Mié May 29, 2024
29 mayo, 2024

¿De qué Estado palestino nos habla el gobierno de Sánchez?

A un mes para las elecciones europeas, el gobierno español sigue anunciando “su disposición al reconocimiento unilateral del Estado palestino”, si la UE no da ese paso de forma conjunta. Este anuncio del gobierno español, vino precedido de una gira europea de Pedro Sánchez y el ministro de exteriores Albares, para intentar recabar apoyos en ese reconocimiento.

Por: Laura R.

Pero la promesa de Sánchez no es ni nueva ni novedosa. Suman quince años de compromisos similares incumplidos por los sucesivos gobiernos españoles antes que él. Actualmente nueve países de la Unión Europea YA reconocen el estado palestino. A siete meses del conflicto entre Hamás e Israel, se impone la pregunta: ¿de qué estado palestino nos hablan?

Una vez más, la fábula de los dos estados

El reconocimiento del Estado palestino esgrimido por Sánchez y otros mandatarios europeos, no es otra cosa que la vieja y fallida solución de los dos estados que 75 años después de la creación del Estado de Israel, vuelve a desempolvar la diplomacia occidental.

Uno de los argumentos repetidamente esgrimidos por José Manuel Albares, es que Palestina “tiene derecho a un futuro con esperanza igual que el pueblo israelí tiene derecho a un futuro de paz y seguridad”.

Bonitas palabras con las que intentan ocultar que Israel no es un país. Es una ocupación sionista en el territorio de la Palestina histórica y un enclave militar al servicio del imperialismo estadounidense en el corazón de Oriente Medio. La razón por la que todos los gobiernos occidentales la defienden sin excepción, es porque produce y exporta armas y herramientas de inteligencia, utilizadas por las fuerzas policiales occidentales en la represión de las luchas en sus respectivos países.

El mal llamado gobierno progresista del PSOE-SUMAR, se llena la boca hablando del derecho de los palestinos. Pero no tiene ninguna intención de romper relaciones diplomáticas, comerciales ni militares con Israel, al que reconoce “su legítimo derecho a la defensa”.

Aunque Palestina no es actualmente estado de pleno derecho en la ONU por el veto de EE. UU., 139 países dentro de esa institución la reconocen como “país soberano”. Defendemos el derecho democrático del pueblo palestino a exigir esa votación en la Asamblea General de la ONU. Pero no podemos olvidar que fue la propia ONU la que mediante su Resolución 181 de 1947, formalizó con el voto favorable de la URSS de Stalin, la partición de Palestina y legalizó el derecho de Israel a existir como Estado, por lo que, más allá de su rostro humanitario, es directamente responsable del genocidio en curso.

Ese reconocimiento del estado palestino en el marco de la solución de los dos estados, que actualmente defiende toda la izquierda reformista, no es otra cosa que mantener el régimen de apartheid que lleva 75 años existiendo, ahora en peores condiciones para los palestinos. Implica reconocer el estado colonial, racista y sionista de Israel, que al contrario de lo que dice Albares, no tiene ningún derecho a existir. La defensa de la solución de los dos estados que Israel ni siquiera está dispuesto a aceptar, legitimaría el genocidio y la masacre actual que está llevando a cabo el Estado de Israel.

Un estado palestino que, si antes no tenía ninguna viabilidad económica y política, ahora tendría que ser levantado después de que el 80% del país haya sido bombardeado, el 90% de la población desplazada y 14.000 niños y niñas asesinadas. Si antes del 7 de octubre, dos tercios de su población vivía en la extrema pobreza tras 17 años de bloqueo, según declaraciones de funcionarios de las naciones unidas, la devastadora masacre israelí en la Franja de Gaza, ha dejado unos 37 millones de toneladas de escombros, que podría llevar unos 14 años eliminar. “Estamos hablando de 14 años de operación con 100 camiones por día”.

Gaza, que ha retrocedido 40 años en su desarrollo, es la parte más visible del genocidio, pero la masacre israelí también está afectando a Cisjordania, que vive su peor situación desde 1948, en la que su población sufre a diario redadas, asesinatos, ocupaciones por parte de colonos, ataques a casas, coches, plantaciones etc., con una violencia desmedida.

Igualmente ocurre en los territorios de la Palestina ocupada, mientras miles de prisioneros y prisioneras palestinas, muchos de ellos menores, se pudren en las cárceles israelís. Después que Gaza fuese destruida, Rafah, cuya población podría ser atacada por el ejército israelí en los próximos días, pasó a ser ahora el mayor campo de concentración del mundo con un millón y medio de personas intentando sobrevivir en medio de los bombardeos, las enfermedades y una hambruna generalizada.

Por otro lado, la Autoridad Palestina, que es una entidad extremadamente corrupta, con lazos muy estrechos con el gobierno de Israel, está más deslegitimada que nunca. La mayoría de los ciudadanos en Cisjordania la ven como extensión de Israel en Palestina. Según algunas encuestas, actualmente el 71% de los palestinos en Gaza y Cisjordania están de acuerdo con la decisión de la resistencia palestina liderada por Hamás, de lanzar el ataque, a pesar del enorme costo material y humano. Y 90% de los palestinos en Gaza y Cisjordania, entienden que la resistencia palestina no cometió ninguna atrocidad.

Estos datos indican que la inmensa mayoría de los palestinos prefieren luchar y arriesgarse a morir, antes que conformarse con los bantustanes coloniales administrados por la OLP, que, si antes no tenían viabilidad alguna, ahora tras la destrucción masiva y el daño hecho por Israel, son una broma macabra.

La maniobra diplomática de establecer una falsa equidistancia entre opresores y oprimidos, es acompañada además, de la exigencia de “alto el fuego”, por parte de los gobiernos, vinculándolo a la liberación de los rehenes retenidos por Hamás. 

De este modo, el llamado a un alto el fuego a Israel que defienden sinceramente muchos activistas horrorizados con la masacre de Israel, se intenta utilizar para atacar y socavar la legitimidad de la resistencia palestina. Recordemos que un alto el fuego es un acuerdo entre dos adversarios para deponer las armas, que siempre implica al menos una exigencia a ambas partes. En este caso, transmite la idea de que Israel puede continuar bombardeando, disparando, torturando y matando de hambre a los palestinos hasta que todas las facciones palestinas acuerden dejar de contraatacar y aceptar los términos que Israel y Estados Unidos pongan sobre la mesa de dicho acuerdo.

Aunque Hamás aceptó en las últimas horas la propuesta de Qatar y Egipto para un alto al fuego en tres fases, Israel sigue con su plan criminal de invadir Rafah, dejando sin refugio a los palestinos que lograron sobrevivir a la catástrofe de esta nueva Nakba.

Por una Palestina sin muros ni campos de concentración. ¿Cuál es el camino?

Desde la LIT y CR no igualamos la violencia del opresor y la del oprimido, como hacen la ONU y el gobierno progresista de Sánchez. Hay una guerra y en ella tenemos un lado, el lado de los palestinos. Nos situamos incondicionalmente del lado del pueblo palestino que tiene derecho a resistir y a luchar, incluso con medios militares, para lograr su liberación, al igual que cualquier otra población bajo ocupación colonial y régimen de apartheid.

Comprendemos las ilusiones pacifistas de quienes, aun acordando con exigir a Sánchez la ruptura de relaciones con Israel, piensan que sería mejor lograr la igualdad para los palestinos, reformando el Estado de Israel. Esto es, presionándolo para que este otorgue igualdad de derechos a israelíes y palestinos y el derecho de retorno para los refugiados palestinos. Sin embargo, es imposible cambiar la naturaleza racista de las instituciones del Estado de Israel mediante su democratización, porque como hemos dicho antes, Israel no es un Estado burgués normal; sino un régimen de apartheid que se basa en la limpieza étnica permanente de los palestinos.

Que se apoya en más de 60 leyes, que distinguen entre ciudadanos(judíos) y árabes o de otras etnias. Solo los primeros, que como colonos habitan las tierras y casas que desde 1948 han sido sistemáticamente expropiadas a los palestinos, disfrutan de plenos derechos civiles, sociales o laborales. Baste decir que pese a las muertes documentadas de menores en la franja de Gaza por inanición, un 75% de los israelís, continúa defendiendo que se mantenga la prohibición de entrada de alimentos a Gaza. Lo único que explica por qué Israel da la espalda al mundo y pretende avanzar aún más en el genocidio, no es otra cosa que su naturaleza racista.

Por eso seguimos defendiendo la solución histórica defendida en su día por la OLP de una Palestina laica, democrática y no racista del río hasta el mar que ha sido confirmada por los brutales acontecimientos en estos seis meses, como la única solución de fondo y justa. Una palestina a la que retornen los palestinos en el exilio y en la que puedan vivir en libertad quienes acepten vivir en paz con los palestinos. 

Una Palestina libre del río hasta el mar, que no será posible sin derrotar militarmente y destruir el Estado de Israel mediante una nueva intifada y una ola de revoluciones en los países árabes, sumado a la solidaridad internacional. Muchos activistas nos dirán con justa razón, que es imposible derrotar el Estado de Israel, dada la militarización de su sociedad, su amplio poderío bélico y la amplia financiación imperialista. El genocidio de Israel cuenta además con la complicidad pasiva o activa de todos los imperialismos, incluyendo China y Rusia. A esto se suma la pasividad de los gobiernos árabes del llamado eje de la resistencia, que de momento no movieron un dedo en defensa de los palestinos a excepción de los hutíes de Yemen.

¡El movimiento estudiantil en solidaridad con el pueblo palestino marca el camino a seguir!

Sin embargo, en las últimas semanas, estamos viendo como las protestas protagonizadas por la juventud, especialmente en el corazón del imperialismo hegemónico, se reavivan en todo el mundo y marcan el camino a seguir. Unas movilizaciones fuertemente reprimidas por los gobiernos, revelando la falsedad de “su” democracia y en las que participan además decenas de asociaciones judaicas antisionistas, desenmascarando la falsa equiparación entre antisionismo y antisemitismo. Unas movilizaciones que nos llenan de esperanza porque muestran la firme determinación de una nueva generación, que no está dispuesta a ser cómplice del sionismo ni a ser criminalizada por defender la causa palestina.

Nunca el sionismo estuvo tan desprestigiado en el mundo. Incluso la corte penal internacionalestá estudiando la posibilidad de dictar una orden de detención contra Netanyahu y otros altos cargos del Gobierno hebreo, para ser juzgados como criminales de guerra. Esto, aunque es improbable que ocurra, tampoco es imposible y hay que seguir luchando por ello.

La causa del pueblo palestino es la causa de toda la humanidad. Desde CR apoyamos las acampadas pro-palestinas que se están extendiendo por los campus del Estado Español. Llamamos especialmente a la clase trabajadora y a la juventud de los países árabes, pero también del resto del mundo, a organizarse independientemente de sus gobiernos, para impulsar la solidaridad con Palestina. Más que nunca, se hace imprescindible que sigamos luchando hasta lograr que Netanyahu pague por sus crímenes y el sionismo sea arrojado al basurero de la historia.

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