se hace según el esquema clásico usado en la ex URSS con la restauración del capitalismo, para enriquecer a los nuevos ricos sobre la base del parasitismo sobre la propiedad estatal. Además, las empresas de exportación suelen ser registradas en los países de importación en el extranjero (Sohra Group en los Emiratos Árabes Unidos, la sucursal de Casa de Ventas BELAZ en Rusia). Es decir, el dinero generado por las fábricas se saca automáticamente de Belarus, lo que promueve la pobreza generalizada de la población.

  1. Las fábricas están inmersas en deudas con los banqueros occidentales y rusos y están trabajando para saldarlas. Por ejemplo, en 2020 la deuda de MTZ fue de aproximadamente 200 millones de dólares, lo que equivale a una cuarta parte del valor de todos los activos de la planta y 62 veces más que la ganancia oficial. Uno de los últimos préstamos a MTZ fue reasignado a una tasa de interés más baja (es decir, con pérdida para la planta) a una empresa en una zona franca en Orsha con impuestos reducidos, administrada por el Grupo Bremino, del propio Alexander Zaitsev.

Hay información de que ahora, detrás de las puertas bien cerradas de las negociaciones entre Putin y Lukashenko para «profundizar la integración», Lukashenko recibe nuevos préstamos de Putin garantizados directamente con partes de la planta. La situación con otras fábricas es similar.

  1. Gestión destructiva de las administraciones fuera del control de colectivos laborales que pueden, como en caso de MTZ, adquirir una línea de producción imposible de montar. O que puede ser montada, pero no se encuentran especialistas, al menos por el bajo salario propuesto. O cuando, en lugar de mejorar las condiciones laborales, la administración prefiere instalar cámaras de vigilancia para vigilar a los obreros. Y esto sin mencionar el hecho de que la administración despide a los obreros calificados por causas políticas, creando así falta de mano de obra (que es tal que la administración de MTZ propone premios para sus obreros si traen a la fábrica otro obrero). Así, abiertamente, están minando las fábricas, porque las fábricas son antes que todo sus obreros, no el metal, y menos aún la administración (por cuyos salarios, dicho sea de paso, dan impresión de ser los empleados más importantes, trabajando en tres turnos).

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Como resultado, el dinero va a llenar los bolsillos de Lukashenko and Co., a aumentar las ganancias de los oligarcas rusos y de los bancos occidentales o simplemente se desperdicia, o incluso está dirigido directamente contra los obreros, como en el caso de las cámaras de vigilancia, o cuando se utiliza en la producción de medios de represión para la policía antidisturbios, preparada para usarlos contra los propios obreros.

Ese dinero podría ser usado para aumentar los salarios, para mejorar las condiciones de trabajo, para renovar el equipamiento (y no solo repintar las máquinas viejas con el mismo color para que quede «bonito»). En realidad, no es Lukashenko quien «mantiene» las fábricas y los obreros, sino, por el contrario, su dictadura se alimenta del trabajo de los obreros, parasitando sobre las fábricas y destruyéndolas poco a poco. Por eso, por ejemplo en MTZ, con Lukashenko el empleo se ha reducido a la mitad (al igual que los ingresos en los últimos años).

Pero incluso en esta situación, las fábricas consiguen tener una ganancia o pérdidas pequeñas. Caso se ponga fin a los esquemas de “chupar” las fábricas, al pago de las deudas de la dictadura a los banqueros occidentales y rusos –de hecho, del bolsillo de los obreros–, y caso la planta esté bajo control de los obreros y no de las incompetentes administraciones antiobreras de la dictadura, entonces no serán “inviables» las fábricas.

Las afirmaciones así suelen hacerse sobre la base de la cifra formal de las cuentas de las fábricas, ignorando la realidad que hay detrás.

Las afirmaciones sobre “inviabilidad” se basan también en la comparación con los “ejemplos» occidentales. Pero estas ignoran, por ejemplo, el hecho de que durante la crisis en curso, los gobiernos occidentales dieron enormes cantidades de dinero del Estado (recortando los gastos sociales) para salvar sus corporaciones, que luego volvieron a ser “rentables”.

MTZ, MAZ, BELAZ, etc. ni siquiera han soñado con tales inyecciones de dinero. En el capitalismo actual, dominado por monopolios vinculados al Estado, el concepto de rentabilidad es bastante relativo. Y en el mundo dominado por las finanzas de un puñado de grandes potencias, son estas y sus multinacionales las que siempre ganan a expensas de los países económica y políticamente dominados como Belarus.

Las fábricas estatales bielorrusas son patrimonio de la clase obrera y de la nación. Producen los productos materiales necesarios, sin los cuales no se puede laborar la tierra ni transportar a las personas. Forman parte de la base de nuestra vida. Y las fábricas tienen futuro. Pero no en el sistema actual. Salarios bajos, equipos viejos, malas condiciones de trabajo, violación de la seguridad laboral con graves accidentes regulares (frente los cuales las administraciones siempre se lavan las manos acusando de todo al obrero herido o muerto)… La solución de todos estos problemas se choca directamente con el sistema creado por el régimen de Lukashenko, con la dictadura secundada por Putin y el capitalismo bielorruso, dependiente de los oligarcas rusos y los bancos occidentales.

En la revolución bielorrusa de 2020 renació el movimiento obrero, que tomó la forma de núcleo sindical independiente y que plantea la tarea de defender los intereses de los obreros, las condiciones normales de trabajo, la posibilidad de trabajar con equipos normales, recibir un salario normal, acabar con la postura repugnante y arrogante hacia los obreros por parte de la administración. Por eso existe hoy la posibilidad de seguir agrupándose alrededor de este núcleo (incluso de manera escondida para la dictadura), sin encerrarse en talleres propios sino contactando con otros talleres (y entre fábricas), porque los problemas son comunes y solo se pueden resolver juntos. Y hay posibilidad seguir desarrollando esta organización, para lanzarse un día a una verdadera huelga general bien organizada y preparada contra la dictadura que está destruyendo fábricas y el país, derrumbarla, tomar las fábricas y el país en sus propias manos, convirtiéndose en sus verdaderos dueños, conquistando una auténtica independencia nacional. Agosto de 2020 demostró que todo esto es posible y que la acción organizada de los trabajadores es la clave de la victoria.

Zhive Belarus! (¡Viva Belarus!)